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Historia 32029 — capítulo 29

Sentada frente a su tocador tuvo por fin un momento de paz tras el ajetreado día y la fiesta de esa noche. Mientras se preparaba para irse a la cama sentía la tensión de los preparativos sobre sus hombros y oía el murmullo de los elfos que recogían los restos del convite ahora que los demás estaban durmiendo. A pesar de estar agotada, ella no podía dormir, sentía comezón en las manos, un aleteo de mariposas en su estómago y la cama se le hacía condenadamente grande sin él a su lado. Se pasó las manos por la frondosa melena que acababa de cepillar, se levantó y volvió a maravillarse con la belleza de su vestido de novia, flotando a diez centímetros del suelo. La luz de la luna, que se colaba por las cortinas de gasa, le daba una apariencia tan etérea y delicada que incluso tenía miedo de tocarlo, miedo de que desapareciera. Suspiró y apoyó la cabeza contra el cristal de la ventana. El rumor de las olas al morir en la playa llegaba como un lejano eco junto al olor a sal marina y el sonido del canto de las cigarras y grillos y a ella le parecía que todo retumbaba en su cabeza.

-Tal vez deberías intentar dormir -Ginevra pegó un bote del susto, ni siquiera se había percatado de la presencia de su madre.

-Quisiera… -murmuró, sosteniéndole la mirada- pero no puedo…

Molly le sonrió indulgentemente, llevaba el pelo entrecano cayéndole alrededor de la cara y el pijama. La matriarca de los Weasley se sentó en la cama y palmeó a su lado para que su hija la siguiera.

-Lo suponía -dijo- así que pensé en hacerte compañía hasta que consiguieras dormite, como cuando eras pequeña ¿Lo recuerdas? -la pelirroja asintióy se recostó en la cama con la cabeza sobre las piernas de su madre- La última noche de Ginevra Molly Weasley… -susurró Molly jugando con el cabello de su hija que se desparramaba por sus piernas y el edredón. Ginny sonrió.

-Tampoco es como si fuera a morir -le recordó.

-No, pero mañana a esta hora serás oficialmente la señora de Harry Potter, Ginevra Molly Potter… Suena realmente bien -Ginny asintió con una sonrisa antes de mirarla directamente a los ojos.

-Tengo miedo -confesó.

-¿A la boda? ¿No estás segura de querer esto?

-No -negó inmediatamente- He querido ser la señora de Harry Potter desde que tengo memoria y sé que no podría ser de otra manera. Estamos predestinados, somos el uno para el otro -hizo una pausa, ya que estaba a punto de llorar- Tengo miedo de despertar mañana y que todo esto haya sido sólo un sueño, tengo miedo de despertar y encontrarme otra vez en Hogwarts sola y sin tener idea de dónde está -Molly le secó las pocas lágrimas que se había permitido derramar, le dio un beso en la frente y contestó:

-No es un sueño, mi amor. Él va a estar allí mañana, toda tu familia va estar allí mañana, todas las personas que te quieren estarán allí mañana y vosotros dos vais a ser muy felices toda vuestra vida. Te lo prometo -Ginny le sonrió de nuevo.

-A los chicos les encantaría verme en este momento -Molly rió junto con ella- Llorando como una niña… Sería el hazmerreír.

-George, Charlie… -tomó aire antes de decir su nombre en voz alta- … y Fred pagarían por ello -aseguró la mujer mayor con los ojos acuosos.

-Me gustaría que estuviera aquí -murmuró la pelirroja- En días como este le echo tanto de menos…

-Él está aquí, pequeña -dijo Molly con convicción mientras se ponía la mano sobre el corazón- Está con nosotros cada vez que escuchamos la melodiosa risa de Karl o cuando SW lanza una línea nueva. Él siempre está alrededor nuestro y odiaría que echaras a perder tu día llorando por él.

-Lo sé -contestó Ginny totalmente convencida- Sé que se enfadaría hasta decir basta, que me retaría y que se mofaría durante horas. Sé que todo va a salir bien mañana, quiero creer que todo va a ser perfecto, y también sé que necesito dormir, pero no puedo. Estoy agotada, pero mi cerebro no quiere dejarme descansar.

-Lo suponía, por eso he venido preparada -Molly hizo una floritura con su varita y sobre la mesita de noche apareció una bandeja con té, pastas y pastelitos de crema junto a un libro: GMW.

-¿Qué es? -preguntó intrigada. Molly recogió y se lo tendió.

-He estado haciendo esto para ti desde el día en que naciste. Cualquier cosa memorable o de la que consideraba merecías tener un gran recuerdo está puesta ahí: tú primer diente, tus primeras palabras, tu primera sonrisa… Pensé dártelo el día de tu mayoría de edad, pero aún no estaba preparada para dejarte ir, así que supongo que este es el mejor momento -contestó de carrerilla- De ahora en adelante espero que seas tú quien escriba la historia -Ginny se sentó para ponerse más cómoda. La primera página estaba ocupada por una foto de ella recién nacida en brazos de su padre. Le sonrió a Molly acariciando la imagen- Amé esa foto desde el primer momento -comentó la matriarca. Bajo la imagen rezaba: "conociendo a papá"*-*Se le caía la baba contigo, seis hijos y él quedo prendado de ti nada más verte -ella sonrió antes de pasar la página, quería conocer todos los secretos que su madre había seleccionado para ella con tanto esmero.

Unas dos plantas más abajo Harry seguía despierto, deambulando de un lado a otro en la biblioteca hasta que la risita de uno de los retratos le hizo detenerse.

-¿Qué os hace tanta gracia? -preguntó mirando alternativamente al retrato de su padre y de la joven Dorea.

-Papá tenía esa manía cuando estaba nervioso. ¿No es cierto, mamá?

-Absolutamente -Harry bufó y se pasó la mano por el cabello despeinándolo mucho más y Dorea no pudo evitar el reírse esta vez de verdad- Y también hacía eso.

-A mi no me hace ni puñetera gracia -se quejó el ojiverde.

-Cuida tus modales, Harry -le advirtió el retrato de la Dorea adulta- Tal vez deberías irte a la cama.

-No podré dormir ahora -aseguró Harry mientras se bebía lo que quedaba de su copa de whiskey de fuego.

-A este paso terminarás borracho y tendrás una cara espantosa mañana durante la ceremonia. ¿Acaso tienes dudas? -preguntó la joven del retrato.

-No -negó fehacientemente- pero ¿y si ella las tiene?

-¡Los hombres Potter y su falta de confianza en las mujeres de su vida! -exclamó el retrato de su abuela- No las tiene -aseguraron ambos retratos de Dorea al mismo tiempo.

-¿Cómo lo sabes? A penas la conoces… -rebatió él.

-He visto la forma en la que te mira, como si se iluminase el mundo cuando estás cerca, es como si gravitarais el uno alrededor del otro y ni siquiera os dais cuenta de ello… Sentía eso por tu abuelo a los veinte y seguía sintiendo lo mismo a los cincuenta: AMOR. Harry, esas cuatro letras tienen demasiado poder, sobre todo cuando es verdadero. Tú mejor que nadie debería saberlo… -en ese momento tocaron a la puerta- Bueno, creo que ha llegado el momento de retirarnos ahora que tendrás compañía. Ten una buena noche, querido -murmuró levantando la mano en un ademán de acariciarle, pero la dejó caer- ¿Querríais Ginny y tú pasaros por aquí tras la ceremonia? Me encantaría veros.

-Por supuesto, abuela -ella sonrió levemente y, tras un movimiento de cabeza, los tres se habían marchado.

-¿Hablando solo? -preguntó su mejor amigo dirigiéndose directamente hacia el escritorio, donde seguía la botella de whiskey de la que estaba bebiendo.

-¿Qué haces aquí? -respondió Harry con una pregunta.

-¿Tú qué crees? -dijo Ronald palmeándole el hombro antes de sentarse en una butaca.

-Hermione… -dijeron los dos a la vez.

-Me envió para que me asegurase de que estabas bien -explicó el ojiazul- Te llevó como cuarenta minutos despedirte de mi hermana, y eso que sólo está dos pisos más arriba, y luego te recluiste aquí…

-Quería pensar un rato solo, un poco de paz.

-Vaya, hermano, eso suena profundo -comentó- ¿Acaso te estás arrepintiendo?

-¿Arrepentirme? -dijo Harry- En absoluto. El trámite de la boda y el banquete es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer sólo para poder gritarle al mundo que es mía para siempre.

-Que no te escuche mi hermana -sonrió Ron- Podría parecerle machista, denigrante y una forma de coartar su libertad -Harry rió junto a él.

-En eso estoy completamente de acuerdo. Me obligaría a dormir en el sillón lo que queda del mes como mínimo.

-Y, obviamente, ese no es el plan que tienes para tu luna de miel… -Harry rió.

-¿Bromeando con mi vida íntima? -preguntó asombrado- Realmente vas muy borracho o has alcanzado un nuevo nivel de madurez, cosa que creía imposible en ti.

-Tronchante, chaval -contestó Ron- Intento ser pragmático y he decidido separar a mi hermana pequeña de tu mujer. Lo que hagáis en la intimidad es cosa vuestra.

-Te ha costado unos seis años pillarlo -se burló- Realmente estoy muy impresionado…

-¿Así que nada de nervios prenupciales? -preguntó, señalando el vaso.

-Nop -negó con absoluta convicción- Llevo años preparado para esto, sólo necesitaba que fuera el momento propicio y el aquí y ahora son realmente perfectos -Ron le sonrió- Así que, al parecer, los únicos que quedáis por decidiros a dar el gran salto sois Herms y tú -Ron se terminó de un trago el contenido de su vaso y se levantó para rellenarlo- La verdad es que no entiendo a que estáis esperando: habéis sido pareja los últimos seis años, vivís juntos hace cuatro, os conocéis desde los once…

-Es más complicado que eso -respondió el pelirrojo volviendo a su sitio.

-¿De verdad? -preguntó Harry con sorna- Tú la quieres y ella a ti. Son sólo tres palabras Ron: Hermione, cásate conmigo.

-Aún no es el momento -rebatió.

-¿Y cuándo va a serlo, Ron? ¿Esperarás a que se quede embarazada? Creo que ella se merece mucho más que una boda de penalti… -Ronald bufó.

-No se trata de eso… Mira esta casa, Harry; mira tu casa o el anillo de pedida de mi hermana…

-Dinero… -Harry casi chilló- Estás tratando de escudarte en una cuestión de dinero… ¡Oh, Dios! Espero que Hermione nunca tenga que escuchar esto.

-No es tan sencillo, ¿vale? -dijo frustrado.

-Entonces, explícamelo -le pidió el moreno.

