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Historia 31962 — capítulo 1

El Lirio de Jade                                                                         Capitulo 1                                                                   (Por Alan Nikolac)

El sol iba dejando el cielo, dando paso al oscuro anochecer, hermoso, definitivamente. Sin embargo, en aquella ocasión, solo se podía apreciar el olor a muerte y sufrimiento de la guerra. Una guerra fría entre humanos y monstruos, una guerra por la paz de los humanos, una guerra por el dominio total de los monstruos, dependiendo, por supuesto, desde el punto en que sea visto. Luego, al fin, de todo el caos... ...Llega el silencio.

                             ...

-Ahren, despierta- susurraba un chico de cabellos negros, corpulento y bajo de estatura, que tenia unos ojos de un azul claro cercano al gris- hoy son las pruebas, hermano. -Deja la emoción, ¿Quieres?- dijo cansadamente el chico que respondía al nombre de Ahren, tenía quince años, era delgado, pero algo corpulento en el sentido muscular, de cabello castaño claro, algo corto, y ojos de un color amarillo intenso- además, aun es temprano, Kasch. -Lo sé, lo sé- murmuro el chico de cabellos negros llamado Kasch- pero me aburre no hacer nada mientras tú duermes. -Nadie te ha dicho que ajustaras el despertador a las cinco de la mañana. -¿Lo escuchaste? -Por supuesto que lo escuche. -Entonces, ¿porque no te levantaste? -Porque quería seguir durmiendo. Kasch bufó. -Pues ahora si te tienes que levantar, tenemos que ir al mercado- explicó Kasch. Ahren se levanto de la cama, en la que las sabanas blancas yacían desparramadas, y caminó a través de la habitación, cuyas paredes de madera, hermosas y poco dañadas, estaban libres de cualquier afiche, retrato o foto, las dos camas, una al lado de la otra, ambas de cabecera de madera, estaban desordenadas, mientras que, sobre una mesita de noche ubicada entre las dos, se podía apreciar una lámpara que se encontraba entre dos portarretratos pequeños, en el que estaba mas cercano a la cama de Kasch, la de la derecha, se podía observar a una mujer de cabello negro con un bebe en cada brazo, uno de cabellera negra y ojos azules, como los de la mujer, y otro de cabellera castaña y ojos amarillos como el sol, Kasch y Ahren respectivamente. En cambio, en la otra foto, mas cercana a la cama de Ahren, la de la izquierda, obviamente, se encontraba una pareja, que no incluía a la mujer de la otra foto, sino a una mujer de cabello negro y un poco espeso, con ojos de un delicado color miel, bajita en comparación del hombre de cabellos blancos con pequeños detalles castaños y ojos sumamente negros, de tez algo pálida, que de no ser por la sonrisa perfecta, al igual que la de la mujer, hubiera aterrado a cualquiera. Ambos cargaban mutuamente a un pequeño bebe, acurrucado entre sus verdaderos padres sumamente dormido, Ahren. La casa no era ni grande ni pequeña, tenía un pequeño patiecito atrás, en donde lavaban la ropa y, de vez en cuando, Ahren y Kasch entrenaban. Un comedor pequeño, una mesita redonda con cuatro sillas, y el suelo de madera cubierto por una pequeña alfombra solo en la sección de la mesa. Ahren entro al baño, mientras que Kasch salía de la habitación y bajaba las escaleras, con intención de esperar a Ahren en el comedor, en cuando este salió del baño se vistió con unos jeans negros y una camisa, de lana con mangas largas, de color blanco, se puso, luego sus sandalias y bajo a reunirse con Kasch. -Esto es lo que quiero que traigan- le decía la mujer de la foto de Kasch a este mismo, era algo bajita, mucho mas que Ahren, y solo un poco con respecto a Kasch, tenía los mismos ojos de su hijo, y su piel perfecta y clara la hacían ver hermosamente joven, tenia el cabello negro y liso, era bella- buenos días, Ahren, cariño. -Buenos días, madre- saludo el nombrado mientras se sentaba frente a su desayuno, un sándwich