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Historia 32291 — capítulo 2

Notas: ¡Hola mis chicas! Y chicos si es que hay alguno. Siento la tardanza, pero he estado con poco tiempo para escribir, y al menos tenía que tener el tercer cap listo para poder subir el segundo. Hoy tuve un ataque de inspiración y pude terminar el tercero sin problemas, el cual será publicado cuando vuelva, porque el domingo 18 me voy a vacaciones otra vez, jajaja, tengo vacaciones por separado. En fin, me voy como por una semana. Eso por ahora, y lean, cuando acaben, los anuncios del final.

Capítulo 2: La poción de la Paranoia

Merlina despertó tarde al otro día, como si jamás hubiese dormido en su vida. Abrió los ojos lentamente, porque tenía un atroz dolor de cabeza que le hacía palpitar hasta las pestañas. Incluso llegaba a ver algo borroso. Poca luz entraba por la ventana: estaba nublado. Miró hacia su izquierda para ver el reloj del velador: las doces un cuarto. Observó hacia la derecha: la cama vacía.

― ¿Severus? ―llamó con la voz ronca.

Se apoyó sobre sus codos para poder tener una mejor visión de la habitación. Estaba desolada.

― ¿Severus? ¿Estás en casa? ―gritó a todo pulmón. Nada ― ¿Dónde te fuiste sin avisar? ―preguntó, como si pudiera contestarle.

Se levantó de la cama con el pelo completamente enredado y una cara que sugería agua helada. Bostezó y fue al baño para meterse en la tina, a ver si así se le quitaba esa horrible jaqueca.

― ¡Aguamenti!―conjuró apuntando la tina con la varita, pero el hechizo no le resultó, producto de la poca concentración que tenía en ese instante, así que no tuvo más remedio a que el agua de la llave la llenara con lentitud. Mientras tanto, se sentó en la taza del retrete, con los codos en los muslos, y la cabeza agachada. Luego de que ya se hubo repletado, se metió en el agua tibia y relajó la cabeza en el soporte de la tina, hacia atrás. Estuvo así cerca de dos horas, pero el dolor no aplacó nada. Tal vez hasta aumentó. Lo más probable que fuera porque se aproximaba su período premenstrual, y eso, ni siquiera en el mundo mágico se podía evitar. Rendida, terminó de pie, duchándose, y se salió del agua, envuelta en la toalla, súbitamente acordándose de la vez que había tenido una visión falsa en la que se veía rodeada de arañas. Culpa de una poción de Severus. Sonrió a medias, con los ojos cerrados, tanteando la salida del baño hasta el cuarto, que estaba en frente de esa puerta.

Con toda parsimonia ocupó otra hora para secarse el cabello mediante magia, y luego se vistió, todo esto haciéndolo a ciegas. No obstante, cuando su estómago comenzaba a reclamarle comida, pensó que no podía cocinar a ciegas.

―Lo más probable es que termine haciendo un incendio de verdad si no veo lo que estoy cocinando ―se dijo así misma, tomando la decisión de buscar algún analgésico, el cual no encontró por ninguna parte ―Por algo trabajé en una botica ―caviló ―y por algo tengo de novio a un profesor de pociones. Debe tener alguna poción que me pueda quitar este maldito dolor.

Llevaba sólo cuatro días en la casa de Severus, y era totalmente imposible que supiera dónde guardaba todo, así que registró cajón por cajón, hasta que encontró en uno una caja que precisamente rezaba "Analgésicos".

― ¡Je, sabía que lo encontraría! ―exclamó, destapando la primera botella que había cogido, sin darse cuenta de que ésta tenía otra etiqueta, nada que ver con la de la caja, y que precisamente la de la caja jamás había tenido coherencia alguna con las botellitas que tenía dentro. En realidad, ninguna era para quitar el dolor de cabeza.

