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Historia 40407 — capítulo 1

Hola, aquí vengo con otra locura. No debería en fechas de clase pero me vienen miles de ideas que no puedo desperdiciar. Atenderé todos mis fic, cuando y como pueda, pero lo haré. Espero que disfruten con este.

Saludos & Besos   -Septiembre de Draco-


Albus Dumbledore paseaba por su pasillo una y otra vez. Esperaba una visita de suma importancia. Acompañándole se encontraba su fiel profesor de pociones, Severus Snape.

-¿Esta seguro de que se a recuperado?- le preguntó el profesor a el andante director.

-Seguro, ya me informaron que la traen de camino.

La puerta de el despacho de habría tras un toque en ella. Harry Potter, y los hermanos Weasley traían hasta allí Hermione Granger. La cargaban de la mano.

-Al fin llegasteis- saludó el director- Señorita Granger.

Ella se adelantó con pasos torpes, tocó con sus manos las mejillas de el director. Sonrió tras hacerlo y saludó.

-¿Que le sucedió?- preguntó Severus Snape. Ella giró la cabeza a donde pudo percibir la voz.

-Fue atacada por los motifagos. Ella se encuentra ciega.

-Creí que habían borrado su mente- cuestionaba el profesor.

-Creíamos eso en un principio- aclaraba el director- pero solo afectó a su vista. ¿Como te encuentras querida?.

-Un poco perdida- titubeó ella.

-Estas en casa, estás segura- le confirmó tocándole su mano. Ella volvió a sonreír.- Harry, Ginny, Ronald cojan asiento.

Severus tomó la mano de Hermione para trasladarla más atrás de el escritorio de el director.

Albus Dumbledore le comunicaba a los jóvenes que debían seguir con la búsqueda de los siete Horrocruxes.

-La señorita Ginny Weasley les acompañará en la posición de la señorita Granger-

-¿Ella tomará todos los objetos de Hermione?- preguntó Harry.

-Exactamente, ella se quedará aquí con protección- les aseguró- no puede salir, sería un blanco fácil para cualquier enemigo.

-¿Quien cuidará de ella?- preguntó Ronald Weasley.

-Debemos de buscarle un compañero o compañera- les informó- mientras tanto y o y el profesor Snape nos encargaremos de ella.

A el otro lado de el despacho Hermione tropezaba con todo los objetos posibles, Severus tomaba su mano cada vez que quería caminar.

-Profesor, ¿Cuando me recuperaré?- preguntó herida en sentimientos.

-No se preocupe, buscaremos una cura cuanto antes- le tranquilizaba- ¿Que quiere?.

La veía mover sus manos por todos lados un poco angustiada.

-Un libro- decía triste en su voz- Quiero leer.

-No podrá- Severus cogió sus manos y la movía por el despacho- pero tome.

Ponía en sus manos un libro y le ayudaba buscar la forma de abrirlo.

-¿Puede leerme el titulo?- le preguntó.

-Reconociendo a el enemigo- leyó dulce el profesor.

Ella tocaba las páginas de ese libro. Intentó pasar página y el libró cayó de sus torpes manos con un quejido. Se había cortado con los finos folios. Buscaba por su ropa la varita. La mano de Severus la paró.

El profesor sacó la suya y la posó sobre su dedo.

-Puede estar tranquila- dijo agachándose a por el libro- Le ayudaremos en lo que deseé.

-Muchas gracias- dijo con un tono hundido buscando algo con la mirada- ¿Donde está profesor?.

-Aquí, frente a ti- tomó su mano temblorosa por décima vez y la puso sobre su mejilla.

Ella alzó la derecha para tocar el otro lado de su cara, pudo palpar su melena corta, la comisura de sus labios y tras eso se separó.

-Sigue igual que siempre- creyó, en realidad no podía verle y todavía no manejaba sus manos- creó, nunca pude tocar su rostro.

Albus Dumbledore caminó hacia ellos con sus tres alumnos. Llamaba la atención de la perdida Hermione.

-Sus amigos se marchan señorita Granger- le aclaró- despídase.

Ginny se abrazó a ella, Hermione lo sabía, podía diferenciar su melena aunque jamás volvería a ver su color. Tocó su mejilla para alcanzar a besar y se despidió.

Seguidamente pudo tocar el liado pelo de su amigo pelirrojo, tocó su mejilla y los parpados de sus ojos, seguidamente bajó a sus labios y le dirigió una sonrisa.

-Te quiero mucho Ronald- le aseguró- Cuidate mucho.

-No dudes en avisarnos para cualquier cosa- le decía mientras la movía con sutileza a Harry.

-Harry- decía ella al tocar sus gafas- cuida mucho de Ginny, ella será estupenda para esa tarea.

-Te echaremos de menos- abrazó a su amiga- pero nos veremos pronto.

Volvió a tocar a todos para demostrar su apreció y sus dedos se escurrieron entre los de Ronald cuando los tres salían de el despacho.

Severus volvía a coger su brazo para que no pudiera tropezar.

-Acompáñela a su dormitorio ¿Quiere?- le propuso el director- después vuelva para charlar.

Severus afirmó y le invitaba a salir agarrada a su antebrazo. Seguía sus pasos, pudo pisarle tres veces y disculparse cincuenta por el echo.