tostado- gracias por la comida- comentó y luego comenzó a comer. Ahren le decía "madre" a la mujer a sabiendas de que esta no lo era, en realidad, la mujer bella y madre de Kasch, era su madrina y mejor amiga de la pareja de la foto, los padres de Ahren, que murieron en la guerra cuando este era solo un chiquillo de cuatro años. La madre de Kasch había tenido a este muy joven, con un hombre que al enterarse del embarazo de esta, se marchó, dejándola sola con un bebé. Ahren había nacido unos meses antes, a finales de agosto, mientras que Kasch había nacido a finales de enero, los padres de Ahren le dieron su total apoyo a la madre de Kasch, Anna, y justo antes de partir a la guerra, le dejaron a su hijo a esta, confiando en que lo cuidaría como al suyo propio. En cuanto Ahren termino de comer, él y Kasch se fueron al mercado luego de dar las gracias por el desayuno. En el pueblo de Gare, allí, en donde ellos vivían, el mercado consistía en muchos puestos de venta de fruta, vegetales, carne y demás, ubicados todos a las afueras del pueblo sobre el suelo de tierra. Pocos automóviles circulaban por Gare, normalmente los de las familias adineradas que se dirigían a la Gran Ciudad del país de Faregar, que se encontraba al este del pueblo. -Buenos días, Ahren, Kasch- saludaba la gente del pueblo al verlos pasar- suerte en la prueba- les deseaban algunos. El pueblo era pequeño, así que muchos se conocían sin problemas, además de que había pocos jóvenes, Ahren y Kasch, y unos cuantos mas, fueron los únicos con agallas y habilidades para intentar entrar en la Academia Militar de Lucha y Combate Midgard. Las pruebas para ingresar a la Escuela Básica Militar de la Academia Midgard serían alrededor de las dos de la tarde, así que Ahren seguía confuso con respecto a el por qué Kasch había ajustado el despertador a las cinco de la mañana, pero en ese momento, le daba igual. Luego de comprar todo lo que la Sra. Anna necesitaba y de comer a la hora del almuerzo, los dos chicos se marcharon a La Plaza, el lugar en el que se realizarían las pruebas. Al llegar, tuvieron que abrirse paso entre las personas que se encontraban alrededor de ella, ya que, al parecer, todos querían ver los exámenes. El sueño de muchos chicos de ese país era ser un Hauer, ser un Wizard o un Söldner, que eran las tres clases de militares más importantes del país, pero cuando se hablaba de ellos en general, eran conocidos como "Merceseris" Alguien con cualquiera de estos títulos seria capaz de disfrutar de muchos lujos a cambio de realizar bien su trabajo. Muchas veces era en contra de la delincuencia y zonas infestadas de monstruos, aunque, en el caso de las empresas poderosas de los continentes, las misiones eran especialmente para hacer caer a la competencia, eliminando a su líder. La Plaza era bella, rodeada de arboles y animales que saltaban de uno a otro, en el centro, se encontraba una estatua, en la que se mostraba a un hombre aparentemente alto y fornido, con un báculo en su espalda, y junto a el, un enorme oso. Justo debajo del hombre, en el muro que lo sostenía, había una dedicatoria: ''Al héroe de Gare y del continente, Edward Müller''. Dos hombres se encontraban frente a la estatua, en el suelo de piedra, de pié, cada uno con una libreta y un bolígrafo para las anotaciones, frente a ellos, se encontraban unos ocho chicos ordenados en línea uno al lado del otro. -¿Ustedes dos vienen a hacer la prueba?- pregunto uno de los hombres, alto de cabello largo y blanco, extremadamente corpulento y con una larga espada guindada a su espalda, el cual tenia, guindado en la manga derecha de la camisa, un par de pequeñas alas de ángel de color dorado, al parecer el encargado principal de la prueba. -¡Si, señor!- contestaron Ahren y Kasch al unísono. -De acuerdo, únanse a la fila- ordenó mientras anotaba algo- sus nombres, por favor. -Ahren Wolf- dijo este. -Kasch Dürer. -Muy bien, sigamos esperando a que lleguen los demás. Uno de los chicos levanto la mano, pidiendo la palabra. -¿Qué sucede?