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Las verdades de Severus Snape — capítulo 2

Permanecí en Hogwarths, me había quedado dormida en el salón de los profesores. Tenía miedo de los fantasmas del pasado y no me atreví a moverme; hasta encontrarle el sentido correcto a la situación. Suspiré, mirando libros con tapas decoloradas y marrones. Las hojas estaba mordisqueadas por los ratones y amarillentas por el paso de los años. Una escalera de madera, casi a punto de quebrarse, me sirvió para alcanzar uno de ellos. Llamó mi atención por su aterciopelada cubierta y su dimensión. Creo que, me iba a hacer muy bien, leer algo pesado. De todas formas, no tenía algo que hacer.

Mientras leía, sentí pasos que se acercaban. Cerré el grueso libro y saqué mi varita de los bolsillos de mi túnica. Estaba en Hogwarts, pero no quería arriesgarme. Con un movimiento rápido me levanté. Al hacerlo, la puerta de roble se abrió frente a mí. Nuevamente era él y me miraba con el entrecejo fruncido. Yo guardé mi varita y suspiré; aliviada.

Me observó por largo rato, antes de entender que yo intentaba defenderme. Caminó alrededor del salón y tomó uno de los libros en la estantería. Luego de ello, se giró para hablarme. Su tono de voz me heló la sangre. ¿Por qué siempre tan sarcástico y lleno de ironía?

  • ¿A qué debemos el honor de su visita? ¿Otra vez?

  • Nunca me fui- le mencioné a aquel hombre. Su cabello ya no era el mismo. Era más largo y cada hebra reposaba en su angular rostro. Estaba tan brillante como siempre y tan adherido a su rostro, como siempre. Su cetrino rosto estaba ligeramente delgado y sus ojos se veían pesados y cansados. Nunca creí verle de esa forma ¿Qué le desgastaba tanto? Sus labios estaban ligeramente morados.

  • ¿Por qué me observa tanto Granger?- fue su pregunta, pero ya yo sabía; que él tenía la respuesta. Hizo un gesto con desdén y se sentó en un sofá bajo y raído.

  • Ha sido un año duro- me dijo y yo no supe a qué se refería. Por supuesto, yo estaba en otra parte de la guerra.

  • Lo ha sido, sí- resumí, mirando el profeta. Observé, como a Severus le costaba sentarse y como le temblaba una pierna incoscientemente. No me atreví a preguntarle, pero él ya intuía que yo tenía deseos de hacerlo.

Encendió una vela y la colocó a su lado. Yo me mantuve en silencio, observándolo solamente. Cuando llegué a ser incómoda, él alzó su cabeza y me observó con cierta extrañeza. Yo simplemente permanecí en silencio y le sonreí con nerviosismo.

  • ¿Está sola, Granger?- me preguntó y no sé por qué, pero me sonrojé abiertamente.

  • ¿Sola? ¿Es decir..?

  • Sí Granger, si no está casada o con pareja...

No sabía por qué, él, quería saber eso. Inspiré y me acomodé en la silla, ladeando la cabeza y meditando profúndamente. ¿Debía yo, tener una pareja?

  • No no tengo. Bueno, la tuve y quizás la recupere- mencioné, pensando en alguien. Snape no dijo nada más y asintió en silencio. Luego de unos segundos, me habló.

 - ¿Por qué no va y la recupera?- me preguntó y yo supe que me quería lejos de Hogwarts. en silencio, dejé el libro donde lo había encontrado y me detuve para observar por una ventana. Con una sonrisa suave, corrí las cortinas.

  • Por que, es demasiado orgulloso para entender que me necesita y yo, demasiado temerosa para ir y pedirle disculpas- con eso, me despedí y salí de aquella sala. No volvimos a vernos por unos largos meses.

Estaba sentada en el sofá de mi casa. Observaba el periódico con una taza de té en mano, y suspiré mientras leía sin anda qué hacer. En mi cabeza, siguieron rondando esos encuentros extraños.

¿Cómo se había salvado? Sin duda, no lograba dar con algo que fuese coherente. A mi modo de verlo, estaba muy demacrado y supuse; que ese era el precio que tenía que pagar.

Ese día, pensé que todo iba a ser "normal", pero era obvio que me equivocaba con creces. Una carta llegó hasta mis manos. Severus Snape quería hablarme. No supuse de qué, pero me dirigí a Hogwarts lo más aprisa que pude.

Con una sonrisa suave, lo saludé y él permaneció en silencio. Habían algunas personas reunidas, que yo no conocía. Quizás padres de familia o profesores. El asunto que él quería tratar conmigo, no lo tocamos sino hasta que terminamos en su despacho.

  • Granger, necesito su ayuda- mencionó, estaba ligeramente nervioso y le temblaba uno de sus labios. Tan morado como lo había visto, pero con una pequeña variante. Se estaba escamando.

Asentí y lo miré a los ojos, con la vana esperanza de entender lo que le sucedía. Parpadeó con cierta dificultad y luego me habló en una voz débil.

  • Necesito que me escuche.

  • ¿Escucharle?

  • Necesito contarle algunos asuntos, justo antes de...

Se desplomaba, el hombre se desplomaba frente a mí. Con un movimiento rápido conseguí sostenerlo, pero era mucho más pesado que yo y nos caímos. Estaba frío y apenas latía su corazón. Yo, llena de nervios, comencé a gritar con desesperación. Hería mi garganta mientras pedía auxilio. Gracias al cielo la enfermera Promfey me escuchó y seguía en Hogwarts. Con su ayuda pude recostar a Severus en su cama. Había bebido, olía terriblemente a licor y estaba incosciente.

Permanecí dentro, por si despertaba. Llegó a recuperar un poco de la consciencia y vomitó. Había algo muy particular. Era un líquido transparente y denso. No era una bebida normal o.. quizás no bebía. Aún así, oliese a licor.

Estaba bañado en su propio vómito. Pero yo no iba a desvestirlo, ni más ni menos. Con un suspiro, sentada a su lado, intenté pensar. Habían hechizo, múltiples. Utilicé uno de ellos para quitarle la ropa. Y otro, para limpiarlo

Abrí el clóset donde guardaba sus cosas. Sus ropas seguían siendo negras, una combinación de camisa blanca con todo lo demás negro. Lo coloqué en una silla y obligué a las sábanas a que lo cubrieran. Allí lo dejé, mientras salía y me sentaba en su sillón. Necesitaba descansar.

Mientras yo esperaba, esbozaba miles de teorías que me explicasen su repentino desmayo. A mitad de un intrincado entendimiento, donde nada estuvo precísamente claro; me quedé dormida. Para ambos, sería un día, una tarde y una noche larga. Pero, yo estaba dispuesta a aguantar.

Desperté, cuando tuve una jaqueca terrible. Me había dormido con la cabeza en una mala postura. Suspiré, rascándome la frente y estirándome. Para cuando terminé, el hombre mi observaba desde la cama. Me levanté y caminé hacia él. Sonreí, pero creo que mi intento falló, puesto que él me observó con dudas.

  • ¿Qué sucedió?- me dijo- ¿Dónde estoy?

  • ¿Dónde está?- pregunté yo, sentada a su lado.

  • Lily, qué haces aquí...

  • ¿Lily?- pregunté, ya no comprendía...

Ahora entendía sólo una cosa. Lo que fuera que lo hiciera vivir, lo hacía sufrir de una forma terrible. O estaba teniendo una regresión, o estaba delirando. Fuera lo que fuera yo me quedé allí. No sé si me quedé, por lo que planificaba decirme o por que sentía que no podía dejarlo en ese estado. En ese sentir. Allí me quedé.