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El congunto de lo separado. — capítulo 6

Nada. Solo nada, eso quedaba en el valle que se perfilaba frente a él. Su espada inmóvil colgabade su mano. Bajo sus pies el suelo cubierto de un rojizo color.

Camino largo rato sin encontrar rastro alguno de vida. Tantos eran los rostros mutilados y las ropas hecha jirones que era difícil reconocer a que bando pertenecían.Mas, un cuerpo llamo su atención, era igual que los demás. Sus piernas y brazos en posición antinatural, el rostro ensangrentado y los ojos en blanco.Sin embargo era diferente, aquel cuerpo pertenecióen algún tiempo a él.

No le molesto el saber que no viva, saborío el hecho deser. Lo tomo con filosofía. Recordó lo que un antiguo maestro le dijo: *"el muerto no sabe que ha muerto, cuando le veas pídele que se vea los pies".*Así lo hizo más sus pies en su lugar estaban, no flotaba y su cuerpo no parecía de hielo. Al contrario, su piel irradiaba el calor distintivo del los seres vivientes. No sangraba pero aun así se sentía como si recientementele hubieran golpeado una multitud.

Al acercarse a lo que una vez fue su cuerpo se percato que este comenzaba a desaparecer. La sangre que una vez corrió por cuerpo fue absorbida por el suelo dando la impresión que desaparecía. Lo que una vez fue su rosto se convirtió en pasto fresco. Lo que una vez fue el dejo de serlo.

El ya no existía. Dejo de ser el. Olvido quien era. Se convirtió en el todo, en la nada. En el campo de batalla.