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Historia 31519 — capítulo 2

James apenas se había recuperado de la impresión de sentir cómo Lily acercaba sus labios a los de él de forma decidida. Sentirla de nuevo había sido todo un shock para él después de todo lo que habían vivido.

-¿Por qué?--fue todo lo que alcanzó a decir, aún con los labios de Lily sobre los suyos.

-¿Por que qué?--preguntó Lily, aún en la misma posición.

-¿Por qué…? ¿Por qué haces esto? ¿Por qué me besas? ¿Por q…?

-Porque por algo tengo que empezar para tratar de enmendar mis errores contigo…--le respondió, rozando sus labios dulcemente.

Y eso fue todo lo que James necesitó para perder la cabeza por un simple beso.

Un beso que se inició con un simple roce de labios, que pronto dio paso a dos lenguas ansiosas y que se añoraban desde hace tanto tiempo… Porque una semana de distancia entre dos personas que se aman significaban siglos sin sentirse.

Y así siguieron, reconociéndose mutuamente. Primero sus labios, de forma lenta, casi desesperante. Luego sus lenguas, juguetonas, deseosas. Y por último sus manos, que se posaron, unas en la nuca de cabellos alborotados y un pecho fornido, y otras a los lados de una cintura delgada y que invitaba a ser acariciada.

Pronto, al separarse en busca de aire, se dieron cuenta de la posición en la que se encontraban. James, para sorpresa de Lily, se sonrojó de inmediato y retiró sus manos de la cintura de la pelirroja.

-Lily, yo…

La chica lo volvió a besar dulcemente y luego se separó de él para ver su reacción. James parecía haberse sonrojado aún más y tenía una expresión de desconcierto grabada en los ojos.

-No quiero…--había empezado el muchacho.

-¿No quieres qué, James?--preguntó Lily asustada. Lo que menos esperaba es que James se negara.

-No quiero faltarte el respeto, pequeña--el mote se había escapado de sus labios sin que lo pudiese evitar. Sabía que lo que diría a continuación le traería malos recuerdos a la chica, pero tenía que decirlo. Nunca le había ocultado ninguno de sus pensamientos a Lily y no empezaría a hacerlo ahora--No te obligué a… No te obligué a hacer nada cuando fuimos novios y no pienso hacerlo ahora.

-Pero…

Lily lo miró dolida. Sabía que tarde o temprano James le reclamaría todo lo que ocurrió esa noche y que lo tenía bien merecido. Después de todo, había sido ella la que había terminado llorando en lo que debía haber sido la mejor noche de sus vidas.

-Lo siento--James la miró sin entender--Imagino que en estos momentos debes pensar que estoy loca, pero…--suspiró débilmente entrecerrando sus ojos--Supongo que te debo una explicación.

-No t…

-Sí, James. Sabes que sí tengo muchas cosas que explicarte. Pero fui demasiado cobarde para hablar de ello contigo y tú fuiste lo suficientemente amable como para no tocar el tema hasta que yo no estuviese lista.

El muchacho la miró. No entendía nada de lo que Lily le estaba diciendo, pero de igual forma la escucharía. Aunque él tenía muy en claro qué había sucedido entre ellos: Lily no lo amaba como él la amaba a ella.

-Yo… Yo te amo, James--el muchacho se tensó al escucharla, no sólo porque era la primera vez que la muchacha pronunciaba esas palabras, sino porque lo dijo entre lágrimas.

Y ya no pudo evitarlo. No tenía el corazón para ver sufrir así a la chica que amaba, en especial cuando ella había expuesto el suyo de aquella manera. En esos momentos lo único que importaba es que Lily se sintiese mejor.

Poco a poco, secó sus lágrimas con sus dedos muy delicadamente, como si de repente Lily fuese de cristal. La muchacha se quedó estática, incapaz de dejar de llorar.

*"Ya, Lily. No llores"*había intentado decir James, pero sólo salió un gruñido de su boca.

Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo rápido, de lo contrario Lily se desharía en llanto frente a él y James no podría soportarlo. Y en situaciones como esas, sólo se le ocurría una cosa por hacer.

Poco a poco acortó la distancia que lo separaba de Lily y se fundió a ella en un beso cálido y dulce. El efecto en la muchacha fue inmediato: las lágrimas se detuvieron, los gemidos se callaron y ella se entregó de lleno a ese beso.

Poco a poco, James empezó a dejarse llevar y las caricias no se hicieron esperar. Recorrió su rostro con dulzura, luego su cuello y su espalda con total devoción. Nada le hacía más feliz que sentir la piel suave de la pelirroja de sus sueños.

De a poquito se fueron recostando sobra la cama de la chica, sin perder jamás el contacto de sus labios y sus pieles. En esos momentos, para ellos esos besos eran más importantes que respirar.

Y así desnudaron sus almas y sus cuerpos, y en la intimidad de aquella habitación ya no pudieron seguir negando lo que sentían. Y ya ninguno de los dos tuvo duda sobre los sentimientos del otro. Porque cuando dos personas realizan un acto de entrega así, ya sobran las palabras.

Lily abrió los ojos lentamente, como si incluso entre sueños pudiese sentir la mirada de James penetrándola.

