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Historia 39768 — capítulo 2

Ya se que tienen curiosidad por saber que paso y que estais en ascuas, pero quiero teneros como Hermione...Sin memoria...Para que vean lo frustrante que puede llegar a ser la incertidumbre...En cierto modo estais como ella...Solo espero que os guste el capitulo y que disfruten de la historia como yo al inventarla y escribirla...Miles de gracias por esos siete comentarios ¡SIETE! yo misma me he quedado ¡guauu! sorprendida y por la gente que la añade a favoritos...muchas gracias y sin mas preambulos os dejo con el capitulo...


Capitulo 1: Un extraño chico de pelo rubio.

Había terminado mi turno en la heladería. Despedí a una de mis compañeras, que a la pobre le quedaba el resto de la tarde por delante, y salí del establecimiento. El barrio donde vivía estaba ha dos manzanas de allí, pero eso no me impedía ir andando ya que me gustaba cuidar mi cuerpo. Paré en una confitería, compré algunos bollos y decidí acercarme a casa de Mary. La conocí hacía cinco años en un cursillo que hice y con ella venía Leon, un chico encantador y desagradable, todo en el mismo pack. Entré en el viejo edificio donde vivía sola. Me extraño que la puerta del frente estuviese abierta, con cajas en el rellano y gente entrando y saliendo. Aquella casa siempre había estado vacía, pues nadie podía comprarla. Según me contó mi amiga, problemas de herencia. Encogí mis hombros ante la duda, tampoco me iba a interesar lo que hiciesen, y llamé al timbre. Un corto periodo después una chica de cabellos azabache, corto y liso me abrió. -Herm.-se tiró a mis brazos.-Marck me ha dejado. -Traigo bollos de chocolate.-le enseñé la bolsa de papel.-¿Entramos y me cuentas lo que pasó? La única respuesta que recibí fue el movimiento de su cabeza arriba y abajo. Entramos al salón, nos tiramos en el sofá y robo un bollo de la bolsa. La miré con un enojo falso, se río y mordió con intensidad el dulce. Se relamió los labios, pues había dejado un pequeño rastro de chocolate en ellos, e intentó hablar. La detuve antes de que hiciese aquello, ya que no me agradaba nada que la gente hablase con la boca llena. Tragó con dificultad y su labio inferior comenzó a temblar. -Ha llamada esta mañana.-sorbió, evitando que sus lágrimas se derramasen.-Dijo que no me quería, había encontrado una mujer de verdad y que solo fui un buen polvo.-se limpió una lágrima que se había escapado.-¡Nadie me quiere! -Eso no es cierto, sabes que Leon te aprecia. No se porque no le das una oportunidad.-levanté una de mis cejas, pues tenía mis dudas.-¿De verdad no sientes nada por él? Es guapo, amable, dulce, desagradable, duro y un encanto contigo. Tiene todo lo que pides de un chico.-la miré a los ojos.-Lo conoces desde pequeña, ¿qué más te da intentarlo? -Es mi amigo.-vaya excusa, eso pensé.-Él solo esta confundido, quiere lo que todos y después largarse.-mordió de nuevo y tragó.-¡Me voy a poner como una foca y entonces nadie me querrá! -Lo que tienes que hacer es dejar de lamentarte por las esquinas, dejar de comer cada vez que te vayan mal las cosas y luchar por lo que de verdad merece la pena.-un sollozo salió de entre mis labios.-¡Joder tú tienes la oportunidad de saber como es, de haberlo tenido desde que tenías uso de razón y lo desaprovechas! Nadie lo conoce mejor que tú. -Lo siento.-me abrazó.-No quería hacerte llorar, aunque sigo sin entenderte. ¿Tanto te afecta que no el de una oportunidad? -Si.-mentí.