-Es su familia, Harry -fue todo lo que dijo.

-¿Dave y Jane? Conozco a los padres de Hermione y realmente no creo que les interese el dinero tienes o dejas de tener, lo único que ellos quieren es que sea feliz. Además, eres el vicepresidente de ventas e inversiones de una compañía cuyo valor se ha cuadriplicado en los últimos tres años, tampoco es como si te estuvieras muriendo de hambre.

-Su familia no se limita a sus padres, Harry. ¿Conoces a sus tíos? ¿Aquellos que me miran como si fuese un bicho raro sentado a su mesa? ¿Has tenido algún trato con su prima, la que presume día sí y día también de que su magnífico novio es Lord o algo así? ¿Y con su primo que acaba de casarse? Su mujer no hace más que alabar su buen gusto en música, en joyas, su francés perfecto, su capacidad para elegir el mejor vino en cada velada… Su primo tiene un doctorado de finanzas por Oxford y no hace más que recordarme que no estoy a su altura porque ella podría moverse perfectamente en esos círculos, que ese es el lugar al que ella pertenece porque su familia ha estado allí desde siempre. En pocas palabras, que ella está forrada y que yo no puedo ni siquiera darle una cuarta parte de lo que ya tiene, aunque me mate a trabajar todos los días de mi vida…

-Ron, te recuerdo que Hermione tiene el sueldo de una funcionaria, no es como si eso te dejase mucho…

-Y tiene, además, un fondo de inversión desde el día en que nació -musitó Ronald- Creo que mi hombría se siente un poco herida ante esto.

-¿De verdad? -Harry se desordenó aún más el pelo exasperado por los comentarios del cazurro de su amigo- Tu hermana gana el triple de lo que yo gano en un año.

-Sí, pero tú trabajas por gusto y tienes una fortuna en propiedades e inversiones. Perdona, no es una fortuna, son dos…

-Ron, el dinero no te va a dar la felicidad. Pensé que la cantidad de tiempo que lleváis juntos te habría hecho entender por qué ella está contigo.

-Sé que está conmigo porque me quiere y que es lo único que me pide, pero yo necesito darle cosas, necesito darle todo lo que se merece, necesito que me vea de igual a igual… y para eso sólo necesito un par de años más. He hecho unas cuantas inversiones realmente buenas y tengo un montón de planes maravillosos para nosotros, sólo necesito tiempo para llevarlos a cabo -Harry negó.

-¿Sabes que tal vez ella no estará dispuesta a esperar un par de años más? Lo tienes claro, ¿no?

-Es un riesgo que tendré que correr…

-Yo no arriesgaría tanto de ser tú -murmuró el moreno- La vida es demasiado corta, Ron, y uno nunca sabe lo que va a pasar mañana… ¿y si no estás aquí? ¿y si ella no está dentro de unos años? ¿de qué habría servido? -Ron no contestó- Voy a darme una ducha y a intentar dormir un rato. Tal vez deberías hacer lo mismo -dijo mientras salía de la biblioteca.

En el pasillo, de camino a su habitación, se encontró con Hermione, que llevaba una bata de seda azul sobre el pijama.

-¿Ya te vas? -preguntó ella con una sonrisa.

-Sí, será mejor que intente dormir un rato -ella asintió.

-¿Y Ron?

-En la biblioteca, tomándose un trago -Hermione le miró con las cejas fruncidas- Que tengas una buena noche -Harry la besó en la frente y continuó caminando antes de que ella volviese a hablar.

-Harry -le detuvo. Él se giró para mirarla- Descansa, mañana será un gran día -aseguró.

El moreno le devolvió la sonrisa y se quedó observándola hasta que entró en la biblioteca. Mañana será un gran día. Tenía que serlo.

Se revolvió en la cama, estiró los brazos, tenía frío y quería envolverse en su abrazo, pero la cama estaba vacía e inmediatamente lo recordó: era el día, este era su día, EL GRAN DÍA. Jadeó sin poder evitarlo. Al abrir los ojos se encontró con que la habitación estaba en penumbras, las cortinas corridas y no había rastro de su madre. Ni siquiera recordaba haberse quedado dormida, pero el mero conocimiento del día en que se encontraba y de lo que pasaría en unas horas hizo que volviera la ansiedad.

-Buenos días, amita -el suave susurro de Kreacher la tomó desprevenida.

El elfo doméstico fue directo a las ventanas para correr las cortinas, descubriendo un día soleado y despejado. Podía ver el azul del cielo hasta confundirse con el mar en el horizonte.

-Buenos días, Kreacher -contestó con una sonrisa.

El elfo hizo una reverencia ante ella, y le tendió una bandeja de plata con una carta y un jarrón con sus flores favoritas.

Espero que hayas tenido una buena noche, bonitos sueños incluidos, y que hoy pases un buen día. No voy a entretenerte mucho, tendrás un montón de cosas que hacer y no quiero robarte el tiempo… Sólo quería recordarte que tú y yo tenemos una cita esta tarde a las cuatro. Seré el tío guapo de traje junto al altar y te estaré esperando el tiempo que haga falta.

PD: TE AMO.

No pudo evitar que la sonrisa de tonta enamorada, como la llamaba Luna, se extendiera por su cara. Estaba pensando en que levantarse y ponerse en marcha sería una buena idea cuando la puerta de la habitación se abrió y las mujeres de la familia, dirigidas por Fleur, hicieron su aparición.

-Magavilloso, ya has despegtado -habló la francesa- Bien, aller, aller, aggiba. Tenemos un montónde cosaspor haceg -la apuró la rubia mientras ella se fijaba en que el pelo de su cuñada estaba recogido en un elaborado moño a media altura y en que, al igual que ella, su madre, Andrómeda, Hermione y Audrey iban en bata y con las manos extendidas como si acabasen de hacerse la manicura.

-Te hemos dejado dormir un poco más porque Molly nos dijo que pasaste una mala noche -le explicó Hermione con una sonrisita.

-Y tenía gazón... -bufó la mitad veela- Miga lo que le has hecho a tu caga -chasqueó con la lengua- Kreacher ¿quieges, pog favog, traegle algo paga desayunag y decigle a mi hegmana que suba aquí con mi estuche de maquillaje?

-¿La amita desea algo en particular para desayunar? -cuestionó el elfo solícito.

-Nada en especial Kreach, pero un ca…

-Nada de café -la atajó Andrómeda- Té, Kreacher, una manzanilla junto a un zumo de naranja estarán bien -el viejo elfo hizo una pronunciada reverencia antes de desaparecer.

-¡Aller, aller! -la apremió su cuñada- Es hoga de ig al baño, Sophie lo está pgepagando paga ti. Venga, Ginny, apenas tenemos tiempo.

-¿Qué hora es? -preguntó aturdida mientras la rubia la sacaba de la cama.

-Las once -contestó Audrey desde el fondo. Ginny estaba a punto de protestar, pero su madre le interrumpió.

-Tenías que descansar, así que, en lugar de discutir, vete directa al servicio.

Tres plantas más abajo Teddy y Harry tenían los restos de su desayuno olvidados en un rincón sobre la mesa mientras jugaban a piedra, papel o tijera. El pequeño metamorfomago tenía el pelo azul turquesa despeinado con algunos mechones aún aplastados por la almohada y otros disparados en distintas direcciones, llevaba un pijama de cuadros escoceses y unas pantuflas con forma de león. En contraposición, su padrino iba pulcramente vestido con vaqueros y camiseta, acababa de afeitarse y su pelo aún estaba húmedo por la ducha.

-Teddy ¿Qué haces aquí? -preguntó Angelina- Deberías estar en la ducha con Karl y Vicky -el pequeño hizo un mohín antes de contestar:

-Apuesto con mi padrino -Harry le guiñó un ojo.

-¿Apostar? -susurró la embarazadísima morena con escepticismo.

-Al mejor de tres -explicó el niño- Si gano, me llevará a la playa.

-¿A la playa? ¿Te has vuelto loco, Harry?

-Será mejor que te vayas a la ducha. No debes discutir con una mujer… llevamos las de perder siempre -Teddy hizo un mohín de fastidio antes de levantarse y dirigirse a su habitación.

-A la playa… -murmuró.

-Teddy lo está pasando mal con la idea de que nos marchemos durante tanto tiempo. Intentaba tranquilizarlo.

-¡Mmmmmmmmmm! -musitó- Se le pasará en un par de días, los niños tienen una gran capacidad de adaptación.

Sí, ellos tenían una gran capacidad, pero él no. No es que despreciara el tiempo que pasaría a solas con su mujer, pero no le gustaba la idea de estar tanto tiempo fuera y sin que nadie supiera donde. No quería ser pesimista, pero podría pasar cualquier cosa.

-¿No se supone que hay una convención de mujeres en el tercer piso? Todas como locas rondando a Ginny -comentó mientras estudiaba a Angelina, que llevaba el pelo negro atado en una coleta y un conjunto premamá de corte deportivo.

-Así es, pero ha habido un pequeño inconveniente y nos hemos retrasado.

-¿Está ella bien? -preguntó preocupado.

-Perfectamente, pero le costó dormirse anoche y la hemos dejado dormir un poco más. Además, el embarazo me da sofocos y la habitación está repleta de mujeres histéricas, por eso decidí hacer algo útil como encargarme de los niños mientras tanto -explicó- Lo que me recuerda que tengo que ir al baño y asegurarme de que no estén haciendo de las suyas. Si tú no vas a empezar a hiperventilar, te dejo. Emma debe estar volviéndose loca con los niños.

-Está bien -ella le sonrió antes de girarse- Angie -la llamó- Si ves a Hermione, dile que la estoy buscando.

-Se lo diré, no te preocupes.

-¡Mierda! -exclamó soplando sobre la herida.

-¿Qué ocurre? -preguntaron a coro cuatro mujeres desde detrás de la puerta.

-Me he hecho un corte en la pierna mientras me depilaba -bufó Ginny. Fleur ni siquiera le dio tiempo a reponerse, abrió la puerta como Pedro por su casa y le puso un cataplasma sobre la herida que fue absorbido de inmediato dejando la piel como nueva.

-Cuchilla no -le riñó la francesa arrebatándole el aparato- ¿No sabes acatag una ogden? Te pedí que te duchagas y lavagas la cabeza, no que te depilases.

-Primero, ¿podrías tocar la puerta antes de entrar? -pidió Ginny cubriéndose con una toalla- Y segundo, ¿qué se supone que iba hacer? ¿ir llena de pelos en las piernas? ¿o ibas a depilarme tú?

-Exactamente -dijo la rubia dejando un bote de cera sobre el bordillo de la tina.

-La cera duele como el demonio -se quejó la pelirroja.