- pregunto el examinador de cabello blanco. -No vendrán mas personas, Señor- dijo el chico con algo de miedo en su voz- somos pocos los jóvenes del pueblo, aparte de nosotros diez solo quedan los niños pequeños y la mayoría de las chicas. -¡Si yo digo esperemos, significa esperemos!- dijo el hombre de cabello blanco- ¡¿Entendido?! -¡Si, Señor! Esperaron durante media hora de pié, el hombre de cabello blanco los miraba detenidamente uno a uno, en el grupo habían dos chicas y ocho chicos, el otro examinador tenia el cabello negro y puntiagudo, cargaba un báculo, con una punta filosa, en la espalda y tenia los ojos cerrados, este a diferencia del hombre de cabello blanco, al parecer había roto las pequeñas alas doradas, pues tenia el ala derecha como sarcillo en la oreja derecha, y el ala izquierda en la oreja izquierda, posiblemente esas alas eran lo que los identificaba como Merceseris profesionales. -¿Se habrá aburrido?- preguntó Kasch en un susurró casi mudo. -Shhh- chitó Ahren. Enseguida el hombre que tenía los cabellos negros abrió los ojos, y miró a Ahren y a Kasch, por algún motivo, comenzó a escribir rápidamente en la libreta y luego le susurró algo al examinador de cabellera blanca, el cual giró la mirada hacía los dos chicos. -Se acabó el tiempo de espera- dijo el examinador de cabellera blanca- mi nombre es Sebastián Leibniz, Hauer de Mider, Merceseris, y mi acompañante es Michael Vend, Wizard de Mider, Merceseris, el cual a estado examinando los niveles de aura en su cuerpo. -"Así que era eso"- pensó Ahren. -A base de esto, sabremos quienes son los que poseen una alta o baja cantidad de aura, si es muy baja, no podrá ser aceptado, pero no se preocupen, las pruebas para la Escuela Básica son extremadamente sencillas, solo son dos, Velocidad y Control de Aura. -¿Qué hay de la fuerza?- preguntó el mismo chico que se había atrevido a hablar al principio. -Chiquillo impertinente, ¿no sabes que no debes hablar mientras otros hablan? -Lo siento- murmuró el chico intimidado -Muy bien, sigamos con lo nuestro- siguió Leibniz- no haremos exámenes de fuerza porque la verdadera fuerza se define con el Control del Aura, lo que iba a decir si el joven no me hubiese interrumpido, el Aura, es la energía que poseemos, al trasladarla a cierta parte de nuestro cuerpo, es esa la sección que recibe toda la potencia de nuestro poder. Ahren levantó la mano con propiedad, mientras miraba fijamente al profesor. -Dime, muchacho. -He practicado con el Aura con mi hermano, Kasch, y quisiera plantearle una pregunta, Señor- pidió Ahren con tranquilidad. -Adelante- dijo el examinador sonriendo, al parecer esperaba esto. -Si dirijo mi Aura a mis piernas, estas recibirán la potencia de mi poder, por tal motivo podre patear con mas fuerza, saltar mas alto o correr mucho mas rápido, ¿No es la Velocidad también una extensión de nuestra Aura? El examinador de cabellera negra se puso a escribir con una sonrisa en el rostro, mientras que el examinador miraba a Ahren con atención. -He estado en todo el continente, haciendo estos exámenes, y este era el primero, en donde uno de ustedes descubriría la "trampa" en mis pruebas, y lo haz hecho en tiempo record, muchacho, así que ahora solo queda una prueba, y es eso, el Control del Aura- planteó Leibniz. -¡Bien hecho, Ahren!- le felicitó Kasch en voz baja. -¡Ahora demos paso a la verdadera prueba!