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Historia 41098 — capítulo 4
ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.
4
Sorpresas en Halloween
Nadie dijo nada durante unos segundos. Todos se habían quedado mirando a Thomas con las bocas abiertas, mientras que el aludido aún no salía de su estupor. Hasta ahora, en su corta vida, se había dado con dos sorpresas: La primera que tenía un padre vivo y ahora, ¡que resultaba que su padre era más temible de los últimos tiempos!
—Esto no es posible… —dijo James rompiendo el silencio—. ¡No puede ser posible! ¡No puede!
—Lo es, James —contestó Thomas clavando su oceánica mirada en él—. Desgraciadamente lo es…
—¡No puedes ser hijo de... de Lord Voldemort!
—¡Pues para mi desgracia lo es! —gritó Thomas sin importarle la mirada inquisitiva de la bibliotecaria —. ¡Tom Ryddle es mi padre! ¡El bastardo que…! —bajó la voz— ¡…se hace llamar Lord Voldemort! Ahora, si me disculpan, me voy. Seguramente no querrán andar con el hijo de un asesino.
Y sin nada más, se fue corriendo de la biblioteca.
—¡Thomas! —gritó James, pero el muchacho no se detuvo —¿Qué debemos hacer?
—¡Salir inmediatamente de aquí! -intervino Ingrid Pince, la bibliotecaria del colegio, muy molesta—. ¡Su amigo ya lo ha hecho, ahora háganlo ustedes que nada más están haciendo que molestar a otros lectores con sus gritos!
Sin poder reclamar nada los muchachos salieron de la biblioteca y se dirigieron a la Sala Común. Al llegar allí, Sirius arrojó sus libros y se sentó en el enorme sillón.
—¡Vaya día! —comentó—. ¡Nuestro amigo es hijo del mago más oscuro de todos los tiempos y la señora Pince nos bota de la biblioteca!
—Sirius, esto es serio —lo reprochó Remus preocupado—. Thomas se siente mal con este asunto.
—¿Quién no va estarlo siendo hijo de ese Lord Voldemort? —comentó Jimmy cruzado de brazos.
—El problema no es que Thomas sea hijo de ese loco -analizó James—. El problema aquí es: ¿qué es lo que vamos a hacer?
—¿Está claro, no? —dijo Remus mirándolos—. Debemos apoyarlo, decirle que eso no importa y tratar de que se sienta mejor. Es nuestro amigo, no podemos darle la espalda en una situación como esta.
—Pero su padre… —dijo Sirius.
—¿Acaso vas a fijarte en eso? —replicó Remus muy serio—. Thomas parece estar muy avergonzado por su padre y no hace falta preguntar puesto que no quiere saber nada de él. Si ustedes quieren dejarlo solo porque su padre es un asesino, háganlo. Pero yo no lo haré. ¡Yo no lo miraré como un monstruo por algo que no ha hecho! Thomas nos ha demostrado que es alguien a quien podemos confiar y yo no voy a defraudarlo poniendo en duda su amistad sólo por ser hijo de alguien de quien él no quiere saber nada.
Y se dirigió al dormitorio.
—Remus, tiene razón, chicos -dijo Jimmy a los muchachos—. Thomas es nuestro amigo y debemos apoyarlo.
James y Sirius asintieron.
—Bien, lo veremos en la cena y le diremos lo que pensamos ¿vale? -propuso James.
—Vale.
Thomas Ryddle corrió hasta llegar a las orillas del gran lago que rodeaba a Hogwarts. Se sentó en la orilla abrazando sus rodillas y escondiendo su rostro entre sus brazos. Por primera vez en todo el tiempo que llevaba al lado de sus amigos, quería estar solo; pero esta vez, quería estar solo para pensar. Pensar en lo que dirán sus amigos para alejarse de él y pensar para planificar su vida de ahora en adelante.Sabía que muy pronto iba a estarlo de nuevo.
¡Maldito Tom! ¡Maldito! ¡Desde que apareciste, desapareció todo lo bueno que tenía!
Las lágrimas empezaron a inundar sus ojos haciendo que se desbordaran por sus mejillas. Menos mal que no había nadie, porque no le gustaba que lo vieran muy triste.
O por lo menos eso era lo que pensaba.
—No te sientas triste, Thomas.
Levantó su carita llorosa hacia otra que sonreía tiernamente. Al notar quien era, trató de secarse las lágrimas rápidamente.
—¿Qué haces aquí, Dawson? ¿Acaso no estabas molesta conmigo por lo que dijo Carrey?
—No, eso ya no importa -contestó la niña sentándose a su costado.
—¿No deberías estar con McCainer o Evans?
