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Historia 35289 — capítulo 7
Capítulo 7
La cámara del tesoro
Las chicas estaban en la biblioteca, viendo fotografías de sus vacaciones, los merodeadores entraron y se acomodaron junto a ellas.
-¿Quién los invitó a sentarse? -les espetó Lily
-Hola Remus -saludó Tania alegremente- Te estuve buscando hace un rato
-Estaba ocupado -explicó el de ojos color miel, inclinándose para plantarle un beso en los labios a la rubia
-¿Saben? -interrumpió Sirius- El hecho de que lleven dos semanas juntos no les da derecho a besarse en público
-¿Te pedí tu opinión? -contestó riendo Remus
-¿Qué quieren? -preguntó Lily con brusquedad
-Descubrimos la entrada a la cámara del tesoro -respondió Sirius apoyando los codos en la mesa
-Que sorpresa ¿Después de tres meses? -rió Jackie
-El caso es que necesitamos su ayuda para entrar -explicó James
-¿Para qué?
-Bueno, porque resulta que la puerta sólo se abre en la festividad de Yule, en presencia del número mágico -explicó Remus
-¿Cómo lo saben? -preguntó Tania
-Lo dice en La fundación de Hogwarts -respondió Peter muy ufano
-Había un mapa del castillo -completó James, extendiendo el mapa de merodeador, recién actualizado
-¿Lo arrancaron? -se espantó Jackie
-No -negó James- Lo copiamos
-¿Quién es él? -preguntó Sirius, blandiendo una fotografía mágica que mostraba a un chico de unos veintitantos años que abrazaba a Jackie y le plantaba un beso en la mejilla
-Mi hermano -respondió Jackie
-Ah… me suponía -replicó el ojigris cambiando su tono
Tania y Lily intercambiaron una mirada de complicidad, al notar los celos en la voz de Sirius.
-¿Entonces qué? -insistió James- ¿Vienen con nosotros?
-Pero… la festividad de Yule es mañana por la noche -replicó Jackie un tanto sorprendida (N/A: la festividad de Yule, es otro modo de denominar al solsticio de invierno, que es el 21 de diciembre)
-Exacto -respondieron los cuatro merodeadores
Unas delgadas nubes cubrían el cielo, una figura montada sobre una escoba atravesó una de ellas.
-Puaj, me voy a congelar, maldita neblina -refunfuñó Sirius Black y pasó en medio de otra- ¡Esa no la vi! Sólo espero que Jackie me abra pronto
Dio un par de vueltas, hasta llegar a una de las torres del castillo, ya ahí comenzó a tocar violentamente la ventana.
-¿Sirius? ¿Sirius Black? -se sorprendió Jessica, que fue la que abrió la ventana- Debo estar soñando
-¿Es la torre de Ravenclaw? -titiritó Sirius
La chica parecía haber perdido el habla, y se limitaba a arreglarse el cabello y la blusa. Al darse cuenta de lo inútil de su llamada hizo a un lado a la chica y entró por la ventana, metiendo tras de sí su Estrella Fugaz. Atravesó el dormitorio y de un golpe abrió la puerta, se apresuró a bajar las escaleras, pues faltaban cinco minutos para que la festividad iniciara, tan absorto en sus pensamientos iba, que se le olvidó realizar el encantamiento para desactivar la alarma de las escaleras que tantas veces había pronunciado para colarse a los dormitorios de las chicas; un pitido ruidoso se dejó oír y el merodeador de ojos grises cayó de espaldas y se derrapó por el tobogán, para aterrizar a los pies de una chica de pelo negro.
-¿Sirius? -se extrañó ella tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse- ¿Por dónde entraste?
Un grupo de chicas y chicos giraron la cabeza curiosos.
-¡Un chico! ¿Dices que es Sirius? ¿Sirius Black? -decían las voces de docenas de Ravenclaw que abrían las puertas y bajaban por las escaleras a toda prisa
-Ahora no hay tiempo -la jaló el chico- ¿Por dónde salimos?
La raven lo condujo hasta la salida y bajaron corriendo las escaleras.
-Por cierto -le sonrió el ojigris sin dejar de jalar por la mano a Jackie y sin aminorar el paso- Feliz cumpleaños
-¡Lo recordaste! -sonrió alegremente la pelinegra aceptando el saquito que le tendía
-Es tu cumpleaños número 17, ¿cómo no recordarlo? -sonrió el chico- Ya casi llegamos, si quieres abrirlo antes…
El ojigris se detuvo en seco, a los pies de una de las escaleras de mármol movedizas. Ella abrió el paquete y sacó un dije dorado sin forma fija, más bien parecido a un granito de oro, la raven sacó de entre su túnica una cadena plateada, de la que colgaba un águila con las alas extendidas y metió el dije.
-¿Todavía lo usas? -preguntó el ojigris, sorprendido
Jackie sonrió y se encogió de hombros.
-Cuando necesites ayuda sólo necesitas apretarlo -señaló el chico y sacó una piedrita idéntica a la de ella- Les hice un encantamiento permutador
-Tenemos que subir -gimió Sirius y ambos subieron encarrerados las escaleras
Lily, Tania y el resto de los merodeadores ya los esperaban frente a una pared, que se veía como todas las paredes del castillo.
-Creímos que no vendrías -dijo James a modo de saludo
-Ahora dense las manos -indicó Remus
La doceava campanada sonó y Sirius y Remus, que estaban a la orilla de la cadena humana, se apresuraron a poner su mano libre en la pared. Los chicos se congelaron en su lugar, esperando algo magnífico, pero nada pasó.