Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 37749 · de

Historia 37749 — capítulo 6

El rayo solar pegaba de lleno en su cabello, parecía que este estaba en llamas, pudo sentir el breve calor y despertó.

Un dolor punzante lo hizo quejarse, toco su tórax y encontró una serie de vendajes, se puso de pie adormilado, revolvió un poco su cabello, miraba alrededor, un pulcro y elegante departamento se extendía a sus pies, camino directo a una repisa y encontró unas fotos, en unas había movimiento, en otras no.

-Los Granger- dijo en voz baja el pelirrojo y miro una fotografía con dos personas a la orilla de un puerto.

Giro hacia la izquierda y entro en lo que antes era una habitación de descanso, ahora estaba llena de libros hasta el tope y a su derecha, un pequeño comedor de 4 sillas, cada detalle estaba bien elegido, la decoración meticulosa no era abrumadora, era más bien relajante, fresca.

Regreso por donde vino y acudió a la recamara en donde Hermione seguía durmiendo, la puerta estaba entre abierta, y la pudo ver, envuelta en la ropa de cama, sus rizos esparcidos por toda la almohada, sus labios como disimulando una sonrisa espontanea.

El regreso a la sala y tomo asiento, no se escuchaba nada más que las voces lejanas de niños jugando en el pequeño parque del otro lado de la acera, muy bajo y lo demás silencio, pasaron unos minutos, quizá media hora y entre el murmullo de la ropa de cama Hermione salió de su habitación, con los ojos todavía esperando acostumbrarse a la luz.

-¿Cómo te sientes?- pregunto ella

  • bien- afirmó Ronald

-¿Qué hacías?-

-pensar-

-ya veo… pensando… voy a preparar el desayuno- y se dio la vuelta pero antes Ron exclamó

-No te preocupes, yo ya me iba-

-¿Irte?... con esa herida… no lo creo…-

-Ya está mejor, ya casi no duele-

-Ronald… no me molesta…- explico la chica castaña.

-¿en serio?- pregunto el chico y ella afirmo con un movimiento de cabeza.

El desayuno paso tranquilo, nada lo interrumpió, de vez en cuando se miraban, miradas llenas de algo que los hacía reconocer en la otra persona a un protectory a un protegido, era como estar tocando la tranquilidad, era como sentirse parte de esa serenidad, no había segundos incómodos, era como si eso fuera normal, como si siempre hubiese sido así.

No había miedo, no había ira. Tenían la sensación de esperar algo, pero no sabían que, ahora estaban en la sala, el recostado, ella tomando café en una pequeña taza blanca, no hacía falta hablar, no hacía falta aparentar nada. Solo mirar el sol entrando en las ventanas, como si el tiempo fuera de salto en salto, saltos pequeñitos y suaves.

El se acerco y tomo su mano, se puso de pie, se miraron a los ojos profundamente, el se acerco, ella también, pero sus labios apenas se rozaron, no era un beso como tal, era como una caricia, un pequeño toque, una respiración corta, pudieron volver a disfrutar de sus aromas, de sus texturas, el tiempo seguíabrincando muy lentamente. Los brazos comenzaron a cerrarse más en el cuerpo ajeno, los minutos pasaban sin marcar alarma, ellos retaban al tiempo, alargando segundos que parecían horas. Apenas percibieron los pasos que dieron y ya estaban luchando para no caer al sofá de golpe, fue lento, no se separaron, pero sus labios seguían sin besar, solo se buscaban.

En pequeños movimientos las manos comenzaron a buscar debajo de la ropa la cálida piel del acompañante, recorrían con los dedos los bordes, los cuencos, las formas de su ser. La respiración comenzaba a hacerse más agitada, el aire empezaba a faltar, pero no querían soltar sus cuerpos, era magnético.

Los labios por fin comenzaron a buscarse… húmedos... calientes… y cuandoparecía que se desvanecían en un limbo de cíclicas caricias… estos se encontraron.