—Ellas están muy ocupadas hablando con Sammy— Thomas no sabia quien demonios era Sammy pero no preguntó—. Además, estabas llorando.
—Yo no lloro —negó Thomas desviando su mirada al lago.
—Así que eres demasiado orgulloso para llorar —comentó Deborah—. Vamos, a mí no puedes engañarme…
—Ya dije que yo no lloro —contestó Thomas molesto.
—Está bien -se rindió Deborah sonriendo—. Tú no lloras, pero al menos no me vas a negar que te impactó saber que tu padre es Lord Voldemort ¿no?
Thomas se volvió a ella asombrado.
—¿Cómo diablos supiste de eso?
—Lo vi —contestó la niña—. Vi cuando tú estabas con James y su pandilla descifrando el nombre de tu padre.
—¿Sabias qué no es bueno espiar? —preguntó Thomas molesto.
—¿Y tú sabias que en esos momentos yo estaba en la Sala Común con mis amigas? -le contestó Deborah.
—¿Cómo?... —dijo Thomas confundido—. Entonces, no entiendo. ¿Cómo pudiste ver lo que estábamos haciendo en la biblioteca?
—¿Te cuento un secreto? —el muchacho asintió y la niña acercó su rostro muy cerca de él que Thomas se ruborizó—. Yo tengo visiones.
—¿Qué?
La niña puso su mirada en el lago.
—Desde que tenía uso de razón, mi mente me manda imágenes de cosas que sucedieron, van a suceder y están sucediendo. Fue por eso que supe lo que te estaba ocurriendo, Thomas.
—¿Eres una vidente? -preguntó incrédulo.
—Por decirlo así —contestó la niña apenada
—¡Por favor! -exclamó Thomas incrédulo—. Yo no creo en esas cosas.
—¿Y entonces qué crees? ¿Qué soy una fisgona? —saltó muy ofendida.
—Es más coherente decir eso que creer que eres una vidente -contestó el muchacho.
La niña iba a contestar pero en ese momento, el brillo de sus ojos negros desapareció y se puso muy rígida. El niño se asustó al verla así. Esa chica era muy rara, pero en ese momento estaba más rara de lo que parecía. Cuando le tocó el hombro, la niña se volvió a él. El brillo de sus ojos aún no había vuelto y al juzgar por la expresión de su rostro era como si estuviera viendo algo monstruoso, haciendo que el niño se asustara más.
—¡Ayúdame, Thomas! —musitó desesperada—. ¡Por favor, ayúdame!
—¡Dawson! ¿Qué te ocurre? -preguntó alarmado.
—¡No dejes que él te manipule! -continuó—. ¡Thomas! ¡Tú no eres como él! ¡Tú eres Thomas Ryddle, no el heredero de Slytherin!
Esa frase lo dejó frío por unos instantes. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿De qué demonios estaba hablando Deborah? Pero, especialmente ¿cómo sabia que él era el heredero de Slytherin? La muchacha empezó a temblar terriblemente para luego gritar y caer al suelo. El niño, asustado, la sacudió. Deborah empezó abrir los ojos y ver a Thomas, se incorporó rápidamente.
—Me tengo que ir —dijo con un hilo de voz.
—Espera, ¿qué diablos te pasó? —dijo él impidiéndole el paso.
—No es nada —evadió muy asustada—. Tú no crees en esas cosas…
—¿No me vas a decir que fue una visión?
—¡Me tengo que ir!
—¿Por qué gritabas? —pero la muchacha empezó a correr—. ¡Espera, Dawson!
Pero la niña no paró y se alejó corriendo, dejando al niño con una gran confusión.
Los días venideros fueron muy extraños para todos.
Los cuatro chicos trataban de acercarse a Thomas, pero el niño se alejaba inmediatamente al verlos acercarse. No quería que lo insultaran o le dijeran algo al respecto de Tom, por lo que hacia todo lo posible para evadirlos. En el dormitorio, no aparecía hasta que ellos estuvieran dormidos y se levantaba muy temprano para no tener que hablar con ellos. Cuando estaban en el Gran Comedor, el muchacho simplemente se dedicaba a comer y cuando estaban en clase, se sentaba lejos de ellos. Esto hacia difícil la comunicación de los muchachos con su amigo pues, sin pedir su opinión a sus amigos y escuchar lo que pensaban al respecto, el muchacho ya tenia clara la erronea conclusión de que ellos no querían hablar con él,
Pero Thomas no era el único que huía de la conversación. Deborah también lo hacia pero de él. Después de lo sucedido en el lago, la niña usaba con él, las mismas tácticas de evasión que Thomas hacia con los chicos. Él trataba de interceptarla o encontrársela a propósito para hablar con ella, pero siempre la veía junto con Lily Evans, Ann McCainer y Samantha Armstrong, la niña que Deborah había llamado Sammy en el lago. Cuando quería acercarse a hablar con ella, sin saber cómo y a dónde desaparecía junto con las otras niñas.
