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Historia 33402 — capítulo 1
Como lo prometí, aquí está la segunda parte de la historia "TODA LA VERDAD"
Espero que lo disfruten.
Sintiendo que me faltaba aire en los pulmones vi como, el mierda de Potter, pasaba pomposamente frente a mí acompañado de su perro faldero, también conocido como Sirius-me-río-como-perro-Black, Sirius-soy-la-sombra-blanca-de-Potter-Black o el clásico y, también, el que más me gustaba, Sirius-solamente-pienso-con-la-cabeza-más-chica-Black.
Sin embargo, el problema no había sido que Potter se pasara luciendo por frente mis ojos, aunque lo odiaba y me daban arcadas cada vez que lo veía, sino que el dilema era que andaba con su traje de Quidditch y, como ese estúpido que lo odio completamente, era conocido por todas las mujeres como James-tengo-un-trasero-espectacular-Potter, me dejaba alucinando… es decir, mi problema era su trasero.
Decir que el trasero de Potter es espectacular, es poco, muy poco. Era simplemente perfecto. Duro, parado y, más encima, con unos pantalones que le apretaban… simplemente, me dejaba sin respiración y deseando más. Mucho más.
Cada vez que Potter pasaba frente a mí con su traje de Quidditch, obviamente sin esa cosa tipo túnica que ocupaban encima, yo quedaba hecha un dilema.¿Tocar o no Tocar? Ese era la cuestión. Un dilema que me dejaba parada como una estatua, babeando y con las manos apretadas fuertemente para no abalanzarme sobre su trasero y tocárselo para comprobar, con mis propias manos, si era tan duro como se veía.
¡Oh, mierda!, pensé, mientras veía como a Potter se le caían todo sus libros y se agachaba a recogerlos.
Apretando fuertemente los puños y mordiéndome el labio, cerré los ojos desesperada. ¡Será muy cabrón el hijo de puta! ¿Por qué, justo en este maldito lugar, se le tenía que caer los libros que andaba trayendo? ¿Por qué, justo frente a mis ojos, se tenía que agachar para recogerlas? ¿Y por qué le quedaba tan apretado ese maldito pantalón? ¡¿Por qué?!
Sintiendo que el sudor comenzaba a bajar por mi espalda, no lo aguanté más. Juro por Dios que hice todo mi intento, ¡Lo juro! Pero el demonio de lujuria, que se había apoderado de mi cuerpo, era mucho más fuerte que yo, mucho más y yo no podía combatir con un rival tan fuerte como ese.
Mordiéndome el labio, me acerqué al lugar en donde Potter todavía se encontraba agachado. Aprovechando el momento en que Black estaba distraído ayudando a recoger los libros, me puse silenciosamente detrás de Potter. Estirando los brazos, posicioné mis dos manos en su trasero y apreté hasta que no pude más.
Tan concentrada me había encontrado en el proceso que, cuando Potter se levantó de un golpe asustado, yo me tropecé con sus pies y caí pesadamente al suelo, justo a los pies de mi Némesis.
-¿Qué mierda…?.- escuché que maldecía Potter.
Pestañando inocentemente, sonreí, todavía desde el suelo, cuando las miradas de Potter y Black se clavaron en mí.
Pestañando sorprendido, con la mandíbula tiritando, dijo Potter con un hilo de voz, que se oyó bastante afeminado.
-¡Por Merlín, Evans!.- exclamó, sin cambiar el tono de voz.- ¡Me has…! ¡Me has…! ¡Tocado!
Tragando nerviosamente, comencé a pensar un plan, ya que, por nada en el puto mundo, quería que Potter descubriera que yo le había tocado el trasero solo por simple placer. ¡Ante muerta que mostrarle un signo de debilidad a ese troglodita!
-¡Por Merlín, Imbécil!.- comencé diciendo con el entrecejo fruncido y tono enojado.- Pues está más que claro que yo no te e tocado el trasero. Hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta que yo… que yo me e tropezado y, por un intento inútil para no caerme, te agarré el trasero sin querer, porque, escúchame bien, Potter, yo jamás, JAMÁS, te tocaría el trasero por mi propia voluntad. O sea, of course, tengo mejores gustos. Además.- seguí platicando, mientras me podía de pie tranquilamente.- es como obvio que te a encantado el hecho de que te e tocado el trasero, aunque fue un accidente. Un accidente que nunca más se repetirá, porque, una dama como yo, nunca anda tocando traseros como si estuviese obsesionada con ellos. Pero, te lo repito, Potter, por si no lo has entendido, para mi no hubo ningún tipo de placer tocándote el trasero.
Al parecer los había dejado estupefactos. Potter me miraba entre sorprendido y herido por mis palabras y Black me miraba con la boca abierta.
-¿Tocado, Evans?.- dijo Sirius, el cual, recién en ese momento, había recuperado el habla.- ¡Pero si lo llegaste a levantar con tú "tocada" de trasero!