-Me afecta, pues él es mi amigo. Os cuento, ellos no saben de mi amnesia. Inventé una película, algo que no los hiciese dudar de mi. Una persona sin recuerdos y que no sabe quien es puede hacer desconfiar a cualquier persona. Pasamos el resto de la tarde hablando, riendo y llorando en algunas ocasiones. A nuestra reunión se unió Leon, el cual iba todos los días ha ver a Mary. Eso eran los detalles que él tenía con ella, pero esta insistía en buscar fuera de su circulo. Tenía tan cerca el amor, lo tocaba con la yema de los dedos, que no se daba cuenta de nada. Los dejé solos, pues no quería incordiar ni molestar y mucho menos ser la alcahueta de mis amigos. Salí de la casa con alegría, pues sabía que Leon no se cansaría hasta hacerle ver que era el hombre que buscaba. Cuando fui a bajar las escaleras, una estridente, seca y brusca voz detuvo mi caminar. -Hermione Granger.-giré mi cabeza para ponerle rostro a aquella persona.-¿Cómo tú por aquí? -Disculpa, pero ¿te conozco?-era rubio, con ojos casi grises que mostraban su frialdad.-No recuerdo tu rostro. -No me extraña.-sonaba algo cínico.-Fuimos compañeros. -Yo no te recuerdo, si me disculpa tengo cosas que hacer.-seguí caminando.-Buenas noches. -¡Espera!-sonaba una orden más que una suplica.-¿Vives en esa casa? -No.-me sorprendí, pues nunca hablaba con extraños.-De verdad, tengo que marcharme. -¿Te contaron alguna vez que te paso?-giré ciento ochenta grados sobre mi cuerpo y subí.-Lo que realmente te paso. -¿Cómo sabes tú que me pasó algo?-todo estaba fuera de lugar.-¿Quién eres, por qué me conoces y de donde? -Ya te dije, fuimos compañeros.-extendió su mano, pero parecía no agradarle mi tacto. -¿Tú sabes que paso?-estaba extrañada y me dolía la cabeza, de tanto esfuerzo por recordar.-Me refiero, al accidente que tuve donde perdí todo rastro de memoria. -Claro que si Granger. Soy Draco Malfoy-señaló la puerta que antes estaba repleta de cajas.-Entras y me cuentas de tu mis… de tu vida.-mi presencia no parecía agradarle, ni a mi la suya, pero podía sacar algo de todo esto. -Será mejor que me marché.-medio sonreí.-No te conozco de nada, no se nada de ti y es algo sospechoso toda esta situación. Buenas noches. Caminé hasta llegar al rellano, abrí la puerta y salí a la calle. El aire tibio, típico de otoño, dio contra mi rostro. Anduve pensativa, pues era todo tan extraño. Era demasiada casualidad que aquel chico rubio, de ojos platinos y rostro cuadriculado, supiese de mi vida. Mis padres nunca hablaron de mis compañeros de clases, incluso me cambiaron de instituto para que no tuviera problemas. Llegue a mi solitario piso, tan mustio y sin vida. Encendí la luz, mi gato estaba tumbado en el sofá y me senté a su lado. ¿Quién me entendía a mi? No confiaba en nadie, aunque me dijese que me conocía, y me sentía sola en aquel mundo cruel. Acaricié la panza del animal, que descansaba a mi lado, y quite los zapatos tirándolos por la estancia. No tenía nada muy emocionante, así que decidí prepararme una cena, ligerita de calorías, y me puse a ver películas. Aunque intentaba despistar a mi mente de aquel extraño chico de pelo rubio, era mucho más lista que yo, y me sorprendía a mi misma pensando en él. ¿Cómo recordar un chico tan guapo? No parecía de mi clase de amigos, pues me daba la imagen de alguien prepotente, creído y que se sobrevaloraba. Tenía cierta necesidad de saber más de él y sabía quien podía darme esa información. El reloj marcaba las diez y media. No era demasiado tarde, así que marqué el número de teléfono y esperé a que descolgaran. -¿Dígame?-hablo la tosca voz de mi padre. -Mich… Papa, puedes pasarme a mama.-intentaba no decir su nombre, pero me costaba esfuerzos.-Necesito hablar con ella. Es urgente.