Amantes y retorcidos — capítulo 7
Severus inspiraba, mientras Bellatrix seguía dormida en su cama. Con una sonrisa de satisfacción, se levantó hasta sentarse mientras que ella, no se fijó en ese hecho. Esa mujer estaba loca y él, tan loco como ella. Por acostarse con ella y seguir su juego. Bueno, bien valía la pena, por un par de días en la cama y sin más que pensar, que en sus rizos y su cintura ancha. Había cambiado mucho, desde que le conocía. Así era Bella, antes una mujer hermosa. Ahora solo era la sombra de lo que una vez fue. Aún así le resultaba exquisita en muchos sentidos.
- Ay, Severus... vuelve aquí. Tú y tu pequeño, vuelvan aquí.
- ¿Pequeño?- preguntó y ella sonrió suavemente.
- Bueno tú y tu grande, vengan aquí. ¿Cómo esperas que duerma, si vives moviéndote constantemente? Sonrió y se dejó caer en la cama. Estaba loca, ya lo había dicho.
- Ahora... tú y tu amigo vienen a la cama y se quedan junto a mí. No me gusta perder mis almohadas cuando duermo, Severus. Suspiró, mientras ella le abrazaba en silencio y lo contemplaba con mucha felicidad. Rozó sus partes privadas, ligeramente. Con una inspiración lenta, Severus trató de ser paciente. Mucho sexo, poca charla. Le gustaba, pero no demasiado. La contempló, mientras ella se acomodaba a su gusto y su voluptuosa forma, estaba ya casi sobre él y su humanidad. Bueno, parte de eso era no tener privacidad de ningún tipo. Normal en Bellatrix Lestrange. Una vez con ella, nunca la podría dejar. Y esperaba que se aburriera de él, luego de un par de veces.
- Deja de pensar tanto y déjate... ¡Vamos!- dijo con una sonrisa juguetona.