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Historia 34427 — capítulo 1
Mi padre me había dicho cientos de veces como había muerto mi madre, porque yo se lo había preguntado cientos de veces, aunque esas cientos de respuestas que me había dado a lo largo de mi corta vida me había negado a aceptar la forma en que ella se había alejado de mí, al parecer, para siempre.
Era el primer sábado de mi vida, según me había dicho mi padre, tenía apenas una semana de nacida cuando mi madre había salido a un lugar que papá creía desconocer, de nombre "Hogsmeade" , a enviar una carta a su hermana.
Así que me había quedado con papá en casa, esperando a mi madre. Su nombre era Sarah, Sarah Aarons. Papá no sabía donde quedaba exactamente Hogsmeade, pero mamá le dijo que no tardaría más de una hora.
Se fue exactamente a las 12:30 pm, dejándole instrucciones a papá sobre cómo cuidarme; se despidió de papá para después despedirse de mí con un amoroso y cálido beso en la frente, no quería dejar a su recién nacida hija.
Yo estaba dormida cuando mamá se fue, así que mi padre esperaba que durmiera hasta que ella regresara, pero no fue así.
Desperté media hora después de que mamá se fue, llorando a más no poder, papá estaba en el piso inferior viendo deportes en la televisión, así que se sobresalto al oír mi llanto.
Subió a toda velocidad las largas escaleras hasta entrar en nuestra habitación-de mamá, papá y, por el momento, mía-, me tomó en sus brazos, me arrulló un momento y me dijo con voz suave que me calmara, me llevó abajo con él y me dio una mamila que mamá le había dejado preparada para mi.
Me calme unos minutos después, para bien de mi padre. Después de un rato me volví a dormir. Ya había pasado la hora que mamá dijo que tardaría y papá estaba algo preocupado.
Pasaron quince minutos… treinta... una hora… y mamá no llegaba, papá se debutaba entre si debía llamar o no a la policía, porque, de haberse retrasado o haber tenido algún inconveniente, mamá hubiera telefoneado a casa.
Pero no lo hizo. No lo hizo en toda la tarde, así que al anochecer papá decidió llamar a la policía, aunque dudó que pudieran encontrarla, tomando en cuenta lo que era .
Los oficiales llegaron y se fueron de casa, despertándome, llevándose una fotografía y respuestas de mi padre-cuándo, a dónde y por qué se fue-.
Llegaron dos horas más tarde alegando que la dirección que papá les había dado no existía, así que les dio una que creyó se acercaría a donde ella debería estar. Los uniformados llegaron a la mañana siguiente, despertándome de nuevo, dándole a papá la noticia de que no la habían encontrado.
Y así transcurrió una semana más, hasta que papá se rindió y decidió dejarla atrás y olvidar, aunque esto le dejó un gran hueco en el corazón.
Así que él fue quien tuvo que encargarse de mí, sin una esposa que le enseñara la manera correcta en que hay que cuidar a su hija, sin una esposa que le dijera que hacer para callar a una bebé que llora por horas, sin una esposa que le enseñara cómo criar a una niña, sin una esposa que le dijera que es lo que su hija necesitaría al crecer, al crecer y ser… como su madre…
Ese día era 16 de marzo, mi cumpleaños número once y eran, si mal lo recuerdo (cómo olvidarlo) las 4:38 am. ¿Por qué estaba despierta tan temprano? Porque soñé ese día en el que mi madre desapareció, o una invención de aquel.
Odiaba el día de mi cumpleaños, porque cada año recordaba que mi madre no estaba con migo. Así que dormí otro rato más y espere no volver a soñar con ella.
— Gail!!! Despierta cariño, baja a desayunar— me llamó mi padre desde el piso de abajo. Esperó un minuto mi respuesta, pero, al no escuchar nada, me llamó de nuevo:
—Abigail, baja ya, o quieres llegar tarde al colegio???— sabía que hacerme llegar temprano a la escuela no era la verdadera razón por la quería que bajara-en especial porque era día inhábil-, la razón era que quería felicitarme por mi cumpleaños.
Así que para no decepcionarlo del todo me levanté de la cama, me puse mis pantuflas de conejito rosa y bajé las escaleras de caracol. Al llegar el último escalón, papá ya estaba ahí con un pastel pequeño con un número once y los brazos abiertos para darme un gran abrazo.
Me abrazó y me deseó en voz muy alta "¡Feliz Cumpleaños!", luego me besó la frente y me puso delante el pastel para que apagara las velas. Así lo hice para después ir a sentarme a la mesa redonda de la blanca y amplia cocina a comer mi pastel de 3 chocolates.
Cuando terminé, papá me puso enfrente una cajita verde con un listón morado-mis colores favoritos-y supuse que era mi regalo de cumpleaños.
— Ábrelo, princesita— me rogó papá cuando notó que no me movía ni un centímetro. Lo tome y le quité el listón morado y luego el papel verde brillante. Era una caja pequeña, así que no tardé mucho en desenvolverla.
