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Historia 35304 — capítulo 5

Los dias comenzaron a pasar, y, con ellos, los sentimientos que Tom tenia hacia sus nuevos amigos; Filius y Minerva.

Pero... era tan distinto... Cuando estaba con Filius, sentia que se lo podia contar todo, que él nunca lo defraudaria... y,  con Minerva, no le salian las palabras, le daba miedo quedar en ridiculo en su presencia y sentia una sensación muy agradable en el estómago cuando ella lo tocaba, asi como unos celos terribles cuando tenia a otro chico cerca.

También habia otras dos chicas, llamadas Pomona Sprout y Rolanda Hooch , con la que Tom habia echo buenas migas.

Pomona era una Hufflepuff que habia destacado en Herbologia desde el primer momento, y a la que Riddle reconoció como a la bonita muchacha que lo habia acompañado en el bote.

Desde que sus ojos verdes se clavaron en los marrones del muchacho, este supo que entablarian amistad.

La otra era una Ravenclaw, un año mayor que él, a la que habia conocido el segundo dia de curso en la biblioteca. Era muy bonita, con unos preciosos ojos, casi dorados, que contrastaban con su cabello moreno.

De eso ya hacia una  semana.

-Tom... ¿Me escuchas? - preguntó conn voz cansada Pomona, al ver que su amigo estaba de nuevo observando a Minerva cruzar el pasillo, en dirección al Gran Comendor, con la boca abierta.

-¿Qué...? Oh, perdona, Pomona...  -Rolanda frunció el ceño.

-¿Te encuentras bien?

-Si, Claro. - Ruborizado, Tom cambió de tema repentinamente. -Oye... ahora que lo pienso, no me habeis dicho nada sobre vuestro status de sangre... - la mirada de Rolanda se ensombreció, y dijo malhumorada:

-Creia que tú no sabias el tuyo...

-Es solo curiosidad. - La miró a los ojos. Pomona sonrió y dijo:

-Yo soy sangre limpia... ¿Y ´tú, Rolanda...? - Ella bufó, y dijo en voz baja:

-Hija de muggles... - Pomona sonrió y le dijo que no importaba, pero la mirada de Tom se ensombreció... ¿Aunque la chica fuese su amiga, debia de traicionar la promesa a su madre? ¿Tendria que alejarse de ella?

Confundido, susurró una excusa, tan bajo que para las muchachas solo fue una letania de palabras incoerentes y se  alejó de ellas , tratando de reflexionar.

No pudo, pues minutos más tarde , Minerva y Filius se acercaron para conversar con él, y todo pensamiento en la mente de Tom se esfumó, y solo pudo concentrarse en los gestos que hacia Minerva con las manos.

Filius captó esas miradas embelesadas y sonrió, dispuesto a mantener , en un futuro muy próximo, una conversación con su joven amigo.