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Historia 39493 — capítulo 1
Ese día era el aniversario de muerte de Mary Bustamante, la difunta novia de Michael Trouble, el chico más popular del Real College. Era el primer aniversario, de hecho. Michael siempre antes de ir al colegio, iba al cementerio, a dejarle flores a la tumba de su ex novia, o simplemente a visitarla. Ese día, un sentimiento de culpa y dolor se extendió por el cuerpo de Michael, pues él había dicho que sí a Mary el día de su muerte (la había dejado ir a un baile). Por esa razón, en el auto de sus amigas, había fallecido... Porque un camión las había chocado de frente... Las amigas de Mary habían sufrido daños, pero la única pérdida fue la de Mary.
Michael despertó, por una pesadilla. El espíritu de su novia vagaba por su casa, pero huía del chico, que, a causa de la nostalgia y dolor, la perseguía por la mansión.
-Hola, Michael- saludó con voz crispada la madre de Michael, Juana Trouble. Ella le tenía mucho aprecio a su nuera.
-Hola, mamá- respondió el chico, y siguió tomando su desayuno. Vio que Juana había comprado un ramo de rosas (las favoritas de Mary), y que llevaba una tarjeta-. ¿Las compraste tú?
-Sí, pensé que querrías ir a visitarla...
El joven asintió, y miró su café con leche. Lo terminó, agarró el ramo, cogió su mochila. Se despidió de Juana, que estaba pálida, y salió de la casa. Fue al cementerio, y se arrodilló frente a la lápida de Mary, que mostraba una foto hermosa y espléndida de ella en vida.
-Hola, Mary...- susurró Michael, y le dejó las flores cuidadosamente en el pasto-. Hace un año que no estás conmigo... Y te he extrañado más que a nada.
Charló unos minutos más, pero miró su reloj y se dio cuenta que llegaba tarde a la clase.
-Volveré.
Salió corriendo, y llegó al Real College en diez minutos, absolutamente tarde. Golpeó la puerta dos veces, y el profesor le permitió entrar. Miró a todos sus compañeros, y una le llamó la atención. Era rubia, muy bonita, y llevaba el cabello recogido en una trenza larga y ondulante, y una vincha celeste gruesa.
Se sentó en su lugar habitual, y vio que la chica rubia le sonreía, tímidamente. Miró para atrás, y su amigo le guiñó un ojo.
Sacó su cuadernola, y escribió una notita para la rubia. Ella la abrió, y la leyó rápidamente.
¿Eres nueva, no? Creo que no te conozco.
La muchacha sonrió otra vez, y sacó una lapicera de colores. Escogió el color violeta, y le respondió.
Me llamo Marie Anne, pero puedes decirme Annie. Y no, no me conoces. Soy nueva en el colegio… ¿Tú eres Michael, verdad? Oí hablar de un chico "popular" en el colegio a través de unas chicas bastante tontas, y no veo que en esta clase otro sea lo bastante popular…
Michael asintió, y fijó su atención en el profesor, que estaba diciendo la consigna del trabajo grupal que debían hacer.
-Es en grupo de dos personas. Si hay más, será observado...Bien. Deberán escribir un resumen del texto de dos hojas... -cuando dijo dos, hojas, todos protestaron, menos Annie- ... dos hojas, y la mejor producción escrita, ganará dos chocolates (uno para cada uno). El texto trata del Aparato Locomotor... Pueden empezar. Ah, y quiero que los grupitos no sean los de siempre. Para empezar, Trouble, puedes formar equipo con la señorita...
-Smith- especificó Annie, temblorosa.
-Eso es, con la señorita Smith- aprobó el hombre, y Michael vio que sus amigos refunfuñaban-. Sin quejas, McKinnon, Johns y Jones.
Annie giró su pupitre hacia Michael, que agarraba las hojas que le tendía el profesor, y la dejó en el pupitre de su compañera.
-¿Annie, cierto?
-Sí, Annie... No me gusta mucho que me llamen "Marie Anne"- asintió la joven, y se le cayeron las lapiceras-. Disculpa.
Se agachó para levantarlas, y las recogió todas.
-¿Empezamos a trabajar, Michael?
-Ah, sí, sí...
Michael la miraba, mientras Annie subrayaba algunas partes. Le parecía distinguir a otra persona que no fuera esa rubia hermosa, pero le costaba sabre quien era, así que siguió preguntándole cosas de ella.