Bebió la mitad del contenido verde brillante de la pequeña botella, calculando que sería más que suficiente. Se sentó en el borde de la cama para aguardar a que hiciera efecto. ¡Y resultó! Qué alivio no sentir más dolor… Pero qué extraña comenzó a sentirse… Ajena al lugar. Abrió los ojos y se llevó un susto de muerte a observar la habitación. Era tan oscura… Estaba segura que podía, entre esos rincones lúgubres, esconderse todo tipo de criaturas para hacerle daño… ¿Alguien la estaría observando? Se sentía observada. Pero era imposible, porque Severus no estaba. ¿Acaso se habría ido? Tal vez la había abandonado. ¡Qué cosas pensaba!

Prefirió ir a la cocina porque estaba muriéndose del hambre, y ya eran las tres de la tarde. ¿Qué podría cocinar? Podría hacer pastel de patatas con carne. Sí, eso podría hacer. Abrió el mueble de las ollas.

― ¡Por las barbas de Merlín! ―saltó Merlina ― ¿Cómo puedo ocupar una olla el cual, su único propósito, es querer quemarme?

Sí. Porque una olla era muy peligrosa, sobre todo cuando estaba más que usada y amenazaba con caerse a pedazos. Definitivamente se podría quemar… Y los cuchillos: no podría picar la carne porque los cuchillos eran demasiado filosos y se podría cortar. ¿Y por qué mejor no usar la magia? Sí, con eso saldría en un dos por tres de sus tareas, pero… ¿Y si fallaba, y la olla de agua hirviendo, junto con los cuchillos, se iban directo hacia su cara? Definitivamente demasiado peligroso…

Abrió el mueble en donde se guardaban las cosas congeladas mediante magia. La carne tenía un aspecto demasiado sanguinolento; podía estar envenenada, o incluso podría ser carne humana. Y, las patatas, en el otro cajón, tenían demasiados agujeros y demasiada tierra; y la tierra podía estar contaminada… ¡Pero bueno! Ella había comprado todo eso el primer día, sin embargo… la procedencia de todo eso era de carácter sospechoso. No, no podía arriesgarse a comer. Tendría que aguantarse. Por mientras tomaría agua… ¡un momento! ¿Y si se había roto una cañería? Podía el agua estar mezclada con desechos humanos, y eso sería fatal para su salud. E incluso, el vaso podría tener un piquete invisible y hasta podría cortarse la lengua. Definitivamente tendría que ser valiente y aguantarse hasta que… ¿Hasta que llegara Severus? ¿Dónde diablos se había metido Severus? Tal vez lo habían asaltado… o quizás se encontró con un mago tenebroso y estaban en medio duelo, o tal vez…

Caminó hasta el comedor, nerviosa. Encima de la mesa estaba la revista que había comprado el día anterior, con una nota escrita por Severus, que decía:

"Dumbledore me ha citado a una reunión urgente. No te preocupes, estoy bien, y no salgas de la casa hasta que vuelva. Lo más probable es que llegue a eso de las seis. Si tengo suerte, antes.

S.S."

Merlina frunció el entrecejo. La letra de Severus estaba algo distinta, como temblorosa. Quizá… quizá él jamás había escrito esa nota. Tal vez alguien había intentado de imitar la letra porque se lo había raptado… ¡MIERDA! ¡Severus había sido raptado! ¡Se habían llevado a Severus! Corrió hacia la ventana y miró tras el visillo, como si los malvados raptores pudieran estar allí, agazapados. Pero no había nadie… estaba desolado, y eso le daba mala espina a Merlina. No, no podría salir, tendría que quedarse allí, pedir ayuda, tal vez Severus había dejado alguna nota en la revista…

Volvió hacia la mesa, antes de que a alguien se le ocurriera lanzar una piedra contra el vidrio de la ventana y le saltara en la cara, y agarró la revista, para comenzar a hojearla, pero antes de ver demasiado, se detuvo a la mitad y leyó el gran título multicolor, acompañado de una fotografía de una mujer con cara de inseguridad, que citaba "¿Sospechas de tu pareja? ¿Desaparece sin avisar? ¿Actúa de manera sospechosa? ¡Realiza este test y comprueba si estás siendo engañada!"