El 31 de Octubre llegó. El Gran Comedor se llenó de calabazas flotantes que pasaban por todas las cuatro casas. En el techo se podía ver una gran luna llena acompañada de estrellas. Los mellizos junto con Sirius dejaron escapar un gran "¡Oh!" de sorpresa al ver la decoración.
—¡Vaya! Esto me recuerda a que tenemos que tenemos que planear la próxima salida al bosque —dijo James mirando el hermoso cielo estrellado.
—Así es, mi amigo —corroboró Sirius.
—¿Qué opinas, Remus? -preguntó Jimmy.
—Es muy bonito -contestó Remus sin mirar el techo.
Los niños entraron a desayunar muy contentos y se sentaron junto a Lily Evans —sugerencia de James—, quien al verlos entrar, les preguntó:
—Primero los veo sin Ryddle y ahora sin Lupin. ¿Qué les pasa? ¿Se están desintegrando?
Los muchachos se vieron. Remus Lupin no estaba a su lado.
—¿Dónde está Remus? —preguntó Sirius.
Se volvieron a la entrada. El niño se había quedado en el umbral de la gran puerta del comedor. Miraba hacia un lado pero no se atrevía a mirar el ilusorio cielo que estaba arriba de él. James le gritó:
—¡Hey, Remus! ¿Qué haces allí? ¡Ven a desayunar!
El muchacho negó con la cabeza sin moverse del lugar donde estaba.
—¿Y a éste que le ocurre? —preguntó Jimmy.
—No lo sé —-respondió Sirius. James se levantó de la mesa y fue a hacia él.
—¿Qué te pasa, amigo?
—No tengo mucha hambre —contestó Remus mirando hacia otro lado. Pero un sonido muy extraño de su estomago lo delató. James sonrió.
—¡Oh, vamos! ¡Tu estomago no engaña! ¡Ven! No tienes porque quedarte con hambre… Además es Halloween.
—Es que… no me gusta la decoración… Me enferma…
—Pero no es verdadera —dijo James sin entender a qué se refería—. Sólo una ilusión.
El muchacho lo miró algo desconfiado.
—¿Seguro?
—Bueno, eso es lo que dice en la**Historia de Hogwarts ¿no?
Remus sonrió y entró junto con James. Al sentarse junto con ellos. Thomas llegó soltando un gran bostezo. Los mellizos lo vieron, pero él ni siquiera los saludó sino que fue directo al sitio donde estaba Deborah y se sentó a su lado. Pero ni bien se había sentado a su costado, la muchacha cogió su plato de avena y se retiró hacia el lado mas alejado de él. Thomas la miró molesto pero la muchacha no se volvió hacia él en ningún momento.
Al terminar de desayunar, Thomas notó que sus amigos habían desaparecido. Suspirando con alivio cogió sus cosas para irse a las mazmorras a la clase de Selwyn. Pero al pasar por el lado de una estatua, sintió que unas manos lo cogían.
—¿Qué demonios…?
Eran sus amigos. Thomas supo que estaba acorralado.
—¿Por qué nos has estado evadiendo toda la semana? —preguntó James.
—Ustedes deberían saberlo ¿no? —contestó adoptando una actitud defensiva—. Les hice un favor rompiendo el contacto que tenían con el hijo del mago más tenebroso de todos los tiempos. Es mejor eso a que huyeran de mí como si fuera un monstruo.
—Pero ni siquiera escuchaste lo que opinamos al respecto.
—No quiero escuchar acusaciones.
—No vamos a acusarte, Thomas —dijo Remus—. Sólo queríamos decirte que nosotros sabemos que tú no tienes la culpa de ser hijo de ese tipo.
—Nosotros no vamos a señalarte algo que no has hecho —añadió Jimmy—. Ni siquiera huiríamos de ti; al contrario, tú eres el que ha estado huyendo de nosotros.
—Además, ¿nos has visto con cara de cobardes? —dijo Sirius haciendo que Thomas sonriera—. ¡Por favor! ¡Tal vez éstos sí lo sean pero no el gran Sirius Black!
Los tres le dieron un golpe. Thomas sonrió.
—¿Qué dices? —preguntó James con una sonrisa en los labios—. ¿Vas a compartir con nosotros elHalloween?
Thomas sonrió conmovido.
—¡Idiotas! —les dijo fingiendo enjugarse una lágrima—. ¡Ustedes me ponen sentimental!
