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Historia 35058 — capítulo 1

Crisanta estaba en la puerta de la carnicería que había pertenecido a su familia durante varias generaciones cuando le llegó el rumor. La policía pasó corriendo y tras ellos las ambulancias y los bomberos.

  • ¿Qué estará pasando? - preguntó una mujer mayor que pasaba por su lado.
  • No tengo ni idea - contestó ella, cuando uno de los coches patrulla paró a su altura.
  • ¿Qué ha pasado señor Swan? - preguntó la joven tapándose mejor con su chaqueta de lana.
  • Crisanta, será mejor que nos acompañes - dijo seriamente el jefe de policía.
  • Ce... cerraré la tienda.

Crisanta cerró la tienda y subió al coche patrulla que la llevó hasta su casa. Al girar la última curva de la salida del pueblo se vió el humo, Crisanta se llevó una mano a la boca de la impresión. Era una gran humareda densa que subía hasta el cielo. Y cuando cruzaron las verjas de la casa, el panorama se tornó más desolador todavía. La casa familiar estaba en llamas, lo mismo que el cobertizo, el granero y la cuadra. Todos los animales se habían quemado vivos: las gallinas, los caballos, los conejos... Lo mismo que los gatos que tenían en la casa, sus padres, su hermana...

  • ¿Tienes idea de cómo ha podido ocurrir? Crisanta, sé que es difícil, pero he de hacerte unas preguntas. Ésto no es un incendio normal. Se ha utilizado un acelerante.
  • Señor Swan - interrumpió un agente de policía.
  • Dime Barry.
  • Parece que el fuego se originó en el salón de la casa.
  • En el salón había una... una estufa de queroseno.- dijo Crisanta.
  • ¿Funcionaba correctamente? ¿Cremaba bien? ¿Soltaba humo? - le preguntó el jefe de bomberos que se había acercado hasta ellos.
  • Sí, funcionaba perfectamente. Pero... mi padre esta mañana había dicho algo de arreglar la estufa. Pero no debía de referirse a ésta. Quizá se refería a la de mi abuela, vivía con nosotros. No le presté mucha atención porque me tocaba abrir la tienda a mí y antes debía pasar por el banco.
  • Es posible, hemos encontrado varias piezas de más de esa estufa. ¿Eran del mismo modelo?
  • Sí, las compraron el mismo día.
  • El cadaver una anciana ha sido encontrado al lado de una de las estufas - dijo uno de los bomberos bajito, para que Crisanta no se enterase, pero fue en vano.

No pudo resistirlo y se desmayó. Cuando volvió en sí estaba en la sala de uno de los boxes del Hospital de Forks. Observándola estaba un ángel, pensó ella. Pues tanta belleza no era propia de un mortal que morase en la tierra.

  • Hola, señorita Norton. Nos ha dado un buen susto. Soy del Doctor Cullen. No le ha ocurrido nada. Tiene usted una salud de hierro. Solamente ha sido un desmayo. El señor Swan está fuera esperándola.
  • Tenía la esperanza de que todo hubiese sido un sueño - comentó Crisanta hablando a nadie en particular.
  • Siento su perdida - dijo el Doctor Cullen.
  • Gracias Doctor.

Salió del Hospital y el jefe de policía la llevó hasta el único motel que había en el pueblo. Ya que todos sus familiares habían muerto en su casa. A la mañana siguiente, se levantó temprano, y fue a la tienda de la esquina para comprarse unos vaqueros y una blusa para poder cambiarse de ropa. También compró un pack de tres pares de calcetines y otro pack de bragas. Cuando regresó al hotel vio al jefe de policía que estaba llamando a la puerta de su habitación.

  • ¿Quería algo señor Swan? - preguntó Crisanta.
  • Estaba buscándola para llevarla nuevamente a su casa. Para que... pueda recoger todas las cosas de la casa que quiera. Está en tal mal estado que deberá entrar acompañada de un bombero. Después se demolerá la casa, es demasiado peligroso y no querríamos que algún infante del pueblo movido por la curiosidad entrase y se hiciese daño.
  • Claro, lo entiendo. Vayamos.

Llegaron a la casa. Y tras asegurarla con un arnés entró en la casa. Nada en el piso inferior podía salvarse. Ni una foto, ni una taza de la cocina. Del piso superior poco pudo hacerse. Llevaba una bolsa consigo. Cogió una cajita de música de porcelana, el joyero de su madre que solamente estaba enegrecido del humo y el reloj de su padre. Miró en los armarios, pero no había nada que pudiese llevarse. Entró en la habitación de su abuela, estaba encima del salón por lo que todo se había perdido y por último a su habitación, que al estar más alejada y con ventanas en la parte posterior estaba más resguardada. Cogió su portátil. Había una maleta en la parte alta del armario y tras llenarla con toda su ropa el bombero se la llevó. Metió varios álbumes de fotos, la cámara fotográfica digital, unos marcos con fotos, su joyero, su premio de patinaje, sus vídeos, y nada más.

Cuando salieron de la casa, había allí un agente de la compañía de seguros. Tras hacerle varias preguntas le hizo firmar una declaración y se marchó. Un rato más tarde había aparecido su abogado. Llevaba en un maletín las escrituras de la casa, de la carnicería, enfin, todos los documentos legales que le iban a hacer falta a la joven Crisanta. También los seguros de hogar y de vida que habían contratado tanto ella como sus familiares. Los papeles de compraventa de ganado, de los caballos, incluso de los perros de competición a los que era aficionado su padre. El señor Swan la llevó después al tanatorio. Debía elegir los féretros. El funeral iba a ser aquella misma tarde. Tras el entierro, llamó a los seguros para reclamar las indemnizaciones pertinentes y dispuso todo para que su abogado se hiciese cargo de todo. No volvió a la normalidad hasta diez meses después. Cuando demolieron su casa hasta los cimientos y no quedó nada allí salvo la propiedad vallada. No quiso construir nada allí. En su lugar, compró una casa más cercana al pueblo, la última propiedad antes de salir de los límites de Forks. La casa era nueva, apenas llevaba construída cinco años, el hombre que vivía allí quería venderla pues la había construído cuando se casó y al morir su mujer embarazada en un accidente de coche se marchó del pueblo.

Decoró sobriamente la casa. La cocina tenía una mesa con dos sillas. Un sofá en el salón con una televisión barata y una cama, dos mesitas y un pequeño armario para su habitación.

Ahora en vez de criar a las própias reses para la carnicería, compraba la carne a ganaderías externas. Eso le había encarecido el producto, pero ella, en vez de subir los precios, había acortado sus beneficios