A Merlina, por un segundo, se le detuvo la respiración; luego, continuó leyendo la página completa.

A continuación tenemos doce preguntas, que se dividen en tres secciones: si tu pareja te está engañando, si es un criminal, y si está cansado de la relación. Según las respuestas, mira la tablilla, suma, resta, multiplica, divide, saca raíz y logaritmo de los puntos correspondientes, y comprueba la respuesta final en la página siguiente. ¡Buena suerte!

·PRIMER BLOQUE: ¿Tu pareja es un criminal encubierto?

1.**¿Él fue alguna vez parte de alguna pandilla de matones, o algo por el estilo, y se redimió luego?

Merlina alzó la mirada hacia el techo. Severus había sido un Mortífago. ¿Se podía calificar eso como a una pandilla? Sí, seguro que sí.

2.**¿Él tiene algún tatuaje que lo haya ligado a un pasado oscuro, o algún signo que le identifique?

La Marca Tenebrosa no era un tatuaje propiamente tal, pero sí era… una marca, la palabra lo dice. Entonces… la respuesta era afirmativa.

3.**¿Él tiene cambios de humor repentino usualmente?

Sí, usualmente, sí. Tenía demasiados cambios de esa índole.

4.**¿Hay veces en que Él actúa sobre protectoramente como, por ejemplo, no tejarte salir de casa?

Merlina tragó saliva. Sí, recién había leído la nota, en la que decía que no saliera de casa. De todas maneras, le quedaban dos bloques todavía… y el test no podía ser cien por ciento certero…

·SEGUNDO BLOQUE: ¿Eres una cornuda?

1.**¿A Él le apesta ir a los centros comerciales?

No había necesidad siquiera de pensar la respuesta.

2.**¿Él le tiene fobia al matrimonio?

Recordaba perfectamente el incidente de unos meses atrás, cuando él pensó que ella estaba insinuándole que se casaran.

3.**¿Él se va de la casa sin avisar?

Una vez más podía tribuir el ejemplo de ese mismo día. Merlina estaba comenzando a entrar en pánico. Respiró profundamente antes de continuar con la otra pregunta.

4.**¿Él te ha hecho preguntas extrañas y jamás te explica por qué las dice?

"¿Te sientes segura conmigo?", esa había sido una pregunta bastante extraña, a pesar que él había dicho que era una broma para preocuparla.

¡Maldita sea! No podía estar más segura que algo extraño pasaba con Severus, pero continuaría con el test sin hacer trampas, no podía adelantarse a los resultados. De todas maneras, los test fallaban, y lo más probable es que éste fallara, ¿no?

Contuvo el aire unos segundos y continuó con el último bloque.

·TERCER BLOQUE: ¿No eres aporte a la relación?

1.**¿Él te ignora constantemente?

Pues bien. Para qué estaba con cosas. La ignoraba demasiado. O al menos lo fingía, y eso ya es algo. Ignorar era ignorar, punto.

2.**¿Él te acosa sexualmente con continuidad?

Severus era el número uno para sacarle sonrojos. ¿Acaso la pregunta quería decir que la veía más como objeto sexual que como pareja? Sí, tenía que ser eso. Ya no que no aportaba mucho a la relación, Severus tenía que intentar avivarla de alguna manera, y el único camino era yéndose a lo físico.

3.**¿A él le apetece ir a vacaciones éste verano?

No, y más no. Severus estaba completamente en contra de las vacaciones. Ella ansiaba salir, y él no quería. ¡Oh, no! Última pregunta…

4.**¿Él se ríe de tus chistes o gracias?

¿Qué? Jamás. Severus sólo se reía de sus desgracias. Jamás le festejaría algún chiste. ¿Así de aburrida era ella? ¿No tenía nada interesante para Severus?

