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Tanya y Edward — capítulo 9
Eran las seis de la mañana. El sol teñía a las nubes de un amarillo oscuro. Bella estaba asomada a la ventana. Edward se había ido de caza a solo quince minutos de Forks, bastaba con llamarlo y él vendría corriendo. pero, no podía hacerlo, su novio llevaba tres semanas sin ir de caza y cada vez le resultaba más difícil resistirse a su sangre. Tenía que esperar.
Sobre las siete y media Bella subió a su habitación después del desayuno, se enfundó unos vaqueros y una camisa de algodón, bajó al salón y salió por la puerta.
La chica se adentró en el bosque y empezó a caminar por el sendero sin rumbo fijo.
Pasados diez minutos Bella se sentó en un tronco exhausta. Pero, alguien corría velozmente detrás suya. La chica se levantó de un salto y se alejó un poco.
- No tengas miedo - la tranquilizó una preciosa vampira - . Soy de la familia Denali, amigos de los Cullen. Me llamo Tanya, ¿y tú eres?
Bella se fijó en los ojos ambarinos de la vampira. Una cosa estaba clara, ella bebía sangre animal, de eso estaba segura.
-
Yo... bueno... yo soy... - tartamudeó Bella fascinada ante la belleza de la chica.
-
Esa voz - musitó Tanya - . ¡Eres Bella Swan! - bramó la vampira con los ojos encendidos por la rabia - ¡Un claro objeto que se interpone entre Edward y yo! Pero, ya no volverás a molestarme nunca más.
Tanya se lanzó contra Bella y pegó sus labios a la garganta de la chica.
-
¿Tus últimas palabras? - preguntó la vampira.
-
Edward, te quiero - sollozó la chica. Su voz se quebró en la última palabra. Era increíble, no volvería a ver a su amado jamás.
-
¡Tanya, déjala en paz! - bramó Edward.
El vampiro estaba delante de la vampira y la humana. Edward había aparecido por detrás del tronco, justo donde Tanya había hecho su aparición.
-
¡Tanya! - chilló Edward impaciente - No me importaría atacarte.
-
¿Atacarme? - preguntó Tanya con los ojos como platos de la sorpresa - . Edward, tú eres mio, y ahora va esa humana se interpone entre lo nuestro.
-
¿Lo nuestro? - se carcajeó el vampiro - . Entre tú y yo no hay nada, nunca lo ha habido, y nunca lo habrá. No me gustan las asesinas.
Tanya se quedó helada. Ella no era una asesina, pero, si mataba a Bella se convertiría en lo que siempre había odiado. Edward ya no la querría después de aquello. La vampira soltó a Bella de la impresión.
Edward se colocó al lado de la humana en un abrir y cerrar de ojos y la protegió con su cuerpo.
- Un segundo - le pidió Bella.
Edward la miró confuso, pero, asintió. La humana pasó por al lado del vampiro y puso su mano en el hombro de Tanya, que se había sentado en el tronco y tenía la cara enterrada en las manos.
- Tanya - empezó Bella - . Siento mucho todo lo que ha ocurrido, de verdad. Pero, no te desesperes ni te rindas, el tiempo me ha echo aprender que siempre hay algo esperando, alguien especial para ti. Unas veces tardas más en encontrarlo y otras menos, pero, tarde o temprano encontrarás a ese alguien especial.
La vampira levantó la vista y se fijó en la joven que estaba delante suya. Edward tenía razón, era muy hermosa, por dentro y por fuera. Tanya asintió y se levantó.
- Gracias Bella - comentó sonriendo - . Siento mucho haber intentado matarte. No volveré a intentarlo jamás. He aprendido la lección. No os molestaré. Ahora tengo que volver con mi familia, que se creen que he ido de caza. Hasta luego.
Tanya salió corriendo.
- Eres increíble - la felicitó Edward - . ¿Cómo lo haces?
Bella se encogió de hombros mientras se enjugaba las lágrimas, luego, se abrazó fuertemente a Edward.
-
Te amo - le susurró.
-
Y yo a ti, amor mio - dijo Edward besando el cuello de Bella.
Después de las confesiones ambos se fundieron en un apasionado beso.