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Historia 32294 — capítulo 11
Ya lo sé que corazón que no ve
es corazón que no siente,
o corazón que te miente, amor.
Pero sabes que en lo mas profundo de mi alma
sigue aquel dolor, por creer en ti.
¿Qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir?
¿Para que me curaste cuando estaba herido.
Si hoy me dejas de nuevo el corazón partido?
(Corazón Partío- Alejandro Sanz)
Hermione se encontraba encerrada a su habitación. Sobre su cama, prolijamente tendida, había un vestido de colorido de tonos pasteles, una vincha con plumitas y unas zapatillas flexibles de color claro. ¿Cómo se le había ocurrido dejar su despedida de soltera en manos de Ginny? Rió involuntariamente recordando la voz de su amiga, al telefono, mientras le contaba ¡La maravillosa e increible idea que había tenido!
Había reservado una mesa en un restó de la cuidad, no tan conocido. Ella había ido una vez con unas compañeras de trabajo y le había encantado. ¡Es el lugar ideal para tu despedida, Herms! le había dicho, exaltada. Iban a ir Luna, Parvati, Stella, Gertrudis y un par de chicas mas, de la oficina. Ginny había puesto la condición de que todas se pintaran unas lineas coloridas en el rostro, como si fueran indiecitas. Y Hermione haría el honor completo llevando, claro esta, el traje completo. La misma Ginny había elegido el disfraz y se lo había mandado por correo.
Ahora estaba allí, a cinco horas de la reunión, pensando en como haría para salir a la calle con semejante atuendo.
- Tomate un taxi, amiga- había exclamado Ginny, como si fuera lo mas obvio del mundo, cuando ella le presentó el problema.
Ella lo había pensado pero... no quería ni que un taxista la viera en ridículo.
Steve le había solucionado las cosas.
- Llevate el coche, amor.
Ese mismo él se juntaba en lo de un amigo, junto a otros, a tomar algo para festejar el casamiento. Algo mas tranquilo, como lo que había querido Hermione.
Sin embargo su novio se había divertido con la idea de la pelirroja.
- ¡No olvides mostrarme las fotos luego, amor!- había exclamado, entre risas, antes de irse a trabajar.
Eran las 20.15. La castaña se miró al espejo y no pudo reprimir una sonrisa. Realmente se veía muy cómica y agradeció de corazón que su novio le hubiese dejado el auto. Controló su cartera y se subió al cómodo Audi Colorado, todo un lujo.
En tres días su vida cambiaría para siempre. Y ahora pasaría un momento divertido con sus amigas. ¿Qué mas podía pedir?
Comenzó a andar por la ruta. El lugar se encontraba algo alejado de su departamento. Subió el volumen del estéreo y comenzó a cantar, mientras vigilaba los carteles de la ruta.
If you need me, call me
no matter where you are
no matter how far, baby.
Just call my name, I´ll be there in a hurry
you don´t have to worry...♪
Le faltaban mas o menos 15 minutos para llegar.
Sonó su celular y descubrió un mensaje de Steve.
-- Amor! Que te diviertas mucho esta noche! ¿Ya saliste, verdad? Cuidate y no olvides que te amo. Steve. --
Sonrió y trató de no perder el camino mientras contestaba.
-- Si, vida. Ya estoy llegado. Que te diviertas tambien. Te amo. Hermione --
Volvió a pensar en las locuras que tendría preparadas su amiga pelirroja. ¡Le había pedido cada cosa! Sonrió echandole un vistazo a su bolso y de repente plantó el pie en el freno. Fue una suerte que la ruta estuviera desierta.
"¡No puede ser! ¡Soy una tonta!" exclamó indignada mientras viraba el auto para tomar el otro camino. Ginny le había pedido que llevara una cinta azul de 5 metros, un arco, unas flechas, una sábana clara y unos fósforos. ¿Para qué? ¡Vaya uno a saber!
Pero lo indignante era que ella había preparado todo para meter en su bolso y se lo había olvidado en el sillón del departamento.
