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El camino a lo desconocido — capítulo 31
Pasé las vacaciones del verano en casa de mis tíos, justo como Dumbledore me lo había pedido antes de morir, pero estaba harto, necesitaba irme de ahí, ya era demasiado tiempo. Tan sólo faltaban cuatro días para que cumpliera diecisiete años y estaban por sacarme de aquí, así que decidí que era hora de ir tomando lo que necesitaría para mi viaje.
Comencé a separar todo, libros, túnicas del colegio y quidditch, periódicos viejos. Casi había terminado de sacar todo de mi baúl, cuando de pronto sentí un punzante dolor en un dedo de la mano derecha, lo saqué y estaba lleno de sangre, salí de mi cuarto a limpiarme y luego regresé a seguir con la tarea, aquello con lo que acababa de cortarme era un pequeño pedazo de espejo, ese espejo que Sirius me había dado antes de morir, lo dejé en mi cama y seguí sacando todo.
Cuando por fin había terminado, me puse a leer un obituario que venía en un periódico de unos días antes, aún no podía creer que Dumbledore estuviera muerto y que yo jamás le hubiera preguntado nada acerca de él o de su familia, resultaba desesperante, injusto. Luego, en el ejemplar de ese día, encontré un pequeño artículo, una entrevista de Rita Skeeter por haber escrito un libro de Dumbledore, un libro lleno de mentiras y chismes, empeñado únicamente en ensuciar la memoria del más grande mago de todos los tiempos. Terminé de leer el periódico y tomé el espejo de Sirius. Por un momento creí ver un destello azul salir de él, pero en cuanto volví a mirar no había nada más que yo mirándome, seguro era mi imaginación, Dumbledore jamás volvería, jamás volvería a mirarme como lo hacia, como si me atravesara con rayos x, jamás.
Esa misma tarde llegaron Hestia Jones y Dedalus Diggle. Ellos se encargarían de llevar a los Dursley a algún lugar seguro antes de que vinieran por mí. Pero antes de que salieran Dudley comenzó a portarse extraño, al parecer el hecho de que lo hubiera salvado de los dementores en aquella ocasión habían afectado en gran medida la imagen que tenía de mí, le costó un poco despedirse de mí, pero al final lo hizo, y tras ver vacilar a mi tía antes de salir de la casa, me quedé solo en ella, totalmente solo esperando a que vinieran por mí.
Bajé mis cosas: una mochila, mi saeta de fuego y la jaula de Hedwig. Mientras daba una última vuelta por la casa escuché ruidos y al salir al patio trasero me encontré con todos. Me explicaron el plan, seis adoptarían mi forma con poción multijugos y los siete Potter's irían a distintos diferentes cada quien acompañado por un guardián. Iríamos en parejas: Mundungus con Moody, Fred con el Sr. Weasley, George con Lupin, Fleur con Bill, Hermione con Kingsley, Ron con Tonks y yo con Hagrid. Todo parecía ir de acuerdo al plan, pero entonces cuando estábamos listos para irnos, nos rodearon los mortífagos. Se dividieron en grupos para perseguir a cada Potter que vieron y luego comenzaron a atacar. Asesinaron a Hedwig y por poco logran atraparme, luego, entre ellos, estaba Stan Shumpike, al que tanto habíamos defendido Dumbledore y yo, lancé un Expelliarmus y ese fue mi error, se dieron cuenta que era yo y el mismísimo Voldemort vino a seguirme, no sé ni cómo logramos escapar, pero llegamos a la casa de los padres de Tonks, ahora sólo faltaba que los demás llegaran a salvo a sus destino.