-Sobrevivigás -aseguró Fleur mientras extendía el pringue sobre la pierna- Además, la belleza duele todo el tiempo -agregó a la misma vez que tiraba. Ginny se quejó por lo bajo mientras continuaba con el proceso de aplicar el pringue, enfriar y tirar- ¿Qué vamos a haceg con tu cabello? -preguntó poco antes de acabar con la tortura- ¿Aún quieges llevaglo suelto y ondulado? Queda bastante bien y aún mejog cuando lleves todas las joyas -Ginny negó mientras era arrastrada hasta la habitación donde Andrómeda ayudaba a Hermione con su peinado, mientras Audrey hacía lo propio con Molly.

-Tiene que ser un recogido, algo sencillo para que no le robe protagonismo a la gargantilla -explicó.

-Es uncollag de peglas, Ginny. Es demasiado sencillo, cualquieg cosa le gobagía protagonismo.

-Es que ya no voy a llevar las perlas -respondió la pelirroja dirigiéndose hacia el tocador mientras se cerraba la bata- Harry me dio este ayer para que lo llevara hoy -añadió, enseñándoles a todas el collar- Su madre lo llevó el día de su boda y su abuela y antes su bisabuela…

-Un legado de familia -susurró Audrey mirando la joya.

-¡Vaya! -exclamó Fleur ante los destellos.

-Esto es muy típico de Harry -aseguró Andrómeda.

-Eso es verdad -concedió la matriarca de los Weasley- Es realmente precioso, los duendes tienen que tener mucho que ver en esto -ella asintió antes de cerrar el estuche.

-Un gecogido -murmuró Fleur, indicándole que se sentase en el taburete. Empezó a peinar el cabello mientras con la varita enviaba chorros de aire calientepara secar la humedad- ¿Alto, medio, bajo? -murmuró la rubia sólo para ellas dos- ¿Cómo lo quieges?

-No lo sé -Fleur suspiró y se preparó para el ensayo y error.

Harry estaba en los jardines viendo como todos los elfos corrían de un lado para otro. Había intentado ayudar y había terminado siendo un estorbo, por lo que Kreacher le había invitado amablemente a marcharse y, después, le había traído la cerveza que aún llevaba en la mano y que ya estaba caliente. La ceremonia comenzaba a las cuatro y para esa hora habían sido citados todos los amigos íntimos y familiares; el resto de los invitados no llegarían al convite hasta las seis. Suponiendo que la ceremonia durase entre una hora y una hora y media, tendría tiempo suficiente para llevar a Ginny a la biblioteca, como le había prometido a su abuela.

Desde el lugar en el que estaba en el jardín trasero, al que podía accederse desde el salón principal y que tenía unas vistas asombrosas de la costa, podía ver la casa y toda la extensión de los jardines. Los elfos formaban una media luna rodeando las mesas con antorchas que serían encendidas durante la noche, cuyos postes de madera estaban decorados a media altura por un ramo de peonías y rosas que se entrelazaban entre sí mediante unas tiras de tul blanco que formaban una especie de dosel. Aproximadamente a doscientos metros de allí, en la parte más alta del acantilado donde alguna vezse había erguido orgullosa la capilla familiar, se había colocado el altar frente al que los casarían. Las cuatro columnas que aún se mantenían en pie estaban siendo entrelazadas entre sí por más tul y flores, y las tres filas de bancos de piedra habían sido revestidas con almohadones de plumón en color granate.

-¿Nervioso? -la voz le preparó para la mano que se posó sobre su hombro poco después. Rodó los ojos, le habían hecho esa pregunta ¿cuánto? ¿mil veces? ¿diez mil tal vez?

-¡Naaaaaaa…! -negó sin apartar la vista de lo que hacían los elfos junto a la capilla. Charlie suspiró antes de detenerse a su lado.

-Bonito sitio este… Supongo que mejorará sin tanta gente pululando de un lado a otro y aún más cuando dejes de ser tú el centro de atención.

-En eso llevas razón -contestó el ojiverde tranquilamente.

-Así que, ¿qué haces aquí?

-Me sentía un poco inútil dentro de la casa. Todo el mundo tiene un cometido, da igual el que sea, y parece que lo único que tengo que hacer yo es pararme junto al altar y decir mis votos en voz alta -señaló- Había venido aquí para repasarlos y salir de en medio del camino de aquellos que realmente tienen un fin en su vida…

-Para un hombre de acción esta situación es…

-Exasperante -terminó Harry por él- ¿Y tú qué haces aquí? -cuestionó. Charles le dedicó una sonrisa franca y miró hacia la casa.

-Huyo de mi madre -confesó sin ningún reparo- Quiere volver a cortarme el pelo -explicó. Harry se percató de que el pelo había pasado de caerle a los hombros a revolverse sobre su mandíbula.

-Eso ha sido un buen corte -señaló el pelinegro.

-Lo sé y está completamente loca si piensa que va a cortar una pulgada más -aseguró él cruzándose de brazos. El moreno no pudo evitar recordar que, cuando era un niño, Charlie realmente le intimidaba. No era por las pintas de rebelde que hacían que Molly perdiera los nervios, era ese aire de "puedo ser realmente letal" que proyectaba.

-¿Sabes? Tengo una excusa para ti si lo que quieres es salir de aquí…

-¿Ah sí? Soy todo oídos -le apremió el hermano de su todavía prometida.

-Alguien tiene que buscar a mi tía y a mi primo a Dublín -explicó- Iría yo, pero tengo que quedarme por aquí. Vendrán un par de compañeros del ministerio como precaución para reforzar la seguridad y he de encargarme de ellos. Hermione te acompañará, si logramos que salga de la habitación de tu hermana.

-Dublín, ¿eh? Ir y volver me llevaría como diez minutos si utilizó la aparición y eso contando con que no estén del todo preparados… Un traslador, más de lo mismo. No me mantendría alejado de mamá el tiempo suficiente.

-Mi tía y mi primo son muggles, Charlie, y le tienen miedo a cualquier cosa hecha con magia, ya lo sabes.

-Así que tendría que ser a lo muggle. No tendremos tiempo de ir y volver, y comprenderás que no puedo perderme la boda de mi hermana.

-El coche es un elemento de neutralidad, se sentirán más confiados de esta manera… Lo que no significa que no esté "modificado": puede volar, alcanza velocidades de las que un bólido de F1 se sentiría orgulloso y, para evitar las multas y cualquier problema de tráfico, puedes hacerlo invisible.

-Sí, pero aguantar a dos personas que temen que con un simple estornudo cambie su pelo de color y no se lo tomen a broma no es muy divertido, la verdad.

-¡Charlie! -exclamó frustrado- Yo intento ayudarte, pero si no quieres…

-No te enfades, voy a hacerte el favorcito, pero eso no significa que me caiga bien esa parte de tu familia, ¿entendido?

-Alto y claro, colega -el pelirrojo asintió- Sólo asegúrate de traerlos sanos y salvos y de llegar a tiempo para la ceremonia o tu hermana me castrará, literalmente hablando -el pelirrojo río mientras asentía.

-Podría gastarle un par de bromas a tu primo… diversión Weasley al más puro estilo.

-En realidad, intento reforzar los lazos familiares.

-Bien, supongo que tendré que aguantarme -se quejó- Hermione en la habitación de mi hermana… eso es un problema.

-Espera, lo arreglo enseguida. Kreacher -llamó.

-¿El amo ha llamado? -preguntó el elfo doméstico nada más aparecer.

-Ve a la habitación de Ginny y dile a Hermione que la espero en la entrada principal.

-Enseguida, amo -contestó el elfo antes de desvanecerse.

Ginny seguía sentada frente al tocador con Audrey haciéndole la manicura mientras Fleur terminaba de peinarla. La había girado de modo que no podía verse en el espejo, pero aún podía sentir la forma en que trenzaba y retorcía el cabello antes de fijar los mechones, formando un intrincado diseño a media altura. Hermione disponía el ajuar de novia sobre la cama, cuando apareció Kreacher.

-Señorita Granger -antes de que Hermione contestase, Ginny le preguntó:

-¿Ocurre algo, Kreacher?

-Nada, amita -contestó el elfo antes de girarse hacia Hermione- El amo dice que la espera en la entrada principal -la castaña miró el reloj: la una y media.

-Bien -miró a Ginny- Tengo que ir a buscar a Duddley y a su tía ¿Estarás bien? -la pelirroja asintió- Luna llegará sobre las dos y yo estaré de vuelta poco antes de las tres. No te estreses y repite el mantra.

-Todo estará bien -susurró Ginny tratando de convencerse a sí misma.

-Perfecto, recuerda que cuando vuelva sólo tendré que vestirme -le señaló mostrando la trenza francesa que caía en unos de sus hombros, el maquillaje impoluto y las uñas perfectas- Estaré lista -añadió y, sin más, salió de la habitación.

Se detuvo en la habitación que compartía con Ron para cambiarse la bata por un par de vaqueros y una camisa de botones de Ron para no destrozar su peinado, ató los faldones de la camisa a su cintura y se puso un par de deportivas antes de lanzarse a la aventura. Cuando salió vio que Harry y Charlie le esperaban en la puerta junto a Arthur y Bill.

-Lo siento -jadeó cuando se detuvo frente a ellos- Estoy lista -le aseguró a su amigo.

-Bien -exclamó Charlie cogiendo las llaves que Harry le tendía- Nos veremos en un rato -se despidió.

-Conoces a mi tío… -le recordó Harry acompañándola hasta el coche.

-No te preocupes, no lo tomaré como algo personal -él asintió más relajado- Si llegan Ron y mis padres diles que volveré enseguida ¿Ok?

-Por supuesto -aceptó- y Herms… gracias.

-No hay de que -aseguró la castaña antes de subir al coche.

Harry les vio alejarse hasta que salieron del escudo anti aparición y, una vez fuera, el coche desapareció.

El pelirrojo le lanzó una sonrisita mientras aceleraba dirigiéndose hacia una curva cerrada. La elección a hacer: el acantilado o la montaña.

-¡Charlie! -chilló Hermione asustada.

-¿Un vuelo, cuñadita? -bromeó el segundo de los Weasley mientras se elevaba hacia las nubes.

-Podríamos habernos matado -se quejó Granger.

-Soy el mejor conductor de todos mis hermanos. Cogía el Ford Anglia de papá antes de que los gemelos si quiera lo descubrieran -Granger rió- ¿Música? -preguntó buscando algo de su agrado en el dial de la radio.

-¿Podrías evitar hacer esto frente a la tía de Harry? Se asustaría mucho.

-Seguro. Nada de bromas y nada de conducción temeraria, lo tengo.

