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Historia 31673 — capítulo 2

New York

Me había perdido...Estaba perdida en la ciudad que según yo, me sabía de memoria, hasta con los ojos vendados. Mentira. Solo conocía asi: Osaka, Tokio, Pekín y Londres. Mordí ruidosamente la manzana que llevaba en la mano derecha. Tenía que encontrar el maldito Starburcks. Esta ciudad era tan grande como Pekín y me perdía con una facilidad...

"Odio Estados Unidos". Gruñí para mis adentros. Esa soy yo, la chica de cabello negro y corto, rasgos orientales y cara de despreocupación. Soy la clase de persona que todo le da igual, y sonrie en cada oportunidad que puede. Mi nombre es Sujini Hae. Y eh venido a EUA a matar mi tiempo, y contarle a Kiha-neechan como me había perdido por duodecima vez.

Arrastraba conmigo mi maleta y una bolsa, mientras un mar de personas me empujaba hacía diferentes direcciones. Mire mi reloj de pulsera. Llegaría tarde y se enfadarían. Malditas costumbres mexicanas de llegar tarde. Me apresure a entrar a un local de comida China. Tal vez si pedía instrucciones para llegar a ese maldito Starburcks...

-Buenas Tardes- salude al entrar a la cocina. Me daba igual si me regañaban. Los cocineros me vieron con cara rara y saque velozmente una pluma y un lapiz. En China todos somos Chinos, pero eso no significa que todos hablemos el mismo dialecto. Por eso, en el año 239 a.C. el Primer Emperador decreto que cada Chino que habitaba el país, debía saber escribir. Y así unifico nuestra letra, más no nuestro idioma. Claro, por que eramos tantos, que se volvía complicado unificar a un país tan grande y lleno de tantas formas de pensar diferente.

Una de las mujeres se me acerco y leyo el mensaje que escribí. Debajo del mio escribio una serie de instrucciones y hablo el madarín conmigo mientras me explicaba sobre atajos. Le di las gracias y me robe una galleta de la suerte.

"Tu vida se llenara de alegria, cuando encuentres a tus verdaderos amigos". Sonreí, al menos tendría un poco de suerte por aquí. Me tarde 20 minutos en llegar al Starburcks, y tuve que buscar rapidamente a las personas que me estaban esperando. Mire hacía todas partes y me sentí fuera de lugar. La gente venía vestida bastante...¿cómo decirlo? ¿conservadora? ¡Sí! Y yo llevaba muchos colores vivos en mi vestuario. Puse mi maleta cerca de un perchero que se hayaba a mi derecha y me encamine hacía la barra donde se pedían las ordenes.

-Disculpen -saque un papelito mientras hablaba- ¿saben si ya estan aquí el señor y la señora Smith?- levante la vista justo en el instante en que capte como los dos chicos me miraban atontados, y sentí como subía el color a mis mejillas. Odiaba esa parte de mi, podía causar un tumulto solo con hablar o sonreirle amigablemente a la gente. Uno de los jovenes que trabajaba ahí parecio percatarse de que los otros estaban Hipnotizados y dijo con voz fuerte y varonil, para hacerse notar:

-Los señores Smith, llegaron hace 10 minutos, estan ahí, junto a la ventana-me voltee y observe la pelirroja cabellera de, la que yo supuse, sería la señora Smith y a su lado al señor Smith.

-Muchas gracias- me di la media vuelta y camine hacía donde ambos se encontraban. El poco Sol que salía entre las nubes daba directamente sobre los rostros de la pareja, que sonreia y platicaba. Aún estando a 20 metros de donde se hayaban, oía con perfecta claridad su conversación.

-"...Me pregunto si hablara el Ingles"-decía la señora Smith.

-Probablemente si, dudo que haya descidido venir sin saber nuestro idioma...- Me fui acercando mas y mas a ellos, para informarles que ya había llegado, cuando, a proposito una chica o algún chico me puso el pie y caíi estrepitosamente al suelo. No me dolía caerme, ni cortarme...tal vez porque no podía...

-Uy! lo siento tanto-exclamo una chica con falso arrepentimiento. Me levante lentamente, y la mire.

-No te preocupes, fue mi error- le di la espalda y oi su risita tonta. Los Smith me observaban entre preocupados y risueños.

-¿Sujini Hae?-me preguntaron. Sonrei y asenti, mostrando mis respetos.-Te vez tan linda, creíamos que te habías perdido y estabamos muy angustiados por ti.

-No se preocupen, solo me perdí en el subterraneo- me mostraron una silla y me sente frente a ambos.

-Cuando nos enteramos que nuestra familia había sido seleccionada para el intercambio, nos sentimos muy afortunados- La señora Smith, tenía un largo cabello peliirrojo que enmarcaba su rostro cubierto de pecas; sus ojos, azules, se ceñían de arrugas cuando sonreía, al igual que su boca. A su lado se encontraba su marido. Ambos debían estar rondando los 30 y tantos o los 40 y pocos, se veían muy felices.

Me platicaron sobre sus trabajos; Melanie, ese era el nombre de la señora, era ama de casa y de vez en cuando hacía planos para ayudar a su marido en el trabajo. Su esposo, Richard, que prefería que lo llamaran Rick, era gerente de un banco muy importante, y de vez en cuando le pedían alguna plaza para cmabiarse de rescidencia y así obtener un mejor puesto, pero el se negaba, alegando que le gustaba estar donde estaba.

Charlamos un largo rato, sobre donde viviría, y de donde estudiaría. Pero el tema que mas me preocupaba era el de los hijos de ellos. Tenía tres retoños. Dos hijas y un hijo. La mayor había hecho el intercambio conmigo para estudiar en Japón; la de enmedio "tenía mi edad", por así decirlo, y era una rebelde sin causa ni motivo aparente, mas que llevarle la contraria a sus padres y familia; luego estaba el menor, un chico de 14 o 15 años que se divertía armando cosas o arregñando los aparatos de su casa. Yo viviría con ellos, durante dos años. Sentí retortijones en mi estomago cuando nos dirjiamos hacía la casa de los Smith.