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Diario de una esclava vikinga — capítulo 12

Bueno, esa vez Anselmo iba a tener que contentarse con conocer a su segundo nieto unos meses, no estaba dispuesta a quedarse mucho mas tiempo alli, en el mismo momento que viajar fuera seguro para su hijo se irian de alli.

Asi alomejor podria olvidar todo lo que habia pasado, tratar de rehacer su vida de nuevo junto a su hijo, suspirando volvio a la pequeña cabaña y se dejo caer sobre la cama, ¿De verdad creia que todo iba a ser tan facil?

No habia nada facil en aquel mundo, y mucho menos cuando habia de por medio un niño, ya podia oir en su cabeza las murmuraciones de la gente cuando la vieran llegar con el bebe y sin el padre. Pero bueno, estaba segura de que podria utilizar los rumores de su compromiso en su beneficio y hacerles creer que era viuda.

-¡Joder Elektra! Eso no te lo crees ni tu-murmuro girandose

¿Que mas podia hacer? ¿Quedarse alli? eso nunca, antes moriria que vivir en aquella cabaña esperando a que alguien llegara y la rescatara de la soledad a ella y a su hijo, y en cuanto a Tristan... bien, por ella Tristan podia irse a la mierda. Lo que habian compartido, si alguna vez compartieron algo mas que no fuera unas horas en la cama, habia acabado hacia mucho tiempo, en el mismo momento que desconfio de ella. Justo cuando mas lo necesitaba no fue capaz de creerla.

Destruyo lo que habria podido ser un bonito final y lo habia combertido en una version retorcida de la cenicienta, en vez de haber ido a por ella y salvarla se habia quedado en su casa sentado en su trono creyendo que se habia escapado. Quiso gritar pero estaba segura de que Anselmo habia enviado a alguien para vigilarla y lo ultimo que queria era que el hombre fuera corriendo hasta la cabaña por miedo a que estuviera haciendose daño.

Volvio a girarse en la cama y fijo la vista en el techo mientras repasaba mentalmente los acontecimientos de las ultimas semanas, sus caderas se habian ensanchado y sus pechos crecido lo que ella creia una o dos tallas mas. Los vestidos habian empezado a quedarsele pequeños y habia tenido que comprar o hacerse nuevos, ¡ella que nunca habia cosido en su vida! Habia sido capaz de hacerse unos vestidos.

De repente la angustia la invadio y una lagrima se deslizo por su mejilla, furiosa por su momentania debilidad se la limpio mientras se levantaba. Ya era hora de dejar de compadecerse como una tonta, tenia que luchar por lo que ella queria ya que nadie lo aria por ella.

Estaba sola y cuanto antes lo admitiera mejor le iria y en esos momentos no sabia lo malo que podia llegar a ser la soledad.