Desperté en el interior de la casa de los padres de Tonks y después de que llegara Hagrid tomamos el traslador para ir a La Madriguera. Cuando llegamos salió corriendo la Sra. Weasley junto con Ginny. Estaban angustiadas, se suponía que los primeros en llegar serían Tonks y Ron, luego llegarían el Sr. Weasley y Fred, nosotros seríamos los terceros. Pero no había nadie, los trasladores habían llegado sin ellos y yo comenzaba a angustiarse. Mientras aún estábamos en el jardín de la casa, Lupin llegó con George herido, Snape le había cortado una oreja con el sectumsempra, poco después, mientras curaban a George, apareció Kingsley con Hermione y después de unos minutos llegaron el Sr. Weasley y Fred, ambos sumamente preocupados y Fred, por primera vez desde que lo conozco, no tuvo palabras. Salimos de la casa, ella estaba muerta de miedo, Ron aún no regresaba, yo también estaba desesperado. Entonces llegó él, antes de que pudiera decirle algo, Hermione se le fue encima (y todavía se atreven a negar que hay algo entre ellos), Ginny volvió a entrar a avisar a sus padres que Ron había llegado, cuando los Sres. Weasley salieron a recibir a Ron llegaron Bill y Fleur. Entonces supimos que no habría más que esperar. Moody estaba muerto. Necesitaba pensar, era demasiado, Hedwig y Moody en un solo momento. Mi cicatriz me empezó a quemar, Voldemort torturaba a Ollivander, creí que le había mentido con lo de la varita, creía que el usar una varita diferente desaparecería el problema de la conexión, pero no.
Los días siguientes fueron un martirio, trabajo y más trabajo. La Sra. Weasley nos tenía tan ocupados y a todos en cosas distintas, que ni siquiera habíamos tenido tiempo de hablar, todo porque pensaban retrasar nuestra partida. Pero no había nada que hacer, los planes estaban hechos, Hermione había mandado a sus padres a Australia y Ron tenía un sustituto perfecto para fingirse enfermo durante el siguiente curso en Hogwarts.
Días después, llegó la familia de Fleur y como pudimos nos acomodamos todos dentro de la casa mientras se terminaban de efectuar los preparativos de la boda que se acercaba, además, estaba por cumplir diecisiete años, mayoría de edad mágica, así que un día antes de la boda celebraríamos mi cumpleaños con una sencilla cena.
Y llegó mi cumpleaños. Ron me regaló un libro, sí, un libro ¿raro, no? Pues no, "Doce formas de encantar a una bruja", según tengo entendido, Fred y George se lo regalaron en su cumpleaños, ahora entiendo porqué se comportaba diferente con Hermione. Ella, Hermione, me regaló un chivatoscopio nuevo, los Sres. Weasley me regalaron un reloj de oro, no era nuevo, pero según la tradición, a un mago que cumple diecisiete años, se le regala un reloj de oro. En fin, todos me dieron sus regalos, todos bastante útiles, menos Ginny.
Mientras subíamos de regreso a la habitación de Ron, Ginny me habló, me pidió que la acompañara, entramos a su habitación, nunca antes había entrado, pero ahora estábamos ahí, solos.
- Felices diecisiete - dijo mirándome firmemente
- Si… gracias - sin poderle devolver la mirada -. Bonita vista - le dije débilmente, pero me ignoró
- No se me ocurrió qué regalarte
- No tenías que regalarme nada - ignorado nuevamente
- No sabía qué sería útil. Nada demasiado grande, porque si no, no podrías llevarlo contigo.
Me arriesgué a mirarla. No estaba llorando. Esa era una de las cosas más maravillosas de Ginny, raramente lloraba. En ocasiones he llegado a pensar que tener seis hermanos debía haberla endurecido. Entonces dio un paso hacia mí.
- Así que después pensé, que me gustaría que tuvieras algo para recordarme, ya sabes, por si conoces a alguna veela cuando estés por ahí haciendo lo que sea que vayas a hacer.
- No creo que las oportunidades de ligar vayan a estar a la orden del día, para serte sincero.
- Ahí es a donde quería llegar - susurró ella, y entonces me besó.
Me besó como nunca antes, y no pude evitar devolverle el beso, fue un olvido ensordecedor, mejor que el whiskey de fuego. Ella era la única cosa real en el mundo, Ginny, su sensación, una de mis manos en su espalda y la otra en su largo y oloroso cabello.
Entonces, mi querido casi hermano, ex cuñado y mejor amigo, abrió la puerta de golpe y nos separamos de un salto.
- Oh - dijo Ron mordazmente -. Lo siento
- ¡Ron! - escuché a Hermione que apareció justo detrás de él con apariencia de haber intentado detener a Ron, al parecer sin mucho éxito.
- Bueno, feliz cumpleaños de cualquier modo, Harry.
Quería decirle algo, pero no podía, era como si todo el peso de las responsabilidades y las razones que me habían obligado a dejarla, hubieran vuelto en el momento en que Ron abrió la puerta. La miré, quería decirle algo, pero se dio la vuelta y miró por la ventana. Pensé que talvez había sucumbido, por una vez, a las lágrimas. Pero no podía hacer nada delante de Ron.