- exclamó Leibniz- Quiero que se aproxime uno a uno para realizar el examen, comencemos por la izquierda, con el chiquillo impertinente, Daniel Not. El nombrado dio un paso al frente con mala cara, no le había agradado al examinador. -La prueba de Control de Aura se dividirá en dos secciones, Comencemos con la Sección de Fuerza, ¿ves que si se trabajará? El examinador Michael señalo una gran pesa que se encontraba a su lado. -Pesa cien kilogramos- explico Leibniz, mientras los "espectadores" del pueblo lo miraban con impresión- si han venido a hacer esta prueba, espero que al menos hayan entrenado, aunque esto lo puede alzar una persona adulta que se ejercite, o un joven con fuerza, aunque solo serian unos milímetros para este ultimo, así que para ustedes es necesario el uso del Aura para levantarla con facilidad, veremos durante cuanto tiempo son capaces de levantarla, cada dos minutos se le agregaran cien kilogramos mas, con magia, adelante, Daniel. El chico llamado Daniel se aproximó a la pesa y la levantó sobre sus hombros, el examinador llamado Michael inició un cronometro, al parecer salido de la nada, y esperó, dos minutos, el examinador Michael chasqueó los dedos, y aunque no parecía que hubiese pasado algo, al chico parecía costarle mas, justo en el momento en el que agregaron el peso para llegar a trescientos kilogramos el chico soltó la barra, dejándola caer y agrietando el suelo de piedra. -Muy bien, siguiente- ordenó Leibniz. Así siguieron las pruebas, una chica de cabellos castaños había alcanzado a mantener cargada la barra hasta llegar a los quinientos kilogramos aproximadamente, pero aun mas impresionante fue el chico al que le había tocado antes de Kasch, que la logro mantener hasta las seiscientos kilogramos aunque con mucho esfuerzo. -Increíble- murmuró Kasch. -Tu turno, muchacho- ordenó el examinador de cabellera blanca refiriéndose a Kasch. Kasch se aproximo a la barra, nunca antes había hecho algo así, por lo que no estaba seguro de cuanto tiempo resistiría. -Comienza- ordenó Michael. Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos, quinientos, seiscientos, setecientos, ochocientos... Todos estaban impresionados, Kasch apenas y se inmutaba, la gente de la aldea con la boca abierta, mientras que Ahren lo observaba con gracia. -Me parece que es suficiente- ordenó el examinador Michael- la cantidad de Aura que posees es impresionante, lo supe desde el principio, sin embargo, ver como la controlas y dejas fluir a tus brazos, espalda y hombros es increíble, definitivamente, tienes mucho potencial. Kasch dejo la barra en el suelo suavemente. -Bien hecho, Kasch, estuviste fabuloso- felicitó Ahren sonriendo. -Gracias, hermano- agradeció Kasch estrechándole la mano- tu turno, aunque creo que el resultado va a ser el mismo o mejor, deberías lucirte de vez en cuanto, Ahren. Ahren sonrió, y luego el examinador de cabellera blanca lo llamó. -Comienza- ordenó Michael. El mismo resultado de Kasch, el examinador tuvo que pedirle que lo soltara a los ochocientos. -El promedio de peso que pedimos para los admitidos en La Escuela Básica Militar de Midgard es de seiscientos, por tal motivo no quisimos alargar mas la prueba para algunos- comentó Leibniz refiriéndose a Kasch y a Ahren- este año hubo muchas personas con un potencial increíble, en Rangar tuvimos un chico que alzo la barra hasta los mil cuatrocientos, pues no quería soltarla, veintiocho minutos es mucho tiempo para gastarlo en una sola persona, cuando en Rangar se presentaron unos doscientos candidatos para las pruebas, ¡En cada ciudad!, lo que se espera del país mas grande del continente, sin embargo no se confíen, aun quedan una sección mas, Velocidad. Las pruebas de velocidad no eran muy complicadas, correr de aquí a allá, y realizar un buen tiempo. -Esto va a ser pan comido- murmuró Kasch- ¿recuerdas cuando jugábamos al atrápame si puedes? -Si- contestó Ahren.  -No creo que se hayan dado cuenta por el atrápame si puedes, sino cuando te perseguían las chicas y corrías como un loco, Kasch- comentó Ahren. -Tenía mis motivos, me querían golpear. Ahren sonrió -Los viejos tiempos- susurró Kasch con aire soñador. -Ni tan viejos- murmuró Ahren- aun te persiguen.

  • Pero ya no es por lo mismo de antes- dijo Kasch sonriendo-Todo el pueblo sabe que somos los más rápidos. Tal cual como Kasch había dicho, él mismo y Ahren se lucieron a lo grande, no había comparación que no fuera entre ellos dos.
