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¡Enamorado de mi madre! — capítulo 16
Hermione concedía quedarse por enésima vez y Severus tomaba acciones, ligeramente desesperadas. Había tomado la varita de Draco y la dispuso en su bolsillo, mientras Draco lo miraba de mala gana. Con una sonrisa autosuficiente, se dijo que no volvería a burlarse de él. Por supuesto, sabía que él no se quedaría sin varita. De todas formas, no permitiría que un solo hechizo se le ocurriera. No se le pasaría por la cabeza, volver a tratar de enfadar a Hermione. Y ella, en cambio, parecía feliz de ver la varita de Draco, en las manos de Severus.
- Al menos, podré dormir más tranquila- le sonrió, dejándose caer en la cama y Severus la acompañó con una sonrisa suave.
- Eso es lo que estoy buscando- dijo y ella suspiró, acercando sus labios a los suyos- justamente lo que estoy buscando.
- Hurra por mi marido, que controlará al infantil Draco. Draco paseaba por la habitación, de un lado al otro. Tenía que recuperar la varita y recuperarla. Severus le ganaba terreno de forma rápida y a no ser que no tuviera un buen plan, fallaría catastróficamente. Seguro estaban revolcándose en la cama. Como dos enormes cerdos, que no pensaban en otra cosa. Tenía que recuperar su varita y hacerle entender a su padre; que su madre era más que eso para él. Y que por supuesto, no debía entrometerse. Pero ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Y cómo? Entonces, un chillido le dio una curiosa idea. Quizá él no podía llegar a la varita. Pero Jerald, el mono de Hermione, podría lograrlo. Solo debía convencerlo de que hiciera por él; el trabajo sucio. Tenía que aprovecharse de alguna ventaja. ¿Qué le gustaba a ese bendito mono? Era el lacayo de Hermione. Quizá si Hermione hacía algo que le molestara, podría acercarse a él y utilizarlo para sus propósitos. Pero nuevamente, se quedaba sin ideas.
- ¡Aléjate!- demandó, mientras el monito montaba guardia. Severus cruzaba el pasillo y lo miraba, mientras él solo estaba recostado en su cama y pensaba. Hermione no se le escaparía.
- Eso es. Te quedas allí, Draco- le dijo ella, con una sonrisa maliciosa y él inspiró en silencio. Sin decir nada. Eso decía en ese momento. Pero cuando recuperara su varita, iba a entender de lo que hablaba y que tenía la razón. Que ella debía estar con él.
- Mono. ¡Ven aquí! Jerald soltó un chillido y lo miró de mala gana. ¿Cómo lo motivaba a robar? Mientras pensaba, tuvo una idea bastante interesante. Sonrió y sentándose en la cama de un salto... deseó que Severus tuviera algunas pociones guardadas. Su plan iba a tener éxito.
- Vigílale bien, Jerald.
- De verdad. Deberías devolver ese mono o llevarlo a un zoológico.
- No. Él es mi mascota. Mi amigo.