-¿De dónde eres?
-De Inglaterra. Me mudé aquí hace dos semanas... Vivo en la calle High Street- contestó mirándolo Annie, y empezó a escribir en la hoja de cuadernola-. ¿Dónde vives tú?
-En High Street, también- confirmó el chico-. Déjame ayudarte, o el trabajo lo harás todo tú.
-No, está bien- sonrió amablemente Annie, y quedaron en silencio. Lo terminó ella sola en quince minutos, y lo entregó. Volvió a su pupitre, y siguió charlando con Michael, que estaba interesado en lo que decía-. ¿Y... tienes novia? Aquí todos deben tener novia...
Michael tragó saliva, y una lágrima se asomó por su ojo.
-Perdona... ¿Estás bien?
-Mi novia murió hace un año.
Annie se ruborizó, alterada.
-Perdona... No...- balbuceó, abochornada.
-Está bien, no pasa nada. Solo tenías curiosidad- dijo secándose la lágrima el chico, disimulando que se apartaba un mechón de la cara-. No te preocupes... ¿Y tú? ¿Tienes novio?
-Con todas las veces que viajé de aquí para allá, aunque hubiese querido, no habría podido tener novio- suspiró Annie, todavía ruborizada.
Salieron al recreo, y los amigos de Michael esperaron expectantes, y se llevaron una sorpresa cuando su amigo salió con Annie, que estaba entusiasmada.
-¿Y, hacen muchas fiestas en este colegio?- preguntó curiosa la muchacha, cuando se sentaron en un banco.
-En el colegio en sí, no muchas, pero nosotros sí... Mañana haré una fiesta en mi casa. ¿Qué número es tu casa?
-3454.
-Ah... La mía es 3459. Es bien cerquita...
-¿Decías que harás una fiesta?
-Sí, sí... Y naturalmente, estás invitada- asintió Michael, y la chica se ruborizó de emoción.
-¡Gracias! ¿Mañana hay clase?
-No, no hay, por eso la haré mañana...
Pasaron el día tranquilos, y contentos, y llegó el otro día...
Annie despertó radiante, y vio que su hermana menor seguía durmiendo, como de costumbre. Se levantó, bostezando, y abrió su armario. Tenía muchos vestidos, pero no se pondría los que acostumbraba usar en Londres... No. Debía ser uno algo escotado, y largo hasta las rodillas. Agarró uno celeste opaco, que le encantaba, y unos zapatos blancos de taco. Fue al baño, para ducharse.
Se puso el vestido y los zapatos, y se sentó en su "rincón de tocador". Se maquilló un poco, se armó un peinado precioso, y se incorporó, preparada.
Faltaban unas horas, pero igual, cuanto más estuviera preparada, mejor.
-¿Annie? ¿Dónde...?- llamó la madre, y la vio-. Vaya, hija... ¿A dónde te vas tan linda?
-Te lo dije ayer. A la fiesta de un compañero de clase.
-Ah, cierto. Pero dijiste que era a las tres de la tarde... ¿A qué hora finaliza?
-Supongo que al atardecer. Te mando un mensaje de texto cuando termine...
-No, está bien. vive cerca tu amigo, así que...
Se fue de la habitación, y Annie vio que su hermana de cinco años (Sophie) despertaba.
-Hola, Annie- dijo bostezando la pequeña, y se sentó en la cama para verla bien-. Pareces mi barbie.
-¿En serio? ¿Eso es bueno o malo?
-Te ves linda- se limitó a decir Sophie, y su hermana mayor la abrazó fuerte-. ¿Por qué me abrazas así?
-Porque te quiero mucho.
Pasaron las horas, y Annie salió de su casa, nerviosa. Fue una suerte que unas compañeras de clase bastante simpáticas pasaran por allí, porque no quería ir sola.
-¡Hola, Marie! ¿Vas a la fiesta?- saludó una de ellas, la más linda y la más simpática también-. Puedes venir con nosotras, si no quieres ir sola.
Annie sonrió, y corrió para alcanzarlas.
-Estás muy bonita- observó la misma-. Me llamo Amanda.
-Ah... ¿Vamos?
Se encaminaron a la fiesta, y cuando abrieron el portón, McKinnon llamó a gritos a Michael, que estaba sentado en el sillón de la sala.
-¡Rubia a la vista!
Espero que les guste este cap...
Siguiente cap: Fiesta, copa y besos.
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