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Historia 34965 — capítulo 8
Era miércoles por la tarde, Gretel y Stephanie se dirigían a su casa después de un largo día de clases pues además de estar cansadas tenían montones de tarea. Los maestros estaban dejando más trabajo que de costumbre porque pronto sería halloween, habría exámenes y en un par de meses los alumnos abandonarían el colegio por navidad.
-¿De dónde voy a sacar la información que necesito para hacer todos los ensayos?
-Supongo que si algún día hubieras ido a la biblioteca sabrías de donde Gretel.
-Los maestros deberían de dar esto en sus clases.
-Lo dicen Gretel,pero no pones atención- decía Stephanie mientras escribía rápidamente su ensayo.
-No creí que hacer la tarea era tan difícil. Este año mis calificaciones serán tan malas como las del pasado.
-¡Ibas tan bien!
Meredid cruzó la puerta y fue hacia donde sus amigas se encontraban, como de costumbre la chica venía regresando de uno de sus castigos. Terminaba uno y ya había causado algo que la hacía tener otro castigo.
-¡No puedo creer que no haya una sola semana en la que no estés castigada!- dijo Gretel al ver a su amiga.
-Estoy segura de que en pocos días yo estaré sola haciendo tarea y luego las veré entrar decepcionadas porque aún no termina su castigo- dijo Stephanie para sí misma pero lo suficientemente fuerte como para que sus amigas la escucharan.
-¡Hey Stephanie!- dijo una alegre voz a lo lejos. La chica miro en toda dirección para ver de dónde venía la voz y alcanzó a ver que de entre la multitud salía la roja cabellera de Lindsay. Cuando por fin llegó salió de la multitud,llegó a donde las niñas estaban-.Solo te quería recordar que el viernes y el sábado hay entrenamiento a las cinco de la tarde, no lo olvides y te quiero temprano.
La pelirroja dio media vuelta y fue a buscar a los demás integrantes del equipo.
-Realmente es exigente- dijo Gretel aún mirando a Lindsay.
-Tienes suerte de no tener que soportarla en los entrenamientos o cuando el equipo pierde, se pone histérica.
-Vi como huía tu hermano de ella el día que perdieron en el partido.
-Oigan tengo que hablar con Snape, les juro que no me tardo.
-¿Para qué quieres hablar con ese loco?
-Nada importante, ya vuelvo, a fin de cuentas su despacho no está muy lejos de aquí.
-Como quieras pero si yo fuera tú, no le haría visitas nocturnas.
La chica no prestó atención y se paró de un salto de su silla, ya estaba avanzando cuando se regresó.
-Primero voy a guardar mis cosas, las conozco y sé que en cuanto me valla van a copiar lo poco que llevo de mi tarea- la niña guardó todo en su mochila y le puso un hechizo para que sus amigas no pudieran abrirla, giró inocentemente sobre las puntas y se fue hacia la puerta, lo cual era un gran reto pues para llegar tenías que empujar a todos.
Stephanie salió de la sala común y se dirigió hacia el despacho de Snape, los pasillos estaban oscuros y no había ningún estudiante cerca, también hacia frió pero eso no era raro en esa zona del castillo.
Mientras más se acercaba al despacho del jefe de su casa más le daba la sensación de que había un olor raro en el ambiente, a la vez creyó escuchar voces pero no le tomó importancia y continuó con su camino.
Ya se encontraba frente a la puerta y fue cuando pudo escuchar y olfatear claramente. El olor no lo reconoció pero supo que el profesor Snape hablaba con el profesor Lupin y por lo que logró entender de la conversación, aquel olor provenía de una poción que Snape había hecho para el otro profesor.
La chica sintió que era hora de cortar su conversación y le dio a la puerta unos golpecitos que ni ella pudo escuchar, esperó un momento y como supuso adentró tampoco se escucharon. Volvió a tocar la puerta un poco más fuerte, esta vez sí escuchó pues los dos hombres dejaron de hablar y el profesor de pociones abrió la puerta.
-¿Qué hace aquí señorita Riddle?
-Quería hablar con usted.
Al oír aquellas palabras el profesor de defensa contra las artes oscura tomó la copa donde Snape había puesto la poción y salió del despacho dedicándole una sonrisa a la chica, la cual se la devolvió y entró en el despacho.
Aquel cuarto era oscuro y estaba repleto de ingredientes para pociones y de cosas que seguramente eran de magia oscura y además daban miedo.
-Profesor- dijo la niña tímidamente-, solo quería hablarle de mi giratiempo, creo que está funcionando mal- el hombre estaba completamente inexpresivo al igual que siempre y la chica no sabía si seguir hablando o al profesor le importaba un comino lo que ocurría con el giratiempo de la niña. Está se quedó un momento mirando al suelo y decidió que lo mejor era explicarle al profesor lo que le sucedía-. Cada vez que lo utilizo algo me jala hacia otro lugar distinto, no sé qué hacer, no sé si se pueda reparar o me lo puedan cambiar o definitivamente tengo que dejar algunas de mis materias.
Hubo otro rato de silencio y Snapepor fin se dignó a cambiar su expresión y a hablar.
-Supongo que no tiene más remedio que abandonar algunas materias, pero informaré en el ministerio y veré si se lo pueden cambiar.
-Gracias- dijo la niña, dio media vuelta y salió rápidamente. Ya llevaba un pequeño tramo cuando escuchó que una puerta se abrió y luego la voz de su profesor llamándola.
Esta se detuvo y giro lentamente.
-¿Qué pasa profesor?
-Deberías de darme tu giratiempo para que lo pueda dar en le ministerio o ver que tiene.
-Claro- dijo la niña aproximándose para dárselo.
Luego se fue y en el camino fue pensando en la conversación que había escuchado de Snape y Lupin, ella ya sabía que Lupin era un licántropo pero no sabía lo de la poción.
Decidió olvidarse de la conversación pues de todos modos a ella no le interesaba.
Volvió a su sala común y encontró a sus amigas en la misma mesa donde las había dejado.
-¿Para qué fuiste con él?- preguntó la curiosa de Gretel.
-Solo era por las materias que tomó, creo que son muchas y que no puedo con todas así que pienso dejar algunas, eso es todo.
-Bueno- dijo la chica encogiéndose de hombros- ¿bajarán a cenar?
-Sip- dijo Meredid parándose de un salto.
Las tres chicas bajaron y se dirigieron al gran salón, al entrar lo que primero se veía era la mesa de profesores y se dieron cuenta de que la silla del profesor Lupin estaba vacía.
-¿Dónde estará el de defensa contra las artes oscuras?- quiso saber Gretel. La morena recordó la conversación y estuvo a punto de decirles pero recordó que sus amigas no sabían lo del licántropo y se limitó a encogerse de hombros.
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