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Historia 34858 — capítulo 1
Historia de amor Ella no sabía por qué sentía frío en una noche tan calurosa; sus manos temblaban, sus labios se secaban. Se sacó los zapatos y los mantuvo en sus manos mientras bajaba las escaleras de la sala común silenciosamente. Saltó el tercer escalón, pues rechinaba siempre. En aquellos momentos, cualquier movimiento en falso hubiera resultado fatal. Observó la soledad de lugar que normalmente estaba habitado por Gryffindorianos que reían y charlaban mientras ella, como siempre, se encerraba en un libro para huir de la triste realidad de su vacío existencial. Mientras salía de la sala común recordó infantilmente cuando su madre solía contarle cuentos en la oscuridad, cuando la luz fallaba; cuando aún no conocía la profundidad de los pensamientos humanos y lo destructivos que podían llegar a ser. Hubiera querido escuchar uno en aquellos momentos, sí, en su cama, junto a su madre; y no tener que ir a la biblioteca, a encontrarse con su peor enemigo.
William humedeció la punta de la pluma sobre la tinta y comenzó a escribir lo que sería su primer libro:
"¿Qué es el tiempo? Muchos dicen que se trata de la duración de las cosas sujetas a cambio, otros dicen que es la gran y única condena del hombre. Yo, personalmente, creo que el tiempo es la soberana medicina de nuestras pasiones, pues proporciona nuevos y diversos objetos a la imaginación, que borran las antiguas impresiones por profundas que sean. Es un río que arrastra todo lo que nace; es el destructor de la vida y de los más firmes sentimientos. Si el tiempo es tanto dentro de la vida del hombre, ¿Por qué tenemos que conformarnos con verlo pasar? Dicen que él es irreparable, que lo que sucede no se repetirá jamás. ¿Por qué he de conformarme con tal terrible afirmación? Si sé que en mis manos hay magia, si sé que puedo cambiarlo, lo haré. Cambiaré el pasado, y el tiempo renacerá de las cenizas. "
Sonrió sintiéndose conforme con su introducción.
"Si van a leer la historia que viene a continuación, he de advertirles que debe ser para mentes abiertas a la imaginación. Pues sin ella no podrán servirse del más exquisito postre que ha creado la humanidad: la fantasía. Este es mí relato, lo que sucedió y seguramente no podré probar. Sin embargo, dicen que lo que se escribe y llega a ojos de otros, queda impregnado de por vida y eso es lo que pretendo. Espero mi osadía no sea demasiado grande. Esta es la historia de Xavier Pirandello y de Isabella Shawn, pero sobre todo, es la historia de Draco Malfoy y Hermione Granger, quienes cambiaron el pasado. El tiempo, se los proporcioné yo… Ellos hicieron el resto."
Volvió a humedecer la pluma mientras al final de la primera hoja escribía:
"William de Castilla."
Y la magia comienza una fría noche de junio mientras una chica entraba a la biblioteca…
Hermione ingresó a la biblioteca y cerró la puerta tras sí sin producir el más mínimo sonido. Respiró sintiendo cómo su corazón latía a velocidades inigualables; tenía terror a ser encontrada a tales horas de la noche por Preves, o peor aún, por Filcht. Siendo Prefecta aquello sería imperdonable, y peor aún, estando a solo meses de graduarse. Una voz fría la sacó de sus temores imaginarios.
- Hasta que por fin decidiste aparecer.- dijo la voz entre las sombras de una biblioteca vacía y sin iluminación alguna más que la que penetraba por las ventanas. - No me gusta esperar. Hermione solo necesitaba escuchar aquel tono frío para sentir rabia e ira correr por sus venas. Pronto una silueta se dejó ver de entre las sombras, y un chico alto, de cabellos rubios y ojos grisáceos apareció ante sus ojos. Su despectiva mirada se había fijado en ella.
- No me interesa lo que te guste o no Malfoy.- respondió la castaña mientras caminaba hacia la mesa del fondo de la biblioteca, pasando estanterías completamente llenas de libros. Pudo sentir la mirada del rubio seguirla todo el camino. Y tuvo miedo, sí, tuvo miedo de ser humillada como tantas otras veces; pero no lo demostró.
Hermione sacó los libros necesarios de las estanterías sin necesidad de buscar, era como si supiera dónde estaba cada uno de ellos. Draco se sentó sobre la mesa y encendió una vela que sería suficiente como para que pudieran leer. No soportaba tener que estar ahí, con ella. El solo hecho de su existencia le fastidiaba enormemente. Su inferioridad lograba enfermarlo hasta puntos exagerados. Era imposible resistirse a humillarla, no siendo lo que era. Ahí estaba, ordenando los libros por orden alfabético como un insoportable ratón de biblioteca, ocultando su figura ya de por si nada atractiva con una larga falda y una blusa completamente abotonada.
