Historia Sin Memoria — capítulo 2
El viento tumbaba las hojas y hacia ver el suelo de un tono naranja rojizo, no puedo negar que mi casa era hermosa y en otoño se veía como una imagen de una postal, elegante, distinguida y refinada. Si yo viera una postal con la imagen de mi casa, pensaría que allí vive una gran familia en un ambiente acogedor y agradable.
Pero ahí solo vivía yo.
Luego de deleitarme con la vista de mi casa, salí de mi carro y entre. Vacía, como siempre. Me fui a la cocina y me preparé algo de comer, no me había dado cuanta que me salté mi hora de almuerzo por estar en la biblioteca.
-Si no es molestia, yo también quiero uno.
-Ahí están los ingredientes, sírvete. -Le dije a Sam que siempre venia acompañado de su estomago vacío. -Creo que debería pagarte por alimentarme.
-No me hables con la boca llena y deja de ser estúpido que sabes que a mis papás no les molesta que comas aquí.
-No sea molesta porque no saben, hahahahaha.
-Buen punto, pero nadie les va a decir… entonces, ¿helado? -le pregunté sacando un gran tarro que decía vainilla.
-Por favor.
El sol empezaba a desaparecer de la ventana y la temperatura empezaba a bajar un poco, habías estado toda la tarde mirando televisión y durmiendo. No es que fuera muy productivo nuestro tiempo, pero así la pasábamos bien. Al final de la tarde había que afrontar los problemas de física que San no entendía.
-¿Libro y cuaderno listos? -pregunté
-Sí
-Que tal si empezamos por el 4.
-Que tal si empezamos por la explicación de tu nota depresiva de hoy. -dijo Sam clavándome sus ojos azules sin intención de aceptar un no por respuesta.
-No voy hablar de eso. Lee el número 4.
-Ana, puedes confiar en mí. Estoy para escucharte.
-Eso me dice mi terapeuta.
-La diferencia entre tu terapeuta y yo, es que a mi me das helado.
-¿Qué quieres que te diga? -le dije exasperada, en serio no quería hablar de eso ahora. - ¿Que mis padres me abandonaron y necesito afecto?
-Solo dime la verdad… sabes que hoy se cumple un año.
-¿En serio? ¿Se supone que vamos hablar de eso ahora? No Sam, he tratado con todas mis fuerzas de no pensar en eso, he tratado de olvidarme de todo, ¿Eres conciente que estoy medicada para que no me ponga como hace un tiempo? Sam, las pastillas aunque no me dejen llorar, no matan lo que siento, es como si adormeciera mis sentimientos y en el momento en el que las deje de tomas simplemente me voy a quebrar.
-No si yo estoy aquí.
-En en momento en que las deje de tomar, mas te vale correr.
-Deja de ser boba, tampoco seas dramática.
-No soy dramática, solo recuerda lo que paso hace un año.
-Ven. -Dijo poniendo su mano frente a mi- vamos a dar un paseo.
-Vas a perder física si no te sientas y estudias.
-Prefiero no perder a mi mejor amiga. Confía en mí.
-Ese truco barato de confía en mi no sirve conmigo, es obvio que confío en ti, eso solo lo dices para retarme.
-Esta bien, entonces te reto a que salgas a caminar conmigo.
Caminamos unos veinte minutos por el medio de árboles gigantescos que tapaban la poca luz solar que aun había. No nos dijimos nada, solo íbamos caminando cogidos de la mano. No sé que intentaba Sam pero ya estábamos muy lejos de mi casa y hacia frío.
-Aquí está bien, siéntate. -me dijo ofreciéndome su sweater.
-Se te olvido la tabla ouija.
-Que graciosa eres, no se me ah olvidado. -lo mire entre asombrada y asustada.
-Llévame a mi casa.
-Cálmate, no se me olvido, simplemente hoy no es día para contactar al más allá.
-Deja de jugar con eso, sabes que me da miedo.
-Todo te da miedo. ¿Por qué?
-Por que mi vida, amigo, no es como la que todo el mundo cree. No sé por que me lo preguntas, si tú sabes que hace nueve meses estaba internada en un centro de rehabilitación.
-Pero estas aquí, Ana. Eres más fuerte de lo que piensas.
-No me gusta pensar en eso.
-Deberías afrontarlo, o tus pensamientos te van a comer viva.
-Y si dejo de tomarme las pastillas, he pensado que volvería a ser más yo.
-Voy estar aquí, no te voy a dejar caer. Volvamos.
-¿Me hiciste caminar hasta aquí para esto? Te voy a matar, ya no vamos a tener tiempo para estudiar.
-Si corremos podemos llegar antes de que alguien nos encuentre aquí. -Hacia mucho tiempo que no me daba tanto miedo, un viento frío me rozo la piel de la cara y me di cuenta que esa frase tenía más verdad de la que me pudiera imaginar. En menos de diez minutos estábamos dentro de mi casa.
Hace mucho no actualizaba esta historia. Recibo comentarios :D
Gracias por leer.