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Adivinando razones — capítulo 1
Hermione estaba aburrida, mirando las bolas de adivinación. Nada salía de su cabeza y se transmitía en formato "predicción", como sucedía con Harry. ¡Qué materia tan aburrida! Suspirando, ella miraba a su alrededor. Seguramente, todos babeaban de aburrimiento, excepto las gemelas Parvati.
Ella, ladeaba la cabeza, cuando Trelawney emergía de las cortinas lavandas y, canturreaba sus profesías, que veía con sólo contemplar un grano. Ella estaba tan aburrida, que no podía pensar en una forma correcta de insultarla.
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¡Querida, mira a la bola de cristal!- le insinuó, con sus manos y una voz lenta- ¡Las predicciones no aparecerán solas en tu mente!
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Si es que aparecen- se quejaba ella con cierta rabia. Draco, que estaba a pocos metros, miraba su hoja de té con aburrimiento.
Harry y Ron, por su parte, trataban de hallar su vida dentro de la bola. Ron, cuando Trelawney no veía, la zarandeaba con vigor. Harry, tan sólo esperaba que algo se arremolinara entre aquellas nubes blancas.
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Deberían ver, un poco de su futuro próximo- vaticinó la mujer con una sonrisa y aspecto, de locura. Muy característico en ella.
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¿Qué futuro?- preguntaba Ron, con avidéz. Sybill, caminaba hacia él y le colocaba la mano en el hombro. Señalaba al infinito.
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El futuro del cosmos, querido- mencionó y Ron, tenso, arqueó una ceja hacia Harry. Él, no lograba entender, por qué Dumbledore, tenía a esa mujer dentro de aquel castillo. Además, de que, su materia era tan inútil.
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¿Cómo nos ayudará esto, a combatir a las fuerzas oscuras?- preguntó Hermione, con rudeza. Trelawney la ignoró y se dirigió a mirar a las hojas de té de Lavander Brown.
Bien, esa materia era un desperdicio. Con un suspiro, Hermione intentaba no dormirse, pero le era imposible. Su cabeza, resbalaba de su mano y ella, trataba de pestañear para no dormirse. De todas formas, el ambiente tan callado y aromatizado con los más "finos" menjurges, le llenaban las fosas nazales, con cierto deseo de encontrarse con los brazos de morfeo. En poco tiempo, y sin darse cuenta, se había quedado dormida en su puesto.
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Srta Granger, bienvenida al salón Le Blank...- decía una voz bastante sedosa. Ella, alzaba la cabeza y miraba a su alrededor, con un aire de superioridad. Estaba vestida con un hermoso traje blanco y enjoyada con las más finas prendas.
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Dispénseme por la demora- dijo, cuando el hombre sustraía su guante blanco para besarle la mano- Pero a estas alturas, creo que mis sirvientes necesitan un descanso.
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No se le puede dejar, caminar a su libre albedrío, mi Lady. ¿Quién nos asegura, que su corazón frágil, no caerá en manos de un ser desviado en su camino?
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Lo más cercano al exterior, que he estado, es cuando le doy donativos a los indefensos e hijos de la calle- se quejó ella- ¡Casi no me permiten salir! Todas las tardes a las seis, observo a mis visitas en el alfeizar.
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No, mi Lady, nosotros debemos custodiar su vida- decía aquel hombre de aspecto serio y respetuoso. Tenía el cabello negro y los ojos tan pardos, como un tigre.
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Lo sé Bruno y por favor, deja de llamarme "Lady". Estamos en un salón de té.
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¡Usted es la mujer más importante, que tiene Gran Bretaña ahora!- mencionó el hombre con ímpetu. Hermione, se sorprendió de su forma de hablar- Dispénseme mis sentires, pero si usted sufriera un imponderable, yo...
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Ya lo sé. ¡Cortarían tu cabeza con una hojilla fría y, freirían tu cabeza en aceite caliente como las brasas que, los africanos cargan día a día!
El joven Bruno, trató de no impactarse demasiado. Hermione, soltó una risa suave y observó a su fiel compañero de aventuras. Bruno, ladeó la cabeza y posó sus ojos en el vestido de la jovencita, hija de una importante persona.
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Su vestido mi Lady, se puede manchar.
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Déjalo. Bruno, te comentaré un secreto muy profundo y espero, que con tu palabra, me jures que no se lo dirás a mi padre.
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Coménteme señorita.
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Samantha, usa mis vestidos. A ella, le hace tanta ilusión, verse en ellos.
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¿Samantha, la jovencita que la atiende? ¡Pero mi Lady!
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Son mis órdenes expresas y además, juraste no decir...
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Palabra de caballero.
Mientras Hermione caminaba, un joven de aspecto calculador y callado, se acercaba a ellos. Venía de la mano de su padre. Un alto magnate de aquella época, que siempre lucía a tono con los más finos trajes que provenían de importación.
- Srta Granger- decía, bajando la cabeza en una reverencia. Hermione también- le presento a mi hijo, Draco Malfoy.