-sin decir nada más, escuché como llamaba a Jessica.-Mama -Dime cariño.-era tan dulce.-¿Te ha pasado algo? -No nada. Me encontré a un compañero de clase.-esperé alguna reacción de ella, pero esta no llegó.-¿No vas a preguntar? -Cariño, es normal que te los encuentres.-me encantaba su amabilidad y comprensión.-Bueno y ¿quién era ese compañero?-cambió su voz.-¿Alguien especial? -No. Ni si quiera me acuerdo de él. -¿Pierdes la memoria?-me quede algo interrogante.-Yo creí que la amnesia era la perdida de la memoria del tiempo atrás antes de golpearte. -No lo podía recordar. Era de mi anterior instituto.-un silencio demasiado incomodo se intercalo entre la línea.-Se llama Draco Malfoy. ¿Tú podrías decirme quién era para mi? -Cariño, será mejor que no hablemos de esas cosas.-de nuevo esa frialdad.-Olvídate de él, lo más seguro es que no lo vuelvas a ver.-parecía una orden más que un consejo.-Es un chico como otro cualquiera, sin ninguna importancia. -Mama, es importante para mi.-evite ponerme a llorar.-Necesito recordad, saber quién soy. Además lo veré todos los días.-le informé.-Se ha mudado frente a la casa de Mary. -¿Cómo está ella?-intentó deshacerse del tema principal.-¿Está con Leon? -¡Mama! No intentes evadir mis preguntas.-supliqué.-Por favor, dime algo de él. -Hermione, deja el tema de una vez.-parecía bastante enfadada.-No sacarás nada buscando en el pasado. Tus recuerdos nunca volverán. -¡Estoy amnésica, pero no me han robado los recuerdos!-grite bastante agobiada.-Solo necesito algo que me haga recordar, que me haga sentir alguna emoción para abrir una puerta a esos recuerdos escondidos. -Hija, tengo que dejarte.-suspiró.-Ven este domingo a casa a comer. -Como siempre iré.-bufe, pues no me apetecía.-Adiós y gracias por tu poca ayuda. Antes de que me reprochase nada, colgué. La ira se trasladaba de un lado a otro por mi cuerpo, invadiéndolo por completo y haciendo una marioneta de mi persona. Lloré por la impotencia que sentía, grité por el dolor que todo aquello seguía causándome y supliqué por recordar algo, aunque fuese a aquel chico. Nadie me daría información sobre todo mi pasado, pero yo la buscaría bajo tierra si hacía falta. Estaba cansada de aquel ocultamiento que no hacía más que molestarme. Odiaba que todos tuviesen recuerdos que contar, saber lo que vivieron en un pasado y aprender de esos errores que le hicieron como eran. Yo me sentía como una mentira, algo falso y echo de la nada. No tenía carácter propio, no podía aprender de los errores que algún día cometí y no me consideraba una persona. Era algo extraño que estaba en este mundo porque si. ¿Qué es una persona sin sus recuerdos? Escuchaba, con constancia, a gente hablar de olvidar cosas vividas y yo deseaba recuperar eso. Es tan extraña la sensación que tienes, pues te ves fuera de lugar. Recordé las cenas familiares, donde iban tíos, primos y abuelos. Charlaban y contaban anécdotas, donde no podía reír pues no sabía si era cierto y tampoco me hacía mucha ilusión encontrarme con gente que yo no conocía. -¿Quién me entiende Croxsan?-hablé a mi viejo gato.-Solo espero que Draco me ayude a saber la verdad. Seguramente él me contará que paso.-suspiré con anhelación.-Necesito su ayuda, pues es mi única opción. Aquella tarde se había despertado algo que llevaba dormido más de seis años. Algo que algún día dije haber dejado enterrado, pero que ahora resurgía con más fuerza. La edad también tenía que ayudar algo en eso. Yo lo único que buscaba en todo eso, era la verdad que había escondida y que nadie, ecepto ese extraño chico rubio, me desvelaba.