← Historia 36007 · de
Historia 36007 — capítulo 1
Siempre supe que era diferente.
Mi entorno cambiaba impredeciblemente, pasaban cosas inexplicables a mí alrededor y algunas veces sentía que la gente me seguía mientras caminaba por la calle.
De pequeña mis padres cambiaban de ciudad tan seguido que nunca trabe amistades con nadie.
Nunca entendí los cambios, siempre eran precipitados, de noche, venia gente extraña y nos ayudaba a empacar.
No supe sus nombres, se limitaban a venir y a terminar con la vida que teníamos, para "ayudarnos" a comenzar una nueva.
Cuando trate de preguntarles a mis padres que quienes eran esas personas, a mi madre se le añejaban los ojos en lágrimas y mi padre murmuraba un vago "ya lo sabrás…" con el rostro cubierto pos sus manos.
Claro que lo llegue a saber, pero me hubiera gustado enterarme de otra manera…
El día estaba brillante, caluroso, el cielo despejado, sonriente. El espacio y también el tiempo, ¡hipócritas! ¡Desalmados! Sonrientes, misteriosos, ocultando un secreto.
Estaba asustada, aterrada, un escalofrío recorría mis entrañas y sentí una presión en mi pecho.
Corrí hacia mi casa, saltándome la última clase del instituto, corrí y corrí. Mi aliento estaba agitado y mis pies dolían. Pero seguí corriendo, no sabía qué era lo que pasaba, pero debía llegar a mi hogar, inmediatamente.
Todo parecía de lo más normal, en la calle los vecinos regaban felizmente sus verdes jardines, el aroma a comida casera flotaba en el ambiente, y mientras corría varias personas me saludaron, un poco sorprendidos por verme a esas horas en la calle y no en el instituto.
Cuando llegue ante la puerta de roble de mi casa, me paralice y me sentí estúpida, tal vez no pasaba nada y estúpidamente había huido, seguido mis impulsos.
Agite la cabeza, molesta, debería regresar al institutoinmediatamente, antes de que mis padres descubrieran que me había fugado.
Me di media vuelta, cuando escuche un ruido, dentro de la casa.
Era un gemido, lastimero y agudo, muy quedo.
Volví a sentir miedo, y me decidí a entrar.
La puerta chillo un poco al abrirse.
Todo estaba completamente normal. Silencioso, pero normal.
La planta baja estaba impecable como solía estarlo siempre y el entorno estaba tranquilo, pero no pude dejar de sentirme extraña, ansiosa y alterada.
-¿mamá? ¿Papá?- los llame, subiendo las escaleras lentamente.
No recibí respuesta.
-¡¿mama?! ¡¿Papa?!- repetí, asustada. -¿están aquí?
Seguí subiendo las escaleras, lentamente, temiendo lo que pudiera encontrar.
Aunque ¿Quién sabe? Tal vez no había nada de lo que tuviera que temer y mis papas hubieran salido a dar una vuelta por el parque antes de que llegara del instituto.
Sí, tal vez todo estaba bien, y no había nada de qué preocuparse.
Pero mientras subía los últimos escalones, pensé.
¿Y si no? ¿Y si no todo esta bien?