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Historia 33023 — capítulo 5

¡Hola! despues de un largo descanso aquí traigo el capitulo 5 . Pensaba subirlo el sabado pero la página se cayó y me atrasé. Espero que todos se encuentren bien y agradesco infinitamente sus comentarios que siempre contesto xD. Miles de saludos y ojala les guste el capitulo.

Favor de leer el pie de página.

V: Verdugos.

Las pupilas de Draco parecieron dilatarse al mirar a Carl. De pronto sentí, y puedo asegurar que ellos también lo sintieron, un silencio que cayó con tanto peso sobre aquella escena. Los latidos de mi corazón se oían fácilmente y por un segundo me dio la impresión que sus miradas hablaban. Tomé con fuerza la perilla de la puerta que separaba a ambos. Draco todavía afuera, en el marco de la puerta y Carl en el pasillo dentro de la casa. Tragué saliva sin saber que decir. -¿Ya se retiraba?- Las palabras de Draco cortaron aquel inmenso silencio que hablaba por todos. Su voz se oía seria y, en efecto, algo molesta.

-De hecho, no.- respondió Carl algo divertido recargándose en la pared a un costado del mío, empuñé mas la perilla y mis ojos vagaron al suelo. Las palabras no venían  a mí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y fue cuando me dí cuenta que Draco me había tomado por la cintura y acercado a su lado.

¿Lo hizo para alejarme de Carl? ¿O solo su inconciente deseo de poder lo impulsó a hacerlo?

-Siento mucho que no sea así, ya que mi esposa y yo tenemos algunos pendientes y no creo que sea prudente que se quede.- su mano recorrió mi espalda haciendo que me estremeciera al momento que me encaminaba por le pasillo cerrando la puerta, llegamos al pie de las escaleras y quedamos de frente a la puerta principal y puede observar a Carl todavía recargado en una de las paredes, mis ojos vacilaron hacia el comedor que se encontraba al lado izquierdo para luego vagar por la sala que abarcaba el ala derecha.

-No importa, entiendo que tengan cosas que hacer, pero debe saber que vine para invitarlos a una fiesta que daré el próximo sábado, y no me iré hasta que acepten la invitación.-

Me quedé perpleja al escuchar sus palabras, ¿fiesta?, el jamás me había dicho que ese era el motivo de su visita, o tal vez yo no le dí tiempo. La mano de Draco se paseaba ahora por mi cintura y pude percibir una leve sonrisa dibujada en sus labios. Estaba segura que aquellos gestos los hacía para provocarle celos a Carl, o solo para divertirse con mi reacción. -Por supuesto que iremos.- respondió con tal agrado que se me hizo irreconocible. Mi mano rodeo ahora su cintura y solo le hice un pequeño pellizco en su costado izquierdo. Aquella era mi señal para preguntarle que diablos le pasaba, miré fijamente a Carl que desde hace rato no me había retirado la vista, ¿notaría mi incomodidad o nerviosismo al estar cerca de Draco? ¿De verdad aquellas acciones despertaron celos en él?. Sentí como Draco se movió rápidamente pero sin llamar la atención y sus fríos ojos se clavaron en mí.

-Esta bien, los espero el sábado a las ocho treinta en mi casa, con permiso.- y con esto se retiro cerrando la puerta tras de él..

Dejé salir un largo suspiro y casi al instante empujé el cuerpo de Draco alejándolo de mi lado. Sus ojos seguían mirándome y la molestia con que llegó volvió a posarse en ellos.

-No vuelvas a tocarme.- agregué entre dientes subiendo las escaleras. 

-No lo vuelvas a permitir.- su voz la escuché lejana, volteé y vi que entró a la sala.

Aun no estaba dispuesta a retirarme, caminé detrás de él.

-¿Por qué le dijiste que iríamos? Es obvio que no te agrada.- estaba molesta, siempre estaba molesta en su presencia, Harry tenía razón, no se como todavía no nos habíamos matado. Lo miré sentado cerca de la pequeña mesa donde Carl había puesto las flores, entre sus manos yacía la pequeña tarjeta de disculpas insípida que me causó disgusto. Me quedé paralizada de pie, frente a él. Miré su rostro oscurecido por el plomo de sus ojos y solo pude pensar en una sola cosa.

