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Historia 34965 — capítulo 16

Los meses pasaron increíblemente rápido y solo faltaban un par de horas para que Stephanie regresara a su casa, unos días, al igual que otros alumnos.

-¿Segura que si traerás información sobre los martifagos y sus supuestos ataque?- preguntó Gretel que se preparaba para regresar a su casa. La niña aún seguía preocupaday hablaba sobre aquel temaal menos dos veces por semana.

-Si Gretel, lo prometo- dijo Stephanie monótonamente-. Intenta calmarte estos días ¿quieres?- agregó la niña mirando comprensivamente a su amiga.

-Lo intentaré- respondió la pelirroja suspirando- pero promete que me escribirás aunque sea una notita diciendo si encontraste o no lo que buscabas.

-Si Gretel, lo haré.

Las chicas abandonaron su habitación para reunirse con Meredid, quien lasesperaba en la sala común.

-¡Ya era hora de que llegaran- repuso la güera dejando notar un poco de desesperación en su voz-, el tren nos va a dejar!- dijo, ahora un poco alarmada.

-¡No!- dijo Gretel quien salió corriendo hacia la puerta en cuanto escucho estas palabras.

Sus amigas la miraron un tanto sorprendidas, se encogieron de hombros y avanzaron un poco más rápido de lo normal para lograr alcanzarla.

-Creo que realmente ya no quiere estar en el colegio- dijo la morena que vio a su amiga corriendo, entre la multitud de alumnos, para llegar al tren.

-Lo mismo digo- dijo Meredid aventando gente para que las dejaran pasar-¡Muévete! - le grito a un gryffindor, de primero, que la miro un poco molesto y se aparto para que pasaran cuando vio la aterradora mirada que Stephanie le dirigía.

Ya en el tren las dos amigas buscaron a Gretel y se sentaron junto con esta en el compartimiento.

El camino fue tranquilo para Meredid pues se quedó dormida y no tuvo que escuchar las mil especulaciones de Gretel acerca de los mortífagos.

-¡Ya por favor!- dijo Stephanie para sus adentros cuando Gretel, más espantada que antes, comenzaba a narrar otro terrorífico ataque de mortífagos que al final término siendo bastante cómico para la morena-. Gretel, sinceramente no creo que lo mortífagos dejen a todos los muggles de cabeza en el centro de Londres- dijo la niña intentando aguantar la risa mientras se imaginaba montones de muggles de cabeza gritando.

El tren disminuía su velocidad paulatinamente y la morena y la pelirroja se vieron en la necesidad de despertar Meredid intuyendo, no solo por la velocidad de la maquina si no también por el paisaje, que ya habían llegado.

-Meredid, ya llegamos- dijo suavemente Gretel mientras que Stephanie le daba una violenta sacudida-. Claro yo intento despertarla de la mejor manera y tu toda agresiva.

-¡Hay! Mira quien lo dice, la niña a la que le gusta saltar sobre ti para que te despiertes- dijo Stephanie irónicamente.

En cuanto la güera se despertó las tres amigas bajaron del tren y en cuanto se despidieron cada una se fue en una dirección distinta.

Stephanie que siempre caminaba con la cabeza agachadachocó contra una bolita de personas pero se contentó al saber qua había sido su hermano y aprovecho para jalarlo y no buscar sola a sus padres.

El camino de regreso a casa fue bastante lento pues hicieron una parada en el ministerio de casi tres horas en las que los dos hermanos no hicieron nada más que estar sentados y de vez en cuando se miraban para sacarse la lengua.

Cuando ya era bastante noche la familia Riddle fue a su casa, al llegar los elfos ya habían preparado la cena cosa que alegro bastante a Michael.

Stephanie comió bastante rápido, en cuanto hubo terminado se levantó y se dirigió a la puerta de la casa.

-Bien ahora espero que nadie me vea- dijo para sí misma y salió al jardín.

Camino cuidadosamente hacia las escaleras que conducían la terraza pues esta estaba justo fuera de la biblioteca y allí era a donde la niña quería llegar.

Ya estando frente a la puerta miró hacia todos lados, la abrió suavemente y se metió.

-Mmm…¿donde habré visto esa caja?-preguntó para sí y comenzó a sacar los libros del librero más próximo a ella. Encontró de todo, desde libros que contenían los hechizos más espeluznantes, hasta cuentos de hadas, pero no la caja que buscaba.

-¡Maldición!-dijo cuando escucho que alguien caminaba por el pasillo exterior, tomó rápidamente uno de los cuentos se echó sobre un diván a leerlo.

-¿Qué haces aquí?-preguntó el padre de la chica, quien acababa de entrar.

-Buscaba este libro-dijo la niña inocentemente, levantando el libro para que su padre lo reconociera-. Creo que algún día comencé a leerlo y nunca lo terminé- dijo lo primero que se le vino a la mente, le dedico una sonrisa a su padre y se marchó a su cuarto.

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