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¿Mi mejor amiga o el amor de mi vida? — capítulo 13
Capítulo 13.
Cinco años después (2006)
Hermione ya no sólo trabajaba en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas; Hacía poco más de un año que había sido ascendida en el Ministerio, al ganarse el puesto de secretaria en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Allí logró concretar muchos de sus proyectos, entre ellos erradicar muchas de las leyes opresivas pro-sangre puras. Era una meta cumplida, que tenía en mente desde que terminó sus estudios. Obstinación y estrategias, eran su fuerte en el ámbito de trabajo. El nombre de Hermione Jane Granger de Weasley, era ya muy conocido y admirado en la comunidad mágica, así como el de su mejor amigo y el de su esposo.
Como cualquier otra noche, Harry Potter y Ronald Weasley regresaban del trabajo, que últimamente consistía en mantener la seguridad del mundo no mágico, facilitándole el trabajo a la policía, atrapando a los criminales y manteniéndoles a buen recaudo. También se ocupaban de entrenar a los aspirantes a aurores o a los principiantes, pero nada más allá de eso. Los mortífagos que habían quedado desperdigados por el mundo tras la caída de su señor, estaban encarcelados... y a todos, esas épocas se les antojaban muy lejanas. Los tiempos habían cambiado... y la paz les estaba haciendo compañía desde hacía años.
Los dos reconocidos aurores, caminaban por las calles muggles, en dirección al callejón que siempre solían utilizar a esas horas para desaparecerse. Detestaban viajar por la Red Flu, no solo por la incomodidad, sino porque las chimeneas del Ministerio estaban continuamente ocupadas; Imposible utilizarlas sin estar un buen rato esperando en la larga fila.
Los fieles amigos, los compañeros de trabajo, los hermanos del alma, se despidieron deseándose suerte, para marcharse cada uno por su lado. Harry, se dirigía a su nueva casa para encontrarse con su esposa y con sus hijos, James y Albus. El último niño había nacido hacía tan sólo cuatro meses.
Ron iba a San Mungo para visitar a su mujer, quien lo esperaba plácidamente, con la panza orgullosa de una madre próxima a dar a luz. Faltaba menos de un mes para que se cumplieran los nueves meses del embarazo de Hermione. Nueve meses de larga, ansiosa y al mismo tiempo deliciosa espera, en el que habían disfrutado de ciertas cosas que conlleva un embarazo.
Como aquella vez, que Ron recordaba a la perfección... ¡Merlín, qué día! Nunca podría explicar la felicidad que experimentó al sentir por primera vez ligeros golpecitos en el vientre de Hermione... "¡Patea, cariño! ¡Rose está pateándome!" había exclamado la castaña. Y si ella hubiese podido, habría saltado de la emoción, seguramente. Risas interminables y besos fogosos, habían inundado la habitación esa noche.
Cuando el pelirrojo se apareció en la entrada del hospital e ingresó en éste, no necesitó avisar a ningún medimago de su presencia, pues últimamente ese lugar era como su segunda casa. Allí merodeaba todas las noches, o incluso se quedaba dormido en la habitación en la que estaba Hermione. Ron subió las escaleras de a dos escalones por vez. Tenía demasiada prisa por llegar a la puerta correcta. Un presentimiento, una premonición… Había algo que le presionaba el pecho y a la vez lo aliviaba... era tan extraña esa sensación.
Ella lo esperaba con una dulce sonrisa, a pesar del agotamiento que reflejaban sus ojos castaños. Sus mejillas permanecían sonrosadas, y su cabello con bucles, desordenado. Cada vez que él iba a verla, la encontraba acariciando su panza con delicadeza y ternura, tal como lo hacía en ese momento.
Al ver entrar al auror, la medimaga que atendía a Hermione se despidió y los dejó a solas, como siempre ocurría. Ron se quitó el saco y lo dejó en una silla, para luego aproximarse a su esposa.
-¿Cómo has estado hoy?- le preguntó, inclinándose para besar sus labios.
-Muy cansada y adolorida, cielo... He estado todo el día con contracciones frecuentes.
-Es un buen indicio, amor.- entonces posó su mano en el vientre de su esposa, y lleno de pequeños besos la panza más bella del universo.
Hermione sonrió y asintió.
-¿Qué tal el trabajo?- le preguntó.
-Sin noticias, ya sabes, lo de siempre. A veces... se torna aburrido.- comentó al tiempo que se incorporaba, sonriendo vagamente.
