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Historia 40602 — capítulo 1

Jorge y Sam iban a regañadientes a la Biblioteca Nacional. Tenían que comprar un estúpido libro para la clase de Lengua Española, en una sección de la biblioteca nueva llamada: "Datos y Relatos Personales". Las personas iban con un cuento o relato de ellos y lo donaban. ¡Qué estúpido! Cuando llegaron, le preguntaron a la vieja recepcionista (siempre tiene que ser vieja, la pobre) dónde quedaba la sección, les indicó en el segundo piso. Ellos fueron y empezaron a buscar. Cuantos libros había en ese lugar. Eran montones y montones. Jorge iba viendo las estanterías de la izquierda y Sam, las derechas.

-Aburrido… aburrido… aburrido….- repetía Sam.

-Recuerda, ¿por qué debemos hacer esto?- preguntó Jorge.

-Son cincuenta puntos en la nota.-

-¡Pero solo quisiera que apareciera un libro emocionante!- exclamó Jorge.

Entonces, Jorge pateó algo. Un libro, o más bien un diario de portada blanda, negra, como de piel, muy corto en páginas estaba a unos centímetros de Jorge.

-¡Mierda!- exclamó, lo cogió y lo examinó.

DIARIO DE BEN COSTELO.

Me queda poco tiempo de vida. Estoy desesperado. Casi es hora de mi ahorcamiento. El padre me dijo que me desahogará, que lo expulsará todo hacía afuera. Entonces, como a los presos les dan algunos libros y cuadernos, para no olvidarnos de leer y escribir, empecé a escribir mi historia. Brevemente.

Ben.

-¡Oye, Sam, ven a ver este diario!- llamó Jorge.

-¡Libro, Jorge, libro!-

-No este es un diario. ¡Mira!- y se lo enseñó.

-No tenemos nada de que perder.- dijo Jorge cuando Sam vio el diario.

-¡Cierto!- y se sentaron en los asientos más cercanos y empezaron a leer.

Todo empezó cuando nací. Mi madre murió en mi parto. Mi padre decía que era una mujer adorable y admirable. Me da pena no conocerla.

Cuando estaba en el colegio, ya tengo como uno doce años, la conocí. El error más grande de mi vida. Por eso, estoy donde estoy, escribiendo para desahogarme y esperar a morir.

Ella era Brittany Clearwater (agua limpia, en inglés) pero de limpia mi culo. Según las malas lenguas, ella se había tirado ya al equipo de football, baseball y soccer, hablamos de unos quince años. Su madre y su padre atravesaban un divorcio feo y muy discutido en el pueblo.

Mi padre trabaja hasta tarde como médico general en el mejor hospital de la ciudad. Era muy famoso.

Ya casi es hora, debo a abreviar.

El punto es que cuando la mamá de Brittany se divorcio, colapsó y la internaron de emergencia en el hospital de mi padre. Mi padre la conoció y se enamoraron. Debo admitir que la señora Clearwater era hermoso y más su hija. Entonces pasamos a hacer hermanastros. Tal vez fue el destino, pero dicen que la vida es como un abanico, siempre dando y dando vueltas y nunca sabes cuando va a parar.

Entonces, fuimos hermanastros, ningún lazo sanguíneo y nada. Ni éramos familias. Se me paraba cuando la veía en el colegio, que sería cuando se mudó a mi casa. Pero nada fue malo. Aquí empezó el problema.

Estábamos haciendo la tarea, total, íbamos en el mismo curso, segundo o tercero, creo.

-¿Tienes novia, Ben?- me preguntó así como así.

Me sorprendió esa pregunta.

-No…-

-¡Oye, hombre, somos hermanos o lo que sea! Pierde el miedo.-

-De acuerdo.- dije.

Me dijo "pierde el miedo".

-¿Es verdad, qué tuviste sexo con medio grupo deportivo del colegio?-

Ella se rió.

-¡Malas lenguas, ¿eh?!-

-Si.-

-De acuerdo. Dije "pierde el miedo". Si tuve sexo con todos ellos.-

-¡Qué perra esa tipa!- comentó Jorge divertido.