Estaban ya en séptimo curso y no quedaban más que nueve meses para graduarse. El trabajo se les había asignado dos semanas atrás y no se habían reunido por el simple repudio mutuo que ambos se manifestaban. Ni él ni ella se acercaron el uno al otro a decidir cómo harían el trabajo, simplemente lo olvidaron, como se hace usualmente con todo lo que perturba. Pronto llegó la hora de presentarlo, y perder el año no les convenía.
- ¿Qué tal si haces algo más que estar ahí mirándome?- dijo Hermione dejando el último libro sobre la mesa. -¿O es que es muy difícil para un Malfoy usar el cerebro? Draco fijó sus ojos centelleantes en los marrones brillantes de la castaña ¿Cómo se atrevía a hablarle siendo tan por debajo de él?
- Lo que es difícil para un Malfoy, es tener que soportar la presencia de una asquerosa sangre sucia
Ante la rudeza de las palabras pronunciadas, y tal vez, ante el estado de ánimo intenso que caracterizaba a la castaña en aquellos momentos, nada fue más preciso que lanzar un golpe que cayó sobre la cara de su enemigo. Draco saltó de la mesa y se sostuvo el rostro con ambas manos. Al principio, Hermione no había notado el hecho de que estaba sola, completamente sola con un Slytherin que no tendría la menor piedad tratándose de ella. Había llegado demasiado lejos, y lo comprobó cuando sus ojos se chocaron con los grises llenos de odio desbordante del rubio. Ya antes se había atrevido a golpearlo, y por estar acompañada había salido viva para contarlo; aquello estaba a punto de cambiar. Draco caminó hacia ella, y sin darle la menor oportunidad de correr la tomó por su cabello castaño ondulado acercando su rostro al de él, lo suficiente como para que pudiera observar su destino en la pupila de sus ojos grises. Hermione soltó un quejido de dolor, pero lo ahogó con el temor de ser encontrada por Preves. El rubio haló más de su cabello apretándolo aún más y ejerciendo fuerza sobre ella. La castaña mordió su labio tratando de no producir mucho ruido y con ambas manos trataba de soltarse. Pronto, al sentir la varita de Draco clavándose en su cuello, desistió de la absurda idea.
- Vas a aprender a respetarme, Granger.- dijo sin soltarla ni un segundo y con un tono tranquilo, lo que anticipaba cosas malas. - Para ello, me temo que tendré que castigarte. El corazón de Hermione latía velozmente mientras su respiración se volvía entre cortada. Draco pudo ver cómo su pecho elevaba y cedía ante cada inhalación y exhalación.
- Vas a lastimarme?
- Sí.
- Vas a matarme?- preguntó una vez más y con un tono algo desafiante. Él odiaba cuando hacía eso.
- Aún no lo decido.- dijo sonriendo. - es por eso, que una impura no debe meterse con un futuro mortífago... ahora lo comprendes?
De un tirón la arrastró pasando estanterías y mesas mientras que ella forcejeaba y trataba de no gritar de dolor. Se resistía a caminar por donde él la llevaba, pero aquello no servía de nada; Draco era más fuerte y la arrastraba con facilidad. Pasaron unos cuantos estantes de la biblioteca y pararon frente a la Sección Prohibida.
- Ya lo decidí. Mejor espero a salir de Hogwarts para matarte, y créeme, no usaré magia; lo haré con mis propias manos - dijo Draco abriendo la puerta de la sección prohibida. - Por ahora, solo te dejaré aquí. Ya veremos qué explicación darás en la mañana cuando te encuentren..
- Diré que fuiste tú quien me encerró!
- Es tu palabra sangre sucia contra la mía- dijo Draco mientras abría la puerta.
El lugar estaba oscuro, iluminado por la leve luz de unas antorchas. El rubio lanzó a Hermione hacia adentro haciendo que ella tropezara y cayera en el frío suelo.
- Buenas noches, Granger.- dijo Draco, pero justo cuando pretendía irse, la gran puerta de la sección prohibida se cerró, dejándolos a ambos adentro.
"Era como si el destino lo hubiera planeado desde siempre. Tenían que ser ellos, nadie más que ellos los que me encontraran..."
Los dos miraban la puerta cerrada sin decir nada, incrédulos ante lo que acababa de ocurrir. Hermione comenzó a reírse a carcajadas.