―¿Acaso mi relación es en vano, un caso perdido? ―se indagó a sí misma. ¡Uf! Mejor no volvería a abrir la boca, podría entrarle una mosca gigante y podría atragantarse. Mejor era no correr riesgos innecesarios. Miró otra vez la revista, hacia la tabla, y mentalmente se puso a sacar cálculos: si se arriesgaba a sacar pluma y tinta lo más probable es que se le voltease y manchara el suelo.Sumó, restó, dividió, multiplicó sacó raíz y logaritmo de los resultados para las respuestas de "Sí" y "No" y lo comparó con el diagnóstico final:

De 9,6781 a 9,99999991: ¡Mala suerte! Has escogido a tu media naranja equivocada. Puedes estar segura de que es traficante de drogas o un criminal desalmado encubierto. A la vez te está engañando, y lo más probable es que sea alguien de la banda para quién trabaja. Su relación está pendiendo de una cuerda, te encuentra algo aburrida y sensible. Así que si quieres seguir con él, en vez de denunciarlo o simplemente alejarte, tendrás que poner mucho de tu parte, y hacer cosas nuevas, así cambias la rutina. ¡Arriba el ánimo, e intenta elegir mejor para la otra!

Merlina no pudo evitar abrir la boca de la impresión. Los resultados eran cien por ciento muggles, eso estaba clarísimo, pero de todas maneras era aplicable a los magos: o sea que Severus seguía siendo un leal Mortífago, estaba aburrido de ella, y para peor, la estaba engañando. ¿Cómo fue tan ciega? ¿Cómo diablos no se dio cuenta antes? ¡Todas las señales que él le dio durante meses, y no fue capaz de abrir los ojos! Pero esto no podría seguir así. Esto tenía que terminar, debía tener un límite. Se estaba burlando de ella, y eso no lo iba a permitir, así que…

La puerta se abrió súbitamente y se volvió a cerrar. Severus venía con la capucha de la túnica puesta. Merlina se enderezó y agarró la revista, enrollándola, como si con eso pudiera defenderse. Lo señaló.

― ¡HAS ESTADO JUGANDO CONMIGO, SEVERUS SNAPE!

Severus se sobre saltó, y dejó la labor de hechizar la puerta. Se dio vuelta lentamente, con una mirada que reflejaba desentendimiento total.

― ¿Qué dices?

― ¡Eres un MORTÍFAGO!

El labio inferior de Severus tembló y se agarró súbitamente la muñeca.

― Pensé que no te importaba que yo… ―comenzó el profesor, sin saber qué hacer, pero fue interrumpido.

― ¡Has estado conmigo sólo por… sólo por estar! Te aburro, ¿a que sí? ―chilló Merlina, blandiendo la revista ― ¡Me estás engañando, lo sé! ¡Dime quién es ella! ¿La conozco? ¿Es Mortifaga también? ¿Desde cuando que están juntos? ¡Contéstame!

Severus miró la revista unos segundos, con los ojos entrecerrados. Luego miró a Merlina y frunció el entrecejo. Se acercó unos cuantos pasos, antes de que la joven gritara:

― ¡No te me acerques! ¿Cómo se yo si no estás contagiado con una enfermedad, o vas a golpearme, o vas a hechizarme con la varita? ¡Guarda la varita!

Severus no podía hablar. Estaba atónito, y simplemente se limitó a hacer lo que ella pedía, sin embargo… Ella no podía ser Merlina en realidad. Algo debía haberle sucedido.

― ¿Qué comiste?

― ¿Qué? ¡Yo, aquí, peleando contigo y tú me preguntas si he comido algo! ¡Pues no, no he comido, no he bebido, porque estoy segura que tú has envenenado las cosas! ¡Y sé que algo me hiciste para que me diera un dolor de cabezas horrible, pero se me pasó porque tomé una poción que me lo quitó! ¡Y luego de eso vine a ver la revista, la cual me hizo reaccionar de todas tus mentiras y….! ¿Adónde vas?