-¡Chitssss!- calló Sam.

-¡Vaya!- exclamé asombrado.

-¿Qué?- preguntó ella.

-Que nunca he tenido sexo.-

-¿Eres virgen?-

Se volvió a reír.

-¿Qué?- pregunte enojado- Eso no tiene nada de malo.

-No, al contrario. ¿Eres salvaje?-

-Te he dicho que nunca he tenido sex…..-

-¿Te excitó, Ben?-

-¡¿Qué?!-

-¿Si te excitó?-

Puso una maniobra, no se cómo, pero una maldita maniobra que deja a uno más que bobo. ¡Quería sexo!

-Bésame.- me ordenó.

Me acerqué a ella.

Su lengua serpenteaba por mi boca. Me besaba. Empecé a besarla. Con fiereza. Me excitaba. Ella se pasó a mi silla y su subió a mis rodillas.

-¡Quítame la ropa, Ben!- me decía en algunos respirotes.

Yo, muy obediente, le quité su blusa y su pequeña playera hasta ver su sostén. ¿Me había pasado? ¿Qué debía hacer?

-¡Quítame el sostén!-

Y se lo desabroché. Sus perfectos senos estaban en mí pecho. Me iba quitando el suéter.

-¡A la cama!- me dijo.

Me levanté con ella cargándola y fuimos a mi cuarto. Hay empecé a quitar los pantalones y los calzoncillos. Ella se quitaba sus jeans y su tanga negra. Pude ver su vagina y ella mi pene.

Tuvimos sexo esa noche….

-¡Noooooo!- exclamó Sam, cerrando el diario de golpe.

-¿Qué?- protestó Jorge- Iban por la mejor parte. ¡Por favor, Sam!

-No lo vamos a comprar.-

-De acuerdo.-

Éramos amigos en el día y en la noche, cuando estábamos solos en la noche, éramos parejas sexuales.

Claro, usaba condón.

Nos bañamos desnudos en la ducha, sexo oral, uno al otro nos hacíamos la paja, de todo.

De todas las noches en que teníamos sexo, la mejor fue la quinta. Además que ella me pidió que nos desnudáramos, me pidió que le agarrara los pechos y la besará, mientras lo hacíamos. ¡Fue increíble! No hay palabras para describir lo que hacíamos. Era hermoso. Era, como si fuéramos dos personas, en una.

A veces me dolía y a ella le sangraba la vagina

-¿Por qué lo hiciste, Brittany?- le pregunté una noche, hace años, mientras mis manos descansaban sobre sus pecho.

-No lo se.- contestó.

-Tengo que saberlo.-

-No lo se.- repitió- Solo es que me gustaste, y tenía ganas de hacerlo. Somos hermanastros. No somos familia, en base a sangre.

Podría decirse que éramos esclavos sexuales. Todas las putas noches teníamos sexo. Siempre le agarraba sus "tetas". Era adicto a ellas desde esa quinta noche.

-¡Dámela! ¡Dame tu leche!- exclamaba excitada en las noches.

Luego de un tiempo, fuimos adictamente activos sexualmente. Mi pene empezaba a irritarse. Le pregunté a Brittany si podíamos parar una noche (algo que no me gustaba). Pero nunca pude aguartarlo. Ella lo sabía. Iba corriendo, rendido, a su cuarto a buscarla, y ella me esperaba sobre la cama, desnuda.

-¿En qué parará esta historia pornográfica?- preguntó Sam.

-¡Falta poco! Unas dos o tres paginas. ¡Sigue!- insistió Jorge.

Tiempo después empecé a tener miedo por los vecinos. A veces gritábamos duro. ¿Y si nos oían? ¿Y si les contaban a nuestros padres?

Entonces sentí miedo por algo… El embarazo. Si, como dije, usaba condón. Pero a veces no. Era mi temor.

Una noche, mientras lo hacíamos lentamente con una música suave, me dijo débilmente:

-Tengo que decirte algo. ¡Ajjj! ¡Dame todo! ¡Estoy embarazada! ¡Ajjj!- la última exclamación fue de excitación.

