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Historia 34538 — capítulo 4

Capitulo 4: Gardénia.

Aparecieron en un lugar rodeado de árboles, así que no pudieron ver mucho más allá…

Daniela se encontraba extraña y se sentía rara, mientras que Daniel se hallaba fascinado, la única explicación para eso era la magia.

-¿Dónde estamos?- pregunto Daniela y su voz resonó por todo el bosque- ¿Qué paso con el museo?

-Debimos de viajar a este lugar- grito de asombro Daniel, su hermana lo fulmino con la mirada- es la única explicación, tocaste ese objeto y desaparecimos.

-Es imposible, la magia no existe- espeto furiosa, pero se callo cuando una fuerte brisa hizo tambalear los árboles, la niña intercambio mirada de asombro con su hermano- ¿Qué fue eso?

-Una prueba de que la magia existe- le respondió su hermano mirando para distintos lados- nunca digas que no.

La brisa volvió aparecer y los niños, desprevenidos, se cayeron al suelo, dandose un fuerte golpe…

El cielo se puso de color púrpura y los jóvenes se tuvieron que poner las manos en los oídos para no escuchar el ruido que provenía de lo más lejos del bosque.

Una brisa como de tormenta, como si una fuerte tempestad se aproximara por el occidente…

Daniel se levanto decidido y extendió sus brazos para disfrutar del aire que hacia, mientras que Daniela se apoyaba en el suelo, asustada.

-Esto me da miedo- dijo Daniela tratando de levantarse, pero con intentos fallidos.

-No seas tonta, esto es fantástico- espeto su hermano. El joven comenzó a saltar a distintos lugares, tenia aspecto de loco.

La brisa desapareció, y Daniel se tambaleo y se cayo… el suelo tembló y su hermana soltó una carcajada.

El cielo cambio precipitadamente, de un azul intenso paso a un gris oscuro… rayos iluminaron el cielo gris, truenos se oyeron en el lugar… Daniel y su hermana miraron hacia el cielo en el preciso momento en que las nubes dibujaban una figura:

De formas inexplicables, cambiaron a una figura que se entendía como dos humanos, para ser precisos, dos niños… luego, con un estruendo, cambio la forma a como una isla, un montículo de tierra… cambiaron de nuevo, pero esta vez, a los niños guiados por una figura de orejas puntiagudas y alta, el cabello se entendía como rojo, y perfiladas cinturas.

Y el cielo volvió hacer azul, por el estruendo de un cuerno. Los niños miraron a todos lados, asustados, no pudieron saber el final de esa historia.

A miles de kilómetros de allí, en el pico de una montaña se alzaba un castillo de paredes negras y desquebrajadas. El castillo no tenía tantas torres, solo una entrada fenomenal, de puertas grandes, y un patio delantero de aspecto terrorífico.

Una mujer, vestida con un traje de color morado que le llegaba hasta las rodillas y una piel que le cubría los hombros, despertó sobresaltada.

Los ojos eran negros, el cabello de color amarrillo, y unos ojos perfectos, estaba sentada en una especie de trono de color negro con un espaldar con cuernos sobresalientes. El salón donde se hallaba estaba iluminado por una antorcha que expulsaba llamas azules. Del techo, guindaba una lámpara de color rojo, y todas las velas se hallaban apagadas.

Al frente de ella, se hallaba una persona, con un traje negro, con una capa que le llegaba hasta el suelo, y flaqueaba por el viento que provenía del exterior. La cara la tenia cubierta de pequeñas cicatrices, el cabello le llegaba hasta los hombros y los ojos de color rojos.

-Han llegado… conque los Elfos tenían razón- dijo la mujer lentamente, con una voz fina, que atravesó las paredes de la habitación- la profecía era verdad.

-No se preocupe, mi Sra.- intervino el acompañante, la voz del hombre era gruesa y clara- no tiene de que preocuparse, los capturare antes de que sepan mas de lo que deben.

El hombro hizo una reverencia que casi toca el suelo con la nariz, y con un fogonazo, desapareció.

Daniel se encontraba sentado en la hierba, en cambio Daniela caminaba para distintos lados preocupada.

-Tenemos que irnos de aquí- espeto la niña ya cansada, levanto la mano, y señalo hacia el norte- ayúdame a buscar una salida.

-Intenta con el reloj- dijo Daniel señalando el objeto que sostenía su hermana- el nos trajo a este lugar, a lo mejor nos saca…

Pero un ruido sordo lo interrumpió, un ruido como a cascos, y los niños se juntaron agarrados de la mano…

Justo en el momento, en el que un caballo salía de entre los árboles. Un caballo de pelaje negro, que tenia encima a una figura con una capucha puesta, solo se le notaba la barbilla.

Los niños se limitaron a mirarlo, mientras que el encapuchado bajaba del animal. Su capa flaqueo al rozar la hierba del suelo, y la figura hablo.

-¿Qué son ustedes?- pregunto el encapuchado que Daniel identifico como una mujer, la voz era fina, y clara- ¿Pertenecen a este lugar?

-No, vinimos por equivocación- se adelanto Daniela, su hermano quería hablar pero Daniela lo callo- ¿Qué es esto?

-Esto es Gardénia, el país- respondió el encapuchado quitándose la capucha. El cabello rojo le cayo hasta los hombros, su cara era pálida, sus ojos bien trazados, de parpados finos- si non pertenecen a este lugar, entonces son humanos.

Daniela asintió.

-Eso significa que los estábamos esperando- siguió la mujer, su cabello y la capa flaqueaban por el viento- me llamo Wyrja, soy un Elfa de las montañas, yo los guiare hasta su destino.

Los niños desconcertados, vieron a la Elfa a los perfectos ojos, y Daniela sintió que les aguardaban cosas sin imaginación.

Continuara...