No sé como pude meterme en esto.

No en el hecho de lo que pasaba con Carl, si no, en lo que había sucedido siete años antes, ¿Realmente la culpa nos orilló a tan desagradable suceso? ¿A tan tortuosa condena? Ambos así lo habíamos querido y ahora enfrentábamos las consecuencias.

-Tenemos que hablar.- escuché sus palabras tan vacías, como si no tuviesen sentido.

-¿Por qué regresaste te esperaba hasta las seis?.- interrumpí como si no me importara lo que tuviera que decirme, como si no me inmutara ni un solo gesto de su rostro.

-Regresé por que no podía posponer más esto, pero ahora no cambies de tema.-

Yo sabía de lo que quería hablar.

-¿Qué no cambie de tema?, ¿Acaso el preguntarte el por que regresaste tan pronto es cambiar de tema? Dijiste que tenemos que hablar, y bueno, estamos hablando.- Se puso de pie y empuñó sus manos, tenía muchos años que no lo veía hacer tal  cosa. La ira corría por su cuerpo.

-¡Ese es el problema contigo! -gritó estirando su mano haciendo que aquel florero de rosas cayera al suelo y se rompiera. -Jamás se puede hablar contigo, tengo años queriendo hacerlo y siempre estás a la defensiva, si te tomarás solo un segundo podrías darte cuenta que tenemos la llave para ser libre, para alejarnos y jamás volvernos a ver.-

Comencé a estremecerme con cada palabra y ahora estaba apunto de oír lo que siempre evité escuchar. -Hemos estados hundidos en una mentira que no hemos terminado de creer, que tal vez nunca podamos.-

Sus ultimas palabras parecieron extinguirse, me dí media vuelta y contuve las lagrimas.-Yo no te obligué a casarte conmigo.-

-¡Claro que sí!- gritó con una amargura desgarradora tomando mis brazos y haciendo que mis ojos cristalinos estallaran en lagrimas frente a él. No podía creer la facilidad con que me desmoronaba antes sus ojos. -Te sumiste en una culpa que te carcomió el alma y consumió los sentidos hasta volverte irreconocible.-

-¡No hables solo por mí!- chillé tratando de que me soltara -La descripción que acabas de hacer también es perfecta para ti, ¿o acaso olvidas que te maravilló la idea de casarte con una sangre sucia solo para auto castigarte por matar a tu madre?- mis palabras taladraron aquel glacial que consumía sus ojos y pude ver como algunas lagrimas recorrieron aquel inexpresivo rostro reflejando toda la desdicha que reinaba en nuestras vidas.

La culpa nos había consumido, había sido más fuerte que el odio que nos profesábamos.

Soltó mis brazos con una brusquedad hiriente y al momento tomó la pequeña mesa donde minutos antes yacía el florero y la arrojó en dirección hacia las escaleras. Solté un pequeño grito de terror y cubrí mi boca con ambas manos, observé como sujetó su platinado cabello y comenzó a jalarlo en señal de desesperación. Supe, como hace mucho sabía, que el tema de Narcisa era para él algo insoportable. Su madre había sido lo más valioso en su vida y nunca podría perdonarse tal atentado. No pronunciamos palabra, dejamos, como tantas veces, que el silencio consumiera nuestras desdichas. Pudo echarme en cara que yo, al igual que él, usaba nuestro matrimonio como autocastigo. Pero no lo hizo. Seguíamos estáticos, sin mirarnos y consumiéndonos en nuestros errores.

-Esto debe terminar.- alcancé a decir con voz entrecortada mientras observaba a Draco aun de espaldas hacia mí que asintió débilmente. -María debe estar preguntándose que ha sido todo este escándalo.- agregué tranquilizándome un poco.

Sabía que lo que teníamos terminaría, pero estaba segura que no sería hoy.

Draco giró hacia mi y sentí una punzada que me caló hasta el mas recóndito de mis poros. Sus ojos se encontraban rojos de tanto sollozar al igual que su nariz. No estaba segura si alguna vez lo había visto llorar, desplomarse contra la realidad, de aquella manera.