  • La Escuela Básica Militar de Midgard es el primer paso antes de llegar a la Academia Militar de Lucha y Combate Midgard, en ella realizaran diversos cursos básicos antes de subir al siguiente nivel, recuérdenlo, mañana mostraremos los resultados de las pruebas aquí, en esta plaza, estarán en una cartelera que colocaremos durante la mañana y quitaremos en la tarde, en ella se mostraran los resultados a nivel continental - explicó Leibniz. -Estoy seguro de que estamos dentro- exclamaba Kasch contentó. -Kasch, no quisiera quitarte la esperanza ni nada por el estilo- comentó Ahren, ya cuando se estaban marchando a casa mientras las casas comenzaban a apagar las luces- fuimos los más rápidos del pueblo, pero, ¿que hay del continente? -No me quites mis esperanzas, Ahren. -Lo digo en serio, un chico levantó mil cuatrocientos kilogramos, si nosotros nos movemos a dos kilómetros por minuto, aproximadamente, es decir, unos ciento veinte kilómetros por hora, ¿cuanto habrá hecho ese mismo chico? -¿Siempre tienes que ser así, Ahren?- preguntó Kasch mirándolo con mala cara, mientras abría la puerta de su casa. -¿Qué tal les fue chicos?- pregunto Anna, en cuanto ambos entraron. -Muy bien, pero Ahren dice que no tenemos probabilidades- dijo Kasch inmediatamente. -Deja de molestar, ¿quieres?- escupió Ahren molesto, su mirada había cambiado totalmente, parecía vacía y sin emociones. -Ahren, sube arriba y cálmate, por favor- dijo Anna, que había cambiado su tono dulce por uno mas educado. -Ya la pusiste de nuevo, Ahren, la mirada...- comentó Kasch. -Lo siento- se disculpó Ahren, dándose cuenta de lo que le había pasado, siempre pasaba, cada vez que algo lo molestaba. -No te preocupes, Ahren, pero sube, por favor- pidió Anna. -De acuerdo, me voy a dormir, hasta mañana- dijo Ahren secamente. -¡Vamos, Ahren, apúrate!- exclamaba Kasch mientras trotaba suavemente por las calles al día siguiente- hoy se decide si somos aceptados o no en La Escuela Básica. -Vamos, Kasch, la lista no se irá de allí- decía Ahren en lo que alcanzaba a su hermano, al parecer lo que había pasado el día anterior ya había sido olvidado. -Si, lo sé, pero no aguanto las ganas de ver si fuimos aceptados- decía Kasch cada vez más animado. -Si fuimos aceptados de maravilla, Kasch, pero eso solo es en La Escuela Básica, aun no sabemos si tenemos oportunidades de entrar a la Academia. Ambos caminaban hacia la plaza en donde se habían realizado las pruebas, en donde estaría la cartelera según había dicho Leibniz. La plaza estaba casi vacía, unos pocos querían ver si sus amigos habían entrado, otros para ver su resultado propio. -Vamos, vamos, vamos, vamos, tengo que estar, tengo que estar- decía Kasch mientras pasaba su mirada por la cartelera en busca de su nombre. La cartelera de corcho estaba repleta de hojas, unas engrapadas sobre otras, algunas solas, como en el caso de la del pueblo de Gare, en la que solo había cuatro nombres y una pequeña descripción para cada uno y Kasch la encontró, y leyó, mientras que Ahren lo esperaba algo apartado de la cartelera. -¡Ahren!- le llamó Kasch- ¡Estamos dentro! Ahren no pudo contener la emoción, y se acercó rápidamente junto a su hermano. "Ahren Wolf: Una gran cantidad de Aura- comenzaba la descripción de este- fuerza y velocidad asombrosa, será admitido en La Escuela Básica Militar de Midgard" -Felicidades, chicos- les dijo el examinador de cabellera blanca que se había aproximado a ellos silenciosamente- espero verlos algún día en la Academia. -¡¿Usted es un instructor de la Academia?!- exclamó Kasch señalando al hombre con el dedo. -Mas respeto, Kasch- dijo Ahren. -No se preocupen, estamos fuera de cualquier actividad militar, así que no necesitamos cordialidades, además aun no son cadetes, apenas son candidatos a cadetes- dijo el Profesor Leibniz- bueno, chicos, ya me tengo que ir a la Academia, recuerden que allá no hay vacaciones- se despidió mientras se daba la vuelta- ¡Oh, por cierto! Tomen esto chicos, lo necesitaran- les dijo entregándoles a cada uno una pequeña tarjeta de plástico, de color blanco, con las siglas A.L.C.M. en negro como fondo, con el nombre escrito de cada uno y un pequeño mensaje: "Aceptado en La Escuela Básica de Midgard'' Ahren volteo nuevamente a la cartelera, con intención de ver el papel que se encontraba en el centro, le había llamado la atención desde el comienzo, pues en este no había ningún nombre de ciudad como titulo, sin embargo, si tenía uno y este decía: 