Los cinco empezaron a reír ante ese comentario.
—Otra pregunta —soltó Sirius mirando a Thomas maliciosamente—. ¿Por qué persigues a Dawson? ¿Acaso te gusta?
—¡¿Qué?! ¡Para nada! —negó Thomas avergonzado.
—¡Sí, claro! —dijeron los tres muchachos caminando hacia la clase junto con sus amigo.
En la clase de Pociones, el profesor Selwyn miraba por momentos a Thomas y a esos cuatro mocosos revoltosos. Pero su mirada se paseaba entre ellos y otra persona. Una personita de cabellera roja, Lily Evans. Cada vez que miraba a esa niña sangre sucia se preguntaba porque su amo le había pedido que averiguara cosas sobre ella.
Se sentó en su pupitre mientras miraba con discreción como la niña revolvía con cuidado su poción. ¿Qué interés podría tener su amo hacia esa niña? Su mente volvió a rememorar cuando notó un destello extraño en los ojos de su señor, cuando ella entró de forma improvista a su despacho mientras estaba recibiendo algunas instrucciones con respecto al muchacho.
*—¡Evans!**—*habíagritado Selwyn a la niña—. ¿Con qué derecho entra de esta forma tan imprevista aquí?
—Lo siento, señor*—*contestó Evans totalmente apenada—. Sólo venia a decirle que la profesora McGonagall me había mandado a llamarlo…
—¡Esto no es excusa para que se meta sin llamar a la puerta! -le espetó.
—Lo sé, señor.
—Pues para que no se le olvide, tendrá cuarenta puntos menos para Gryn…
—La pequeña no lo hizo intencionalmente, profesor Selwyn*—*dijo Tom mirándola fijamente. La niña levantó sus ojos verdes hacia el hombre, quien sostuvo su mirada.
—Pero entró sin avisar…
*—Pero no escuchó nada, ¿verdad?**—*preguntó Tom a la niña, quien asintió con temor—. Olvidemos de este asunto y déjela que se vaya, profesor.
Iba a replicar pero su Señor le dirigió una mirada que lo dejó frío por unos instantes.
—¡Evans! ¡Vete de aquí!
Sin pensarlo dos veces. La niña se alejó. Su Señor la vio irse y antes que pudiera preguntarle, él contesto:
—Creo que sabes muy bien que el motivo de mis acciones no son de tu incumbencia, Selwyn; asi que deja de estar imaginándolo.
—Perdóneme, mi Señor, pero no entiendo porque lo hizo...
—No es tu asunto -contestó su Señor sin dejar de mirar como la niña se alejaba de las mazmorras sin voltear atrás—. Quiero que averigües cosas de esa niña. Sobre todo su pasado antes de llegar a Hogwarts. Si me mantienes al tanto de esa niña y del muchacho, serás bien recompensado.
Pero ¿por qué su señor le interesaría saber de esa niña impura? ¿Qué podría ser de útil una hija de muggles? Sin que los alumnos lo notaran, se levantó la manga de la túnica. Un tatuaje de una calavera con una serpiente saliendo de su boca estaba algo borrosa. Lo miró por unos instantes para luego taparlo rápidamente.
Se volvió al hijo de su amo y notó que el niño miraba de reojo hacia la mesa de Lily Evans pero no la miraba a ella, sino a otra impura de cabellos negros. Deborah Dawson. Al parecer, la mocosa impura le agradaba. En esos momentos, se le ocurrió una idea. Idea que tal vez podría ayudar a su Señor como doblegar a su hijo y de la cual seria muy bien recompensado.
Al terminar la clase, el profesor pudo ver que se alejaba de sus amigos diciéndoles que los alcanzaría en la próxima clase y se dirigió a la niña, quien al verlo se alejó rápidamente sin dejarlo hablar. Al ver que iba a perseguirla, lo llamó:
—¡Ryddle, quiero hablar con usted!
El niño se detuvo al instante mascullando una maldición y se acercó hacia él. Cuando el ultimo niño salio del salón. Selwyn se dirigió a él.
—He notado tus cambios de ánimo con los Potter, Black, y Lupin.
—Eso no te interesa, Selwyn —contestó el niño.
—En realidad, sí. Tengo que informar a mi Se… quiero decir, a tu padre. Él me ha orde… pedido de favor que lo haga.
—¿Pedir? —Thomas soltó una carcajada—. ¡Por favor, Selwyn! Tom jamás pediría un favor a nadie. Él sólo te ordena y tú tienes que obedecer. Además, ¿acaso temes llamarlo amo? o mejor dicho, ¿acaso temes prefieres llamarlo por su otro nombre?… No sé… ¿cómo Lord Voldemort?
