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Historia 36618 — capítulo 8
El curso pasaba veloz, ya estaban a las puertas de la Navidad, y gracias a aquella estúpida pelea en el campo el día del entrenamiento, la niña había desaparecido de la vida de los merodeadores.
Ni siquiera se cruzaba con ellos en los pasillos, ni a la hora de las comidas, en clase se sentaba siempre sola, aislada de sus grandes compañeros, apartada del mundo.
Después de un mes sin respuesta a las lechuzas mandadas por los chicos y las chicas de tercero, éstos decidieron enfrentar el problema de cara y se esperaron en la puerta de la clase de Defensa.
Esperaron durante más de diez minutos, pero Isis no salía.
Sirius metió la cabeza por la puerta y la vio allí depié, junto a un chico de Slytherin, cogidos de las manos, rubio como ella y de ojos grises como él. El apestoso de Malfoy.
Él muriéndose por un simple "Hola" y al gilipollas de su compañero le irradiaba una brillante sonrisa.
Se acercó a la pareja y estiró efusivamente del brazo de la enana.
Lucius se le quedó mirando, y es que ambos se transmitían el mismo desagrado.
-Búscate alguien de tu edad- le espetó Sirius en plena jeta.
-No hay chicas tan bonitas de mi edad- le respondió el otro con suficiencia. Isis se sonrojó ante el cumplido.
-Ella es mi hermana y no está disponible- aseguró el moreno viendo el sonrojo de la pequeña.
-Eso lo debe decidir ella- le espetó el rubio a la vez que tiraba de Isis.
-Eso lo decido yo, ya que soy su hermano mayor- y tiró de nuevo a Isis hacia él.
La niña volvía a estar entre un tira y afloja entre dos hombres. Malfoy era muy guapo, pero su hermano también. Con Malfoy tenía posibilidades de ir al Baile de Navidad, pero sabía que su hermano no la dejaría en la estacada esa noche y le buscaría una buena pareja.
-¡BASTA!- gritó Isis ante el forcejeo. Se soltó de ambos chicos y salió del aula echando chispas por los ojos.
No se había alejado ni diez pasos de la puerta cuando alguien la detuvo, agarrándola de nuevo de un brazo y se la llevó a una esquina, alejada de los transeúntes.
-¿Qué crees que estabas haciendo con Malfoy?- le preguntó un indignado hermano mayor.
-¿Qué derecho tienes tú a juzgarme cuando te arrimas a cualquier falda?- le espetó la niña.
Sirius sonrió, para haber pasado olímpicamente de ellos sabía demasiado sobre sus correrías nocturnas bajo la capa de James.
-Isis- empezó despacio- Malfoy no es buena gente. Es un chico demasiado mayor para ti.
-Todos en este colegio son mayores para mí, por si no te habías dado cuenta- estaba bastante indignada.
Sirius la miró con los ojos entrecerrados, él quería arreglar las cosas, pero su hermana era cabezota de verdad.
-Además, es mi vida y yo decidiré cuando tengo relaciones sexuales, dónde las tengo y con quién las tengo, ¿O acaso pensabas que iba a llegar casta y pura al dichoso matrimonio?.
-No quiero tener esta conversación con una mocosa de nueve años- dijo sin darse cuenta de que su boca acababa de expresar su pensamiento.
-¡Pues no la tengas!¡Yo no te he pedido ayuda!.
Le dio la espalda y se dirigió hacia el comedor. Sirius salió del estupor de las palabras de su hermana y corrió tras ella. La verdad, le daba miedo lo que Malfoy intentase con la niña.
Una vez sentados en la mesa de Gryffindor el moreno no podía apartar la vista de la rubia de ojos azules, la pequeña Isis reía sin parar ante la cara de asombro que tenía un niño de segundo cuando ella movió su varita delante del vaso.
-Vamos Isis, el hechizo, dinos el hechizo- suplicaba uno de séptimo que se había unido al grupito.
-No. Eso es secreto- respondía la niña con altanería.
-Pero al menos nos podrás decir en que libro lo encontraste- le rogó el mayor.
La niña negó con la cabeza.
Muchos chicos de Slytherin se tambaleaban sobre sus asientos, con las mejillas encendidas. Algunos vomitaban.
Remus miró a Isis, sabía que ella había tenido algo que ver.
-Sirius, coge a Isis y tráela- le ordenó su amigo muy serio.
El chico no se lo pensó dos veces y llevó a la niña allí, junto a los merodeadores.
-¿Qué pasa?- quiso saber Isis bastante molesta- No me habláis en dos meses y ¿Ahora queréis ser mis amigos? Pues no os pienso decir el hechizo.
-¿Ha sido ella?- preguntó James señalando la mesa de los Slytherin.
Remus asintió con la cabeza, secundado por Colagusano.
-¿Cómo lo ha hecho? Si no se ha movido de su sitio…- se escandalizó James- ¿Por qué?.
-Oye, vosotros no tenéis un porqué para fastidiar la vida de Snape, ¿Por qué lo tendría que tener yo?- preguntó Isis.
Su hermano mayor la fulminó con la mirada. Ella se encogió en el asiento. Atemorizada.
-Bienvenida a los merodeadores- James le estrechó la mano con fuerza con una amplia sonrisa.
-Demuestra que has sido tú- la retó su hermano.
Ella sacó la varita del bolsillo izquierdo de su túnica y apuntó el vaso de James, susurrando mientras movía la varita: "No me gusta la dulzura, lo meloso, ni el jugo de sandía, quiero conocer el fuego y poder ahogar el cielo".
James se llevó el vaso a los labios con temor, pero el nuevo brebaje le quemó, escupió hacia Colagusano y miró a la niña asombrado.
-Es Whisky de Fuego- respondió acercándose al oído del chico- eso me dijeron los mayores, y que era uno de los mejores que habían probado.
-Eres peligrosa, pequeña- le respondió el mago con media sonrisa.
-No soy pequeña, soy Isis Black- respondió levantándose de su asiento con altanería.
Sirius probó el alcohol por primera vez y le encantó. El vaso de James sirvió para que los merodeadores pillasen su primera borrachera ante todo el comedor, por lo que fueron castigados sin ser culpables de la broma a los Slytherin, y ahí empezó la lucha entre toda la casa de Slytherin y el grupo de cuatro de Gryffindor.