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Historia 31558 — capítulo 7
NO SOY COMO MI MADRE
Riiiiiiiiiiiiiiinnnngg!!!!!!!!
¡Mierda! Me he vuelto a dormir, y encima hoy es el primer día de clases. Parece que esto solo me pasa a mi, y como mis compañeras de habitación me odian por tener tan buenas compañías (vamos, me odian por ser amiga de Albus y de Scorpius), no me han despertado.
Cuando acabo de vestirme me miro al espejo, la verdad es que yo llevo el uniforme de forma original, dicho de otro modo, lo llevo diferente a las otras chicas, recorté la falda para que me quedara dos manos encima de la rodilla, la blusa la llevo mas pegada al cuerpo, la corbata con los colores de mi casa la llevo suelta y cambié los zapatos por una botas negras con un poco de tacón.
Miro la hora, las 7:45, vale no me da tiempo de desayunar, seguramente Albus y Scorpius estarán pensando donde estoy.
En cuanto salgo por el retrato me voy pitando al Gran Comedor, aunque no vaya a comer necesito mi horario, aunque me entran ganas de comerme algo.
-Profesora McGonagall, por favor, ¿me da mi horario?-le pregunto en cuanto piso el Gran Comedor y me la encuentro a punto de salir por la puerta.
-Si señorita Weasley, sinceramente, esperaba que usted al igual que su madre fuera siempre puntual, pero a lo largo de estos años me e dado cuenta de que es imposible-me dijo como regañándome.
¡Odio cuando la gente me dice que porque no me parezco a mi madre! Haber solo soy su hija, no tengo porque ser igual a ella.
Y así enfadada me dirijo a historia de la magia, bien, una asignatura para descansar i hablar.
-Hola chicos-digo cuando me siento con ellos y saco mi libro.
-¿Qué te ha pasado?-me pregunta Scorpius.
-Nada, lo que pasa es que me he dormido.
-Que raro-dice Albus sarcásticamente- Bueno, ya estamos acostumbrados, por eso cuando ya había pasado media hora desde que habíamos bajado nosotros a la sala común, nos hemos ido a desayunar.-me dice con cara avergonzada, como si temiera que yo le regañara.
-No pasa nada chicos, jejeje, el problema es que si no me hubiera ido pitando al Gran Comedor no hubiera encontrado a la prof McGonagall para pedirle el horario-digo sonriendo, no quiero que se sienten mal, solo porque yo me duerma.
Cuando yo ya pensaba que la clase iba a acabar sin complicaciones…
-Ahora os iré llamando uno a uno para que me entreguéis los trabajos.
¡Mierda! Me lo he dejado todo acabado y encuadernado en mi mesilla de noche, bueno encuadernado no, pero si acabado.
-Señorita Weasley-me llama el prof Bins.
-Perdone señor me lo e dejado en mi habitación-dije avergonzada.
-Me a decepcionado, espera más de usted tal como su madre, si, que buena alumna fue Hermione Greanger-me dijo melancólico.
-Pues si tanto le he decepcionado se aguanta-dije, bueno mas bien le grité y me fui corriendo, seguida de las miradas preocupadas de Scorpius y de Albus, al baño de Mirtle la Llorona.
Una vez allí sentada, empecé a recordar todos los momentos en los que la gente me decía o más bien me echaba en cara que no era como mi madre. La verdad es que al principio lo aguantaba, me decía que, no sé como me parezco un poco a ella, la primera impresión de la gente, era pensar que también me parecería a ella mentalmente, pero no es así, yo soy como soy y punto.
Ahora mismo me da igual llorar como lo estoy haciendo, me da igual lo que la gente piense de mi, me da igual todo, lo que no me da igual es el saber que Scorpius nunca me querrá como yo lo quiero a el.
-¿Rose?-en seguida supe que era Scorpius, su voz la reconozco a kilómetros de distancia.
-¿Qué pasa?-al salir estas palabras por mi boca me arrepentí, mi voz me delataba, había estado llorando y eso Scorpius lo supo en seguida.
-¿Qué te pasa Rose?-me dice preocupado y se sienta a mi lado cociéndome la mano, estoy tentada a decirle que unas de las razones era él, pero no dije nada.
-Lo que pasa, es que estoy harta de que todo el mundo me reproche al no parecerme a mi madre, los profesores, mi familia también lo hace menos Albus, ellos lo hacen inconscientemente, pero lo hacen-ya no puedo más y las lágrimas que había aguantado mientras él estaba allí se escapan, él solo me abraza i me las seca, pero yo sigo llorando.
-Rose, se que esto es difícil, yo también lo pasé, todo el mundo creía que era como mi padre, todos, menos tu y Albus, y gracias a vosotros lo superé. Lo que quiero que entiendas es que por pocas personas que sepan como eres tu en realidad, basta, no quiero que llores solo porque la gente de echa en cara no ser como tu madre, porque esas pocas personas seguro que te quieren-me dice mirándome a los ojos.
Dios, se esta acercando, me esta besando, cuanto he esperado este momento. También le sigo el beso, la verdad es que besa bien.
-Rose… Te tengo que decir una cosa-vale, ahora me dirá lo de siempre, somos amigos… no quiero que esto influya en nuestra amistad…-te quiero más que una amiga y… ¿quieres ser mi novia?-me voy a desmayar.
-¡Claro! La verdad es que siempre te he querido más que a un amigo-¿Por qué me tengo que ruborizar al decir estas palabras?
En ese momento el me besa y seguimos dandonos besos hasta que llega la hora de irnos a la Sala común a dormir, ya que habíamos perdido las clases de la tarde i también la cena.