-Bien, ya casi está -aseguró la francesa haciendo un ligero movimiento con su varita. Ginny frunció el ceño ante el tirón- No hagas eso, que destrozarás mi obra de arte -la pelirroja murmuró para sí mientras su cuñada seguía perfilándole las cejas.

-Voy a asegurarme de que todo va bien en las cocinas y le pediré a Kreacher que te traiga algo para comer -informó Molly caminando hacia la puerta con el porte de una reina, el pelo pulcramente peinado en un semirecogido de ondas entrecanas y pelirrojas, y unos pendientes de perlas colgaban de sus lóbulos.

-No tengo hambre…

-Debes comer algo -le recordó- Aunque sea una ensalada o un caldo de pollo, y sería preferible antes de que Fleur te maquillase, puesto que son casi las dos -la pelirroja respiró hondo y se dejó convencer.

-Yo voy a ver si puedo ayudar en otro sitio…

-Gracias por la ayuda, Audrey -agradeció Ginny con una sonrisa, la otra pelirroja asintió y siguió a su suegra.

-Fleur ¿lo tienes todo bajo control? -la rubia asintió dedicándole una sonrisa a Andrómeda- Bien, entoncesiré a prepararme y ayudar a Angelina con los niños.

-¿Podgias asegugagte de que Vicky está pgepagada? Bajagé a peinagla enseguida.

-Por supuesto, querida -aseguró la morena antes de marcharse.

-¿Puedo mirarme al espejo ya? -pidió Ginny impaciente, mientras Fleur empezaba con la labor de maquillaje.

-Falta poco… -aseguró la rubia con una sonrisa- ¿Estás negviosa? -quiso saber.

-Mucho menos que esta mañana ¿Es normal?

-Cada novia es distinta -respondió la ojiazul mientras con la brocha extendía el colorete en tono melocotón por las pecosas mejillas de la pelirroja- El único motivo pog el que no eché a coggeg en el último momento fue pogque me imaginaba a Billespegándome al final del pasillo. Puede que eso te sigva…

-Es el único motivo por el que estoy haciendo esto -respondió Ginny con sinceridad.

-Bien, señogita Weasley, gecuegde que nos ha costado mucho tgabajo, así que, pog favog, no lo aguines con lágrimas innecesagias -la joven asintió antes de que su cuñada le permitiese girarse para mirarse al espejo.

-¡Vaya! -Luna se adelantó antes de que la pelirroja pudiese reaccionar- Eso es un gran cambio -elogió la rubia entrando en la habitación. Llevaba un vestido de verano en un tono crudo y su vestido de dama de honor colgando en una percha, y se había retirado el pelo de la cara con unas pequeñas peinetas de plata con incrustaciones de coral- Mírate, pero si pareces toda una novia…

-Es que soy la novia -le contestó Ginny con una sonrisa, apartándose el flequillo del rostro como acto reflejo. Su cuñada bufó, por lo que la pelirroja dejó caer las manos.

-¿Vas a estag bien? -indagó poco segura la francesa.

-Sí, Luna se quedará conmigo -ambas rubias asintieron.

-Entonces, voy a encaggagme de mis hijas y luego a prepagagme -añadió antes de marcharse.

-¿Tengo que ayudarte en algo? -preguntó Luna una vez estuvieron a solas.

-La ceremonia no empieza hasta las cuatro… -le recordó.

-Son las dos y media -respondió lade Ravenclaw.

-La comida no tardará en llegar -contestó Gin con renovado nerviosismo.

-Bien, esperaremos a la comida. Mientras tanto, tú respira -pidió Lovegood.

-¿Hacia donde ahora? -preguntó Charlie deteniéndose ante una señal de ceda el paso.

-Ve hacia la izquierda unas dos cuadras y después a la derecha. Es la séptima casa.

-¿El número siete tiene algún simbolismo oculto? -preguntó el pelirrojo mientras hacía lo que Hermione le indicaba.

-¿Por qué? -cuestionó la ojimiel extrañada.

-Séptimo distrito, séptima casa, mes siete… -contestó él con una sonrisa.

-No puedo creer que estés tan aburrido con mi charla como para buscar algún significado en un número infinito de coincidencias absurdas -él se carcajeó por lo bajo antes de que el coche se detuviese.

-Creo que es aquí, prefecta perfecta -dijo mirando hacia la casa.

-¿Tú también? No puedo creerlo… -murmuró Hermione frunciendo el ceño.

-No te enfades, cuñadita -pidió él girándose para mirarla y haciendo que el pendiente de colmillo de dragón tintineara- ¿Crees que es seguro que vayas tú sola? -preguntó sacando la varita de su funda- Ronald me desollaría vivo si permito que los muggles te hagan algo.

-Guarda eso -ordenó la castaña poniendo la mano sobre el tirador- Recuerda lo que te he contado, no les asustes… -añadió antes de bajar del auto.

Charlie la siguió con la mirada el tiempo justo para que su visión periférica captase a alguien dejando caer una de las cortinas de la ventana por la que había estado espiándoles. Hermione no tuvo la necesidad de llamar para que la puerta se abriera, ya que un corpulento muchacho de más o menos su edad salió de la casa. Charlie, a la misma vez, abrió la puerta del conductor y se paró delante del coche. No es que hubiese algún peligro, pero el tío tenía pinta de luchador.

-¿Hermione? -preguntó el joven dubitativo. La castaña asintió y él le estrecho la mano- Duddley Dursley -se presentó- El primo de Harry.

-Sé quién eres -aseguró ella sosteniéndole la mirada- ¿Estáis listos? Vamos un poco justos de tiempo…

-Sí -respondió él con rapidez- Sólo… -el muchacho enrojeció cuando los gritos de su padre llegaron hasta la puerta principal.

-TE LO PROHIBO TERMINANTEMENTE, PETUNIA DURSLEY -chilló Vernon- SI VAS A ESA BODA LLENA DE BICHOS RAROS, YO… YO… TE JURO QUE YO… -aunque la mujer no gritó la voz sonaba contundente.

-Voy a la boda de mi sobrino, Vernon. No he pedido tu permiso y tampoco lo necesito. Dudders y yo iremos a la ceremonia, nos quedaremos a la fiesta y seguramente pasemos la noche en casa de Harry.

-¿Te estás escuchando? -bufó el hombre- ESTARÁS RODEADA DE ESAS… ESAS PERSONAS Y TÚ… TÚ…

-Voy a la boda de mi sobrino, Vernon -repitió como quien le enseña la lección a un niño pequeño con déficit de atención- Soy la única familia que tiene y es un honor que me haya invitado. Tendrás que aprender a vivir con eso. Y, en cuanto a lo de bichos raros, son mucho más funcionales que esta familia, así que yo reconsideraría mi terminología de ser tú -Hermione no pudo evitar la risita y sabía que Charlie hacía lo mismo a sus espaldas- Ahora, si me disculpas, querido, no voy hacer esperar más a nuestro trasporte.

Duddley tomó el bolso de viaje de su madre, se lo colgó en el hombro contrario al suyo y echó a caminar hacia donde estaban Charlie y el coche. Herms escuchó cómo se presentaban el uno al otro antes de que Petunia saliera de la habitación.

-¿La señora Dursley? -preguntó la castaña.

-Hermione, supongo -respondió a su vez la mujer.

-Es un placer volver a verla -agregó Granger, oyendo el bufido de Vernon desde el fondo de casa- ¿Nos vamos?

-Por favor -aceptó la mujer encabezando la comitiva- Tú debes de ser Ronald -preguntó tía Petunia en cuanto estuvieron junto al coche.

-Ya quisiera mi hermano ser como yo… -vaticinó Charlie con una sonrisa, mientras tía Petunia revisaba su vestimenta: botas de combate, una camisa de deporte negra y sin mangas,y un pantalóncon estampado militar, a parte del pelo rojo revuelto y el pendiente de su oreja derecha- Charlie Weasley para servirle, distinguida dama -añadió colocándose el pelo tras la oreja donde llevaba la varita.

-¿No debería guardar eso en un sitio menos visible? -preguntó la mujer nerviosa- Perdón, quien soy yo para meterme…

-Tiene razón, ni siquiera me había percatado de ello -aseguró él dedicándole una sonrisa.

Sacó la varita y la puso en el bolsillo nuevamente. Herms rodó los ojos mientras se metía en el asiento del copiloto y Charlie les abrió la puerta a ambos para que se sentaran.

-¿Así que usted es el hermano mayor de Ginevra? -quiso saber la mujer una vez se acomodaron el vehículo.

-Todos somos hermanos mayores de Ginny -le recordó el pelirrojo mientras se incorporaban al tráfico- Yo, concretamente, soy el segundo. Antes de mí está Bill, al que mordió un hombre lobo, pero...

-¡Vaya! -exclamó Dudders sobresaltado.

-Charles -pidió Hermione escandalizada.

-Tranquila Herms, son de la familia -la castaña bufó. Iba a ser un viaje muy, muy largo.

-Vamos, inspira por la nariz y expira por la boca muy lentamente -pidió Luna masajeándole los hombros- ¿Te sientes mejor? -Ginny negó- ¿Quieres que te pida un té? ¿Un poco de poción tranquilizante? Eso te ayudaría…

-No -negó la pelirroja de inmediato- Hermione debería estar aquí desde hace un buen rato… Prometió que volvería antes de las tres y…

-Sólo se está retrasando un poco, Ginny -bufó- Y prometiste tranquilizarte…

-Alguien tiene que decirme cómo están las cosas abajo -le recordó- Podría haber surgido un imprevisto…

-¡PARA! -gritó la rubia exasperada. Ginny la miró choqueada, Luna nunca gritaba- Detente, ¿ok? Todo va ir bien… todo va ir bien. Repítelo.

-Pero…

-Repítelo, Ginevra.

-Todo va ir bien.

-Exactamente. Ahora repítelo en voz baja mientras respiras -Ginny inspiró nuevamente.

-Todo va ir bien… -susurró- Todo va ir bien…

-Bien, tú mantén el pensamiento positivo -Luna caminó hasta la cama y cogió el resto de sus cosas- Voy a vestirme, estaré en el baño y la puerta va estar abierta. En cuanto tenga mi vestido puesto, te ayudaré con el tuyo ¿está bien? -la pelirroja asintió- Pensamiento positivo, ¿recuerdas?

-Todo va ir bien…

-Buena chica.

-¡Neville!

George fue la primera persona con la que se encontró el castaño cuando llegó a la mansión. El pelirrojo bajaba las escaleras arreglándose los puños de la camisa, que sobresalían lo justo de su túnica de gala negra.

-¡Por fin encuentro a alguien! -exclamó el joven profesor- Tenéis como un millón de elfos rondando por aquí y nadie que no sea verde dispuesto a recibir a los invitados.

