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Historia 35827 — capítulo 2
Al llegar mi madre me recibió con una deliciosa comida.
-Hola cielo. ¿Cómo te ha ido el día?
-
Bien. He conocido a unas chicas muy simpáticas, y a un chico que vive aquí al lado, y me llevo bien con todos los de mi curso.
-
Eso es estupendo. ¿Tienes hambre?
-
Si, llevo un rato buscando el camino y estoy hambrienta.
-
¡Pues a comer!
-
¿Y papá?
-
Cielo… A partir de ahora comeremos solas, papá tiene que estar desde las seis de la mañana hasta las siete de la tarde en la empresa.
-
¿Por qué?
-
Es su nuevo horario.
-
Ah…Vale…
Hubo un incómodo silencio entre nosotras. De repente, supe que mi madre iba a decir un estupidez para interrumpirlo, así que decidí hablar yo.
-Esta tarde voy a dar una vuelta con las chicas para conocer la ciudad.
-Eso está muy bien hija. Pero no vuelvas tarde ¿Eh?- Y me guiñó un ojo.
A las 6 llamaron al timbre, eran las chicas. "¿Estás lista?" Dijeron al unísono.
-¡Claro! Ahora bajo.- Fui corriendo a mi madre, le di un beso en la mejilla a modo de despedida. Cogí mi abrigo y me fui.
Salimos y lo primero que me enseñaron fue la dichosa callecita de chalets. Me fueron indicando quien vivía en cada portal, pero no sé porque se saltaron el portal 8. No pregunté, no quería saber nada de aquel desagradable. Fuimos a una cafetería a tomar unos refrescos y luego estuvimos en una plaza hablando un poco de todo. Nos encontramos con Leo, Lewis, Charly, Marco y Zacary. Algunos chicos de clase. Y estuvimos haciendo en tonto. Todos me trataban como si nos conociésemos de toda la vida. Lo pasé genial.
Al día siguiente me desperté contenta, todo era maravilloso. Me vestí y desayuné, cogí la mochila y me fui a la panadería donde había quedado con Leo. Él estaba esperándome, nos fuimos camino al instituto mientras charlábamos sobre el día anterior. Llegamos a clase y sonó el timbre. La profesora de lengua entró en clase y comenzó a explicar la lección.
El sitio que tenía detrás seguía vacío, así que tuve que preguntar.
-
Psst! Leo.
-
¿Qué?
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¿Porqué hay una mesa vacía aquí atrás?
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No está vacía. Es la mesa de James.
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¿James?
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Si. Repitió el año pasado, y pasó a este curso por la cara.
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¿Está enfermo?
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Que va… No viene mucho a clase. Pero es buen tío, ya le conocerás.
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Ah, vale.
Pasaron dos semanas y todo era genial, había escrito una carta a Juliette, mi mejor amiga, que estaba en mi antigua ciudad. En el sobre que le envié había dos folios, uno rosa, con una carta que tenía que leer en mi antigua clase y a todos/as las de nuestra pandilla de ahí que no iban a nuestra clase. Y otro verde, su color favorito. Para ella, para contarle todo y decirle que el próximo fin de semana iría a verles, pero que era una sorpresa, y que no se lo dijese a nadie.