Terminé y abrí la caja, era un CD de música clásica. Fingí estar muy emocionada, para no decepcionar a mi padre. Él, al ver que "me encanto", me dijo:
— Lo compré especialmente para ti— esto lo decía siempre, con su carita de perrito inocente. Él sabía que me gustaba la música clásica, en especial Beethoven. Le dí las gracias y bebí un sorbo de mi vaso de leche.
— Hoy no voy a la escuela, papá— le dije— suspendieron las clases, lo olvidas???— .
— Oh, si, es cierto, bueno, creo que me confundí, de todos modos, bajaste, era lo que quería— .
Por supuesto. Pero bien, creo que valía la pena, tenía un nuevo disco para mi colección de Beethoven. Era viernes, así que papá me pregunto si invitaría a mis amigas a casa para celebrar mi cumpleaños.
— No tengo muchas amigas que digamos, papá, soy una antisocial— le contesté— así que no pienso invitar a nadie— .
— Oh, bien, entonces… que quieres hacer???— me preguntó papá.
— Nada en realidad, no me interesa mucho, solo… quiero pasar el día contigo, esta bien???—.
— Perfecto, entonces, quieres que te lleve al centro comercial a comprar algo??? O quieres que te lleve a comer a…— .
— No, papá, escucha— le interrumpí— no necesito nada y no quiero ir a un restaurante lujoso a comer ni nada por el estilo, solo quiero estar aquí, si, en casa, contigo y…—
Pero el sonido de tres golpes en la puerta no me dejo seguir. Ambos nos asombramos, puesto que no esperábamos a nadie tan temprano. Papá se levantó a abrir la puerta. Fui con el, me ganó la curiosidad.
Al abrir la puerta mi padre, no esperó encontrarse con lo que ahí había. Papá no sabía como reaccionar, se quedo tieso ante aquel hombre tan enorme. Por un momento pensé que iba a desmayarse, hasta que logró tartamudear:
— Qui-ien es u-usted???—
Entonces se desmayó. El gran hombre entró a la casa (con GRAN dificultad), recogió a mi padre del piso y lo llevó al sillón. Yo solo lo observe con cara de tonta. Nunca pensé que pudiera haber personas tan enormes, a menos que fuera un gigante, pero no existen.
— Oh, lo siento, pequeña, no quería espantar a tu padre de esa manera, nunca pensé que reaccionaria así, bueno, después de todo es un muggle y…—
— U-un que???— interrumpí al hombre, tartamudeando.
— Oh, si, un muggle, gente no mágica— me contestó el hombre, algo contento— pero eso lo hablaremos cuando tu padre despierte, Abbie— .
— Gente no mágica??? Y… cómo sabe mi nombre???— , pregunté asustada.
— Oh, bien, yo…— ,
Pero en ese momento mi padre volvió en sí. Se sentó y se agarró la cabeza con las dos manos.
— No esta aquí— empezó a susurrar para sí mismo— Sarah me habló de el, pero no pensé que-que lo vería alguna vez…—
— Papá???— pregunté, preocupada.
Mi padre alzó la cabeza y dirigió la mirada al gran hombre. Éste solo le dedicó una ancha sonrisa.
— Entonces es usted quien se casó con mi querida Sarah, eh???— preguntó el hombrezote, despreocupado.
— Aaa, si, supongo que es usted el guardián de no sé qué en su antigua escuela, o no???— respondió papá, con la voz temblorosa.
Me sentía fuera de lugar. Así que me obligue a hacer un par de preguntas al hombre en mi sala.
— Quién es usted??? Y-y de qué están hablando???— .
— Oh, lo lamento, querida— me contestó el gran hombre— soy Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería— .
Supongo que puse cara de tonta, porque el tal Hagrid se rió. Lo ignoré y le pregunté de nuevo:
— Pero ustedes dos…— comencé apuntando a Hagrid y a papá— se conocen???— .
— Oh, bueno, tu madre era mi alumna predilecta o algo por el estilo y…— .
— Un momento, Colegio Hognoséqué de Magia y Hechicería?!?!?!— pregunté espantada, con la voz muy aguda, y parpadeando muy rápido resaltando las dos últimas palabras— Y-y Criaturas Mágicas?!?!?!
Rubeus Hagrid se sobresaltó. Supongo que no esperaba una respuesta de mi parte de esa forma.
— Pero… es que no sabes nada sobre Hogwarts??? Es que no le dijiste nada sobre su naturaleza a tu propia hija, muggle???— preguntó a mi padre.
— Es que, no pense que… en verdad fuera a ir ahí, yo…— pero papá se calló al ver mi expresión.
— No pensaste que fuera a ir a Hogwarts???— preguntó Hagrid— Pero si es una bruja— dijo esto, emocionado.
— BRUJA?!?!?!— pregunté con voz agudísima, totalmente petrificada.
Sentí que se me movía el mundo, como si fuera a caerme y desaparecer al llegar al suelo.
No sabía exactamente de que estaban hablando, pero tenía un enorme presentimiento sobre la palabra "bruja" en mi descripción, después de todo, en los últimos once años, habían pasado infinidad de cosas extrañas a mí alrededor.
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Dejen comentarios porfavor
Asi ssabre si les gusto mi fic,, y lo continuare ^^