"No puede ser" pensaba, con rabia. "Tanto revisar y termino olvidadome igual de las cosas. Ahora voy a demorarme como media hora."
Tomó su celular y le escribió a su amiga.
-- Ginn, tuve un inconveniente. Llego en media hora. Perdon, perdón. Te quiero y nos vemos en un rato. Hermione. -
El viaje de vuelta no fue ni con la mitad del buen humor que el de ida. Apagó el estéreo porque toda la música era ruidosa y le tocarón como mínimo cinco semáforos en rojo seguidos.
Llegó al edificio y consultó el reloj. Eran las 21.05. Debía haberse reunido con sus amigas hace cinco minutos, pero ahora llegaría mas que tarde. Subió las escaleras y empezó a girar la llave del departamento.
Lo primero que le extrañó fue darse cuenta de que estaba prendido el equipo de música, a volúmen extremadamente alto. Se suponía que Steve ya no estaba y ademas el odiaba la música alta. Dejó su bolso en un costado, olvidando por un momento para qué había regresado. Entonces empezó a escuchar unos sonidos que hicieron que su corazón se acelerara, de miedo, confusión y repulsión.
Caminó con cuidado para no ser escuchada, pese a que la música disimulaba cualquier sonido. Los ruidos eran cada vez mas claros y repugnantes. Parecían jadeos.
Comenzó a negar con la cabeza mientras se dirigía a la habitación.
Distinguió una camisa de Steve, desacomodada en un estante. Cada rastro iba alimentando sus horrorosas sospechas.
La puerta estaba entreabierta y ya no podía confundir los gritos. Se asomo tratando de moverse demasiado, a pesar de que todo el cuerpo le temblaba.
Y lo que vió casi la hace desmayarse allí mismo.
Sobre su cama ¡Su cama!, bajo las sábanas revueltas, se distinguía el cabello oscuro y largo de una muchacha, que gritaba descaradamente mientras se movía sin descanso.
Se tapó los ojos aunque eso no borraba la visión. Cuando volvió a abrirlos, ella se había volteado un poco y ahora ya no había dudas. Bajo la chica pudo ver el rostro perverso y sonriente de Steve, que besaba su cuello y acariciaba su espalda.
Hermione se quedó paralizada un momento, sin emitir sonido. Solo el rítmo de su corazón, que latía desaforadamente, rebelaba sus sentidos. Entonces sintió un nudo en la garganta. Se lleno de asco, de repulsión, de odio. Las lágrimas aparecieron sin aviso, inundando su rostro. Corrió a la puerta y volvió a tomar su cartera. Miró a su alrededor y, finalmente, se acercó al equipo de música y bajó todo el volumen, dejando los gritos al descubierto, que se apagaron al instante. Entonces abrió la puerta y la cerró con golpe fuerte, mientras volvía al auto y comenzaba a manejar sin rumbo.
Ronald Weasley corrió a la esquina para parar un taxi. Era una suerte que estuviera en pleno centro, porque allí los taxis pasaban a cada rato y al se le hacía tarde.
Debía estar en media hora en casa de los Kinkaid, para llevarle una invitación que debería haberle entregado a una amiga de la familia. La cosa es que había ido hasta allí pero la señora se había ido de viaje, entonces necesitaba alcanzarsela a Cameron para que se la mandara por correo. Pensó en llamar antes de ir, pero siempre había alguien en la casa. Incluso Cameron debía estar con los últimos arreglos para la boda, ya que faltaba cada vez menos.
Se reprochó no haber llevado el auto ese día a la oficina. Se hubiera ahorrado algo de tiempo y algo de dinero, también. Aunque eso no era un problema, por supuesto. Sonrió mientras los edificios le daban paso a los árboles. La ruta estaba bastante tranquila y calculó que llegaría incluso antes de lo que pensaba.
Vislumbró el gran portón. Se bajó del taxi y acomodó su saco antes de entrar. Llevaba bajo el saco negro una camisa azul celeste, que le resaltaba los ojos. Los jeans que tenía eran nuevos y cómodos. El hombre de la entrada lo saludó alegremente y lo dejó pasar.