El profesor se volvió a él rápidamente completamente sorprendido.
—¿Qué es lo que has dicho?
—Lo que has oído —sonrió el muchacho satisfecho por el miedo de su profesor de Pociones.
—¿Cómo... cómo lo has averiguado...?
—¡Oh, eso fue pura casualidad! —contestó burlonamente—. ¡Su nombre salió en E l Profeta como el acertijo del día! Yo solo atine con la respuesta… ¿Crees que debo enviar mi respuesta?
—¡No te atrevas a burlarte...! —lo amenazó.
—¡Y tú no te atrevas a hablarme de esa manera! —contestó enérgicamente—. ¿Y sabes? Dile a tu amo que fue una buena idea cambiarse el nombre. Así nadie podría descubrir que soy su hijo. No sabes como detesto que me relacionen con él sólo por tener su apellido.
—Dime cómo demonios lograste descubrir su nombre.
El pequeño se acercó a él sonriendo desafiante.
—Aunque sea una desgracia para mí, soy el hijo de ese bastardo y por ello herede algunas de sus mañas.
Y se dio media vuelta, complacido por lo que había hecho con el lamebotas de su padre. Pero cuando iba a salir definitivamente de ahí, Selwyn gritó:
—¡Cuida a la sangre sucia de Dawson, mocoso! ¡Pueda ser que un día no la vuelvas a ver!
El muchacho se detuvo.
—Se ve que te interesa esa mocosa impura. Más te vale que te comportes bien conmigo. Aunque no pueda matarte, sé como dominarte.
—En primer lugar, Selwyn -contestó el niño sin voltearse—, no puedes matarme por el simple hecho de que Dumbledore está aquí. Si Tom le tiene miedo, tú peor. Y en segundo lugar *—*el muchacho se volvió al profesor mirándolo con la misma mirada fría que adoptaba tenia su amo—, no te atrevas a volver a amenazarme. Que no se te ocurra hacerle algo a Dawson porque de ser así, lo lamentaras. Y será tanto que a quien le vas a tener miedo no será a Lord Voldemort sino a su hijo.
Y siguió su camino, dejando al profesor muy consternado.
Al llegar al dormitorio, después de las clase. Thomas vio que todos los chicos estaban amontonados en la cama de James murmurando entre si.
—¿Qué pasa?
Todos se volvieron a él, dejando a la vista a sus amigos quienes estaban sonrientes, en especial Jimmy y James. Y al notar el motivo de sus sonrisas, él también sonrió, poniendo su cara de la misma forma que sus demás compañeros: alegría y asombro.
—¡Son unas Nimbus 1000! —exclamó emocionado sentándose al lado de sus amigos Potter—. Pero... ¿Quién les mandó esto?
—Papá —respondieron a la vez los mellizos.
—¡Se ven fantásticas!
—¿A que sí? —dijo Jimmy mirando con adoración su escoba—. ¡Papá cumple bien sus promesas!
—Aunque a mamá le dará un infarto cuando se entere —dijo James levantándose—. ¿Por qué no las probamos afuera?
—¿Y por qué no mejor las confiscamos? —dijo una voz con severidad.
Todos se volvieron a la puerta. La profesora McGonagall los miraba seria desde el umbral. Todos los Gryffindor se fueron de ahí, dejando a los muchachos solos ante la mirada seria de la profesora.
—Profesora —dijo Sirius tratando de sonreír—. No puede entrar aquí ¡Es un cuarto de chicos!
—Black, cállese si no quiere ser castigado —contestó la profesora McGonagall—. Señores Potter, ¿sabían que los alumnos de primero no pueden tener una escoba?
—¡Anda! ¿Sí? -contestó James fingiendo asombro—. ¡No, profesora! ¡Le juro que no lo sabía! ¿Tú lo sabias, Jim? —le codeó a su mellizo.
—¡No! ¡Por supuesto que no! —contestó Jimmy de la misma forma.
—No se pasen de listos conmigo, señores Potter - replicó McGonagall—. Déjese de rodeos y denme esas escobas. Se las devolveré cuando finalice el año.
—Pero profesora… —dijo James sosteniendo fuertemente su escoba
—Sin peros, Potter.
—¡Nosotros podemos pertenecer al equipo! —dijo Jimmy.
—Por supuesto que no. Son menores todavia -dijo McGonagall tratando que quitarles las escobas, pero los niños se rehusaban a soltarlas—. ¡Dénmelas!
—¡Profesora! ¡Parker y Carter están tirando bombas fétidas en la Sala Común! -exclamó Thomas de pronto.