-
Eres tan estúpido que dejaste que la puerta se cerrara tras de ti! Hermione seguía riéndose sin cansancio, parecía casi no poder respirar. Draco podía sentir la sangre correr. Estaba siendo humillado nada más y nada menos que por una asquerosa sangre sucia. Nunca había tenido tantas ganas de tomar entre sus manos aquel delicado cuello y aplastarlo, sin dejar absolutamente nada de él. Hermione no podía respirar. La risa no se lo permitía.
-
Siempre te creí capaz de hacer cualquier cosa, pero no algo tan estúpido! La castaña de cabello ondulado y largo se incorporó tranquilizándose. Tenía lágrimas en los ojos y le dolía el estómago de tanto reír. Draco se había sentado en el suelo y estaba arrimado contra la pared, con la corbata desarreglada y la camisa por fuera.
-
Muy bien, ahora qué hacemos?.- dijo Hermione recuperando la serenidad, pero aún con una leve risita en su rostro. Draco fijó sus ojos grises en ella con una llama de odio en ellos. Esto no la intimidó en lo más mínimo; conocía ya esa mirada de asco que él le dedicaba cada vez que podía, esa que decía sin tener que hablar "Ubícate, soy superior a ti" El rubio se levantó y caminó hacia ella, pronto la tenía pegada contra la pared y su mano derecha apretaba con fuerza la garganta de la chica.
-
Primero, te callas y miras abajo antes de dirigirme la palabra.- dijo Draco. - Segundo, ahórrate las burlas que de eso me encargo yo. Y tercero..- apretó con más fuerza su garganta. - Recuérdame hacerte pagar el golpe que me diste. Con esto la soltó y ella tosió compulsivamente. Se sostuvo la garganta sintiendo que el dolor era demasiado grande ¿Quién se creía que era? Era un maldito mal nacido. De no ser porque hacer ruidos no iba a ayudarlos hubiera sacado su varita y le hubiera demostrado que tener el título de "La mejor bruja de Hogwarts" sí significaba algo.
-
Esperaremos hasta mañana, a las seis en punto las puertas de la biblioteca se abren automáticamente, saldremos antes de que nos vean.- dijo Draco paseándose por el lugar.
Todo estaba oscuro y lleno de polvo. Se notaba a leguas que no muchas personas entraban ni siquiera para ocuparse de la limpieza. El rubio siguió inspeccionando, sin prestar ni la más mínima atención a la chica que aún tosía con lágrimas en sus ojos marrones. Vio un libro que cautivó su atención: "Historia de las artes oscuras y el surgimiento del Señor Oscuro" Trató de sacarlo, pero estaba demasiado apretado contra los demás libros que se encontraban a su alrededor. El chico no se rindió y siguió en su lucha, sin embargo parecía caso perdido.
- Maldita sea!- dijo pegándole una patada a la estantería. Fue entonces cuando un gran libro cayó al suelo produciendo un gran estruendo y levantando grandes cantidades de polvo. Los dos chicos permanecieron observándolo durante algunos segundos. Tenía una cubierta negra y a su alrededor bordes dorados. Draco se inclinó hacia él sintiendo una gran curiosidad, mas éste se abrió bruscamente antes de que él pudiera posar sus manos en él. Un viento que estalló por todo el salón hizo que los dos chicos cayeran al suelo. Hermione se agarró de lo que tuvo cerca y lo mismo hizo el rubio. Todo se movía dentro del lugar, las estanterías parecían estar a punto de desplomarse unas sobre otras y las mesas temblaban sonoramente. Lo primero que cruzó por la cabeza de Hermione fue que Preves pronto aparecería y los acusaría, sin embargo el hecho de que había una ráfaga de viento que intentaba tragarlos era mucho más preocupante. Poco a poco el viento fue cediendo en un pequeño torbellino que provenía del abierto libro. Draco pudo ver cómo las páginas comenzaban a cambiarse solas mientras el torbellino se hacía cada vez más pequeño. De repente, una silueta salió del libro mientras éste se detenía en una página específica. La sombra adquirió pronto la difusa forma de un hombre. Draco se arrastró por el suelo hasta colocarse al lado de Hermione. Ambos miraban asombrados desde el piso al hombre que se mostraba frente a ellos. No tenía más de 25 años y era alto, blanco, de ojos negros vivaces, y estaba peinado y vestido a la usanza de una época muy antigua. Llevaba un sombrero negro y un smoking, muy a la edad media. El hombre fijó sus ojos en Draco y Hermione, y los abrió alegremente.
- Xavier? Isabella?.- dijo mirándolos. - No puedo creerlo! Están vivos!
Draco y Hermione se miraron impresionados, aún sin entender lo que sucedía.
- Sí estamos vivos,- dijo Draco con la misma superioridad de siempre.- Pero no me llamo Xavier.