Severus había desaparecido tras el pasillo hasta la habitación. Pocos segundos después volvió con una botella en la mano. Esa botella estaba a la mitad, y en su etiqueta decía "PARANOIA". Hasta la mitad el efecto duraba, mínimo,veinticuatro horas.

― ¿Te bebiste esto?

― ¿Cómo sé si no cambiaste la botella y estás intentando confundirme?

Severus cerró los ojos unos segundos. Luego echó la botella en su bolsillo y a cambio sacó otra, que estaba llena.

― Como no me tienes confianza, no te daré esta botella: está envenenada.

― ¿Qué? ¡Mentira! ¡Qué apuesto que no lo está y simplemente me estás mintiendo!

― Lo siento, no te la daré ―Severus estiró la mano hacia ella―, está envenenada, y tendrás que quitármela.

― ¡Y así lo haré! ― Merlina, enojada, se aproximó hasta él, le sacó la botella de la mano y la destapó.

― Te lo advierto…

―¡Cállate Severus Snape, mentiroso…!

Bebió. Y alcanzó a tomar sólo dos sorbos, porque luego se le cayó la botella de la mano, y antes de que pudiera ella caerse, Severus la atajó entre sus brazos. Había quedado inconsciente. Con un suspiro, Severus la llevó hasta la cama, le sacó las zapatillas y la acostó. Con un día de sueño bastaría para que se le pasase el efecto de la poción de la Paranoia. Pensativo, abrió la revista y buscó lo que había hecho que Merlina desconfiara de esa manera de él.

No supo en qué momento llegó allí, sólo pudo percatarse que estaba acostada, con ropa normal, y la cabeza puesta encima del pecho de Severus. La tenía abrazada y le acariciaba parte de la espalda. ¿En qué momento se había ido a dormir? Recordaba un vago sueño en el que ella leía una revista y… Dirigió sus ojos hacia la ventana: estaba nublado, y no tenía idea qué hora era. Luego miró hacia el velador y vio una revista… la misma del sueño. Había sido un sueño, ¿no? Alzó la barbilla hasta toparse con la mirada profunda de Severus.

― Desde hoy están prohibidos todo tipo de informativos, periódicos y revistas muggles ―susurró.

Merlina pestañeó.

― Juro que no he vuelto a tener pesadillas con el fuego…

―No es eso. ¿No recuerdas nada de la escena que me montaste ayer, cuando llegué, casi a esta hora?

¿Escenita? Y entonces cayó en la cuenta.

―Juro que yo… no entiendo cómo… Jamás desconfiaría… ―comenzó a levantarse lentamente para mirar mejor a Snape. Éste, de la mesa de noche, tomó una botella y se la enseñó. El líquido era de un verde brillante y no estaba llena ― Esto es lo que tomé para el dolor de cabeza ―anunció Merlina.

―Sí, y lee la etiqueta.

Paranoia. ¡Diablos!

―Esto es algo así como… ―balbuceó.

―Esto te hace desconfiar absolutamente todo, y alterar las cosas. Y esto ―tomó la revista ― es partícipe de lo que hiciste ayer.

―Lo siento, mucho, Severus…

―No, no tengo nada de qué disculparte. Pero te aclararé varios puntos, por si en algún recóndito lugar de tu cerebro quedan dudas: a ti no te puedo mentir de mi condición, así que es totalmente sincero que no soy Mortífago ―Merlina iba a protestar, pero éste continuó ―; segundo, ¿engañarte yo a ti? ―se enderezó en la cama y se aproximó a su cara ― eso es aún más imposible que lo anterior. No me puedo imaginarme a nadie más conmigo. Por lo mismo, no me aburres. Si lo hubieras hecho, Morgan, te habría botado hace rato. Y, lo más importante: te amo ―la besó bruscamente. A los segundos, se separó ―, y lo sabes. Así que nada de tests raros. Y todo lo que salía aquí, fue pura coincidencia, sumando el hecho de que estabas completamente… paranoica.