-¿Me dirás que extrañas nuestras aventuras de pequeños?- inquirió Hermione, preparando sus argumentos para reprocharle por su comportamiento infantil.
-Pues...- Ron se colocó una mano en la barbilla, fingiendo estar indeciso. -Era más divertido.- determinó, con la inocencia de un niño. Eso le encantaba a Hermione.
-¡Ronald! Eres tan infantil... diversión... diversión... eso es parte de la infancia.
-¿Y quién impuso esa barbaridad?- fingió indignarse el pelirrojo. -¿O quizás tú estás planeando crear una ley así?- la acusó.
-Pues... ¿Qué? ¡Claro que no! No juegues, Ron. A veces eres tan niño...
-Nunca te quejaste de eso.- acotó él.
Hermione sonrió y tiró de su corbata para darle un beso que él correspondió al instante.
-No me quejé de eso, ni voy a hacerlo.- le dijo ella, sonriéndole. -Sin esa parte infantil, cariño... sencillamente no serías tú.
Entonces fue Ron el que, colocando una mano tras su nuca, besó a su esposa con profundidad, saboreando su boca en un juego de lo más seductor. Y el juego habitual habría seguido, de no ser porque Hermione interrumpió el beso con lastimeros quejidos, al tiempo que se aferraba el vientre con las dos manos y su rostro se contorsionaba por el esfuerzo y el dolor.
-Son... contracciones.- murmuró Ron, sorprendido. -¡Contracciones largas!- exclamó, al entender lo que se avecinaba. -¡Dalma, Dalma!- gritó.
La medimaga entró corriendo a la habitación, y al ver el estado de la paciente llamó a todo el personal con urgencia. Rápidamente se colocó guantes blancos y acomodó a Hermione en la camilla.
-Señor Weasley... Usted debe... debe retirarse. Por el momento debemos estar sólo los encargados aquí.
-Yo quiero quedarme, Dalma.
-Ahora no es posible... por favor retírese. Vamos, rápido señor.
-Pero me gustaría...
-Le ruego que espere afuera.- concluyó Dalma, con tono firme e imperturbable.
-Bien, bien. Esperaré en la puerta.- aceptó Ron, al ver la urgencia de todos los medimagos que habían llegado.
Apenas salió, se dedicó a pasear por el pasillo unas cien veces, ida y vuelta. Inquieto, se preguntaba qué estaría pasando con su esposa en ese momento. Posiblemente, ya era hora de que ella diera a luz. De vez en cuando, amagaba entrar a la habitación, pero se arrepentía cuando estaba por girar el picaporte. Quizás no era una buena decisión hacerlo. Los medimagos eran los que tenían experiencia, y si le habían ordenado salir... debía obedecerles; No fuera a ser que metiera la pata. Se trataba de su mujer... la persona más importante de su vida.
Pero las horas pasaban, y Ron no recibía noticias. Su paciencia estaba al límite. Sin en media hora no le informaban nada, él mismo iría a averiguar. Ya demasiado había esperado, la preocupación tomaba forma en su interior, y no podía detenerla. Y otra vez, ese presentimiento. Se le hacía imposible definirlo como bueno o malo, simplemente ahí estaba, presionándole el pecho, inquietándolo...
¿Por qué tardaban tanto? ¿Cuánto duraba un parto? Cómo deseaba que Harry estuviera allí... Él le aconsejaría, ya había pasado por esa situación. Pero su hermano estaba con su esposa y sus hijos, y él allí, a punto de caer en un colapso nervioso. ¿Y si a Hermione le había sucedido algo... malo? "No Ron, no, no y no." ¿Y si de eso se trataba el maldito presentimiento? *"Ni lo pienses, olvídalo."*Ron sacudió su cabeza en un débil intento por alejar los pensamientos negativos, pero el temor ya había ocupado un lugar en su corazón. "¡Diablos! Hermione... ¿cómo estarás?"
Tras otras dos horas que se asemejaban mas a dos siglos, había logrado sentarse en una de las sillas del pasillo, apoyando sus codos en las rodillas, dejando reposar su barbilla sobre sus manos. Resopló en señal de impaciencia. Debían ser las cuatro de la mañana, al menos. No había dormido nada, y tampoco tenía intención de hacerlo hasta ver a Hermione y comprobar que todo estaba bien. Sentía que necesitaba entrar a esa habitación. Quería derribar la puerta y permanecer al lado de su esposa, consolarla de alguna manera, menguar su sufrimiento. ¿Por qué rayos había salido de allí? Tendría que haberse quedado con ella... Pero el sólo hecho de ver su rostro contraerse por el dolor, le había obligado a acatar la orden. Se resistía a verla sufrir, pero aún más a que lo alejaran de ella. Tenía que volver con su mujer.