- Ni yo Isabella.- dijo Hermione confundida. El hombre miró a su alrededor comprendiendo inmediatamente.
- Claro. Han pasado muchos años desde entonces. - dijo él mirando al suelo. - Entonces ustedes deben ser solo su descendientes…
- Qué?- dijo Draco. - Mejor cerremos el libro.- dijo mirando a Hermione, pero ella negó con la cabeza y lo miró aprensivamente.
- Escuchemos lo que tiene que decir.- dijo Hermione. - Un libro con un holograma es fascinante Draco levantó una ceja con fastidio evidente.
- Creo haberte dicho que mires hacia abajo cada vez que me dirijas la palabra.- dijo finalmente.
- Primero muerta.- contestó ella.
- Entonces tendré que matarte. Su discusión fue interrumpida por la repentina risa del "holograma", como lo llamó Hermione.
- Y dicen no ser Xavier e Isabella!? Si siguen peleándose como siempre! Por cierto! No soy un holograma. Soy un recuerdo.
"Sus ojos me miraron fijos, y la confusión se asomó por su rostro"
- Qué?- dijo esta vez Hermione.
- Sí, así es. Puedo entender su confusión. Hace ya mucho tiempo que creé esto, ya casi no tenía esperanzas de que alguien lo abriera. - rió irónicamente señalando el libro viejo y casi en ruinas que yacía en el suelo. - Quién diría que justamente ustedes, los descendientes de mis dos mejores amigos, serían los que descubrieran mi invento.- Se aclaró la garganta y arregló su corbatín. - Lo creé para que cuando alguien lo abriera, pudiera cambiar el pasado.
"Cambiar el pasado..Acaso no es también tener el poder de transformar el destino?"
Draco y Hermione lo miraban sin decir nada, con una mezcla de incredulidad y asombro.
- Muy bien, creo que lo mejor es comenzar desde el principio.- dijo el hombre.- Mi nombre es William de Castilla, pertenezco a la edad media, mi posición económica es…bueno, era media alta adinerada. Mejor amigo de Xavier Pirandello desde que éramos niños, y amigo de Isabella Shawn, cuando se casó con Xavier.
- Qué!?- dijo Draco. - Dices que mi antepasado se casó con una sangre sucia?!.- Hermione se lanzó sobre Draco haciendo todo lo que posible para golpearlo. Éste la empujó lejos de él y la miró furioso.
- Te advertí que no volvieras a poner tus sucias manos sobre mí.
- Y yo te advierto; si vuelves a llamarme así, con mis propias manos voy a arrancarte la lengua. William rió.
- Aún puedo ver la llama de pasión encendida en sus cuerpos. Son el uno para el otro.- dijo él sonriendo. Hermione miró fijamente los ojos negros de William con la boca semiabierta sin poder creer lo que había dicho.
- Ahora sí cerremos el libro.- dijo Hermione gateando hacia éste dispuesta a cerrarlo.
- No!- dijo William aterrado. - He esperado siglos para que alguien abriera mi invento…
- Invento?- dijo Draco.
- Sí. Lo creé para poder cambiar el pasado ya se los dije! Pensé usarlo para cambiar otras cosas de mi vida, pero cuando Xavier e Isabella murieron supe que eso era lo que tenía que cambiar; el destino. Lastimosamente, cuando terminé con mi creación ya era muy anciano y morí antes de poder usarlo, sin revelar la existencia de éste a nadie. Dentro de este libro conservé mi juventud, para poder guiar a quienes iban a ser los destinados a cambiar el pasado de Xavier e Isabella. O sea, ustedes.
- Dices que..-dijo Draco. - pretendes que nosotros hagamos que tus amigos no mueran y evitemos su muerte cambiando lo que sucedió retrocediendo en el tiempo por medio de tu invento, o sea ese libro?
- Exacto.
- Estás loco si piensas que voy a desperdiciar mi tiempo salvándome la vida años pasados. Si se supone que debo morir en aquella época pues que así sea!- dijo Draco.
- Pues, respeto tu decisión. - dijo William. - Solo que en el pasado tu mueres a los 19 años, lo que significa que en esta vida morirás a esa misma edad…
- QUÉ?!- dijo Draco.
- Al menos que cambies el pasado. El silencio invadió el lugar. Ya no era solo Hermione quien tenía la boca semiabierta. Pasaron unos segundos antes de que alguien se atreviera a decir algo coherente.
- Bueno yo no sé tu Malfoy, pero yo pienso cambiar mi pasado.- dijo Hermione levantándose. - A los 19 años estoy demasiado joven para morir.
- Yo también!- dijo Draco. Miró a William. - Qué es lo que debemos hacer?