-Lo sé… Todo el mundo está preparándose y no quieras saber el aquelarre de brujas que pueden ser las mujeres Weasley cuando quieren. Están insoportables… -añadió- Hannah, Augusta, bienvenidas -la más joven le saludo con un beso en la mejilla, mientras que la abuela de Neville le dedicó un ligero movimiento con la cabeza- Papá y Xeno están en uno de los saloncitos pequeños tomando un "aperitivo" -hizo la señal con las manos- Quizás quieras unírteles, Augusta.

-Eso estaría bien -el joven pelirrojo le indicó el camino y la mujer se marchó con el repiqueteó de tacones tras ella.

-Ginny está en el cuarto piso, sería bueno que subieses allí. Luna está por perder los nervios…

-Está bien -accedió Hannah y besó a su prometido- Te veo en la ceremonia.

-Espero que sea antes…

-Y tú ven conmigo. ¿Una cerveza?

-¿No debería subir y estar con Harry? Se supone que soy uno de sus padrinos.

-Ronald puede encargarse de eso…

-Tres minutos y aterrizamos… Siempre he querido decir eso, tal vez debería hacer un curso de aviación ¿Tú qué crees? -divagó el pelirrojo. La castaña no contestó, en lugar de eso se giró hacia los Dursley. Ambos habían palidecido y dejado de hablar en cuanto habían dejado la carretera- Deberías hacerlo ahora -apuró Charlie- De lo contrario se llevarán un susto aún mayor -madre e hijo parecieron recuperar el sentido durante una décima de segundo ante las palabras del joven.

-Habrá mucha protección alrededor de la casa. A parte de aurores especializados, está protegida por un montón de hechizos, por lo que los magos llegarán a través de trasladores. Para la familia y los amigos íntimos Harry ha levantado el encantamiento fidelius…

-¿Fi… qué? -preguntó Duddley.

-Hermione, no les agobies con tecnicismos que no van a entender -le recordó Charlie.

-Bien… Tenéis que memorizar esto -pidió la ojimiel tendiéndoles un trozo de pergamino escrito del puño y letra de Harry. El pergamino se incendió nada más leerlo y, aunque no quemaba, Petunia pegó un chillido- Perdón, debí avisároslo. ¿Lo veis ahora? -quiso saber Granger señalando al frente.

-¿Ruinas? -ella asintió con una sonrisa antes de girarse de nuevo.

-Ahora, poneos estos -pidió tendiéndoles un anillo y una pulsera a Duddley y Petunia, respectivamente- Bajo ningún concepto los perdías, no os los quitéis. El encantamiento fidelius está abierto para vosotros, podréis ver las ruinas, pero no a nosotros y habrá bastante gente durante la fiesta. Lo último que queremos es perderos…

-¡Vaya! -exclamó Duddley en cuanto el encantamiento en el anillo les permitió ver la mansión en todo su esplendor- ¿Esa es la casa de Harry?

-Una de ellas -respondió Charles.

-¿Tiene más? -el coche tomó tierra y subió por el sendero hasta la puerta a toda velocidad.

-Contando la casa en la que viven, el piso en Londres, la casa de Godric y la mansión Black… son cinco, creo. Bien, os he traído sanos y salvos -las puertas se abrieron rápidamente, al igual que el maletero, y las bolsas de viaje de los Dursley flotaron hasta posarse en la puerta de entrada mientras los muggles seguían a Hermione.

-Bienvenidos a la mansión Potter -comentó la joven una vez estuvieron dentro de la casa.

-Cariño, estás aquí… Tu madre te está buscando.

-Papá -el hombre le pasó el brazo por los hombros y Herms hizo las presentaciones pertinentes- Estos son Petunia y Duddley Dursley, la tía y el primo de Harry.

-Un placer -dijeron los tres a la vez.

-Mamá quiere saber si aún necesitas el broche de la abuela. Está en nuestro cuarto preparándose -Hermione miró el reloj de su padre y soltó un gritito ahogado.

-Voy muy retrasada ¿A dónde vas tú? -le preguntó.

El hombre se acomodó la corbata de su traje y señaló el pasillo que llevaba a lossalones de la planta baja con la cabeza.

-Arthur me llamó. Vamos a tomar un aperitivo -le dio un beso en la mejilla y continuó su camino.

-Kreacher.

-Señorita -los Dursley gimieron ante la parición del elfo, pero no tenía tiempo para rodeos.

-¿Puedes llevar a los Dursley con Harry? -el elfo les miró.

-Son muggles… -acusó.

-Y son la familia de Harry. ¿Podrías? -insistió Herms.

-Por supuesto, señorita. Si los señores son tan amables… -pidió. Granger les dedicó una sonrisa de ánimos antes desepararse.

-¿Dónde diantres estabas? Son casi y cuarto… -señaló.

-Buscando a la tía de Harry -informó ella- Le dije a Harry que te lo dijera.

-No he visto a Harry desde que volví de Londres con Emma, Roxanne y tus padres -respondió el ojiazul arreglando su túnica.

-Genial -bufó la castaña- Estás muy guapo -le elogió mientras le acomodaba la corbata del mismo tono que su vestido de dama de honor.

-Tú también, la verdad -ella rodó los ojos- Me gusta tu camisa… -añadió mientras la desabotonaba.

-Deja las manos quietas, Weasley. Tu hermana va a matarme si no subo inmediatamente.

-No le haría nada a su dama de honor -vaticinó él.

-Te arrugarías el traje -le recordó ella.

-Sobreviviré -aseguró. Ella se alejó con una sonrisa.

-¿Tengo que ser yo siempre la del sentido común? -alegó quitándose la camisa y dirigiéndose hacia el armario.

-Aguafiestas -la retó.

-¿Has visto mi lencería? -preguntó.

-No, pero me presto para un pase privado -ella le arrojó una bufanda.

-Accio -su ropa interior llegó desde debajo de una de las almohadas de la cama. Ella no lo había colocado allí, eso seguro.

-El vestido te seguiría quedando muy bien sin nada debajo -comento el pelirrojo. Ella, por su parte, cogió la lencería, su vestido y los zapatos y se dirigió al baño.

-Ve con Harry. Te necesita.

-Bien, bien -cedió- Voy a prohibirte pasar tiempo con Audrey, te convierte en una aburrida… -murmuró tan bajo que ella no pudo escucharlo- Te veré luego -se despidió saliendo de la habitación.

Llamaron a la puerta en el momento justo en el que se ataba los cordones de sus zapatos. Había logrado domar su cabello retirándolo hacia atrás, llevaba en la mano izquierda el reloj que los Weasley le habían regalado en su decimoséptimo cumpleaños y, colgado del cuello, el colgante con la primera snitch que había atrapado Ginny en su primer partido como buscadora de Gryffindor.

-Adelante -contestó el ojiverde. La voz chillona de Kreacher le llegó antes de que pudiese verlo.

-Su tía y su primo -susurró el elfo antes de abrir la puerta del todo dejando pasar a los Dursley.

-Tía Petunia -saludó el moreno con una sonrisa- Duddley -la mujer le besó en la mejilla, mientras que su primo le estrecho la mano. Kreacher miró con desaprobación la bandeja de comida intacta- Puedes llevarte eso, Kreach… -ordenó Harry siguiendo la mirada de la criatura.

-Pero si no ha comido nada… -le retó el elfo doméstico, comenzando arefunfuñar por lo bajo antes de desaparecer con la bandeja.

-No debería haber hecho eso delante de vosotros, lo siento -comentó el ojiverde- ¿Habéis tenido un buen viaje?

-Peculiar… -contestó Duddley.

-¿Peculiar? -repitió el moreno- ¿Ha pasado algo raro?

-Un coche volador que se hace invisible y va a altas velocidades, un bicho que aparece y desaparece a voluntad… Es un poco friki, la verdad. Sin contar con la casa… -señaló el rubio.

-Lo siento -se excusó Harry- Para mí esto es lo normal…

-Lo sé, cosas de magos… Lo tengo -aceptó- Por cierto, bonita choza tienes aquí… -elogió.

-Es enorme -añadió tía Petunia.

-Es la casa de mis abuelos.

-¡Vaya! No entiendo por qué, teniendo un sitio como este, nos soportabas año tras año.

-Más cosas de magos… inexplicables -le recordó- ¿Queréis algo de beber? Yo estoy muerto de la sed -sobre el aparador apareció una botella de vino con tres copas, cada una se llenó con el liquido granate y Harry las detuvo antes de que empezarán a flotar hacia ellos- Perdonad, debería dejar de hacer eso frente a vosotros… -musitó el ojiverde tomando las copas con la mano y tendiéndole una cada uno. Tomó un trago de la suya y suspiró.

-Nervioso -más que una pregunta fue una afirmación de tía Petunia.

-Un poco, la verdad -se sinceró el moreno antes de pasarse la mano por el pelo.

-No hagas eso o cada mechón cobrará vida propia -le reprendió la mujer con una sonrisa- Todo va a salir bien. Ginny es una jovencita adorable y te ama, incluso más de lo que tú a ella.

-Eso no es remotamente posible -rebatió él.

-Entonces no tienes por qué estar nervioso -aseguró la mujer.

-Colega -la puerta se abrió al mismo tiempo- ¡Upss! No sabía que estabas ocupado… ¿Vuelvo después?

-Oh, no -pidió tía Petunia- Dudders y yo tendríamos que ponernos en marcha si queremos estar a tiempo para la ceremonia.

-Duddley, tía, permitidme que os presente a mi mejor amigo, Ronald Weasley.

-Es un placer conocerte -aseguró la mujer tendiéndole la mano. Ron estrechó de inmediato.

-El placer es todo mío -aceptó Ron y murmuró tan bajo que incluso Harry dudó haberlo escuchado- Sobre todo porque no me mira como un bicho raro -estrechó la mano de Duddley- A mi hermano George le encantaría conocerte… -Harry rió e intentó camuflarlo como una tos.

-Tía, Ginny ordenó que prepararan la habitación de la derecha para ti y, justo al lado la de Duddley. Delante están los padres de Hermione y Roxanne. Compartiréis la mesa con ellos; Ginny y yo pensamos que os sentirías más cómodos sentados con muggles.

-¿Muggles? -indagó tía Petunia.

-Gente no mágica -explicó el pelirrojo apartándose de la entrada para que salieran.

-Ah, ya veo… ¿No nos sentaremos con vosotros? -no fue una acusación, pero Harry pudo sentir que había herido sus sentimientos- En fin, tal vez sea lo mejor. Gracias -accedió la mujer con el ceño fruncido- Te veremos abajo -el moreno asintió.