—¿Cómo qué bombas…? —se distrajo la profesora mirando a Thomas, pero el muchacho se había ido del cuarto y cuando se volvió hacia sus alumnos; los mellizos habían desaparecido, al igual que Sirius y Remus—. Pero… ¿En dónde se han metido?
Salió del cuarto muy molesta. Cuando cerró la puerta, los niños se quitaron la capa invisible.
—¡Uf! ¡Eso estuvo cerca! -exclamó James.
—Pero aun así, no nos la podemos quedar —apuntó su hermano—. McGonagall nos va a matar cuando nos encuentre y nos las confiscara hasta cuando seamos mayores de edad.
—Ni modo —suspiró James resignado—. Tenemos que enviarlas a casa...
—Pero si lo hacemos, mamá se enterara —replicó su mellizo.
—Eso a menos que las escondamos muy bien sin que McGonagall se entere -dijo Sirius mientras Thomas entraba al dormitorio.
Los muchachos lo miraron extrañados.
—¿En dónde? -preguntó Thomas.
—Se los enseñaré, vengan.
Los Potter y Sirius salieron del dormitorio llevándose la capa y las Nimbus en sus manos. Thomas iba a seguirlos, pero se volvió al que faltaba. Remus estaba apoyado en la madera de su cama tocándose la frente y sudando frío.
—Remus, ¿estás bien?
El niño en vez de contestar, preguntó:
—La imagen del techo del Gran Comedor, ¿es la misma que aparecerá esta noche?
—Supongo que sí -contesto Thomas confundido, el muchacho se agitó más—. ¿Por qué me preguntas eso?
—Por nada… por nada —evadió Remus.
—¿Estás bien?
—Sí… Estoy bien… Sólo tuve un mareo…
—¿Sólo un mareo? —preguntó Thomas preocupado. Su amigo estaba muy pálido para ser un simple mareo—. Yo no me trago ese cuento, Remus. ¡Mírate! Lo mejor será que te vayas a la enfermería.
—¡Oigan! *—*los llamó Sirius desde la puerta—. ¿Vamos?
—Remus se siente mal -contestó Thomas mirando a Remus.
—Estoy bien —dijo Remus acercándose a la puerta—. Iré a la enfermería…Pero antes -se volvió a los dos—. Por nada del mundo se les ocurra salir esta noche al Bosque Prohibido.
—¿Por qué dices eso, Remus? —preguntó Thomas—. ¿A dónde vas?
—McGonagall se los explicara -contestó Remus saliendo del dormitorio—. Nos vemos dentro de unos días.
Los dos niños se miraron confundidos mientras Remus se alejaba. Los Potter entraron al cuarto mirando como su amigo se alejaba.
—¿A dónde va Remus?
—No lo sé -contestó Sirius extrañado—. No le entendí, dijo que se iba a ir a la enfermería y se despidió de nosotros como si se fuera de viaje.
—¿Eso les dijo? —preguntó Jimmy.
—Eso y que no saliéramos esta noche al Bosque Prohibido.
—Y quién va a querer salir al bosque prohibido con el banquete que ofrecerán esta noche —dijo James saboreando mentalmente lo que decía.
Los demás se rieron.
—Bueno, ahora si -dijo Jimmy—. Sirius, ¿en dónde podemos esconder nuestras Nimbus?
Los cuatro niños se cubrieron con la capa de James y salieron del cuatro.
Salieron de la torre y caminaron despacio y muy juntos bajando por la escalera de mármol que conducía al corredor del tercer piso. Al llegar a un aula vacía que estaba a la izquierda de la estatua de una bruja tuerta y jorobada. Sirius se quitó la capa.
—¿Aquí? —preguntó Jimmy en voz baja.
—No, tonto —dijo Sirius saliendo del aula—. Aquí.
Los tres niños lo miraron extrañados y salieron cogiendo sus escobas. Sirius estaba apoyado en la joroba de la bruja tuerta.
—Aquí está el escondite.
—¿Estás loco? -dijo James—. Si las dejamos detrás de esta estatua, Filch o cualquier otro las encontrara.
—No si la escondemos dentro de ella -contestó Sirius sacando su varita—. ¡Dissendio!
La joroba de la estatua se abrió ante la mirada atónita de los niños. Era lo suficiente grande para que pudiera pasar por ella una persona delgada. Sirius sonrió satisfecho mientras se introducía en el agujero.
—¡Espera! -dijo James cogiéndolo del hombro—. ¿Cómo sabes que esa cosa tiene fondo?
—Vamos, mi querido amigo. Eso tendremos que averiguarlo -contestó Sirius y desapareció al impulsarse hacia delante. Los tres niños no sabían que hacer. Después de un rato, se oyó la voz de Sirius.
