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Historia 40787 — capítulo 1

El tren estaba a punto de partir y yo estaba sola, ya había encontrado un compartimiento y miraba por la ventana a un numeroso grupo que se despedía.

Entre ellos estaban el famoso Harry Potter y su esposa, despidiéndose de su hijo mayor, que luchaba para liberarse del abrazo de su madre.

Finalmente, él subió al tren saludando a sus padres y a sus hermanos por la ventanilla. Supuse que también era su primer año.

El tren tomó una curva y se hizo imposible ver la plataforma.

De pronto, la puerta se abrió y una chica entró.

-Hola- me saludó-. ¿Te importa si me siento aquí?

-Para nada, siéntate.

-¿Primer año?- me preguntó.

Asentí con la cabeza.

-No te preocupes, la mayoría están siempre nerviosos, pero no es para tanto. Por cierto, yo soy Gema Davies y estoy en tercero, pero aún no encuentro a ninguna de mis amigas.

-Oh- fue lo único que atiné a decir-. Yo soy Jen.

En ese momento se abrió la puerta otra vez y otra chica asomo su cabeza.

-Aquí estas, Gem, te estábamos buscando- me miró y se quedo petrificada.

-Hola- saludé tímidamente.

-Tú… Tú eres la hija de… ¡del Ministro!- dijo finalmente.

-¿Enserió?- preguntó Gema.

-¿No te diste cuenta?- preguntó la otra.

-En fin, fu un placer conocerte- dijo Gem-. Ahora nos tenemos que ir pero te veremos pronto.

Ambas se marcharon.

Volví a quedarme sola y por tercera vez, la puerta se abrió. Ya estaba comenzando a molestarme.

Esta vez fue un chico el que entró. Era el chico de cabello negro y ojos marrones que había estado observando mientras se despedía de sus padres.

-Hola- lo saludé.

-Hola, ¿Puedo? El tren va lleno.

-Claro.

-Soy James Potter- dijo, y su pecho se hinchó de orgullo.

-Lo sé- me miró incrédulo-. Es que te vi despidiéndote de tu familia.

Se ruborizó ligeramente.

-Yo soy Jen…- vacilé antes de decirle mi apellido- McLeige…

-¿McLeige?- preguntó- ¿Eres la hija del Ministro?

Asentí.

-Entonces supongo que estamos en la misma- dijo de pronto.

-¿La misma?- pregunté.

-Si, tanto tu padre como el mío son famosos y seguramente la gente esperará grandeza de nosotros.

-Ya veo, no lo había pensado.

-Por cierto, no vi al Ministro cuando estaba en la plataforma, es decir, si hubiera estado allí, probablemente se habría originado un tumulto.

-Es que no vino, vine con nuestra elfina, Shine.

-Oh, mi tía esta encontra de el trabajo de los elfos domésticos, ¿Alguna vez oíste hablar de la P.E.D.D.O?

-No.

-Entonces tienes suerte, no hay quién la aguante cuando empieza a criticar la forma en que los hacen trabajar.

-Pues en parte tiene razón, ¿No crees?- dije.

Estuvimos un rato conversando sobre los elfos domésticos, cuando llegó la señora con el carrito de la comida.

Él compró algunas grageas Berttie Bott de todos los sabores y ranas de chocolate, yo por el contrario, le había pedido a Shine que me prepara unos sándwiches en casa.

Me ofreció algunas grageas que acepté. Desafortunadamente, me tocó una de pimienta y él rió con ganas al ver la cara que puse cuando la probé. Obtuve mi venganza cuando el mordió una de limón ácido, y luego seguimos riendo todo el viaje, ambos teníamos nuestras túnicas ya puestas.

El tren aminoró la velocidad y todos comenzaron a bajar.

Nosotros también bajamos y vimos a un hombre de al menos el doble de una persona normal que nos llamaba:

-¡Los de primer año! ¡Aquí!

Nos acercamos a él.

-¡Hola, James!- saludó a mi amigo- ¿Buen verano?

-Si, mamá te manda saludos- dijo entre dientes, avergonzado de tener que decirlo.

-Bien, ¡Ahora, los de primer año, síganme!- dijo él.

-¿Quién es?- le pregunté a James.

-Es Hagrid, el guardabosque de la escuela.

-¿Y de donde lo conoces?

-Es amigo de mis padres- dijo, hinchándose de orgullo otra vez.

Seguimos a Hagrid hasta llegar a un lago negro a causa de la oscuridad de la noche.

Hicimos una fila y ordenadamente subimos a unos botes de a cuatro, como había especificado el guardabosque.

Yo estaba entre los últimos, y calculé que me iría con James y dos chicos más, uno pequeñito y el otro de apariencia atemorizante.

Estaba a punto de subir al bote cuando me sucedió una de las cosas que, si tuviera una lista de "las diez cosas más bochornosas de mi vida", esto sin duda alguna siempre figuraría allí: me caí al lago.

Había pisado mal el borde del bote, y como fui la primera en subir, este se dio vuelta y yo caí.

James y los otros dos a penas podían contener la risa al verme flotando allí, atónita y tiritando de frío, pero no eran los únicos, en un bote cercano, había dos chicas y dos chicos que reían malvadamente.