-Bien, ¿preparada? -preguntó Luna.

Ginny asintió mientras Hannah y Luna acomodaban la falda del vestido arremolinada a sus pies para que pudiese ponérselo. La rubia subió el corpiño hasta colocarlo en su pecho y después cerró la cremallera. Ginny levantó los bajos para que no arrastrasen mientras Luna hacía el lazo de color azul verdoso que hacía juego con los trajes de las damas de honor y las corbatas de los padrinos.

-Estás preciosa… -elogió Hannah con una sonrisa. La otra pelirroja llevaba un sencillo vestido por debajo de la rodilla en un tono azul índigo, zapatos de tacón y un recogido bajo.

-Gracias -contestó la novia.

-Esto ya está. Ahora siéntate y podré ponerte los zapatos -pidió la ojiazul guiándola hasta la silla del tocador.

-¿Hermione aún no ha llegado? -cuestiono impaciente.

-Estoy aquí… estoy aquí… -respondió la castaña haciendo su estelar aparición- ¿Me he perdido mucho?

-Sólo unas diez crisis nerviosas… -murmuró la rubia abrochando uno a uno los lazos de los zapatos de Ginny.

-Vaya… eres una novia preciosa -aseguró Hermione- ¿Te ha visto Molly ya?

-No -negó- Todas fueron a vestirse y aún no han vuelto. ¿Está todo listo? -quiso saber Ginny mirando a su amiga y cuñada.

-Está todo perfecto -aseguró Herms- Tal y como tú lo querías, confía en mí -Ginny asintió- Hannah, sería bueno que bajaras y fueses con los demás hacia la capilla. La ceremonia comienza en unos diez minutos -la pelirroja le sonrió y se marchó.

La puerta no alcanzó a cerrarse antes de que nuevos visitantes aparecieran…

-¿Podemos pasar? -preguntó Bill sosteniendo el pomo de la puerta. Luna y Hermione intercambiaron una mirada de complicidad.

-Te dejamos en muy buenas manos -auguró la rubia encabezando la marcha.

-Estaremos en el pasillo -agregó Hermione siguiendo a la ojiazul.

-Por Merlín y Morgana… ¡estás bellísima, pecas! -elogió Charlie.

-Eres la novia más guapa que visto en mi vida… pero no se lo digas a Fleur o se enfadará conmigo -añadió Bill.

-Mírate, la primera vez que te vi eras una bolita chiquitita de pelo rojo que no hacía más que gritar y gritar… tanto que apenas lograba escuchar mis propios pensamientos…

-Percival, siempre pensé que eso era porque no tenías cerebro -bromeó George adelantándose a sus hermanos- ¿Vas a llorar si nos ponemos melodramáticos? Porque, si es así, saco la cámara ahora mismo…

-No te daría ese gusto ni por todo el oro del mundo -contestó ella pegándole un puñetazo en el antebrazo.

-¡Vaya por dios! Hace unos minutos parecías femenina, frágil e indefensa…

-¡Piérdete, George! -ordenó Ginny.

-Gracias, hermanita -respondió el pelirrojo- Estás preciosa, peque -agregó mientras la abrazaba.

-Realmente preciosa… -secundó Ron desde la puerta- ¿Sabes que te queremos, mucho, todos nosotros? -preguntó el ojiazul apartando la mirada de ella para esconder una lágrima que se la había escapado…

-¿Estás llorando? -preguntó ella sorprendida, soltándose del abrazo de George para acercarse a él.

-No -respondió- y lo negaré eternamente, así que más te vale no repetirlo -Ginny le abrazó por la cintura.

-Siempre has sido mi preferido -aseguró en un murmullo.

-¡Oh, vamos Gin! Eso nos lo dices a todos… -corearon los cinco.

-Pero tú sí eres nuestra preferida -le recordó Ronald.

-Así que, si Harry llega a portarse mal contigo…

-…nos lo dices… -le ordenó Charles.

-…e iremos a patearle el culo hasta dejárselo en carne viva… -aseguró George.

-…o hasta que nos lo deje él a nosotros -recordó Percy.

-Lo tendré en mente -aseguró ella mirando por la ventana- Os quiero chicos, a todos.

Todos la rodearon y la abrazaron a la vez y recordó la última vez que todos la abrazaron así: el día que llegó su carta de Hogwarts. Estuvieron así, sosteniéndose unos a otros, durante un tiempo que a ella se le hizo incalculable hasta que la puerta volvió a abrirse.

-¿Pero qué hacéis todos vosotros aquí? -quiso saber Molly- Deberíais estar abajo con los invitados, en vuestros lugares… -la matriarca de la familia se quedó observando a sus hijos y sonrió levemente. Sabía que ellos harían esto.

-¿Está ella llogando? -cuestionó Fleur desde detrás de Molly- ¡Oh, no me lo puedo cgeeg! William ¿qué es lo que has hecho?

-Yo nada, cariño, absolutamente nada.

La mirada de basilisco de su mujer le dijo que era mucho más sabio quedarse callado. La francesa pasó junto a los hermanos y arrastró a Ginny hacia una de las butacas.

-Te pedí que no llogagas, fue lo único que te pedí… ¡Miga lo que le has hecho a tus ojos! -bufó- Vosotros cinco, au revoir -les echó la francesa- Voy a ageglag el desatge que habéis pgepagado…

-Ron -le detuvo Molly- ¿Tienes el ramo de Ginny?

-¿El ramo? -preguntó de vuelta extrañado- ¿Por qué tendría que tenerlo?

-Eres el padrino, se supone que debes entregárselo -explicó la mujer.

-Vaaaaaaaaaaale -contestó él- Iré a buscarlo… -la señora Weasley negó y salió tras su hijo.

-Me aseguraré de que coja el tuyo -comentó- Tu padre te espera al pie de las escaleras -la miró nuevamente de pies a cabeza- Estás preciosa, mi niña -murmuró y salió de la habitación antes de que las lágrimas la traicionasen.

Casi cinco minutos después de la marcha de su madre y sus hermanos, Fleur dio el visto bueno a su apariencia.

-¿Debegía utilizag un encantamiento de impegmeabilidad? -cuestionó la rubia con sorna.

-Podías haber pensado en ello antes… -respondió Gin.

-Tú nunca llogas, Ginny. Jamás.

-Es el día de mi boda… -le recordó la pelirroja.

-Oui -accedió- Así que tomagemos las debidas pgecauciones -señaló hechizándola- Un finite incantatem y podgrás quitágtelo de la caga -aseguró- ¿Êtes-vous prêt? -Ginevra asintió enérgicamente.

-Completamente.

-Bien -Fleur la ayudó a levantarse y la acompañó hasta la puerta donde la esperaban Ron y Hermione- Bueno, voy a buscag mi lugag -comentó y les dejó a solas.

-¿Era esto lo que tenía que entregarte?

Ginevra recibió, tal y como mandaba la tradición, el ramo de novia de manos de su padrino de bodas-hermano favorito. Azahar, lilas blancas y orquídeas, justo como ella quería

-Ahora sí puede decirse que eres una novia perfecta -aseguró Hermione con una sonrisa- Vamos allá… -sugirió la castaña, tomando la mano de su novio, quien amablemente le tendió el brazo contrario a su hermana.

Llegó al primer piso, donde la esperaba su padre para acompañarla hasta el altar, colgada del brazo de su hermano favorito. Su mejor amiga le ayudó a organizar la falda de su vestido antes de marcharse junto Ronald fuera de la casa, donde Luna, Neville y los niños aguardaban.

Arthur se quedo sin palabras con sólo mirarla, por lo que Ginny rompió el silencio por él.

-Si vas a decirme que estoy preciosa, se te han adelantado unas cuantas veces… -él rió.

-Preciosa es una palabra demasiado vaga -aseguró el señor Weasley. Le sostuvo la mirada y suspiró- Debí saber que contigo sería mil veces más difícil… -Ginny frunció el ceño ante sus palabras, por lo que él se explicó- Con tus hermanos he utilizado la espontaneidad para hablarles del gran reto que supone el matrimonioy todas esas cosas y, ahora, los discursos que les di a ellos en su día me parecen banales y superficiales aplicados a ti, pequeña. ¿Recuerdas aquella canción que te cantaba antes de irte a dormir? -preguntó y comenzó a tararear la melodía seguido por Ginny.

-…porque tú ha sido… -cantó la joven y él tomó el relevo.

-…y siempre serás…

-El ojito derecho de tu papá…

Se vio obligado a hacer una pausa con la voz tomada por las lágrimas

-… Porque mi niña nunca va a encontrar

Alguien que pueda quererla más.

Y si algún día lo llega a encontrar,

Papá, por su nena, muy feliz será.

Porque ella ha sido y siempre será

La consentida de su papá…

-¡Oh, papá! -gimió Ginny con lágrimas en los ojos.

-Porque tú ha sido y siempre serás la niñita de papá -la pelirroja se abrazó a él con todas sus fuerzas y Arthur correspondió al gesto con la misma intensidad- Lo has encontrado y yo estoy feliz por ti -aseguró. Ella le apretó aún más y dejó escapar un sollozo- Vamos, vamos… No es para tanto, hay un hombre allí fuera que te espera para hacerte su esposa -le recordó conteniendo sus propias lágrimas. Gin se apartó levemente y su padre le secó con el pulgar las lágrimas que había derramado.

-Sabes que tú eres el hombre de mi vida, ¿verdad?

-Me gustaría creerlo -contestó con sinceridad.

-Créetelo -exigió ella- El hombre más importante de mi vida… para siempre. Palabra detu pequeña, corre-ve-y-dile… -añadió mientras estiraba el meñique de su mano derecha. Arthur le sonrió al recordar el viejo juramento de cuando era una niña.

-Acepto tu palabra -accedió, entrelazando su meñique con el de ella. Le besó en la frente.

-Te quiero, papá -susurró Ginny.

-Y yo a ti, mi preciosa nenita, y yo a ti -aseguró, suspirando levemente- Bien, señorita Weasley, es la hora -anunció sosteniendo la mano izquierda de ella sobre su antebrazo- Vamos allá…

Harry podía oír el bullicio del selecto grupo de invitados, que hablaban en murmullos a la espera de que Ginny apareciera al inicio del pasillo. Molly y los hermanos Weasley con sus esposas (exceptuando a Ron y Hermione) estaban sentados en las primeras hileras de banquillos a su izquierda y, detrás de ellos, Aletheia y Pierce, Lionel Perry y su esposa, y algunas compañeras del equipo de Ginny. Durante una fracción de segundo se concentró en Dominique, la pequeña rubia y regordeta de enormes ojos azules estaba haciendo una rabieta en toda regla y sus padres trataban de calmarla. A la derecha se sentaban Andrómeda, su tía y su primo, la profesora McGonagall, Kingsley y su esposa, el profesor Flitwick, madame Maxime y Hagrid (que se habían sentando en la última fila en deferencia a los más pequeños), Giselle y Caroline, un buen número de aurores, las hermanas Patil, Seamus Finnigan y Dean (con quien tendría un par de palabras durante la fiesta). Había repasado ya dos veces a los asistentes a la ceremonia y comenzaba a desesperarse.