—¡Vamos! ¡Se están comportando como niñas! ¡Vengan!
Los Potter soltaron sus escobas a través del agujero y se metieron en él. Se deslizaron por un largo trecho de lo que parecía un tobogán de piedra y aterrizaron en un charco de agua fría, uno encima del otro, mojándolos por completo.
Sirius, con las dos escobas en la mano sonreía, mientras los tres niños se incorporaban.
—¿Qué les parece?
—Sucio -dijo James.
—Húmedo -añadió Jimmy.
—Y lleno de barro -apoyó Thomas.
—Así es -dijo Sirius mirándolos—, ¿no es perfecto?
—¡Claro! —contestaron en coro.
—Pero una pregunta -dijo Jimmy—, ¿en dónde estamos?
Miraron a su alrededor. Estaba totalmente oscuro. Thomas sacó su varita y murmuró ¡Lumos!, y todos vieron que se encontraba en un pasadizo muy estrecho y tal como había dicho los tres, cubierto de barro.
—¡Vaya! -comentó Thomas—. ¡No creo que nadie se le haya ocurrido entrar aquí alguna vez!
—Entonces, es perfecto para esconder nuestras Nimbus -dijo James quitándoles las escobas a Sirius y poniéndolas en un rincón del pasadizo—. ¡Bien! ¡Ya está! Y si McGonagall nos pregunta, le diremos que les enviamos a nuestros padres. Y cuando sea de noche y un momento propicio para ello, las buscamos y nos vamos de parranda por el cielo.
—¡Sí! -exclamaron los demás eufóricos.
—El problema ahora es -dijo James sacando sus gafas y limpiándolas con la manga de su camisa—. ¿Cómo demonios salimos de aquí? -se puso las gafas y se le quedo mirando con avidez a Sirius Black.
—Bueno, podemos que seguir el pasadizo.
—Pero, ¿a dónde nos llevara? -preguntó Thomas.
—No lo sé —contestó Sirius—. Tendríamos que descubrirlo. O también podemos escalar el tobogán y llegar a la estatua de la bruja.
—Me provoca la primera opción -se puso a pensar James, sonriendo maliciosamente—. De todas maneras, ya que estamos aquí…
—Mejor otro día, hermano —lo cortó Jimmy conociendo las intenciones de su mellizo—. No podemos perdernos hoy. Es Halloween. Así que vamos por ese tobogán, llegar a la Sala Común y cambiarnos, antes que McGonagall se dé cuenta que no estamos en el castillo.
James suspiró y siguió a su hermano quien a su vez seguía a sus dos amigospor el estrecho tobogán. Cuando salieron del tobogán y cerraron la joroba de la bruja, una voz les hizo parar los pelos de punta.
—¡Alumnos en lugar prohibido!
Los cuatro niños se voltearon para estar cara a cara con su interlocutor. El conserje los miraba con una desagradable sonrisa mientras que la odiosa Señora Norrisse lamía sus patas delanteras delante de ellos.
—¿Qué están haciendo aquí? -indagó.
—Paseando -contestó Sirius tratando de parecer convincente y tratando de calmar a Flich, ya que al juzgar por su rostro, estaba muy molesto—. Ya sabe. Somos alumnos nuevos. Debemos conocer el castillo como la palma de nuestra ma…—pero no pudo concluir porque Thomas le tapó la boca antes que siguiera metiendo la pata.
Pero Flich escuchó lo que dijo Sirius, por lo que dijo:
—¡Muy bonito! ¿Así qué creen que pueden vagabundear por el castillo sin ser castigados?
—Pues, sí —contestó James antes de ser golpeado por su hermano en la cabeza.
—¡Pues veamos cuantos puntos les bajara su jefa de casa cuando los lleve ante…!
Pero Flich notó algo en los niños que no ayudó a que su semblante se suavizara. Los chiquillos trataron de encontrar el motivo por el cual Flich se estaba irritando, pero fue el mismo Flich quien se los gritó en las caras.
—¡SUCIEDAD! —señaló los pequeños charcos de agua sucia que habían goteado de las túnicas sucias y de los muchachos—. ¡Túnicas sucias y mojadas! ¡Esto ya es el colmo! ¡Van a ver, mocosos mugrosos! ¡Síganme!
Los niños siguieron a Flich, mientras planeaban como librarse de ese problema. Pero no habían llegado a ningún acuerdo cuando llegaron a la conserjería. Como los muchachos se rehusaban a entrar, Flich lo empujó hacia adentro.
—¡Cómo se ve que no existe el Sol en este lugar! -susurró James a los demás. Ya que en la conserjería no había ninguna ventana que hiciera contacto a la habitación con la luz solar. La única luz que había la emanaba una solitaria lámpara de aceite que colgaba del techo.