Agradecí que no supieran quién era yo, ya podía imaginarme la primera pana del Profeta del día siguiente: "Hija del ministro cae vergonzosamente al lago en su primer día en el Colegio Howarts de Magia y Hechicería; por Rita Skeeter".

Hagrid me levantó por debajo de las axilas y me dio su abrigo. Esta vez me ayudaron a subir al bote.

Los otros tres aún sonreían, cuando uno de ellos, el pequeño, me dijo:

-No te preocupes, mi padre, cuando vino en su prime año en Howarts, todos rieron los primeros días, pero para antes de que pasara una semana todos ya lo habían olvidado.

"Pero el no era el hijo del ministro" pensé.

De pronto, ante nosotros, apareció un enorme castillo negro.

-¡Bienvenidos a Howarts!- dijo Hagrid.

Los botes llegaron a la otra esquina y nuevamente me ayudaron.

El abrigo pesaba mucho, pero era muy calentito.

Llegamos a unas enormes puertas, las abrió un hombre de cara redonda, de rostro serio, pero bondadoso.

-Son todos suyos, profesor Longbottom- dijo Hagrid sonriendo.

El profeso Longbottom me miró y dijo:

-Será mejor que te quites eso.

A continuación, con un movimiento de su varita estuve completamente seca y agradecida con ese profesor.

Nos condujo a una sala aparte del vestíbulo.

-Hola a todos, yo soy el profesor Longbottom y subdirector de la escuela, ahora vendrán con migo al Gran Salón, donde los seleccionaran para una de las casas, Gryfindor, Hufflepuff, Slytherin y Ravenclaw. En un momento vuelvo- habiendo dicho estas palabras se marchó por donde habíamos entrado.

Todos estábamos muy nerviosos, sin saber a que casa íbamos a entrar.

En eso volvió el profesor Longbottom y nos indicó que lo siguiéramos.

Entramos en lo que debía ser un comedor, a juzgar por las cuatro mesas llenas de alumnos y platos y copas vacíos.

Hicimos una fila y vimos que había al frente de todo, donde se ubicaban los profesores, había un taburete con un raído sombrero, que comenzó a cantar una canción que no escuché, por quedarme atónita mirando el techo.

Era como el cielo negro de afuera. En algún lugar había escuchado que era así gracias a que estaba encantado, pero me costaba creerlo.

El profesor Longbottom se puso de pie.

-Cuando diga sus nombres, vengan aquí y pónganse el sombrero, que les dirá a que casa pertenecerán.

-Apells, Jane.

Una chica rubia, la que se había estado riendo de mí, se dirigió al taburete y se puso el viejo sombrero.

-¡SLYTHERIN!-gritó el sombrero.

Así prosiguió, Hufflepuff, Hufflepuff, Gryfindor, Slytherin, Ravenclaw, Gryfindor; en ese orden.

-McLeige, Jennifer- dijo de pronto.

Todos se quedaron mirándome y hubo algunas murmuraciones.

Subí temblorosa al taburete y me coloqué el sombrero sobre la cabeza.

"Vaya, vaya…" dijo una voz en mi cabeza "es muy interesante, pero fácil. Definitivamente…"

-… ¡GRYFINDOR!

Me quité el sombrero y fui a la última mesa, donde todos me aplaudían.

Un chico de cabello azul se corrió a un costado para hacerme un lugar.

En ese momento, yo solo tenía oídos para un nombre, cuando finalmente fue pronunciado.

-Potter, James.

Él subió y se colocó el sombrero, que apenas rozó su cabeza exclamo:

-¡GRYFINDOR!

Aplaudí hasta que me dolieron las manos y él se sentó junto a mí.

Terminó la ceremonia de selección y una mujer con lentes cuadrados y con quién parecía que era mejor no buscarse problemas, se puso de pie. Ocupaba la silla más grande, que estaba en el centro.

-Bienvenidos a nuestros nuevos estudiantes (a quienes no me conozcan, yo soy la directora de la escuela, la profesora McGonagall) y a los que llevan ya un tiempo con nosotros, también les doy la bienvenida; les recuerdo que el bosque esta prohibido para todos los alumnos y el señor Filch, el celador, ha agregado unas cuantas normas a la lista que se encuentra en su oficina.

Señalo con un floreo de la mano a un hombre tan viejo que no parecía oír o ver mucho, y a sus pies, había una gata, con los bigotes ya completamente blancos.

-Bueno- dijo la directora- que el banquete comience.

Al decir eso, las bandejas frente a nosotros, se llenaron de comida.

Muy pronto, todos estaban comiendo y charlando, yo hablaba con James y algunos alumnos de segundo y primero; entre los de segundo estaban Alice Cattermole, Louis Ubbly, Natalie Goldstein y entre los de primero, Dave Eldred, Jane Smith, Colin Creevey (el chico con quién había ido en el bote y se llamaba así en honor a su tío) y Jack Smith (el hermano de Jane).

Cuando todos terminaron, aparecieron los postres, y cuando estos se terminaron, un prefecto, el chico de cabello azul, Tedd Lupin, nos guió a la sala común.

Todos subimos a nuestros cuartos, apenas llegué, ni siquiera me preocupe en ponerme el pijama, me deje caer en mi cama y me dormí, sin preocuparme de lo que sucedería al día siguiente.