Molly le había dicho que habían tenido un contratiempo, pero que serían sólo un par de minutos, un par de minutos que se habían convertido en quince. Iba a mirar el reloj de nuevo cuando la música cambió a una suave melodía. Sonrió levemente y suspiró aliviado.

Los primeros en aparecer en su campo de visión fueron Ron y Hermione tomados del brazo. Su mejor amiga iba preciosa: llevaba el pelo recogido en una trenza, el vestido azul verdoso le caía por debajo de las rodillas, el escote en "V" que formaban las mangas de gasa azulada que le cubrían los hombros había sido adornado por un broche antiguo y, en la mano contraria a la que sostenía el brazo de Ron, llevaba un ramo de azaleas multicolor. Ella le sonrió abiertamente y él devolvió el gesto.

Cuando Ron y Hermione llegaron a la mitad del pasillo, pudo ver a Luna y Neville caminando tras ellos al compás de la música. Sonrió más porque había tenido razón… Ginny no iba a lograr que las dos llevaran el mismo traje ese día ni siquiera hechizándolas a ambas. Aunque eran del mismo color y del mismo largo, Luna siempre era y sería mucho más atrevida que Herms. La rubia llevaba un escote asimétrico con pedrería que le cruzaba el hombro y, en lugar de las azaleas de Hermione, llevaba azucenas y margaritas.

Teddy, Victorie y Karl fueron los siguientes. Fue levemente consciente de las mujeres de la sala alabando a los pequeños. Victorie iba en el centro ligeramente más adelante que los otros dos. Los rizos pelirrojos le caían sobre los hombros y estaban adornados con una diadema de flores silvestres, el perfecto vestido azul verdoso contrastaba con los mitones blancos y en una mano llevaba una canastilla de mimbre, mientras que con la otra dejaba caer pétalos blancos creando una alfombra. A su derecha, Wes llevaba un traje negro con pajarita verde y en las manos sostenía una bandeja de nácarcon una lazada blanca; y, al otro lado, Teddy, vestido exactamente igual que el hijo de Angelina, llevaba un pequeño almohadón con las sortijas. Los niños tomaron sus posiciones, de la misma manera que Ron, Hermione, Luna y Neville habían hecho previamente. Entonces la música volvió a cambiar para dejar paso a la marcha nupcial y todos los invitados se pusieron en pie mirando hacia la casa.

Ella se detuvo un momento justo al inicio del pasillo. Iba del brazo de su padre, pero aún así miraba al suelo teniendo cuidado de por donde pisaba. Cuando la hierba empezó a salpicarse con los pétalos de flores blancas que había dejado caer su sobrina, se permitió mirar hacia el altar y, tan sólo con entablar contacto visual con él, el temblor de sus manos y las mariposas en su estómago desaparecieron. Ginny fue ligeramente consciente de la gente que la miraba y estaba más que segura que era el brazo de Arthur lo que la sostenía. Estaba guapísimo, vestido completamente de negro, excepto por la pajarita y el fajín que hacían juego con el vestido de las damas de honor,las corbatas de los padrinos y el traje de los niños.

Harry podía jurar que no vería mayor perfección nunca en su vida. Su pelo rojo fuego estaba recogido y adornado con pequeñas florecillas blancas; estaba sonrojada, no tanto como cuando tenía vergüenza o estaba cabreada, pero sí lo suficiente como para saber que no era maquillaje; no llevaba pendientes, ni pulseras, pero sí la gargantilla que había sido de su madre y sintió un arrebato de orgullo y posesividad momentánea. Esta era la mujer a la que amaba, esta era su mujer… porque seguía pareciendo una niña cuando sonreía, porque podía ver todo un futuro de felicidad cuando la miraba a los ojos, porque, a pesar de lo condenadamente frágil y delicada que parecía, tenía el poder suficiente para cuidar de sí misma y para mantenerle a él a salvo de sus demonios. Estaba a sólo unos centímetros de él cuando una voz a su espalda le hizo salir de su burbuja.

-Respira, Harry.

No sabía que estaba conteniendo el aire hasta que Ron se lo recordó. Oyó la risa de los Weasley en la primera fila y de sus cuatro amigos a su lado, pero no fue capaz de separar la vista de ella. Arthur soltó la mano de Ginny la besó en la frente.

-Lo prometiste -susurró el señor Weasley y el ojiverde estuvo seguro de que sólo ellos tres lo habían escuchado.

-Siempre, papá -contestó ella con una sonrisa. El hombre miró a Harry a los ojos y asintió antes de depositar la mano de su hija sobre la del moreno.

-Podéis tomar asiento -pidió el delegado del ministerio. Ginevra siguió a su padre con la mirada hasta que estuvo junto a su madre antes de mirar a Harry a losojos de nuevo- Familiares y amigos, hemos sido invitados por este hombre y esta mujer a ser testigos de uno de los actos de valentía más sorprendentes que el ser humano está dispuesto a llevar a cabo: el matrimonio -dijo el hombre con voz monocorde- ¿Por qué un acto de valentía? -cuestionó haciendo énfasis en la última palabra- Porque implica colocarse por voluntad propia en una situación de vulnerabilidad, significa entregar tu alma, tu cuerpo y todo cuanto eres a otra persona y tener el valor para confiar en que ella cuidará de ti. Significa pasar del tú y el yo al nosotros, sin traicionar nuestra esencia, los pequeños detalles que nos hacen únicos -hizo una pausa estudiando con la mirada a su auditorio-Cada persona es un mundo y cada mundo es un universo entero a su manera, así que ninguna persona que haya pasado por esto podrá aseguraros que será fácil, porque no lo es… El matrimonio es una lucha constante, no del uno contra el otro, en absoluto; es una lucha en la que vosotros como pareja tendréis que enfrentaros a aquello que amenace con socavar los cimientos de vuestra relación, que han de serla confianza, el amor y el respeto, para que esto a lo que hoy añadís un nuevo capítulo sea duradero -Harry no dejaba de mirarla, quería grabar en su mente cada movimiento, cada reacción por insignificante que fuera. Ella, por su parte, seguía creyendo que en cualquier momento iba a despertarse- Harry y Ginevra nos han invitado a todos para ser testigos de la consagración de su amor a través de un juramento mediante palabras que ellos mismos han elegido -con un asentimiento le cedió la palabra a Ginny. La pelirroja comenzó a hablar en un bajo susurro que sólo Harry podía escuchar.

-Prometo dedicarte cada día desde el primero hasta el último de mis latidos, prometo estar contigo en las buenas y en las malas y luchar junto a ti siempre que sea necesario… -escuchó gemido de su madre, supuso, y no pudo evitar sonreír antes de continuar con sus votos con mayor confianza- …prometo escucharte cuando desees hablar y quedarme en silencio a tu lado cuando así lo quieras, aunque tú mejor que nadie sabes que odio cuando te callas las cosas… -le recordó, Harry asintió para darle la razón- Prometería amarte, pero hace mucho tiempo ya que lo hago -señaló- Así que lo único que me queda por reafirmar es que te entrego mi corazón, porque sé que lo cuidarás como nadie, y que he sido tuya desde siempre y deseo seguir siéndolo…

-Por siempre y para siempre -murmuró él en voz baja recordando la inscripción en su alianza. Ella asintió antes de terminar con sus votos.

-Por siempre y para siempre.

Hermione, Luna, Angelina, madame Apolline y la tía de Harry se habían unido al concierto de lloros, aunque sus mejores amigas intentaban disimularlo.

-Harry… -dijo el delegado del ministerio para cederle la palabra. El ojiverde inspiró profundamente antes de comenzar y apartó la mirada de ella, aunque le apretó aún más la mano que tenían entrelazada.

-Durante años vagué por el mundo como un alma solitaria, siendo parte delmundo pero sin formar parte de nada… -se atrevió a mirarla a los ojos. Esto de los votos había sido una pequeña tortura y él esperaba que se riera de lo cursi que sonaba, pero no lo hacía, así que continuó- …hasta que apareciste tú y con una sonrisa me hiciste parte de algo. Con una palabra me diste una identidad, me hiciste un hombre, un hombre con virtudes y defectos -en este punto ella lloraba.Conmovido, le secó la mejilla con la mano libre y le sonrió- …y con una mirada me diste la fortaleza necesaria para luchar contra cualquier cosa. Así que debo agradecerte ser mi fortaleza, mi cordura, mi hogar, mi todo. Por eso quiero prometer, una vez más, delante de todos, que voy a cuidar de ti, voy a protegerte, a honrarte, respetarte y venerarte, pero, sobre todas las cosas, voy amarte hasta el final de mi vida… incluso más allá si tú me dejas -"Gracias" gesticuló ella sin poder emitir palabra, el negó para restarle importancia.

-Es el momento de sellar vuestras promesas -intervino el hombre del ministerio. Ron y Hermione se adelantaron para posicionarse junto a ellos, seguidos por Karl. El hombre hizo levitar el listón blanco perlado que el pequeño llevaba sobre la bandeja y le tendió un extremo a Ron y el otro a Hermione para que lo ataran alrededor de las manos entrelazadas de Harry y Ginny- Es vuestro amor lo que os ha llevado a hacer esta promesa y tendréis que recordar que son sólo palabras que debéis reforzar cada día con hechos. Que el amor que hoy os une os haga fuertes y que dure para siempre -deseó al tiempo que hacía una extraña floritura con su varita.

En cuanto terminó, el listón desprendió una luz dorada que se iba atenuando a medida que era absorbida por la piel de los novios. Teddy se acercó hasta ellos una vez el listón hubo desaparecido. El primero en reaccionar fue el ojiverde.

-Yo, Harry, te entrego este anillo, Ginevra, como símbolo de mi amor y sello con él el juramento que acabo de hacerte -dijo el moreno mientras colocaba la alianza en el dedo de Ginny.

-Yo, Ginevra, te entrego este anillo a ti, Harry, como símbolo de mi amor por ti y con él sello el juramento que previamente hice en el nombre del mismo sentimiento -repitió Ginny después.

-Por el poder que en mí ha sido transferido, yo les declaro marido y mujer Puedes besar a la novia.