-Ahora tiene excusa Granger- bromeó el profesor- puede pisarme cuanto quiera.

-No quisiera ser un incordio, pueden devolverme a mi familia muggle si lo desean- caminaba junto a su profesor.

-Levante el pie, subimos escalón- ella obedeció torpe, buscaba con su planta tierra firme y subía el peldaño- No es ningún incordio, se quedará entre nosotros todo el tiempo que sea necesario.

-¿Puede dejarme en la biblioteca?- cuestionó ella.

-Por supuesto- cambió de dirección sujetándole de su cadera cuando casi cae.- Solo debe prometerme que no se moverá de allí.

-No creo que alcance a encontrar la salida.

-Usted se conoce la biblioteca mejor que nadie.

-Ahora la desconoceré- suspiró caminando seguido.

-Se la podremos mostrar de nuevo si lo desea- sonrió aunque no pudo apreciarlo- Volverá a reconocerlo todo.

Llegaron a la biblioteca y le ayudó a tomar asiento. Le dejó un par de libros de los cuales palpaba la portada, para diferenciar las letras. Severus la miraba en la lejanía, lástima sentía por aquella muchacha. Tan perfectos ojos para estar inutilizados, ella que siempre había apreciado la más mínima letra de un viejo y roído libro, ahora no podría verlas en un tiempo.

Pidió a la bibliotecaria que vigilara su presencia y se marchó de allí.

Volvió junto a el director que seguía caminando por su cuerpo en círculos.

-Severus- saludó- ¿Alguna idea de quien podría acompañarle?.

-Señor, sus mayores amigos se marcharon, no creo que nadie mejor que ellos.

-¿Y si lo hace usted?- preguntó ante la mirada de extrañación de el profesor.

-No podría- le hizo saber- recuerde, debo proteger a Draco Malfoy, se lo prometí a Cissy Malfoy.

-Entonces que lo haga él- no lo dudó el director.

-¿Como dice?- ahora se extrañaba mucho más- Draco Malfoy nunca aceptaría cargar con Hermione Granger.

-No se lo daremos como opción- aclaró firme- él será el elegido. Ambos se protegerán y nosotros podremos vigilarlos juntos.

-Sigo pensando que no será buena idea- insistía Severus.

-Quien no arriesga, no gana viejo amigo- sonrió alegremente- llamalo.

Severus arqueó una ceja pero cedió, salió de el despacho para ir a buscar a el muchacho. Más tarde hacía de nuevo acto de presencia.

Draco Malfoy lucía su melena rubia más perfecta que nunca, aquel último año le había sentado extraordinariamente. Sus ojos grises lucían como la luna en la noche más oscura, perfectas perlas brillantes. Su gesto seguía tan serio como siempre, ahora tenía más extrañeza, no sabía que hacía allí.

-Ya te dije que no hice nada Severus- entraba excusándose.

-Callate Draco- le gruñía- ya te dije que no tiene nada que ver, siéntate.

El joven Malfoy obedeció dispuesto a escuchar.

-Te preguntarás para que te e citado aquí- comenzó el director mientras Draco afirmaba- sabes que el año pasado te proporcionamos protección contra los mortifagos.

-¿Que quiere ahora director?- preguntó extrañado- No entiendo.

-Ahora necesitamos de tus manos, de tus pies y sobre todo Draco, de tus ojos- Draco no entendía nada, cada vez estaba más extrañado- Hermione Granger, ¿te suena?.

-Claro que me suena- dijo con desprecio- ¿Que tiene que ver ella con mis ojos, mis manos y mis pies?.

-Que no será nada sin ellos- le hizo saber. Se quedó petrificado, andaba perdido- Ella quedó ciega a causa de un ataque de tu tía Bellatrix, ahora necesitamos que tú la protejas, que tú le ayudes a moverse, a sentirse bien.

-No puedo hacerlo- se negó levantándose- ¡No quiero hacerlo! Hay miles por ahí, que podrían hacerlo, ¿donde se metió Weasley pis?.

-No seas grosero Draco- dijo Severus empujándole de el hombro para sentarlo de nuevo.

-No te lo doy como opción Draco, ahora soy yo quien necesita de tu ayuda, y Granger sobre todo- le decía mirándose fijamente- Si no hay nada más que decir, ella le espera en la biblioteca.

Draco Malfoy buscó la mirada de un Severus Snape que parara aquello pero no obtuvo compasión. Salió bruscamente de el despacho y caminó por los pasillos despavorido.

Asomó su cabeza por la ventanilla de la puerta de la biblioteca. Allí estaba ella, tocando la página de un libro, mirando a la nada, esperando una presencia. Se introdujo allí, cerca de ella hasta que lo notó.

-¿Profesor Snape?- preguntó ella sonriente- ¿Es usted?.

¡Eso era! Necesitaba una excusa para que ella no supiera que era él, no iba a pretender que Granger lo manejara a su antojo, y mucho menos con ella. Debía buscar una forma para que pareciera el profesor Snape, solo una que no fuera la misma presencia, sería raro caminar por ahí habiendo dos profesores de pociones.

Sigilosamente caminó hacia tras mientras ella buscaba con su  negada vista. Nadie le contestó, Draco despareció. Se marchaba a buscar una forma de ocultarse.