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Tu historia, la escribo yo — capítulo 10
Severus los miraba, mientras estaban sentados frente a él. No sabían qué decir, mientras esperaban por un castigo que no merecían. El profesor los miró, mientras ellos estaban sentados, tensos y sin mirarse siquiera.
Al fin los había atrapado con las manos en el caldero y podría expulsarlos a todos. Transformar a un ser humano en animal, estaba prohibido y era causal de una sanción muy seria. Hermione trataba de entender qué estaba ocurriendo con su vida.
Solo recordaba que había escrito aquello en el diario y de pronto, todo eso había comenzado a ocurrir. Dudaba que fuera el diario, pero simplemente había ocurrido. ¿Y si todo ese tiempo, había estado hiriendo a las personas a través de su escritura? Soltó un suave gemido, que captó la atención del profesor de pociones.
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¿Tiene algo que compartir, Srta. Granger?
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No, nada profesor.
Severus los miró y se levantó de su asiento. Con una sonrisa deforme, paseó entre los puestos y los jóvenes se miraron, nerviosos.
- Si ninguno me explica qué ha hecho, me temo que tendré que llevarlos con Albus Dumbledore. Será mejor que hablen ahora y su castigo, quizá no sea tan duro.
Se sonrió ante esa propuesta y los jóvenes, por primera vez no sabían qué decir. Ni siquiera; cómo había ocurrido algo como eso. Meditaban cómo salvarse del asunto, mientras Hermione se mordía el labio en silencio.
- Fue mi culpa- dijo al final y ambos chicos, ladearon la cabeza para mirarla. Incluso Snape- Lavander estaba molestándome, así que decidí convertirla en ratón. Pero se me escapó y ellos, solo me ayudaban a encontrarla.
Severus la miró, atónito. Se sentó en el escritorio y la miró con mucho detalle. Antes de hablar, Hermione inspiró con fuerza y lo miró fijamente.
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Me agrada que sea sincera, Srta. Granger- terminó diciendo- me ahorra el penoso trabajo de tener que oírle hablar a Minerva, sobre lo mal que trato a sus excelentes estudiantes. Ahora, sí tengo un motivo para castigarla hasta que no recuerde: Qué diantres es el receso.
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Pero señor, no es tan malo- objetó Seamus.
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Usted no hable.
Hermione suspiró, cuando Severus Snape redactaba rápidamente un pergamino y se lo extendía hasta sus manos. Ella lo tomó y lo miró.
- Minerva entenderá, por qué he castigado a una de sus mejores alumnas. Los problemas pasionales, se resuelven de otras formas... Srta. Granger. Ahora quiero que se larguen. ¡Ahora!
Al salir, Harry no estaba convencido de lo que había oído. Sabía que debajo de todo eso, había más que solo odiar a Lavander por que salía con Ron. Además, Ron comenzaba a enamorarse de Hermione sin ningún sentido. ¿Por qué ocurrían esas cosas cada vez que Hermione, estaba con su diario en una mano?
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Hermione... Ese diario...
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¿Qué? Yo no hice nada.