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Historia 34364 — capítulo 3

Capitulo tres: Esperar

(Bella P.O.V.)

¡Pero que hacen escuchando detrás de mi puerta!, chillo Nessie; se veía muy agitada, pude percibir el miedo en sus ojos, inconscientemente volqué mi escudo en su cabeza dejando mis pensamientos desprotegidos.

Tranquila hija, dijo Edward con un tono de voz pacifico, venimos a preguntarte que quieres para cenar, finalizo.

Nessie se apoyó en el umbral de la puerta, parecía que iba a desplomarse, estiro una de sus manos para que yo la tomara, hacia parecer que el mundo se le había caído encima, y en parte era así, se estaba preparando para un gran regaño y de pronto las cosas no eran como ella creía, ese tipo de reacciones era parte de ser humana; el tener adrenalina acumulada para luego no utilizarla.

No quiero nada, logró articular Renesmee al tiempo que me abrazaba.

Pero debes comer algo, ¡mira que pálida estas!, dijo Edward uniéndose a nuestro abrazo.

No quiero nada papá, quiero dormir, dijo Nessie soltando grandes bocanadas de aire.

Bueno, metete a la cama, pero de todas maneras te traeré algo para que comas, no puedes dormirte sin cenar antes, le dije acariciando una de sus mejillas y llevándola hasta su cama Luego de darle un vaso de leche y algunas galletas dulces se quedo dormida profundamente.

Ahora cumple tu promesa, le dije a Edward quien me miro extrañado.

Prometiste que cuando nuestra hija durmiera tu ibas a ser mi prisionero, le recordé; una hermosa sonrisa de formo en sus perfectos labios. Considérate desde este momento en calidad de secuestrado, así que mi rehén querido, te espero en nuestra habitación, le dije para salir a velocidad vampírica de ahí.

Edward llego un minuto después, se había venido caminando a un lento paso humano para darme tiempo; Yo estaba esperándolo en el cuarto de baño de nuestra habitación, tenía la gran bañera llena a la mitad de agua caliente. ¿Vas a tomar un baño?, me pregunto desabrochando discretamente uno de los botones de su camisa.

Vamos, le corregí yo metiendo una mano en la bañera para revisar la temperatura del agua. La vamos a enfriar, dijo el tocando el agua con sus manos.

No importa, le dije; tu prometiste ser mi prisionero así que ahora te obligaré a ponerme jabón en la espalda, termine por decir mientras desabrochaba los botones de mi blusa tan discretamente como él.

Eres una chantajista, me dijo sonriente mirando mi ropa interior.

No es chantaje, le dije, es tu hermana quien me llevo de compras la semana pasada.

Gracias Alice, murmuro él para luego darme un cálido beso en mis labios. Nos decidimos de nuestra ropa y nos metimos en la bañera, era una sensación indescriptible el estar en la reconfortante agua caliente con mi cabeza apoyada en el torso de Edward, esa era una de las tantas cosas de las que nunca me aburriría con el pasar de los años. Deje que mi mente vagara con el calor del agua y los pequeños besos que Edward me daba en la frente, recordé mis días como la torpe y nada agraciada humana, cuando sentía que él era mucho para mí, que yo no merecía tener a semejante hombre tan perfecto como un dios griego a mi lado.

Pero ahora todo era diferente, hace años comprendí que estábamos destinados el uno al otro, yo había nacido para ser una vampira, más exactamente, yo había nacido para ser la vampira de él, de mi perfecto y adorado esposo. Ya no era torpe ni débil, con su veneno me había convertido en una hermosa y fuerte vampira, tenía mi talento, tenía mi autocontrol, tenía todo lo mejor de ser vampira si haber dejado de lado lo mejor de ser humana, tenía a mi hija, hija mía y de él, una hija que estaba sufriendo no sé porque, y yo me sentía destruida al no saber cómo ayudarla.

¿Sabias que cuando te concentras mucho en tus pensamientos dejas tu escudo de lado? Me dijo Edward; soy yo quien nunca mereció el cariño de un ángel como tú, dentro de todos los humanos de este mundo, tú eras la más hermosa, la más inocente, la más buena, la mejor, me dijo mientras se salía de la bañera y amarraba una toalla en su cintura. Extendió su mano para ayudarme a salir la cual acepté, dejé que él me envolviera en una toalla y me llevara a la cama; estaba tan preocupada por Nessie que de lo único que tenía ganas era de quedarme toda la noche recostada sobre el pecho de mármol de Edward.

El viernes ella verá a Nahuel, dijo Edward rompiendo el silencio que yo inicié. No es nada grave, lo que sea que tenga que decirnos lo dirá cuando esté lista, ella en estos momentos quiere hablar con alguien como ella, no con un vampiro, no con un humano, no con un hombre lobo; sino con alguien como Nahuel.

Tengo miedo, le confesé.

¿Miedo de que?, me pregunto él.

De que Nahuel quiera ser más que su amigo, que ande detrás de ella toda la eternidad por ser la única de su especie que no es su media hermana, dije rápidamente.

Nahuel no quiere tener una pareja, es más bien solitario, por lo menos esos eran sus pensamientos la última vez que lo vi. Dijo Edward para tranquilizarme, pero yo no iba a estar tranquila ni iba a esperar. Ese viernes la seguiría, me metería en mi nuevo auto con los vidrios oscurecidos y aunque sea de lejos, vería todo lo que ellos hacían.

Los días pasaban, y Nessie se comportaba más extraña con el pasar del tiempo, ni siquiera tenía cabeza para lanzar un chiste sobre rubias en la clase de gimnasia, por lo que era yo quien la defendía de la jauría de perras del grupo de porristas.

Como predije, hoy esta soleado, dijo Alice revisando una revista de modas.

Supongo que iré sola a la secundaria, dijo mi hija con un ligero temblor en su voz. ¿Por qué tan nerviosa sobrina? Pregunto inocentemente Jasper.

¿Quién?, ¿yo?, no tío, yo estoy bien, me voy entonces, ¡adiós!, dijo antes de salir por la puerta.

Esperé algunos segundos antes de salir junto con Edward y Rosalie en el auto, ella no fue a la escuela, la encontramos camino a la secundaria en una de las mesas de una cafetería, está allí con Nahuel, ambos se reían como si hubieran sido amigos toda la vida, Nessie se levanto de su silla y empezó a hacer una serie de lo que parecían ser pasos de ballet con un equilibrio perfecto y una elegancia inigualable, Nahuel la aplaudía y ambos seguían riendo.

¿Les dirás el lunes? Grito Nahuel cuando ella se alejo de la mesa; ella asintió con la cabeza y corriendo a una velocidad humana se fue hacia la secundaria.