Con ese pensamiento, recorrió todo el pasillo con paso decidido, de vuelta a la habitación. Nada más le importaba, ni siquiera se puso a pensar que los nervios le estaban jugando una mala pasada, sólo sabía que tenía que estar con Hermione. Ya se disponía a abrir la puerta aunque fuese a la fuerza, cuando alguien del otro lado de ésta, se le adelantó. Cuatro medimagos salieron del lugar, y tras felicitarle a él se marcharon de inmediato. Dalma apareció en la puerta con una gran sonrisa, y con voz amable le dijo:
-Felicidades, señor Weasley... su hija ha nacido en perfectas condiciones hace unos minutos. Puede entrar a ver a su esposa, en unas horas les traeremos a la niña.- le invitó la mujer, instándole a girar el picaporte. Dicho esto se hizo a un lado y se fue por el pasillo. Ron abrió la puerta sumamente ansioso, y en tres zancadas llegó al lado de su mujer.
-¿Hermione, cómo te sientes?
-Sin fuerzas, pero aliviada de que todo haya salido bien...Dalma me dijo que pronto traerán a Rose. Deberías verla cariño, es una niña preciosa.
-Seguramente es tan bella como su madre.- asintió el pelirrojo, inclinándose para besarla placenteramente. Luego se recostó a su lado, y Hermione se acomodó en su pecho, mientras él se dedicaba a acariciar su cabello castaño inconscientemente.
No supieron cuánto tiempo permanecieron en esa posición, charlando y besándose de a ratos, pero parecían días. Ella necesitaba sentir a su bebé entre sus brazos, poder abrazarla y darle todo el amor de una madre... Entonces Hermione pensó en distraerse con lo que fuera, para que los minutos corriesen más rápido.
-Mmm... ¿Ron?- lo llamó la castaña mientras él depositaba pequeños besos en sus labios.
-¿Si?- interrogó el pelirrojo, siguiendo con su tarea.
-¿Puedes traerme algo de comer? Muero de hambre, e imagino que tú también.
-Quiero quedarme aquí contigo, amor. No me pidas que me aleje.- le rogó, besándola con intensidad, logrando que ella gimiera y luego se quejara por la obvia extorsión de su esposo.
-Sólo será por unos minutos, cariño. Hazlo por mí.
-Cómo negarme.- se rindió Ron, levantándose de la cama. -¿Café y medialunas?
La castaña negó levemente.
-Mejor leche y medialunas, cielo.
-Es cierto. La cafeína no entra en la dieta de una madre próxima a amamantar.- recordó Ron, con una mirada de disculpa. -Volveré enseguida, preciosa.
-Aquí te espero.
El pelirrojo salió de la habitación y fue hacia las escaleras, directo al patio de comidas. El lugar estaba prácticamente vacío, y rápidamente consiguió el desayuno. Con su varita, hizo flotar las bandejas atrás de él, y éstas le siguieron todo el camino de vuelta. Su estómago rugió con fuerza mientras avanzaba, y fue entonces que notó que él también tenía hambre, y mucha. El día anterior no había cenado, y por la tarde sólo había bebido una taza de café. No recordaba algún otro día en el que hubiera comido tan poco... no era propio de él. Pero los nervios de hacía unas horas le habían hecho sentir un nudo bien asegurado que no dejaba pasar más que saliva.
Cuando llegó a su pasillo, se topó con Dalma que iba en dirección contraria. Las tazas y los platos tintineaban sobre las bandejas metálicas, que aguardaron junto al hombre.
-¡Oh! Señor Weasley, justo me dirigía a buscarlo.
-¿Qué sucedió?
-Su hija, ya está en manos de su esposa. Ella me pidió que le avisara. Todo ha salido muy bien en el parto, y la niña está en perfectas condiciones. Vaya a verla, es tan hermosa...
Ron no escuchó más. Dejando a la medimaga con la palabra en la boca y pidiéndole que más tarde enviara esas bandejas a la habitación, fue casi corriendo hasta ésta. Los nervios y la emoción se mezclaban confusamente, y Ron no podía pensar con claridad. Abrió la puerta con lentitud, preparándose para ver a su hija, como si pretendiera no recibir la sorpresa de golpe.