-Hola, dormilona--el muchacho la veía como si fuese la niña más tierna del mundo.

La muchacha le sonrió dulcemente y un suave roce de labios terminó de sacarla de su letargo. De repente se enrojeció hasta las orejas.

-¿Qué te ocurre?--preguntó James, preocupado.

-Es que…--ella miró hacia la sábana blanca que los cubría--Estamos d-desnudos…

James soltó una risa clara como el agua.

-Se supone que hay que desnudarse para hacer el amor, preciosa--le dijo con dulzura y ella le sonrió, como si esa simple oración borrara todo rastro de su vergüenza.

-Aún te debo una explicación.

-No es cierto--dijo James, con un dejo de voz cansina.

-Tenía miedo--soltó de repente, sin esperar a que James aceptara que ella le debía esa aclaración. No podría estar tranquila junto a él si no le contaba su lado de la historia--Esa noche, tú te esforzaste mucho por hacer las cosas bien, por hacerme sentir bien. Y yo me comporté como una idiota contigo…

-Lily…

-Tenía muchísimo miedo, James. Tú…--el muchacho la miró dolido. Enseguida pensó que durante esa semana que él se sintió tan feliz, la muchacha había dudado de su amor. Seguramente temía ser una más en su larga lista de conquistas.

-No te preocupes, Lily. Imaginaba algo así--dijo como triste de repente.

-Debes de pensar que estoy loca, ¿no? Tenerle miedo de esa forma al amor--James abrió los ojos como platos.

-¿De qué estás hablando? Creía que… Ya sabes, que tenías miedo de ser una más…

-¡No! Jamás se me ocurrió eso…--James la miró con recelo--O sea, sí pensé en eso, pero fue antes de aceptar ser tu novia. Mientras salíamos, tú me demostraste que no era una más del montón--y le acarició dulcemente el rostro.

-¿Entonces qué era lo que te asustaba?

-Tú… No, más bien era yo… O… Me refiero a que…--explicaba Lily nerviosa.

-Había olvidado que te explicas peor que un libro cerrado cuando estás nerviosa--se mofó James, sintiéndose aliviado al saber que la desconfianza de Lily no era por su fama de casanova.

-Me hiciste sentir cosas que jamás había sentido, James. Y no me refiero a sensaciones físicas. ¿Puedes entender eso? La forma en que me mirabas, la forma en que me hablabas, cuando rozabas mi mano por accidente, cuando lo hacías a posta… Todas esas cosas causaban huracanes, volcanes activos y tormentas dentro de mí.

-¿Y el problema era…?--preguntó James, pasando por alto los comentarios "medorológicos" de Lily, pues la verdad seguía sin entenderla. ¡A él le sucedía exactamente lo mismo con ella desde hacía años, así que no podía ver el conflicto!

-Que me aterraba que en menos de una semana lograras hacerme eso. Que temía que me estuviese volviendo loca cuando en realidad me estaba enamorando de ti. Que se suponía que el amor era dulce y…--¿y qué? James estaba sumamente atento a las siguientes palabras de la pelirroja. Él pensaba que esa semana y los meses anteriores en los que habían salido fueron dulces para ambos--Y esa noche, lo que me estabas haciendo sentir… y esta vez sí me refiero a lo físico… Pues n-no, no era dulce, James… Era…

-Pasional--dijo James, recordando perfectamente cómo los besos se habían tornado sumamente apasionados esa noche donde se suponía que Lily iba a entregarle su virginidad.

-¡Exacto! Entonces no lograba comprender cómo podía sentir algo tierno en medio de ese mar de pasiones y deseos…

-¡Pero eso es normal, princesa! Se llama excitación…--y Lily volvió a enrojecerse hasta la raíz de su cabello.

-Ahora lo sé--dijo bajando el rostro, con muchísima pena--Pero esa noche me sentí muy confundida…

-Y por eso terminaste llorando--completó la frase por ella--Pensé que había cometido algún error, que quizás me había comportado como un animal o algo así.

-No. Fui yo todo este tiempo…--y lo miró triste--Sólo he cometido errores contigo, James. Desde hace años…

-Eso se llama pasado, amor. Ahora tú eres mi presente y mi futuro--y rozó suavemente sus labios--¿Qué ocurrió con el miedo?

-¿Miedo? ¿Qué se supone que es eso?--respondió Lily entre risas, comiéndose a besos a su novio. Ya no pensaba cometer más errores con él, estaba lista para amarlo y entregarse a ese amor como él lo había hecho con ella desde hacía años.

Y antes de que los besos diesen paso a algo más, unos golpes en la puerta los trajeron de vuelta a la realidad.

-¿Qué hora es?--preguntó James alarmado.

-Ya terminó la última clase de la tarde--respondió Lily hecha toda sonrisas--No te preocupes. Para cuando a esas chicas se les ocurra hacer el encantamiento Alohomora, ya estarás vestido… De verdad, no sé si ellas leyeron el pergamino donde decía que son brujas…

Y lentamente se fueron vistiendo, ayudándose mutuamente entre besos y caricias. La puerta nunca dejó de sonar, pero ellos lograron ignorar a las compañeras de Lily. Volvían a estar juntos, así que el resto del mundo podía esperar.