"A todos los aceptados en la Escuela Básica:

Una camioneta será la encargada de recoger a los cuatro Candidatos aceptados del Pueblo de Gare el día trece de agosto a las setecientas horas. En ella, pasarán seis meses aprendiendo todo sobre los principales conocimientos necesarios para ser un cadete de la Academia. Recuerden llevar su mascota y el equipaje necesario para su estadía en la Escuela Básica. Felicitaciones por los resultados,

                              General en Jefe de la Fuerza Militar de Mider                                                              Edward Müller"

Ahren y Kasch se fueron a casa a dar la buena noticia a Anna, además de que necesitaban descansar y pedir a la Sra. Anna que les comprara la mascota. -¿Mascotas?- preguntó Kasch extrañado-¿acaso nos enseñaran a criar animales? -No seas idiota, Kasch- comentó Ahren mientras caminaba junto a su hermano- los grandes Merceseris siempre han llevado consigo un animal, el cual les ayuda en misiones de rastreo, en retiradas y, por supuesto, en batallas. -En tal caso tenemos que criarlos. -Por nuestro bien, si queremos sobrevivir- soltó Ahren. -No me asustes- bufó Kasch- no vamos a morir. -A partir del día en el que entremos a la Academia seremos soldados, Kasch, ¿Cómo puedes estar seguro de que no moriremos? -Somos fuertes. -Hay gente más fuerte que nosotros. -Ahren...- Kasch se calló un momento, recordó que los padres de Ahren, siendo lo que eran, murieron en una guerra, así que, verdaderamente, no tenía palabra alguna para responder a lo que su hermano había dicho- bueno, igualmente aun no somos cadetes. Ambos caminaron en silencio hasta llegar a la puerta de su casa, al abrirla, un fuerte aroma a comida los atrapo al instante, se dirigieron hacia la cocina y allí estaba Anna, preparándoles un delicioso almuerzo. -¿Qué tal les fue, chicos?- preguntó Anna al verlos. -¡De maravilla, fuimos aceptados!- exclamó Kasch feliz. -¡Oh, que alegría!- soltó Anna muy feliz. -Necesitamos unos cuantos materiales para la academia, madre- comentó Ahren. -Muy bien, nos encargaremos de eso luego de la comida, ¿de acuerdo?- propuso Anna mientras se volteaba y seguía preparando la comida. Durante la hora de la comida Kasch hablaba de cualquier tipo de estupidez, la señora Anna lo escuchaba atenta y Ahren, bueno, solo sonreía mientras escuchaba las historias de su hermano, en las que la mayoría, el también era protagonista. Cuando al fin terminaron de comer, se fueron al mercado. -Muy bien, vayamos a la tienda de animales- comentó Anna tranquilamente mientras caminaba entre sus hijos. -Buenos días, Anna, ¿Cómo están, chicos?- saludó el dueño de la tienda de animales recién habían llegado Ahren y los demás- me imagino que vienen por sus mascotas, ¿o me equivoco? El dueño del puesto de mascotas era un hombre viejo ya, su pelo largo y canoso estaba desaliñado, mientras que sus ropas marrones, que parecían mas harapos que cualquier cosa, estaban rotas y sucias, sin embargo, sus ojos marrones mantenían un gracioso brillo de juventud, algo totalmente opuesto a su apariencia. -No se equivoca, Sr. Adelbert- respondió Ahren. -¡Sabia que aprobarían, chicos!- exclamó el hombre- tengan, elijan el que quieran. -¡De acuerdo!- exclamó Kasch, mientras se acercaba a las jaulas- Ahren vamos a escoger, rápido. -Me parece que ya tome mi decisión- comentó Ahren, que se encontraba al otro lado del puesto, frente a una pequeña jaula- Señor, quiero el blanco. -¡Buena elección!- soltó Adelbert- ¡esos son lobos puros! -¿Y que con eso?