Haciendo rodar los ojos, seguí actuando lo mejor posible, mientras pedía a todos los dioses no sonrojarme por estar mintiendo de esa manera tan descarada.
-¿Y?.- dije haciéndome la indiferente.- Si fuera el caso de que yo lo hubiese hecho a propósito y no un accidente como sucedió ¿Acaso una mujer no puede hacer eso o solo los hombres tienen ese privilegio?
-N-no.- tartamudeó el imbécil con el trasero duro, porque si que lo tenía.- Pero, ¿Por qué te has agarrado precisamente de mi trasero?
Dándole la espalda por unos segundos, sentí como mis mejillas ardían por la vergüenza. ¿Es qué acaso Potter no podía quedarse callado?
-¿Y qué importa eso?.- dije.- Simplemente, me caí y, lo primero que encontré para agarrarme de algo, fue tu trasero. Más encima, no puedo comprender por qué reclamas tanto.- seguí, mientras me daba vuelta para mirarlo a los ojos.- Sé que siempre has soñado con eso, si que ahora no puedes negar el hecho de que te ha encantado.
Se mantuvo unos segundos callado, eso significaba que yo tenía razón. Que había ganado esa pequeña batalla y, como iba la cosa, también iba a ganar la guerra.
Lily Evans, me dije a mi misma, eres todo una genio.
-Pues obvio que si le gusto.- dijo Sirius hablando por Potter que, al parecer, un ratón le había comido la lengua.- Cornamenta lleva años deseando que lo toques… - se quedó un segundo en silencio.- aunque a él le hubiese gustado que le hubieses agarrado de esa manera su…
-¡Cállate, Sirius!.- lo interrumpió un trasero espectacular, quiero decir, Potter.
Alzando una ceja, lo miré atentamente. Mm, estaba sonrojado. Interesante.
-¿Callarme?.- preguntó.- ¿Y por qué? Yo lo único que quería decir es que a ti te hubiese gustado que Evans te agarrara tu… -cerré los ojos dándome cuenta de lo que quería decir Black.- tu hombría. Lo que te hace un macho. Ya sabes, lo que a todas las mujeres les gusta.- se calló, hizo girar los ojos y siguió.- Bueno, a todas las mujeres excepto a las lesbianas.
¿Qué les gustaba a todas las mujeres? Sonriendo, fui bajando mi mirada hasta que la clave en la parte delantera del pantalón de Potter. Al parecer, los pantalones apretados eran un muy buen invento, no sé por qué los hombres no lo ocupaban, porque, por lo que había visto en mi enemigo que odio, esos pantalones hacían que todo se viera más grande.
Tan concentrada me había encontrado mirando el… bueno, el paquete de Potter que, cuando escuché que Black tosía ruidosamente, levanté la cabeza de golpe y sentí como mi cara enrojecía cuando vi que James, es decir, el estúpido de Potter me miraba con una sonrisa ladeada y Black con una ceja alzada.
-¿Has encontrado algo que te interese?.- me preguntó Sirius con sorna.
Levantando mi barbillas orgullosamente, le respondí con indiferencia.
-No, es demasiado pequeño para mí. El de mi ex novio era más grande.
¡Merlín! Que mentira más grande. El de mi ex novio era… pequeño, muy pequeño. Ni en comparación con el bulto que tenía Potter, pero yo no podía quedar como interesada ante ese… ese simio, si que, por esa razón había mentido.
-¿Es qué ya se la has visto, Evans, que hablas con tanta convicción?.- preguntó Sirius con el entrecejo fruncido.
-Pues claro.- le respondí.- Mi ex novio era un hombre que conocía muy bien las artes del placer y te lo puedo decir por experiencia propia.
Y ahí iba otra mentira. ¿Desde cuando el chico que duró un minuto me daba placer? ¡Sólo me había acostado con él una vez, en la cual había perdido mi virginidad, y el perro bastardo me había dejado a la semana siguiente! Por favor, ¿De qué placer estaba hablando yo?
Viendo que Potter me miraba dolido y baja la mirada al suelo, tuve remordimiento. Él, al parecer, de verdad estaba enamorado de mí, pero no me importaba. Yo lo odiaba y eso era todo lo importante para mi.
-Es mejor que nos vayamos, Canuto.- dijo de pronto saliendo de su silencio.- Voy a llegar tarde al entrenamiento de Quidditch.
Y, sin más, se dieron media vuelta y se marcharon.
Dando un suspiro, volví a apretar mis manos cuando recordé el glorioso momento cuando mis manos apretaron el trasero de Potter y, lo mejor de todo, es que todo era verdad. Lo tenía duro, parado y era ideal para ser agarrado con las dos manos.
Sonriendo lentamente, escuché que Potter gritaba a lo lejos.
-¡A mi jamás me gustará Evans! ¡A mi me gustan las rubias!
Frunciendo el ceño, entrecerré los ojos. Así que a Potter le gustaban las rubias, pues si él quería una Lily Evans rubia, la iba a tener.
Próximo capitulo.
Secreto 2: Potter las prefiere rubias