-Cuando regresé vi salir a Potter, y María se encontraba saliendo del jardín, supongo que salio mientras no te dabas cuenta, le dije que volveríamos a lo de antes, que solo viniera los domingos y se marchó.- asentí en silencio y me encaminé a mi habitación. Mis labios se tornaron secos y sentí como mis piernas falsearon, tal vez presas del miedo y la angustia que vivía en esos momentos. Logré llegar a las escaleras y antes de subir su voz me detuvo.

-Acepte la estupida invitación de ese clon viviente por que me gusta fastidiarles la vida, si yo no fuera estoy seguro que te largarías sola a su casa y me harías quedar a mí como imbecil, todo el mundo pensaría que eres una cualquiera.- seguía con mi vista fija en él. ¿Cómo podía cambiar su carácter tan rápidamente? Primero se encontraba devastado y sumergido en lágrimas por la plática que habíamos tenido y ahora me volvía a hablar con una frialdad tan emergente y tosca con aires de superioridad que era difícil descifrar si en verdad era el mismo.

Sonreí tristemente y seguí mi camino, pensé en reprocharle aquella decisión, pensé  en hacer une escándalo tras sus contradicciones. Primero quería acabar con aquel matrimonio y después seguía con una firme decisión de aparecer en una fiesta como un matrimonio feliz. Sus incoherencia me estaban volviendo loca y ha estas alturas no me quedaban fuerzas para batallar contra aquello. Creo que el recordar el pasado nos dejaba tan agotados que divagábamos en el presente. Yo sabía que podíamos terminar con aquel tormentoso matrimonio, sabía que solo bastaba que uno de los dos tomara sus cosas y se largara para ponerle fin a todo esto. Teníamos el valor de hacerlo. Muchas veces yo había empacado mis maletas pero jamás bajaban por las escaleras, otras tantas Draco había hecho las suyas llevándolas al coche pero a los diez minutos regresaba y todo seguía igual. Éramos un círculo vicioso. Por lo menos, yo, nunca terminé de consumar mi decisión por remordimiento, por no romper la promesa que marcaba mi vida. Pero ignoraba totalmente las razones que Draco tenía para seguir volviendo a éste calvario. 

Cerré la puerta de mi habitación y me lancé a la cama como una niña de seis años, comencé a sollozar contra la almohada mientras las imágenes de aquellos primeros días al lado de Draco invadían mis ojos. Veía la desértica casa que se convirtió en nuestra jaula durante siete años. Olía el aroma a madera que trataba de borrar el olor a desdicha que ambos traíamos impregnados en la piel. Y la imagen de aquel verdugo se postró ante mí. Su pálida piel y escuálidos ojos registraban mi cuerpo mientras sus palabras se alojaban en mi memoria. Aquellas primeras palabras después de la boda.

-Ni pienses que disfrutaré ni por un instante respirar el mismo aire que tú, comer en la misma mesa y peor aun, presentarte como mi esposa.-

La manera tan asquerosa con que pronunció cada palabra debió haber sido suficiente para que saliera corriendo de ahí. Para que gritara y anulara éste matrimonio que jamás debió ser. Pero yo me quería castigar, yo quería cobrarme venganza por haber matado a Ron y Draco quería lo mismo pero él por que mató a Narcisa. Dejé de sollozar, abatida por mis errores y cerrando los ojos me dejé llevar en un manto de sueño. Éramos nuestros propios verdugos.

**Importante:**Sé que elcapitulo estuvo demasiado corto pero tenía que ser así, más adelante sabrán el por que. Ahora, tal vez esten confundidos por la manera en que narré las situaciones, por lo menos yo siento éste capitulo algo rebuscado. Así que les diré que no se preocupen si se han sentido perdidos, las cosas se descubriran de a poco en cada capitulo. Es muy importante leer entre líneas, ya que algun detalle puede haber oculto.

¿Por que éste par no se separa de una vez si se odian o sufren tanto?.¿Qué se los impide? ¿Se aman?¿Como mató Draco a Narcisa, y Hermione a Ron?En una serie de capitulos más todas esas preguntas tendrán respuestas, no se desesperen. Si tienen alguna otra duda les agradecería mucho que me la dejarán en algun comentario para tratar de reponderselas en el mismo comentario o en el transcurso de la historia. Saludos.

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