- preguntó Kasch, que se había acercado a su hermano. -En la actualidad es muy difícil encontrar lobos puros, la mayoría ahora son lobos combinados con algún perrucho feo- dijo Adelbert- les haré una rebaja, ¿les parece bien? -¡Claro que si!- soltó Kasch sonriendo En la pequeña jaula había tres pequeños bultos de pelo, acurrucados unos a otros, un blanco, uno negro y uno marrón. -Me gustaría el blanco, por favor- pidió Ahren. -¡Yo quiero el negro!- exclamó Kasch, sonriendo. Las compras no duraron mucho tiempo, pues solo era cuestión de comprar un animal como tarea primordial, así que de camino a casa, Ahren, Kasch y Anna aprovecharon la oportunidad para comprar la cena, Ahren y Kasch decidieron que solo necesitarían unos cuantos cuadernos y lápices, pensando claramente en el dinero que le hacían gastar a Anna, sabiendo que su trabajo era de costurera, y sus ingresos eran muy bajos como para gastar mas, aunque solo habían sido una mascota para cada uno, los lobos puros eran costosos. -Por ahora quiero que arreglen sus cosas, pasado mañana es trece de agosto -comentó Anna en cuanto habían llegado a casa. -Las podemos arreglar mañana, mamá- murmuro Kasch- nos da flojera hacerlo ahora, ¿verdad que sí, Ahren?- preguntó pidiendo apoyo volteando hacia donde se encontraba su hermano- ¿Ahren? -¡Lo siento, Kasch, pero no quiero dejar nada en la casa!- exclamaron desde el piso superior, debía de ser Ahren- imagínate que seria de mi si dejo el cepillo dental. -¡Eres un idiota, preocúpate primero por tu ropa!- exclamó Kasch, mientras que Anna, desde la cocina, reía. -Ropa, tengo que llevar ropa- decía Ahren mientras abría el armario, totalmente lleno, era bueno tener una madre costurera. -Ahren, ¿Pensaste ya en un nombre para tu lobo?- preguntó Kasch mientras entraba al cuarto- ¡Hey, esa camisa es mía!- exclamó señalando una camisa negra que Ahren estaba a punto de empacar. -Da igual, en el momento en el que la veas por la Escuela te la vas a poner. -Cierto. -Y si, ya pensé en un nombre para mi lobo, ¿verdad que sí, Fenrir?- dijo Ahren sonriendo, mirando a la pequeña bola de pelo blanca jugando con el lobo negro de Kasch, el cual le respondió con un agudo ladrido. -Pues el mío se llamará, ¡el Gran Cerberos!- exclamó Kasch sonriendo. -Pues ya me gustaría ver cuando lo llames- comentó Ahren sonriendo- '' ¡El Gran Cerberos, ataca!"- dijo imitando la voz de Kasch- antes de que ataque, ya estarás muerto- el lobo negro aulló bajito, dándole la razón a Ahren. -Se supone que estas de mi lado- murmuró Kasch- me refiero a que se llamará Cerberos. -Así esta mejor- sonrió Ahren. -¡A comer!- llamó Anna desde el comedor. -Huele delicioso- comentó Kasch en cuanto llegaban al comedor. -Aquí tienen, chicos. La hora de la cena transcurrió en silencio, Anna miraba a sus hijos de vez en cuando, creyendo, tal vez, que algo en ellos habría cambiado, pero nada, eran sus pequeños bebés de siempre, solo que mas grandes de lo que eran antes. -Ahren, ten- dijo Anna rompiendo el silencio, mientras que extendía su mano, cerrada en un puño hacia Ahren. -¿Me vas a golpear? -No, no es eso- dijo sonriendo, mientras abría el puño suavemente- era de tu padre. Ahren extendió la manó, con intención de agarrar el hermoso collar que se encontraba en la mano de su madre, un collar de oro blanco y puro, con una cadena fina, la cual sostenía un pequeño Lirio tallado en jade blanco, era hermoso. -Sabes perfectamente lo que eran tu padre y tu madre, Ahren- explicó Anna, mientras que Ahren asentía, y Kasch, miraba con atención y seriedad, conducta muy extraña en él- sin embargo, Ahren, no significa que tu vayas a pasar por lo mismo. -Pero si por algo similar, esto es un sellador, ¿no es así?- preguntó Ahren seriamente. -Es por precaución- dijo Anna suavemente. -Entiendo. -Igualmente- interrumpió Kasch- yo estaré ahí para ayudarte, hermano. -Gracias- dijo Ahren con una media sonrisa. -A partir de pasado mañana pasaran seis meses fuera de casa, y luego si son aceptados irán enseguida a la Academia- dijo Anna- prométanme que me escribirán. -¡Lo prometemos!