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Un nuevo mundo, una nueva vida — capítulo 7

**/A:**Después de tantos meses de espera y abandono de mi fic... he regresado. Lo siento en el alma, de veras, pero cuestiones de la vida se entremezclan y...

Bueno, en fin. Aquí les va...

FUNERALES, PARTE 2

Así, pues, en esa misma tarde, todo mundo se congregó en los grandes y hermosos jardines de Hogwarts, para despedir y llorar a sus seres más amados. Las familias de los caídos habían elegido a dos de sus miembros, para cargar el ataúd del ser humano muerto correspondiente. Y en el caso de que no quedaran familiares vivos, varias familias ofrecieron a varios de sus miembros. Todo el Mundo Mágico era Uno, todos tristes, todos unidos, todos de duelo.

Cientos de sillas plateadas, bajo la sombra de una carpa negra, sostenían a esos corazones dolidos y estremecidos. Todos y todas, vistiendo túnicas negras de gala, aguardaban al cortejo fúnebre para iniciar la ceremonia.

Allí estaban los fantasmas, tristes y solemnes. Estaban también los jefes de las casas, con la mirada hacia el lago azul profundo, que moviendo sus aguas suavemente los consolaba con su duce sonido.

Las sirenas y tritones, con su aspecto imponente.

Los centauros. Firenze había sido admitido de nuevo con honores, en la manada. Aunque débil, se mantenía en pie, sostenido por uno de sus compañeros

Los heridos, apoyados en sus familiares y amigos, incluso los más graves, estaban ahí, pues querían demostrar que. Pese a lo sufrido, aún eran fuertes para encarar la cruda verdad de la muerte, y para demostrar que si eran capaces de casi… morir por sus amados, eran capaces de honrarlos.

Estaba el anciano maestro de ceremonias, tal como en el funeral de Dumbledore.

Pero en este funeral, había claras diferencias. Muchos de los que habían estado sentados en el otro sepelio, no lo estaban, pues harían honor a sus caídos cargando su cruz sobre sus espaldas. Harry, Ron, George, y muchos otros…

Y al fin los vieron venir, con los blancos ataúdes sobre los hombros, dispuestos a terminar lo que una vez habían comenzado. El maestro de ceremonias se levantó, y comenzó a hablar, mientras los cargadores se detenían antes de pasar al área que pronto sería un cementerio.

"Damas, caballeros, alumnos, ex alumnos, amigos, todas y todos hermanos"

"Estamos todos aquí reunidos, como hace un año para honrar la muerte solo que no de uno, sino de muchos. El dolor que ahora sentimos es indescriptible. Ha sido una guerra, una masacre, la que nos arrebató a nuestras familias, amigos, compañeros de lucha. Sin embargo, esta vez, podemos emerger de las aguas turbias con la cabeza alta y erguida, y encarar al futuro con luz en la mirada. Ya estamos en la etapa final del dolor. Que Dios nos dé fuerzas para seguir adelante. Ellos murieron por nosotros. Ahora, nosotros debemos vivir por ellos"

Estas palabras fueron secundadas por un torrente de aplausos y lágrimas, y luego, el maestro de ceremonias procedió a leer los nombres, y los cargadores a depositar los féretros en tierra. Esa fue la parte dolorosa:

"Así, pues, procedo a leer los nombres de estos seres muertos en guerra, pero vivos en nuestras almas y corazones"

Se empezaron a leer nombres, y allí comenzó lo duro. A Harry se le hacía un puño el corazón al escuchar los nombres de tanta gente que había muerto por él, por todos, especial mente:

"Colin Creevey"

Un sollozo irreprimible salió de la garganta de Harry y se mezcló con el que el pequeño Dennis exhaló, con sus ojos llenos de lágrimas, junto con el gemido de su madre y el aullido de su padre.

"Remus John Lupin"

"Nymphadora Lupin-Tonks"

Con estos nombres, la asistencia entera tembló de dolor. Harry sintió las lágrimas correr por su rostro. Levantó la cabeza y vio algo que le llegó al alma:

La anciana Andrómeda, no pudiendo resistirlo, derramaba chorros de lágrimas por los ojos, mientras sostenía al pequeñito Teddy en brazos. El pobrecito nene lloraba, asustado. No por el hecho de la muerte de sus padres, pues era muy pequeño para entenderlo. Pero podía sentir el profundo dolor en el ambiente.

Harry se juró ser un buen padrino parra él recordando lo solo y abandonado que había estado en su infancia, sin nadie que lo cuidara ni respondiera por él, mientras bajaba el féretro de Remus a tierra y colocaba un hermoso ramo de crisantemos blancos sobre la tumba. Èl había cargado el dolor de Remus, y después el de Tonks, sobre su espalda.

Luego, no pudiendo resistir más, corrió a sentarse entre Hermione y Andrómeda, y tomó a su pequeño ahijado en brazos, con las lágrimas brotando de sus ojos, y aferrándose a ál como su más preciado tesoro. Andrómeda, entonces, pudo llorar abiertamente apoyada en su hombro, y hubo un pacto implícito de total confianza entre ambos.

A su lado, indescriptiblemente conmovidas, se hallaban Ginny y Hermione.

Y, finalmente:

"Fred Fabian Weasley Prewett"

Eso fue… fue…

Todos prorrumpieron en amargo llanto. Molly, apoyada en el hombro de su marido, desfallecida de dolor, se esforzaba por respirar. A él, lagrimones enormes le rebalaban. Bill y Fleur, abrazados con Charlie, miraban el ataúd ausentemente, como esperando a que Fred se levantara con una enorme sonrisa. Y Angelina sostenía la mirada en George, aferrándolo con las pupilas. Ella tenía arcadas y apenas podía respirar. Harry no podía ver. El dolor era tan grande que pensó que iba a morirse.

Ron y George cargaban la caja de Fred. Al segundo le temblaban los brazos y le dolía todo el cuerpo, pero resistía. No podía llorar.

El primero levantó la cabeza, y vio a Hermione y a su hermana. Hermione temblaba, pálida. La oyó llorar sobre el hombro de Ginny. Ella encontró sus ojos y ambos supieron que el lazo fraternal que tenían era más fuerte que nunca.

Sus miradas, acuosas pero firmes. Compañeros de juegos, de infancia, de batalla. Hermano y Hermana, juntos hasta el final.

Entonces, él miró a Hermione. Con sólo encontrar sus ojos, ambos se sentían más fuertes y sentían la conexión de sus corazones. El cuchillo en el alma de Ron pareció tener menos filo.

Con inmenso dolor y pena, colocaron a George en su lugar de descanso eterno, y adornaron la tumba con rosas rojas y blancas.

Roncorrió hacia su hermana, y se dieron un abrazo como nunca se lo habían dado.

Rompieron entonces a llorar, uno sobre otro, y se dio la más tierna escena de amor y ternura entre hermanos de la historia.

Hermione, ya no lloraba. Una sonrisa había asomado en su rostro. Y en el detodos.

Se hizo un minuto de silencio en honor a los caídos. Y finalmente, se escuchó la melodía de despedida: "The Call", de Regina Spektor

Un rayo de luz y esperanza bañaba los jardines de Hogwarts, junto con los rayos de sol. Todo parecía decir:

"Ànimo, vida, que ya vienen tiempos mejores"

ᇁᇁᇁᇁᇁᇁᇁᇁᇁ

N/A: ¿Qué tal? Es el capítulo más largo que jamás he escrito. Denme ideas para el siguiente, que después de esto, no los quiero decepcionar.

Bss

Lala