Me detuve. ¡Mi peor temor estaba cumplido! Me separé de ella. Me senté en el borde de la cama. Tenía 16 años.

-¡Ben!- me dijo- Se que es difícil, nunca me había embarazado. Pensaba en abortar, pero…

-Pero no pudiste.- le completé- Quieres el niño.

-¿Por favor?- me rogó.

Estaba en shock. No podía ni hablar.

-Sé que es difícil.- repitió- ¡Podemos huir! Ser una familia.

"Huir" no era una decisión fácil.

Ella me gustaba, me gustaba el sexo. Algo que nunca pensé que iba a tener hasta cuando… cuando me casará. ¿Pero el destino quiso que estuviera con ella. Pero el destino quería que huyera con ella y un bebé teniendo 16 años?

-No.- susurré.

-¿Por favor?-

-No… No podemos, Brittany. ¡No puedo! No podemos huir. No puedo huir. ¡No… no…soy como tú, un alma libre! ¡Soy un niño de papi!

Era difícil admitirlo, pero como ella dijo una vez: "pierde el miedo".

-Sólo por eso. ¡Eres un gallina!-

-No me provoques.-

-¡Ahora lo entiendo! Sólo querías sexo. Nunca tuve que hacerlo esa noche. ¡Pensé que te gustaba!-

-¡Y mucho!-

-Claro que no. ¡Lo que tengo en mí ahora es fruto de amor! Y si dices amarme, podemos huir. Puedo trabajar y tú también.-

Trabajar, quería ir a la universidad.

-Abortarás.- le dije.

-¡No! ¡Por favor!- rompió a llorar.

-¡Abortarás!- le repetí.

-¡No!- gritó.

-Silencio, nos oirán.- le previne.

-¡Pues que nos oigan! ¡ESTOY EMBARAZADA DE TI!

-¡Cállate!- fui a agarrarla.

-¡SUELTAME!-

No se cómo se las ingenian. Pero las mujeres chillan como locas.

Empezó a gritar. Me desesperé. No pude contenerme. Me abalancé sobre ella. La tiré en el piso.

-¡¡¡SUELTAME, PUERCO!!! ¡¡¡¡AYUDA!!!! ¡¡¡AYUDENME!!!-

La horcaba. Chillaba como loca. Dejaba de respirar.

-Te amo.- dijo con su último aliento.

Entonces reaccioné. La había matado. ¡La había matado!

-¡No! ¡NO! ¡¡NO, BRITTANY!!- grité y la movía para ver si reaccionaba.- ¡BRITTANY! ¡Por favor!

Estaba muerta.

¿Para que seguir escribiendo?, pero debo seguir escribiendo.

Luego de matarla y revivirla en vano, la llevé a la cama. Y de estúpido, empecé a hacerlo con ella. Empecé a tener sexo con alguien muerto. Agarraba lo más duro que podía sus pechos o "tetas" ya sin vida. Ya marchitas. ¡Hasta dónde llega la locura!

Parece ser que los vecinos nos oyeron y llamaron a la policía, porque en la puerta de entrada del apartamento se oían gritos de personas y ella gritaba que los dejáramos pasar, que eran la policía. No les iba a abrir. Como quieran iban a entrar a la fuerza. Empecé a llorar y a desesperarme. Todavía tenía mi pene en su vagina muerta.

Luego entró la policía. Me encontraron haciendo sexo sobre una persona muerta. Me llevaron a juicio y me declaré culpable. Me condenaron la pena de muerte, donde la estoy esperando.

Mi padre se suicidó al final, parece porque no soportaba las malas lenguas. Su madre también se suicidó, pero después de un tiempo, en un hospital para personas dementes, ella se volvió loca y se mató con hilo de coser.

Tengo la culpa de todo. Yo un niño normal. No quería sexo. Pero la oportunidad me llegó y en vez de decir que no, lo hicé. Todas esas noches, nuca dije que no. A veces lo decía, pero el deseo era insoportable.

Sólo en las noches.

Ben Costelo Fuller.

1964.

Jorge y Sam cerraron el diario, atónitos.