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Historia 32165 — capítulo 6
CAPÍTULO 6
Lily se encontraba estudiando en la sala común de Gryffindor, observada por James. Al fin, éste se armó de valor para ir a hablarla:
- ¿Qué estudias?- preguntó, interesado.
Lily levantó sus profundos ojos verdes de su libro de "Historia de la Magia". Iba a contestarle: "Y a ti qué te importa, Potter", como era habitual en ella, pero en ese momento recordó la charla que había tenido con Neysa… si seguía dándole largas a Potter, jamás lo iba a conseguir…
- Historia de la Magia- contestó, pero aún su tono era frío y distante.
¿Cómo era tan fácil para otras chicas hablar calmadamente con el chico que les gustaba? ¿Y por qué ella era incapaz de sonreírle y decirle una palabra amable? ¿Era tan difícil aparcar su timidez?
-
Hmmm… ¿llevas bien el examen?- el moreno no sabía qué decirle a Lily.
-
Sí, muy bien, la verdad es que el último tema es muy fácil- ¿Había escuchado bien? ¿Lily le estaba dirigiendo más de dos palabras?
-
A mí me parece muy complicado, no entiendo nada-mintió James- ¿no me lo podrías explicar?- y le dirigió una de sus mejores sonrisas, ante lo que la pelirroja se sonrojó.
-
Claro… ¿por dónde empezamos?- Lily aún no se creía que estuviese teniendo una conversación tranquila y civilizada con Potter.
-
¿Qué tal si empezamos por…?- pero las palabras de James fueron interrumpidas por Neysa, que en ese momento se levantaba de uno de los sillones que había estado compartiendo minutos antes con Remus. La cara de la muchacha hizo detenerse a James- Neysa, ¿te encuentras bien?
La rubia miró a James unos segundos, antes de abalanzarse sobre él, abrazándolo, llorando desconsoladamente.
-
Calma, calma, Neysa- James no sabía que hacer.
-
¿Qué te paso, cariño?- Lily se veía muy preocupada. Neysa no contestó, sólo cambió los abrazos de James por los de Lily, mientras repetía "Ay Lily… Lily…".
-
Neysa… dinos qué te pasa- James estaba preocupada.
-Lárgate, Potter, este es un asunto entre Neysa y yo- le fulminó con la mirada Lily.
James asintió, bajando la cabeza, y yéndose triste hacia su habitación. Para una vez que Lily había estado amable con él…
La pelirroja se dio cuenta de que, una vez más, había sido borde con Potter. Pero ya era tarde para reaccionar…
-
Bueno, cariño, cuéntame, ¿qué te pasa?- dijo.
-
Es… es Sirius-consiguió decir entre sollozos Neysa.
-
¿Sirius?-suspiró la pelirroja, ya estaba harta de que Neysa sufriese por es chico- ¿qué pasó ahora con Sirius?
-
Yo… tuve… que… darle… una… mala… noticia- consiguió vocalizar entre sollozos.
-
¿Una mala noticia?- Lily no entendía nada- explícate.
-
Ashley… le… puso… los… cuernos…- no dejaba de llorar Neysa.
-
¡¿Ashley?!- se sorprendió la pelirroja- Esta chica… qué voy a hacer con ella… luego tendré una charla con ella… - murmuró Lily- ¿Y tú se lo tuviste que decir a Sirius?
-
Bueno… yo… le… tuve… que… decir… que… pasaba… algo… con ella- sollozó Neysa.
-
Pero Neysa… ¿no ves que tienes vía libre para ir a por Sirius? ¿Qué hay de malo en todo esto?- dijo la pelirroja- toma un pañuelo, seca tus lágrimas- le ofreció un pañuelo a Neysa.
Neysa cogió el pañuelo, dejando de sollozar un poco:
- Es que… él está sufriendo, Lily- dijo.
Lily suspiró:
- No cambias… no cambias…- murmuró moviendo la cabeza.
En ese momento apareció Steph, que había venido corriendo hacia la sala común:
-
¡Neysa!- consiguió decir, sofocada de correr tanto- ¡Me he quedado preocupada por ti! ¿Por qué has salido corriendo de clase?
-
Algo pasó con Sirius…
-
¿El qué pasó con Sirius?- preguntó Steph.
-
¿Qué pasa conmigo?- dijo un Sirius, molesto, que acababa de entrar en la sala común- ¿y por qué llora Neysa?
Neysa intentó dejar de llorar, a duras penas, porque le seguían saliendo lágrimas silenciosas que recorrían su mejilla. ¿Y ahora qué iba a pasar? ¿Qué excusa se iba a inventar por haber llorado? Una excusa que incluyese su nombre… y que explicase por qué estaba llorando…y no la encontraba. Sus ojos se encontraron con los de Sirius, que le pedían una respuesta. Ya no podía más…
- No me apetece explicar nada… estoy cansada- dijo, levantándose y yéndose hacia su habitación, dejando a Sirius perplejo.
