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Yo, Scorpius (III) — capítulo 13

Tras aquella reveladora conversacion en la primera comida el resto de las vacaciones trascurrieron felizmente. Mi padre y yo tuvimos largas conversaciones sobre el colegio y como debia comportarme con Rose. Tambien me expuso la posibilidad de que los Weasleys me invitaran a su casa y como debia hacer para evitar roces innecesarios. Vi a mi padre mas maduro y mas relajado, estaba feliz y hasta bromeaba conmigo, todo hacia presagiar los mejores deseos para nosotros.

Mi madre y Rose pronto congeniaron, a las dos les encantaba cocinar. Un dia las encontre en la cocina frunciendo el ceño entre grandes nubes de vapor y aromas diversos y el resultado fue una comida tan deliciosa que mi padre y yo nos quedamos absolutamente sorprendidos por el resultado. Mi padre medio en broma y medio en serio dijo que si Rose seguia en casa acabariamos en San Mungo por indigestion extrema y copiosa.

Pero los dias se acababan y una idea me rondaba por la cabeza, asi que, armandome de valor, la vispera de su partida propuse a Rose que me acompañara a un pabellon oculto al fondo del jardin.

Era un lugar encantador, en verano habia una delicada pergola de campanillas azules y blancas que perfumaban el ambiente, mientras un suave surtidor caia sobre un pequeño estanque de nenufares.

El invierno no permitia contemplar esas maravilas pero eso me importaba poco, de niño era uno de mis lugares predilectos y me pasaba horas absorto contemplando la naturaleza en todo su esplendor.

LLegamos al lugar, pisando suavemente entre la nieve recien caida que le daba un aspecto a la vez solemne y majestuoso. Una solitaria campanilla azul habia sobrevivido al otoño entre el ramaje del parterre no lo pude aguantar y la cogi, la puse delicadamente en el cabello de mi amada y le dije:

"Una Flor para otra Flor"

Ella levanto la vista, me miro con esos ojos azul ultramar que tan bien conocia, entorno sus pestañas y acerco su rostro al mio, sus labios rojos e insinuantes estaban palpitantes mientras que las aletas de su nariz templaban ligeramente.

Me incline sobre ella y sin pensarlo, sin planearlo, delicadamente la bese.

Fue una sensacion deslumbrante, como si un mundo se abriera ante nuestros ojos. Un radiante rayo de sol atraveso el ramaje y nos ilumino, ella parecia una ninfa de los bosques y yo me senti Apolo en las faldas del Olimpo.

Creo que nunca he sentido una situacion semejante, ese dia senti que el tiempo se detenia y que nada me parecia imposible.

Si, yo amaba ya a Rose.

¿Y ella?

Ella me miro con esa mirada que me derretia y su sonrisa ilumino mas mi rostro, ese dia no fue como los demas, ese dia nos juramos amor eterno.