La imagen que vio al entrar, lo deslumbró extraordinariamente. Fue como si su corazón hubiese crecido repentinamente, el doble, más aún el triple, como un inflable gigantesco. Era como si esa parte de él no cupiese en su pecho, y la felicidad de ver a su Hermione amamantando a su bebé recién nacida, le dificultaba la respiración. Demasiados sentimientos acumulados en su interior... por eso era que sus latidos se habían acelerado. Realmente, la niña era preciosa.
-¡Ron!- exclamó la castaña. Una dulce sonrisa se extendió por su rostro, la sonrisa destellante del amor de una madre primeriza. Ella aguardó a que él le respondiera, escudriñándole el rostro, analizando cada reacción y cada gesto de su esposo.
-Her-Hermione, es... increíble. Ella es...- decía Ron, acercándose con lentitud. No podía decir palabra sin trastabillar. Se le hacía imposible completar una sola oración.
-Nuestra hija.- afirmó la castaña, sonriéndole. Pero él se había quedado observando ensimismado a su bebé, con los ojos relucientes y una sonrisa boba. Tal como se había quedado Hermione al verla por primera vez.
Ron pensó que debía aprovechar ese momento, estando los tres a solas, porque sabía con certeza que en cuanto sus parientes se enteraran de la noticia, llegarían corriendo para conocer a la pequeña integrante de la numerosa familia Weasley.
-¿Puedo... alzarla?- interrogó él con la emoción y la ansiedad de un niño, y con la absurda preocupación de que fueran a negarle la petición.
-Claro, cielo... sólo espera a que termine.
Él asintió, aún con la mirada perdida en su hija. Todos aquellos que ya eran padres, e intentaban explicar lo que se sentía tener un hijo, tenían razón al decir que con palabras no alcanzaba. Si a él le hubiesen preguntado cómo se sentía en ese instante, no habría sabido qué responder. Y es que no había respuesta a una pregunta como esa... simplemente no existía. No era lo mismo que alguien intentara contárselo, porque no había punto de comparación. Era cuestión de vivir la propia experiencia... y disfrutarla al máximo.
-Ron... ven. Tómala con cuidado, de aquí y aquí.- le indicaba Hermione, acercándole a la bebé, quien al sentirse desprotegida, se soltó a llorar escandalosamente.
El pelirrojo la alzó despacio y la acomodó en sus brazos.
-Shhh... Tranquila Rose... tranquila, estás con papá. Calma Rose, no llores.
Ron empezó a balancearse suavemente durante unos minutos, y de a poco, el llanto cesó. La niña había cerrado sus pequeños y brillantes ojos, entregándose a la comodidad de los brazos de su padre.
-Buena niña...- susurró Ron, sin dejar de admirarla.
Hermione se sentó mejor en la cama y le pidió al pelirrojo que se sentara a su lado. Él le pasó a la niña con delicadeza, y Hermione la recibió enseguida. Permanecieron observando a Rose, perdidamente enamorados de su hija. Su madre la había vestido con un hermoso vestido de flores, que mantenía guardado desde que supo que sería una niña. Poseía unas mejillas bien rellenas y tersas, que provocaban ganas de pellizcarlas y llenarlas de besos. Tenía algunos cabellos rojos, y diminutas pequitas en el rostro redondo... Era tan linda, que podrían haberse quedado mirándola por el resto de sus días.
-Ay Ron, es una preciosura. Mira esos cachetes... se los pellizcaría si no estuviera dormida.
-Y es pelirroja, como toda una Weasley.- sonrió él, totalmente orgulloso de que hubiese heredado el color de su cabello.
-Te amo, cariño.
-Y yo a ti, Hermione.- le dijo él, para luego besarla dulcemente.
El cálido beso fue interrumpido por un balbuceo que acarició los oídos de los presentes. La bebé había despertado, y sostenida por Hermione, agitaba los bracitos con emoción.
-Eres la bebé más linda que he visto.- logró pronunciar Ron, admirando sus grandes ojos avellana. -Te pareces a tu madre.- añadió, y acercó su mano a ella, que con sus pequeñas manitas, aferró el dedo índice de su padre.
-Mucho gusto, señorita.- la saludó Ron, fingiendo un saludo formal con sus manos.
La bebé pareció esbozar una tierna sonrisa. Sus ojos vivaces se dirigieron a su madre, quien no se hizo esperar y depositó cientos de besos cariñosos en todo su rostro.