― ¡Pero es tú culpa! ―saltó Merlina ― Deberías haberle cambiado el nombre a la caja, y haber puesto "Pociones para gente estúpida"―gruñó ―, así al menos habría tenido una advertencia previa.

― ¿Qué quieres decir?

―Nada ―Merlina sacó los pies de la cama, para levantarse, pero Severus la agarró del brazo y la obligó a sentarse.

― ¿Crees que te encuentro tonta? ¿Cuántas veces…? ¡Ahora sí me pareces tonta, Morgan! ¿Qué te sucede?

― No lo sé ― respondió, sin mirarlo, sintiéndose sensible.

Severus puso los ojos en blanco, y la abrazó por la espalda. Acomodó la cara en su cuello y resopló.

― Olvidemos esto. No vale la pena discutir por algo así, cuando te quiero proponer algo, y podemos discutir por cosas mejores.

Merlina bufó con fuerza.

― ¿Qué?

―Quieres ir de vacaciones, ¿o has cambiado de parecer?

Merlina se removió de su abrazo y se medio giró, para verlo mejor.

―Sí. Sí quiero.

¿Severus la llevaría a vacacionar? Eso era… era un sueño bastante irreal.

― Bien. Más te vale, porque he comprado los pasajes para mañana.

― ¿Mañana…? ¿Tan luego? ¿Por qué? ¿Dónde vamos?

―A… creo que es mejor que sea sorpresa.

Merlina se subió a la cama, arrodillada para poder quedar acomodada en frente de Severus, quien estaba sentado, con las piernas estiradas.

― ¡Oh, vamos! Dime.

Severus negó con la cabeza, insondable. Ni una mueca parecida a alguna sonrisa se reflejaba en su cara. Merlina se puso a horcajadas encima de él y lo agarró por la camisa, como si eso pudiera resultarle amenazante.

―Dime.

― ¿O sino qué? ―la alentó Severus, agarrándole las muñecas.

―O sino nada ―Merlina esperó que entendiera el doble sentido de la frase.

― Perfecto, mejor para mí. Tengo que enviar unos cuantos Patronus con información relevante.

― ¿Ah así? ¿De qué me he perdido?

―De nada. No te debes preocupar… ―se bajó de la cama, sacándose a Merlina de encima, y caminó hasta la puerta ― por ahora ―agregó en voz tan baja, que la joven celadora no alcanzó a escuchar.

― ¿No me vas a decir dónde vamos a ir? ―gritó cuando él hubo desaparecido.

― ¡No!

― ¿Ni por cuanto tiempo?

― Eso es relativo.

Merlina gruñó y se volvió a lanzar de espaldas en la cama. Se sentía furiosa y no sabía por qué. A los pocos minutos le comenzó un dolor atroz en la parte baja del abdomen. Luego comprendió que su periodo femenino favorito había llegado, y terminó por prepararse en el baño, para recibir al odioso período. Se acostó nuevamente. El dolor de cabeza volvió, tenía náuseas, y de puro orgullo no quiso decirle nada a Severus, hasta que fue a preguntarle si pensaba levantarse algún día.

―No tengo ganas ―masculló Merlina con la cara enterrada en las almohadas, boca abajo.

Severus sacó su varita, y con un simple movimiento de ésta, hizo que la frazada se echara por completo hasta atrás.

― ¡Estoy indispuesta! ―le avisó Merlina, cuando la cama comenzó a temblar violentamente: encantamiento terremoto.

Cesó.

―Eso era mucho más fácil que me lo dijeras en un principio.

La frazada volvió a tapar a Merlina.

―Realmente, jamás pensé que las mujeres se pusieran realmente insoportables y sensibles cuando están así. Creí que era un mito ―comentó Snape, con sorna, revolviendo uno de los cajones y extrayendo unas cuantas botellas.

―Accio cuchara ―susurró.

A los pocos segundos apareció una cuchara de plata, que se depositó en su mano. Tomó las botellas y se sentó en la orilla de la cama, cerca de la cabeza de Merlina.