Y lo hizo. Un beso de los de verdad, de esos que les sumergía a ambos en su burbuja particular y que podía abstraerlos del mundo para siempre, pero había un montón de gente que quería felicitar a los recién estrenados esposos y Ginny tuvo que separarse de mala gana.

-¿Recuerdas lo que prometiste? -cuestionó ella.

-No voy a soltarte -aseguró el moreno entrelazando sus dedos con los de ella.

Los primeros en la fila eran los Weasley. Ronald fue la primera persona en felicitarles.

-Ahora sí es oficial, hermano ¡Bienvenido a la familia! -felicitó el ojiazul abrazándolos a ambos.

-Harry forma parte de esta familia esté o no casado con tu hermana -refutó Molly- Felicidades, cariño -agregó la matriarca abrazándolos y besándolos a ambos en las mejillas- Ha sido una ceremonia… tan… bonita -elogió la señora Weasley volviendo a sacar su pañuelo.

-¡Oh, mamá! -pidió Ginny mientras la abrazaba.

-Vamos, querida -señaló el señor Weasley- Estamos creando un atasco.

Las caras, las felicitaciones y un montón de besos y abrazos se sucedieron entre sí antes de que la gente empezara a dispersarse en busca de sus mesas. Ella seguía esperando despertar de su sueño de un momento a otro y él no podía dejar de mirarla como lo que era, su milagro personal.

-Sigue pareciéndome tan ficticio… Es como si tuviese una experiencia extra corporal -le comentó ella en un momento de tranquilidad en el que todas las personas a su alrededor parecían estar metidos en sus propios asuntos.

-Es que pareces irreal -aseguró él. Ginny negó.

-Estamos casados -dijo mirándolo a los ojos- Realmente estamos casados…

-Lo estamos -aseguro el ojiverde- Ginny Potter… me gusta como suena.

-Ginny Weasley-Potter -le corrigió ella- Soy la única hija de mi padre… -explicó. Harry se encogió de hombros para restarle importancia.

-Sigue gustándome como suena… señora Weasley-Potter, la esposa de Harry Potter… mi esposa… -comentó.

La ceremonia desembocó en una pequeña recepción con un ritmo tan natural que los pocos invitados a la ceremonia se dirigieron hacia la zona dispuesta para el banquete y tomaron sus respectivos lugares en las mesas que les correspondía sin ninguna prisa. Los elfos sirvieron vino de elfo e hidromiel y la música empezó a sonar a un volumen bajo, de modo que no interrumpiera las conversaciones. Los novios estuvieron paseando por las mesas saludando con más calma a los invitados y recibiendo todo tipo de beneplácitos y felicitaciones, mientras los flashes de las cámaras fotográficas inmortalizaban cada momento. Escapar de la recepción requirió mucha determinación y algo de suerte más que de inventiva.

Ginny se rió con ganas cuando se colaron por una de las entradas laterales a la casa que daba a un pasillo mal iluminado y estrecho, en el que a duras penas había espacio para que caminaran uno junto a otro. Harry tuvo que taparle la boca con una de sus manos para evitar que les escuchasen y ella se tranquilizó un poco mirándole fijamente a los ojos, le pasó la mano por el cuello y le besó de manera pasional, un beso profundo, lento, de esos que dejan huella. Se separó de él lentamente y soltó una risilla por el brillo de excitación que pudo reconocer en su mirada.

-¿No puedes esperar a la noche de bodas? -él rió con ella.

-No -contestó sinceramente- pero no te he traído aquí para eso; además, sólo tenemos unos minutos… -aseguró.

La cogió de la mano y echó a correr obligándola a hacer lo mismo si quería seguirle el paso. No le explicó hacia donde se dirigían, pero a medida que cruzaban de un pasillo a otro lo tuvo completamente claro: la biblioteca.

El lugar estaba vacío, incluyendo los retratos que normalmente estaban habitados, pero la puerta secreta que daba al cuarto de las señoras era visible y estaba abierta. Harry le dio un segundo para recuperar la compostura antes de guiarla al interior de la estancia. Todos aplaudieron en cuanto ellos aparecieron y Ginny se quedó abrumada. El día anterior los retratos de la habitación habían estado habitados sólo por mujeres, pero, esta vez, en cada marco había un hombre y una mujer. No sabía quién era quien, pero pudo reconocer al joven Charlus Potter junto a su joven esposa, mientras que el segundo retrato de Dorea (el de Dorea viuda) estaba ocupado por ella y el pequeño James. La escena resultaba conmovedora a la par de abrumadora, pero la sonrisa en la cara de Harry hacía que mereciera la pena.

No se dieron cuenta del paso del tiempo hasta que Hermione fue a buscarles. La mayoría de los invitados estaban ya en la casa y esperaban a los novios para comenzar la recepción. Cuando llegaron junto a las puertas correderas que daban al exterior pudieron ver que el sol se encontraba más abajo en el horizonte, las antorchas habían sido encendidas y los invitados pululaban de un lado al otro por entre las mesas.

Hermione salió primero y le murmuró algo al señor Weasley al oído, el hombre caminó hasta el centro de las escalinatas y atrajo la atención de todos los congregados.

-Señoras y señores -el auditorio se silenció inmediatamente- Gracias. Como padre de la novia y considerando al novio como uno más de mis hijos, es más que un honor para mí presentaros al señor y la señora Potter -ambos aparecieron en las escalinatas que daban al jardín- ¡Larga vida y felicidad para los recién casados! -brindó.

-¡Larga vida y felicidad! -corearon todos los invitados que irrumpieron en aplausos al tiempo que se separaban para dejar libre la pista de baile.

-Nuestro primer baile como marido y mujer -susurró ella con una sonrisa.

-Volvemos a estar llenos de primeras veces al parecer… -respondió él colocando su mano derecha en la cintura de ella y sosteniendo con la izquierda la mano de ella contra su corazón.

La melodía empezó baja y Harry les mecía lentamente de un lado a otro.

-¿Ocurre algo? -preguntó, ya que ella no se movía.

-No es la canción que elegí -respondió Ginny extrañada. Él le sonrió ligeramente sin un ápice de culpabilidad.

-Lo sé, es la canción que elegí yo.

-Pero…

-Me pediste que lo hiciera -le recordó girándolos a ambos, siguiendo el ritmo de la música.

It's hard for me to say the things I want to say sometimes There's no one here but you and me And that broken old street light Lock the doors We'll leave the world outside All I've got to give to you Are these five words when I

Thank you for loving me For being my eyes When I couldn't see For parting my lips When I couldn't breathe Thank you for loving me Thank you for loving me

-Harry, es preciosa -murmuró.

-Me allegro de que te guste -confesó él.

-Esta no estaba en la lista… -señaló, recordando que le había entregado un listado de canciones para que eligiese una y él ni siquiera lo había mirado.

-No, no estaba.

-¡Vaya! -exclamó la pelirroja- Siempre que pienso que no serás capaz de volver a sorprenderme, vas tú y haces cosas como esta…

-He de decir en tu defensa que cada vez me lo pones más difícil.

I never knew I had a dream Until that dream was you When I look into your eyes The sky's a different blue Cross my heart I wear no disguise If I tried, you'd make believe That you believed my lies

-Llegué a pensar que te importaba tres pimientos que tuviésemos una canción o no…

-¿Estás llorando? -preguntó separándola ligeramente de su abrazo para poder verla a los ojos.

-Es mi boda, cariño. Puedo llorar tanto como quiera.

-Cierto -accedió el moreno, acercándola nuevamente a su pecho- pero espero que sean lágrimas de felicidad.

-Absolutamente. Es una de esas cosas bonitas que sólo haces por mí y que me hace sentir la mujer más especial del mundo.

-Porque lo eres, Ginevra -Ginny hizo un mohín ante su nombre y después se secó las lágrimas disimuladamente.

-La gente nos está mirando… -le recordó.

-Somos los novios, se supone que debemos dar espectáculo… -la apartó ligeramente y la hizo girar sobre sí misma- Rock & Roll -la pelirroja rió junto a él antes de volver a abrazarle.

Thank you for loving me For being my eyes When I couldn't see For parting my lips When I couldn't breathe Thank you for loving me

You pick me up when I fall down You ring the bell before they count me out If I was drowning you would part the sea And risk your own life to rescue me

Lock the doors We'll leave the world outside All I've got to give to you Are these five words when I

-Te amo -dijo en voz alta mirándole directamente a los ojos- Desde siempre y para siempre.

-Y más allá si tú me dejas -agregó él con una sonrisa. Y la besó, olvidándose de los varios centenares que ojos que estaban pendientes de cada movimiento. Este era uno de esos momentos que sólo les pertenecía a ellos y a nadie más.

Thank you for loving me For being my eyes When I couldn't see You parted my lips When I couldn't breathe Thank you for loving me

When I couldn't fly Oh, you gave me wings You parted my lips When I couldn't breathe Thank you for loving me

Y como regalo os dejo con la primera canción que bailan Harry y Ginny como marido y mujer.Bon Jovi - Thank you for loving me (Traducción)

Es difícil para mí decir las cosas

Que quiero decir en algunas ocasiones

No hay nadie aquí más que tú,  yo

Y aquella luz rota de la vieja calle

Cierra las puertas

Dejaremos el mundo afuera

Todo lo que tengo para darte

Son estas cinco palabras cuando yo

Te agradezco por amarme

Por ser mis ojos

Cuando no podía ver

Por separar mis labios

Cuando no podía respirar

Gracias por amarme

Gracias por amarme

Nunca supe que tenía un sueño

Hasta que ese sueño fuiste tú

Cuando miro dentro de tus ojos

El cielo tiene un azul diferente

Que atraviesa mi corazón

No estoy fingiendo.

Si lo intentará,  tú me harías creer

Qué crees en mis mentiras

Te agradezco por amarme

Por ser mis ojos

Cuando no podía ver

Por separar mis labios

Cuando no podía respirar

Gracias por amarme

Tú me levantas cuando caigo

Suenas la campana antes de que ellos me llamen

Si  me estuviera ahogando tú dividirías el mar

Y arriesgarías tu propia vida para rescatarme

Cierra las puertas

Dejaremos el mundo afuera

Todo lo que tengo para darte

Son estas cinco palabras… cuando yo

Te agradezco por amarme

Por ser mis ojos

Cuando no podía ver

Por separar mis labios

Cuando no podía respirar

Gracias por amarme

Cuando no podía volar

Oh, me diste alas

Separaste mis labios

Cuando no podía respirar

Gracias por amarme

Espero realmente que lo hayáis disfrutado… yo ame escribirlo… ame imaginarme las escenas y pase unos cuantos días con insomnio; espero que haya merecido la pena. Realmente creo que me he ganado los RR sean criticas o elogios todo mi cariño.

PADMA