Atravesó el parque y finalmente llegó a la puerta. El mayordomo le avisó que Cam y su madre estaban en el escritorio. En eso vio acercarse al Sr. Kinkaid.
-
Ron... que sorpresa verte por aca- estrechó su mano, con una sornisa.- Enseguida te llamo a mi hija...
-
No se preocupe- sonrió el pelirrojo.- Yo ire a buscarla, para darle una sorpresa. Me acaban de avisar que estan en el escritorio.
-
Me parece genial.- aprobó el señor, satisfecho.- Luego ven aquí y tomaremos un café. Ya falta poco para el gran día- exclamó, eufórico.
Ron sonrió mientras asentía. Luego se acercó a la puerta del escritorio. Ya desde allí se oían las voces de su novia.
- ¡Por supuesto que me ama, mamá!
No pudo reprimir una sonrisa. Aunque basto que siguiera la conversación para borrarsela por completo.
-
Eso es una suerte- decía la Sra Kinkaid.- Tu padre ya no podía asimilar la quiebra ante los abogados. Ahora, con el dinero de tu marido- enfatizó- vamos a poder solucionar todos los problemas.
-
Si, lo se- la voz de Cameron fue asombrosamente alegre y satisfecha.- Te dije que lo iba a lograr. Lo tengo a mis pies, y en tres días todo su dinero va a ser mio- dijo con orgullo. Ron sintió que el cuello de la camisa empezaba a apretarle.
-
No todo- rio la señora.- Pero por lo menos el necesario para sacar a tu padre de esta situación.
Ron no pudo escuchar mas. Se dio vuelta y empezó a dirigirse a la puerta, con miles de recuerdos y palabras batallando en su cabeza.
Sintió que el mayordomo le murmuró algo pero no tuvo idea de lo que dijo. El Sr. Kinkaid también lo miró extrañado.. "Hijo.. ¿Dónde vas?" le pareció oír.
Pero no le hizo caso a nadie. Solo se dirigió a la puerta.
Quería alejarse de ese lugar lo antes posible.
No podía creer su estupidez, su confianza en Cameron y su familia. Su propuesta de matrimonio. La bronca iba en aumento y no había manera de calmarse.
Consiguió un taxi y se subió de inmediato, dandole indicaciones para volver al centro. El celular empezó a sonar pero lo apagó. No quería hablar con nadie. Ya vería como afrontaba las cosas pero ahora solo quería irse.
Le pareció que el auto no avanzaba mas. El paisaje no cambiaba.
De repente se dio cuenta de que había un embotellamiento. La fila de autos era interminable y las bocinas comenzaban a darle dolor de cabeza. Para colmo el cielo empezó a tenirse de gris. Le pagó al taxista y se bajó, entre los gritos de la gente.
Cruzó la calle y llegó a una plaza, que comenzaba a vaciarse. Empezó a atravezarla, con el paso apretado y rápido. No veía nada, no quería ver nada.
Pero de repente, cuando fijó la vista al frente para vigilar el camino, se paralizó.
Frente a él había una muchacha castaña, mirandolo con la misma cara de sorpresa que debía mostrar su propio rostro. Estaba vestida de manera extraña, con un vestido claro y florido. Su cabello estaba algo despeinado y sus mirada, muy triste.
Las gotas de lluvia empezaron a caer, inadvertida y levemente.
Pero ellos estaban paralizados, inmóviles.
Con un nudo en la garganta.
Con una espina en el corazón.
Con miles de preguntas en los labios.
Sii!! he podido actualizar bastante rápido! no pueden quejarseee Jajajaja espero que les guste el cap! llego el momentooo jajajaja el prox cap lleva el nombre del fic :) y saben q falta cada vez menos pq son 15 caps en total :) bueno espero comentarios me costo un pco escribir este cap no lograba q qdara como queria pero bueno, este fue uno de los mejors intentos ojala les guste :) gracias a los q comentan por la buena onda de siempre, de verdad q si :) gracias gracias :)
reviews?? :)
besotes
Danyella