―Vamos. Si quieres que los malestares tendrás que aceptar esto ―agitó las botellas ―. Y de pasada se te quita lo mañosa.

―Jo, jo.

Merlina se aprovechó un poco de su condición debilucha, haciendo que Severus se sintiera obligado a atenderla. Estuvo bastante rato acariciándole la cabeza para convencerla de que se tomara las infusiones, y otro cuarto de hora para que comiera la sopa de pollo que le había hecho especialmente para ella.

―Si no comes, te juro que te dejaré en la puerta de la calle ―la amenazó, acercándole la cuchara a la boca. Ése era su último recurso.

― No creo que lo hagas― dijo ella, girando la cara hacia la derecha, esquivando la cuchara.

― ¿Ah, no? ―Severus dejó la cuchara en la bandejay apuntó con la varita hacia ella ― ¡Evanesco!―todo desapareció ―. Comprobémoslo.

Rápidamente destapó a Merlina y la hizo flotar con un encantamiento. Merlina gritó.

―¡NO! ¡Bájame! ¡Comeré, lo prometo, lo juro!

¡Pam!

Cayó en la cama otra vez.

―Cuando se está en casa ajena tiene que respetar algunas reglas básicas, Morgan ―le reprochó el hombre volviendo a la posición de antes, y haciendo aparecer la bandeja de la comida ―. Como comer. Yo no gasto el tiempo cocinando para que no comas. Y no necesito que te pongas en huelga de hambre para bajar de peso ―se aproximó a su cara y bajó la voz ― Con los ejercicios nocturnos que solemos llevar basta para mantenernos en forma.

Merlina se sintió hervir. Y hervir en todos los sentidos. ¡Lamentaba estar en la condición que estaba! ¡Maldito sexo femenino! Bueno, aunque fuera hombre, tenía serias dudas si le gustaría Severus o no. En fin. Suspirando, abrió la boca, y recibió la primera cucharada de sopa.

― ¿No podría comer yo sola?

―Quiero asegurarme yo mismo de que lo hagas, gracias.

Mientras comía rehuía constantemente de la mirada inquisitiva de Severus. Rara vez demostraba su amor con palabras. De hecho, las palabras le ayudaban a equilibrar todo el cariño que le demostraba con hechos, como el insistir en darle la comida en la boca, o las simples caricias en la cabeza que le había hecho para que tomara las pociones para los dolores.

Entre esas miradas se encontró con el bolsillo de su camisa. En él había una carta que sobresalíabastante. Alcanzaba a ver parte de lo que decía: "…reunión con la Orden del Fénix…"

― ¿Puedo ir yo también?

Severus la miró extrañada hasta que se dio cuenta de lo que miraba. Tomó la carta y se la metió en el bolsillo trasero de pantalón.

― A ésta reunión no irán todos. Además nosotros estaremos de vacaciones en ese período.

― ¿Y para qué se están reuniendo? Tengo entendido que eso es para protegerse… bueno. Sabes a lo que me refiero.

―Nunca está demás hacer reuniones.

― ¿Está todo bajo control?

Severus miró la cara de inocente interrogación de Merlina, luego, sonrió con una mueca.

―Todo bajo control ―miró el plato vacío. Acababan de terminar ― Ahora, ¿crees que eres capaz de mover la varita para ordenar las maletas? Tenemos el traslador a las nueve de la mañana.

oOo

**Ahora sí.**Simplemente espero que les haya gustado este cap. El otro se viene, tal vez, un poco más... misterioso? no sé, pero yo creo que algo sospecharán de la actitud sospechosa de Severus.

Lo otro, para las fans de Severus, incluso de Tonks, vayan a mi perfil y revisen mis historias. Se van a topar con dos títulos nuevos, en realidad. Bueno, ahí verán, no les hablo más.

Besotes y abrazotes!

Cariños,

Sole

PD: Si les molesta la letra, el tamaño, o si hay errores, me avisan para corregirlos.