-
Te veo luego - le dije, y seguí a los otros dos fuera del dormitorio.
-
La dejaste - dijo Ron una vez que estábamos solos en el jardín -. ¿Qué estás haciendo ahora, rondándola?
-
No la estoy rondando
-
Ron… - le dijo Hermione, pero él alzó una mano para silenciarla
-
Estaba realmente echa polvo cuando terminaron…
-
También yo. Sabes porqué terminé con ella, y no fue porque yo quisiera
-
Si, pero ahora vas y la besas y va a hacerse ilusiones otra vez…
-
No es idiota, sabe que no puede ser, no espera que acabemos… que acabemos casándonos, o…
Pero al decirlo, una imagen invadió mi cabeza. Ginny, hermosa, con un vestido blanco, casándose con un desconocido alto, desagradable y sin cara. El futuro de ella estaba libre y sin trabas, pero mi futuro… yo no podía ver delante nada más que a Voldemort.
- Si sigues tonteando con ella a cada oportunidad que tienes…
- No volverá a ocurrir ¿vale?
- Bien entonces, bien, este… sí.
En todo el día no volví a tener ningún momento a solas, en la noche, cuando todos estaban ahí, ella no me miraba, hablaba con sus hermanos o con la Sra. Weasley, era como si nada hubiera pasado, era demasiado fuerte, más fuerte que yo.
Estábamos todos, la familia Delacour, los Weasley, Hermione, llegó Hagrid, Remus y Tonks, pero cuando por fin íbamos a empezar, el patronus del Sr. Weasley apareció diciendo que el Ministro venía con él, Remus y Tonks se disculparon y se fueron, por alguna razón, ellos no deberían estar en este lugar, dijo que luego me lo explicaría.
Cuando Scrimgeour llegó, dijo que quería hablar con Ron, Hermione y conmigo, pero no teníamos idea de qué quería, era demasiado extraño, pero aún así fuimos. Nos dijo que Dumbledore nos había dejado un legado, a Ron le dejó su desiluminador, a Hermione un libro llamado Los cuentos de Beedle el bardo y a mí la snitch y la espada de Gryffindor, pero al parecer no me darían la espada, porque técnicamente no le pertenecía a Dumbledore, sino al colegio.
Intentó interrogarnos, quería saber porqué Dumbledore nos había dejado algo a nosotros, después de todo, había tenido muchos alumnos, era tonto que nos dejara algo simplemente a nosotros, pero no le dijimos nada. Hubo una pequeña discusión, hasta que los Sres. Weasley entraron y el Ministro se fue. Luego de eso la fiesta pasó como si nada, hasta que todo terminó, levantamos las cosas y nos fuimos a dormir. Al otro día sería la boda y nuestro último día en casa antes de ir en la búsqueda de los horrocruxes.
La boda fue bastante bonita, francamente nunca había estado en una boda, ni muggle ni de magos, pero de cualquier modo estuvo muy bien. Ginny se veía hermosa, mucho más que de costumbre, y tuve que luchar contra mí mismo para no romper la promesa que le había hecho a Ron de alejarme de ella. De invitados había todo tipo de gente, pero para la gran sorpresa de Ron, Viktor Krum era uno de los invitados, así que tuvo que aguantar por un rato su presencia, pero en uno de esos momentos creo que se cansó y se armó de valor para sacar a bailar a Hermione, a la cual no soltó en toda la tarde, hasta que ella se cansó y él iba por cerveza de mantequilla, pero para todo esto Krum ya se había ido.
Durante la fiesta me encontré con Elphias Dodge, pero mientras hablaba con él sobre Dumbledore y lo que él había escrito en El Profeta, la tía Muriel, una señora bastante desagradable de no sé cuántos años comenzó a hablar y a decir cosas que jamás creería de Dumbledore, dijo que su padre había estado en prisión, que Dumbledore tuvo una hermana que era squib y que murió después de morir su madre, pero que siempre la habían tenido escondida y que según Aberforth, el hermano de Dumbledore, él había sido el responsable de la muerte de su pequeña hermana Ariana. Pero eso no fue lo peor de la noche, sino que justo cuando estaba por contarle a Hermione lo que había escuchado, llegó el patronus de Kingsley diciendo que el Ministerio había caído y que Scrimgeour estaba muerto, ahora los mortífagos iban rumbo a La Madriguera. Era hora de irnos..
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