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Historia 40495 — capítulo 1

Él era tan joven como siempre, su melena bien engominada hacia atrás y de aquel color rubio claro le hacía ser un verdadero Malfoy. Draco Malfoy, se llamaba. Ya era totalmente reconocido, podía caminar con sus cubiertos pies por zapatos caros, con la cabeza bien alta y varios seguidores detrás. Él no necesitaba calor, ternura ni otro tipo de sensación que todo ser humano necesita: ''Sentir que le perteneces a alguien''. Eso no tenía lugar en él, sus ojos no eran de nadie, sus manos no se movían por nadie, sus labios no le darían en placer a otra persona de sentirlos y sus ideas eran suyas, solo suyas, nunca podría darlas a entender a nadie. Él no encontró mejor amor que el suyo propio, el más recapacitado por la familia Malfoy. Aquel apellido tenía unas normas y el se aferraba a ellas.

Su cuerpo parecía ir en aumento, al igual que su reconocido nombre. Algunas chicas empezaban a revolotear por su lado intentando ser el centro de sus plateados ojos. Fijaba su vista en aquella zona de aquel enorme comedor.''De nuevo Potter con ese Weasley y la Sangre Sucia de Granger'' Fieles enemigos desde su primer año.

Maldita melena que iba en aumento sin poder frenarla, malditos ojos ¿Cuando perdió el control sobre ellos?. ''De nuevo esa sangre sucia de Granger''¿Cuando ella había ocupado el primer lugar en sus insultos?.

Cada paso pesaba como un quilo de metal en cada pie. No podía controlar su estatura, sus cursos pasaban como en simples horas.

Ahora todo estaba perdiendo sentido. Era testigo de cada tropezón del corazón al borde de el frasco, podía ver cada situación en la que la razón de poco le servía. La miraba, lo volvía hacer.''De nuevo Granger''¿Desde cuando le quité el desprecio de su nombre?.

Buscaba momentos mejores, se metía en sus asuntos. Él buscaba en sus sonrisas, en sus prisas. Ella le buscaba en los rincones, él siempre estaba en cualquier parte.

¿Desde cuando Draco Malfoy permitía que ella quisiera buscarle?. El problema llegaba realmente cuando él se dejaba encontrar.

¿Donde habían quedado todos los insultos de ambos?. Se habían perdido cuando ya no encontraban palabras. Ya habían dejado de hablarse para mal, solo se miraban desde las esquinas más lejanas de todos lados.

Su melena había crecido, sus ojos tenían un más maduro reflejo, estaba enfrente de ella.

Él le daba sus besos y ella decía ''Dámelos de nuevo''.

Un escalofrío que despierta. Tocaba su cuerpo entre las sábanas, viajó con sus manos hasta su melena, seguía tan corta como siempre. Levantó su cuerpo corriendo a un espejo, seguía tan joven como siempre. La puerta de su cuarto se abría.

-Hijo- una figura alta de melena rubia le miraba desde allí. Reconocía a ese hombre como su padre, Lucius Malfoy- ¿Todavía acostado? Llegarás tarde a tu primer día en Hogwarts.

Habían viajado hasta la estación, Draco seguía con un nudo en el cuello. Tenía su sueño en mente, se despedía su padre cargando su bolsa con todo el material apropiado.

Subía a el tren, caminaba por los pasillos mirando su bolsa, cada uno de sus libros. Chocó y aquello le hizo perder el control. Subió su vista grisácea.

-Disculpa- decía alguien cocido para él. Su bolsa caía a el suelo sin sentido, ella lo miraba extrañado, era una chica joven, de su misma edad. Lucía aquella melena rizada y castaña que podía reconocer.- Yo soy Hermione Granger, y...¿tu eres?.

-Draco Malfoy- contestó con desprecio recobrando la compostura. Ella sonreía ante el enfado de el joven. ''Que mono'' pensó su cabeza joven.- Aparta de mi vista asquerosa sangre sucia.

La deslizaba de el pasillo con una sola mano. Caminó todo recto girando una vez más para verla, era ella, era la chica de su sueño. ¿Su querida enemiga que sería la mujer más deseada para sus labios dentro de unos años?.