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Historia 40836 — capítulo 1

Sirius Black abrió los ojos lentamente mientras con su brazo, buscaba algo entre las sabanas, algo que por su puesto, no encontró.

Cuando se dio cuenta de que no había en la cama nadie mas que el, levanto la cabeza y miro la habitación milímetro a milímetro, pero al igual que en la cama, no encontró lo que buscaba.

Se sentó y froto sus ojos, revolvió su pelo y bostezo, aun no había amanecido pero no debía faltar demasiado para que el sol comenzara a bañar los terrenos de hogwarts.

Anoche había sido la iniciación de los alumnos de primero y el ultimo comienzo para los alumnos de séptimo, entre los que Sirius y compañía se encontraban.

Los recuerdos le fueron llegando poco a poco.

Recordaba haberse encontrado con James y Lily en la estación de King Cross, recordó toda la iniciación, las palabras de Dumbledore, la cena …

Hizo un mohin al recordar aquellos ojos verdes que le enloquecieron en el mismo momento que los vio. Ya había pasado la cena y los alumnos de Gryffindor, se fueron a celebrar que era el ultimo año, así que bebieron y bebieron hasta que mas de uno perdió el sentido.

Por alguna razón que Sirius no recordaba, salio de la sala común en dirección a algún lugar, pero topo con algo al girar la esquina.

Lo único que recuerda con claridad, son aquellos preciosos ojos verdes que le miraron tan fijamente, que sintió como su alma se partía en mil pedacitos.

Su corazón se acelero de tal forma que sintió que se quedaba sin aire, nunca en toda su vida había visto algo tan hermoso y puro como aquella mirada. No podía mirar a otro lado, no quería ver sus labios, ni su cuerpo, ni si quiera su rostro, solo quería mirar esos ojos hermosos y vivos que acababa de encontrar.

Posiblemente los hubiera visto alguna vez antes, después de todo conocía a todas y cada una de las chicas de Hogwarts, pero quizás fue por la borrachera o por el momento, en ese preciso instante, sintió que su corazón abandonaba su cuerpo para acomodarse en el cuerpo de quien le miraba.

Sirius agito la cabeza y volvió al presente, sintiéndose solo en aquella habitación que durante 7º años, había sido su escondite, solo Cornamenta y Lunático la conocían y aun así, nunca acudían allí porque sabían que era el santuario de Sirius.

¿Ya has despertado? - dijo una voz desde la habitación contigua. El corazón del joven volvió a desbocarse al recordar esa voz, era ella, la joven que la noche anterior le había robado el corazón, pero aun sabiendo que esos ojos habían echo algo que nadie había conseguido hasta ahora, sintió miedo.

No recordaba su rostro, solo su voz y su mirada, ¿y si era una chica fea? ¿y si era todo lo que el evitaba? La voz no salio de su garganta, su cuerpo no quiso moverse, el miedo le invadió por completo.

Yo me voy a ir - La voz se acercaba hacia Sirius y este, temeroso de lo que pudiera encontrar, se tumbo de nuevo y cerro los ojos haciéndose el dormido.

Le dolía la cabeza y se sentía ligeramente mareado por la resaca, pero su miedo a afrontar la verdad le pudo. Sabia que se había enamorado, era imposible que no fuera de ese modo cuando su corazón luchaba por latir junto al corazón de ella, pero ¿y si se había enamorado de una chica con gafas? ¿y si era bajita? ¿y si no era popular? Todos sus prejuicios le pudieron y acabo por no abrir los ojos.

Descansa mi príncipe - Susurro la voz de ella mientras esta se arrodillo en el suelo y beso suavemente su frente.

Desprendía un delicioso olor a rosas, pero no a rosas comunes, a rosas blancas, era un aroma exquisito, único.

Cuando la joven abrió la puerta para salir de la estancia, sirias abrió los ojos y lo único que pudo ver , fue ondear el final de la falda del uniforme. No vio su altura, ni su color d piel, ni su rostro, solo la tela de su falda.

Había pasado la mejor noche de su vida, había estado con la única persona que le había robado el alma y … por sus prejuicios, no había sido capaz de mirarla, de ver quien era... ¿como iba a reconocerla ahora?

Se levanto, se ducho y se fue en busca de sus amigos, aun pensando en quien seria la joven que le había conquistado y a la que tanto temía.