Cuando Neysa llegó a su habitación, las lágrimas brotaron automáticamente de nuevo para empapar su rostro una vez más… Se tumbó sobre la cama. ¿Cómo iba a explicarle a Sirius luego lo que había pasado? Decidió no comerse la cabeza por eso y hacer algo que la calmaba… desahogarse.
Corrió hacia su escritorio, buscando una pluma y un pergamino, y cuando los hubo encontrado, comenzó a escribir:
A veces me gustaría contarte lo que pasa por mi mente cuando te veo, mis sentimientos, cómo al verte late mi corazón, cómo comencé a amarte y cómo ahora eres mi tormento, cómo me paso noches enteras en vela sollozando tu nombre sin fin, una y otra vez, cómo esto ya se repite hasta el punto que creo que se prolongará hasta la misma vejez.
Y es que ansío profundamente el poder estar a tu lado y besarte hasta el amanecer, poder tenerte junto a mí, a mi lado, sin tener miedo a perderte más tarde al anochecer, pues tú primero iluminaste mi vida para luego llenarla de inquieta oscuridad, de lamentos que a mi desdichado corazón aniquilan lentamente, sin ninguna piedad, despedazándolo por dentro, dejando abierta una herida demasiado profunda, demasiado dolorosa como para poder alguna vez olvidarla, ya no existe la cura.
Ya no tiene ningún remedio, no podrá jamás cicatrizar la dolorosa herida, pues tú eres el único que puede sanarla en estos momentos y el que me quitó la vida, tú eres el único que puede calmar mi atormentante dolor, devolverme las ganas de volver a sentir una gran ilusión chispeando dentro de mi como grandes llamas.
Pero ya se apagaron, se apagó mi ilusión para dar paso a un verdadero martirio. Que me amases tanto como yo te amo a ti sería mi único y verdadero alivio, pero no veo por qué confesarte lo que siento si ya conozco la respuesta, pues a ser así de humillada es algo a lo que no estoy en absoluto dispuesta, para ti no valgo nada, no existo, constantemente me ignoras como si estuviese muerta. Es como si para poder acceder a ti tuviese que subir una gran cuesta, una cuesta empinada y con mil obstáculos para que no pueda obtener tu anhelado amor y yo ya no puedo soportar estar tan sola y desamparada, me mata el dolor.
((--by Neysa--))
En ese momento, escuchó como tocaban a su puerta:
-
¿Sí?- dijo desde dentro, secándose las lágrimas.
-
Soy yo, Sirius, ábreme, por favor- escuchó su voz desde el otro lado de la puerta.
Neysa sintió como todo su cuerpo temblaba… ¿qué iba a hacer? Seguro que le iba a pedir explicaciones… y no sabía dárselas.
-Un momento- dijo, dirigiéndose al cuarto de baño.
Tenía que eliminar de su rostro cualquier signo que indicase que había llorado. Se miró al espejo: realmente su aspecto era lamentable. Se lavó la cara varias veces, y se aplicó un antiojeras que disimulase su aspecto después de llorar.Suspiró. Era el momento de abrir la puerta.
Una vez que hubo abierto la puerta, se encontró a Sirius delante de ella:
- Neysa, me tienes qué decir qué te pasa y por qué te has ido así antes.
Neysa bajó la cabeza. ¿Qué le iba a decir?
-
Yo… no era nada, Sirius, no tienes por qué preocuparte- dijo al fin.
-
Me preocupo, Neysa, me preocupo- dijo él- tú eres mi amiga y si te veo mal, me gustaría saber por qué, para intentar ayudarte.
No podía contarle lo que estaba pasando. Aún no estaba preparada…
-
Pero no… son cosas mías, y tú no puedes ayudar- mintió Neysa.
-
¿Tuyas?- Sirius se rió- estabas llorando y en la conversación salió mi nombre… no me debo de equivocar mucho si pienso que algo tengo que ver en todo esto.
Neysa se quedó en silencio. ¿Por qué tenía que decir esas cosas? ¿Cómo iba a decirle algo para convencerle de que no tenía nada que ver?
-
¿Me equivoco?- interrumpió sus pensamientos el moreno.
-
No… - antes de que se quisiese dar cuenta, ya lo había dicho. Dios… ¿Y ahora qué le iba a decir?
-
Y bueno… dime… ¿qué te he hecho para qué te pongas así? ¿Te dije algo que te sentase mal?- la rubia negó con la cabeza- ¿y entonces?
-Entonces… entonces…- Neysa no encontraba las palabras.
¿Qué diablos le iba a decir? En qué lío se había metido… ¿Cómo iba a salir de él?