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Historia 38208 — capítulo 2
Alice tarareaba muy tranquila mientras caminaba por la plaza. Decían en la mansión Amberes que el chico Thomas llegaba ese día, pero Alice no estaba tan entusiasmada como los demás.
Eso significaba más limpieza... Y los hombres jóvenes eran sucios... Calzoncillos tirados por todo el cuarto... Comida desparramada...
-¡Alice!- llamó impaciente Gabriella.
-¿Qué?
-¿Qué haces?
-Ando por la plaza- dijo de mal humor Alice, mirando a unos muchachos que caminaban también por la plaza. El joven era bastante lindo, y la muchacha, bien rubia.
-Dios mío... ¡Thomas y Annet!- exclamó ansiosa Gabriella, y corrió a saludarlos.
-¡Gabriella!- dijo emocionado el joven (Thomas)-. Vaya... No has cambiado nada. Te presento a mi novia, Annet.
-Hola- dijo Annet, con un extraño acento. Tenía una mirada extraña, como de desprecio.
-¿Quién es ella?- preguntó Thomas, mirando interesado a Alice, que dio un respingo, y se ruborizó-. ¿Es una vecina? Debe de haberse mudado en estos dos...
-No, señor. Soy una mucama de su casa- dijo Alice, todavía ruborizada.
-Ah... Más mucamas- dijo sonriendo Thomas, y emprendieron el camino a la casa.
Cuando llegaron, Annie estaba sentada leyendo una revista sobre "Casas ricas", y cuando vio a su hijo con las maletas, dio un chillido agudísimo.
-¡Thomas! ¡Mi Thomas!
La mujer saltó del banco, y le dio un fuertísimo abrazo a su hijo, y sonrió radiante a Annet, que chasqueaba la lengua furiosa.
-Ya, mamá...- dijo avergonzado el muchacho, y se separó de ella. Cuando estaba por entrar las maletas, Annie exclamó, indignada.
-¡Deja que Alice y Gabriella les lleven sus maletas, hijo mío!
-No es ninguna molestia...- dijo Thomas, pero Annet le dio un pisotón, sonriendo complacida.
-Claro- accedió Annet, y le pasó violentamente su valija a la rubia, que jadeó al recibirla.
-Podemos llevarla, señora- dijo Gabriella, pero Thomas volvió a intervenir.
-Alice, deja que te ayude- ofreció el joven, ayudándola con unas maletas, y entraron dificultosamente. La mucama sonrió nerviosa, y entre los dos pusieron la maleta de Annet en un gran sillón gris-. ¿Alice, cierto? Perdona si te dije otro nombre... No tengo buena memoria.
-No, no, es Alice- sonrió más calmada la chica, y se desplomó en el suelo. Se había sentido mal desde hacía algunos días, y Thomas la tomó con cuidado, antes de que cayera.
-¡Thomas! ¡Déjala!- susurró molesta Annet, con su acento alemán, y miró indignada como su prometido la depositaba suavemente en el sillón, al lado de las maletas.
-Alice, ¿Te encuentras bien?- susurró Thomas, ignorando a su novia, que parecía a punto de estallar.
La rubia guapa abrió los ojos, lentamente. Primero veía todo borroso, y luego, descubrió que cinco centímetros encima de su rostro había un chico... Cuyo nombre no recordaba. Tenía una belleza deslumbrante, como un Dios Griego.
-Perdona... ¿Qué ha pasado?- musitó Alice, apoyándose en él, y Annet fue hecha un huracán hacia ellos, y la separó de su novio.
-Te has desmayado- explicó sonriendo Thomas, y le tomó la mano a la alemana, que se enloquecía.
-No me estaba sintiendo bien- murmuró la rubia, tapándose la cara, y se oyeron más gritos. Anelliesse y el señor Amberes bajaban las escaleras, y se abalanzaron sobre Thomas. Anelliesse lo abrazó como loca, llorando de emoción.
-¡Has vuelto! ¡No me la puedo creer!- sollozaba la morocha, y Thomas gimió.
-Bueno, bueno. Ya estoy aquí...
Alice se escabulló rápidamente de la escena familiar, y corrió a la cocina. Gabriella la siguió, sonriendo con complicidad.
-¿Así que te has desmayado en los brazos del joven Thomas, Alice?
Alice resopló, enfadada, pero encantada.
-¿A qué es lindo Thomas?- dijo Gabriella riendo, y la chica la miró con dureza-. Ay, mi amor, está bien. Pero... ¿Te desmayaste en serio, o solo quisiste estar en sus fuertes y formados brazos?
-¡Gabriella!- protestó la chica, y sacó de un frasco un poco de azúcar, para preparar flan con dulce de leche.
-Está bien, está bien.
Alice seguía con la imagen de Thomas en la cabeza... Como un Dios Griego...