-Mi bella niña... Mi Rose.- susurró la castaña, acunándola en sus brazos plácidamente.
Ron y Hermione se sentían plenos... más que nunca; Y la felicidad que demostraban tenía nombre y apellido: Rose Weasley Granger.
N/a:
¿Qué les pareció? ¿Lo disfrutaron? Espero de todo corazón que haya sido así. Por fin cumplí la meta que me propuse desde el principio de esta historia: que los lectores pudiesen disfrutarla hasta el final, y lograr hacerles pasar un buen rato durante la lectura de cada capítulo.
Estoy feliz porque ésta es mi primera historia terminada, y muy ansiosa por conocer las opiniones de los lectores... Me tomé mi tiempo en editar el epílogo porque quería dejarlos satisfechos al máximo, y de verdad espero que el final esté a la altura de lo que esperaban.
En cuanto a una continuación del fic, para los que preguntaron sobre esa posibilidad, les digo que no voy a cerrar esa opción. Prefiero dejarla abierta, por si algún día se me ocurre una buena trama para una segunda parte… pero todavía no hay nada definitivo.
Por último, mis agradecimientos a todos ustedes, por compartir tantos meses con esta historia, por motivarme a seguirla escribiendo, por alentar mi inspiración y alegrarme el día con sus comentarios tan lindos, y por estar presentes en el fic hasta el final.
Mil abrazos y besos, ¡¡¡los adoro!!!
Mel.
Nota de agradecimientos - 1/02/10
(tuve que mover la nota a este capítulo porque no está permitido hacer notas aparte, así que disculpen los comentarios que se borrarán junto al capítulo 14 ^^)
¡Hola a todos mis querídisimos lectores!
Dije que en cuanto pudiera iba a publicar la nota de agradecimientos... y acá estoy. Contando con tan fieles lectores, esto no podía faltar. Lo primero que quiero decirles, es ¡Gracias! ¿Por qué? Bueno, por todo.
Hace ocho meses que comencé a escribir esta historia, como una idea más, como otro de esos tantos proyectos que uno se propone, y que a veces logran terminarse, y en otros casos no podemos hacerlo. Cuando publiqué el primer capítulo, me dije: ¡ya está! Otra vez la imaginación volcada en palabras ... a disposición de miles de personas. Que sea lo que Dios y mi inspiración quieran.
Ese mismo día pude disfrutar de los primeros comentarios recibidos, y ni se imaginan mi alegría. Fue emocionante saber que había lectores que estaban comenzando a seguir el fic, y allí fue que me planteé una meta para la historia: escribirla con el mayor cariño y esfuerzo, para complacer a esos lectores hasta el final, y si se sumaban nuevos, ¡bienvenidos sean! Con gusto los recibiría.
A pesar de que admití que sería un fic corto, "un minific" por decirlo de otra forma, vi que seguía contando con el apoyo de aquellos que leían mis capítulos. Y cada comentario significaba una sonrisa para mí, y en cada publicación del siguiente capítulo, sentía la ansiedad de saber si les había complacido o esperaban otra cosa. Y la cantidad de lectores aumentó asombrosamente, lo que me impulsó a editar los capítulos una y otra vez hasta conseguir lo que buscaba, queriendo sacar lo mejor de mí, o al menos a intentarlo.
Ahora... ¡acá estoy! Despidiéndome de esta historia que compartimos juntos tantos meses, agradeciéndoles por cada palabra de apoyo que me proporcionaron en todo este tiempo, y esperando que, pronto, volvamos a encontrarnos.
Millones de gracias a:
Nanita Aracelipotter Cuba thalos Aniiia-hg Becky Middle nenita_potter Skinniy pepa Alastor Gryffindor tey becker KUKI-KIUT lala11 harmony-dramione antogrifindor Draming HermyWeasley lunatika018 ajelandra vaneii Rose-Weasley karla_diggory mel-mel azul1960 luna in lovee pop_rock magybeza Mavi granger Ximewitch_potter yesy-cullen ilki harmony-dramione emmayer vickytalarru
(Son los que comentaron en los últimos tres capítulos ^^ Si me faltó alguien no me maten -tampoco valen los crucios ni los tomatazos- xD) Y por supuesto, millones de gracias también a todos los que me tienen en favoritos!!!!! ^^ ¡Los quiero muchísimo!
De todo corazón, Mel.