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Historia 37657 — capítulo 2

El niño ya no reía. Luego de ese chorro de luz verde y el grito desgarrador de su madre, había comprendido que el hombre bajo la capucha no era su papá. Y comenzó a llorar.

Esto último fastidió aún más al intruso. Nunca había soportado las llantinas de los asquerosos muggles en el orfanato...

Levantó la varita, dirigió una última e intensa mirada de odio a los brillantes ojos verdes, los cuales seguían derramando lágrimas, y abrió la boca para formular la maldición:

-Avada Kedavra!

Y de repente, no era nada. Sólo dolor y horror. Se desvaneció; tenía que huir, eso era obvio. Muy lejos, no en las ruinas de aquella casa…

Todavía podía oír las súplicas de la muchacha pelirroja, Lily Potter, hacia él: "¡Máteme a mí, máteme a mí, pero no le haga daño a Harry!".

Pero Lord Voldemort no tenía misericordia. No necesitó más de dos segundos para acabar con ella, dado a que estaba desarmada, y él era, no en vano, el mago tenebroso con más poder en todos los tiempos.

Sin embargo, algo había salido mal. Y no sabía por qué, pero las súplicas de la madre en defensa de su hijo, le parecían la repuesta.

Entonces comprendió.

Al morir para salvar la vida de su único hijo, Lily Potter le había otorgado una protección especial. Por eso no había podido matarlo y el hechizo de había vuelto contra él. Era magia antigua, muy antigua, sí, y a la vez poderosa, extremadamente poderosa.

Pero no estaba muerto. Y algún día, quizás pasaran semanas, meses, años; pero tarde o temprano, el Señor de las Tinieblas regresaría para cumplir su pendiente: asesinar a Harry Potter, el niño que vivió.