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Historia 35915 — capítulo 1
(N/A: La frase: "me gustaria apretar el botón de MUTE y que se callen todos" no es mía, es de una amiga, Mell Cullen [su fanfic es "Veela Arruina Vidas] ella merece un aplausso por su forma de ver las cosas tal y como son. Y por ser la única que me entiende en serio)
Canción: Lagrimas Perdidas - RBD
Sentía como las lágrimas caían por mi rostro y se secaban antes de llegar a mi barbilla. No me las secaba, porque sabía que iba a llorar hasta quedarme seca, por lo tanto ¿para qué hacerlo? Iba a llorar y llorar y llorar hasta el cansancio y no me importaba lo que me dijeran. Era la única manera que conocía de alivianar un poco el peso que sentía en el estómago.
Lo que sí me molestaba eran las palabras que me dirigían todos mis amigos, tratando de consolarme. Lo que de verdad necesitaba era apretar el botón de MUTE (que tienen los televisores muggles) y hacer que el mundo entero se callara y dejaran de decir estupideces sin sentido que no eran más que palabras vacías sacadas de alguna historia de amor o tragedia. Ni siquiera entendía por qué se esforzaban con tanto esmero en consolarme. Siempre repetían lo mismo: "Yo te entiendo, sé lo que es sufrir así"... Si en serio lo sabían, ¿por qué no entendían de una vez que queria, que necesitaba estar SOLA?
Sola. En realidad, estaba sola. Había perdido a unas de las personas que más apreciaba, a una de las personas que más necesitaba a mi lado para sobrevivir a la tragedia de ser adolecente. Porque ser adolecente es eso: una tragedia. Siempre es lo mismo: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué el mundo está en contra mío? ¿Por qué no me mato de una vez, para dejar el dolor atrás? Ahí están. Otra vez las mismas palabras vacías robadas a alguien más. Por favor... Como si algún adolecente deprimido tuviera la suficiente valentia como para suicidarse. Valoran demasiado su vida como para dejarla.
¡Y con razón! La vida no es algo para despreciar. Si no te gusta, lo lamento, pero esa no es razón para matarse o para desear la muerte propia o ajena. Deberían hacer como yo, vivir la vida que me tocó, sin lamentar lo que no tengo. Lamentando no poder compartir todo lo bueno que tengo a cada una de las personas que de verdad (yo pienso) lo merecen. Aunque venga usada, la vida no se puede desperdiciar.
Pero ese día no tenía ganas de hacer filosofía. Ni mucho menos de pensar en los demás. Quería, por una vez en la existencia, pensar en mí y sólo en mi. Es egoísta, lo sé. Mas en ese momento de total depresión no pensaba en el mundo. Pensaba solamente en esa persona que destruyó la única posibilidad de felicidad que tenía en mi aburrida existencia. Y digo existencia, porque lo mío no debería ser llamado vida. Sería un insulto para ésta.
Una rata de biblioteca, eso es lo que soy. Una sabelotodo, una insufrible, una comelibros. Una insignificante sangre sucia. No sé por qué siempre peleo con Malfoy, la verdad. Sólo dice la verdad. Eso es lo que soy. Y en ese instante me sentía más insignificante que nunca. Después de todo, ¿cómo pude haber pensado que alguien, aunque sea mi mejor amigo, podría fijarse jamás en mi? Era de las idioteces más grandes que se me habían ocurrido en mi no muy larga vida. Aunque eso no es decir mucho (perdonen mi falta de modestia)
Aún recordaba sus palabras como si se las estuviera oyendo decir...
Bajé las escaleras hacia la Sala Común. Estaba feliz, al fin iba a decirle la verdad, lo que sentía... Pero me frené de un golpe al ver la escena que menos me esperaba encontrar en ese momento.
Lavender estaba besando a alguien cuyo rostro no pude ver ya que ella estaba dandome la espalda, pero en un giro brusco que dieron pude ver la mata de pelo rojo que pertenecía, lógicamente, a Ron Weasley. Anonada como estaba, no me di cuenta de que se acercaban a mi "felizmente" de la mano.
- ¡Hola, Hermione! - me saludó Lavender con su irritable voz chillona. No recuerdo cuando fue que empece a odiarla. Creo que fue en ese instante. No la miré ni le respondi, mi mirada seguía fija en Ronald, que no entendería que le estaba pidiendo explicaciones aunque se lo deletreara.
- ¿Me perdí de algo? - le pregunté fríamente. Él noto el tono de mi voz, o si lo hizo, lo ignoró.
- ¿Qué? No, para nada - me respondió inocentemente. La inocencia definitivamente no va con él.
- ¿Y por qué, de repente, bajo y me encuentro con ustedes besándose? - inquirí. No podía creer que no notara la furia en mi voz.
- ¿Qué? - esta vez, la confución era sincera - ¿Que no lo sabes?
- ¿El qué? - a esa altura de la conversación, mi desesperación aumentaba conforme el ceño de Lavender se iba frunciendo más y más - ¿Es que ustedes...? - pregunté, sin saber si en realidad quería saber la respuesta.
- ¡Ron y yo somos novios! - anunció la chica sobresaltándome.
- ¿Qué? - no podía creer, no lo QUERÍA creer - Mmm.. Bueno, yo, esto... Los felicito - esa mentira me salió con una naturalidad imposible.
- ¿Quieres venir a Hogsmade con nosotros el sábado? - me preguntó Ron. Si, claro, le hubiera respondido, no hay nada que desee más que disfrutar el fin de semana llorando entre los jóvenes enamorados.
- No puedo, voy a estar ocupada - me preguntó que iba a hacer "llorar por tí" - Tarea, para McGonagall...
Y con esto, subí a mi dormitorio, y rompí a llorar desconsoladamente sobre mi cama.