Detrás de la mesa de Filch, en la pared, había una colección de cadenas y esposas relucientes. Los muchachos se las quedaron mirando un buen rato, temiendo que Flich las empleara en ellos. Flich notó sus miradas y sonrió con malicia.
—Bonitas, ¿verdad?... Es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos. Hubiera sido satisfactorio colgarlos de las muñecas por unos pocos días. Con castigos de esa forma se aprende. Le paro pidiendo al director que me deje colgar del techo por los tobillos a los mocosos malcriados como ustedes, pero no quiere. ¡En fin! Yo todavía las mantengo engrasadas por si algunavez se necesitan.
—¡Eso es feudal! —exclamó Thomas Ryddle indignado.
—Sí —contestó Flich sin importarle. Cogió una pluma de un bote que había en la mesa escribió en un viejo pergamino.*—Nombres:*James y Jimmy Potter, Sirius Black y Thomas Ryddle
—¿Alguna idea, hermano? —susurró Jimmy a su hermano, mientras Flich escribía sus castigos.
—¿Y por qué tengo que ser yo que tenga que pensar en una idea? —protestó el muchacho con gafas.
—Porque tú eres siempre él que planea las ideas —le contestó su hermano.
El niño miró mal a su mellizo, mientras hurgaba en alguna idea. Miró a la gata de Flich. La señora Norris estaba jugando con un ovillo de lana entre debajo de la silla en donde estaba sentado Flich. Fue ahí, cuando se le ocurrió una idea.
Sacó lentamente su varita del bolsillo de la túnica, sin que lo viera Flich, susurró unas palabras mágicas. En ese momento, la punta del ovillo empezó a moverse como si fuera una serpiente haciendo que la gata jugara más con ella. La punta empezó pasar por las patas de la silla de Flich enredándose en ella y amarrándose sola en la cola de la gata, haciendo un nudo muy fuerte. La gata aún seguía jugando con la lana que sobraba. James sonrió y convirtió el ovillo de lana restante en una cobaya o conejillo de indias (N.A: En Perú lo llamamos cuy). Pero en una cobaya muy rara pues ésta tenia una cola de lana.
La cobaya, al ver que iba a ser la comida de la Señora Norris, corrió como bala disparada hacia la puerta, jalando con fuerza en la carrera la silla de Flich y haciendo que la gata saliera disparada hacia ella. La gata no iba a dejar que su cena de Halloween se escapara por lo que también corrió haciendo que fueran dos fuerzas que jalaran la silla de Flich. James hizo aparecer en la patas de las sillas cuatro rueditas, para hacer que la silla no ofreciera resistencia alguna. Haciendo que el conserje salía disparado de su conserjería siendo jalado por una cobaya temerosa y una gata hambrienta.
Los cuatro niños vieron al conserje salir disparados de la conserjería y empezaron a reírse a carcajadas. Aplaudieron a James mientras éste, utilizando la varita para encantar una pluma, escribía con letra desigual algo en el pergamino en el que Flich había anotado sus castigos.
¿Dulce o Travesura?
¡Feliz Halloween!
—Con esto sospechara que fue Peeves —dijo James con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Vamos! —dijo a los demás mientras corrían fuera de la conserjería.
Después de la travesura de Filch y de un relajante baño, los niños se cambiaron y bajaron a comer en el Gran Comedor, donde mil murciélagos revoloteaban desde las paredes hasta el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas flotantes. También había muchas serpentinas de color naranja brillante que caían del techo.
Los niños estaban encantados pero la causa de la expresión de asombro y maravilla que se asomó en su rostro fue la suculenta comida que apareció cuando todos estaban sentados en la mesa. Dulces, postres, tortas y muchas otras cosas estaban esperando ser degustadas por los jóvenes magos y brujas. Todos, sin esperar a que alguien anunciara que podían comenzar, empezaron a comer.
Los cuatro empezaron a comer como si nunca lo hubieran hecho. Al frente de James, estaba Lily, quien no parecía estar a gusto estar comiendo al frente de un niño cuyo estomago parecía ser de un pordiosero hambriento.
—¿No podrías ser un poco más educado a la hora de comer, Potter? —dijo Lily cuando James cogía una gran porción de torta de chocolate.
—¡Es gue esdá deli'oso! —contestó James con la boca sucia y llena de chocolate, algo que hizo que el ceño de Lily se frunciera mas.
—¡Eso es asqueroso!
James se tragó lo que tenía en la boca y se limpió con una servilleta.
—Mi estimada Lily Evans—contestó James con una sonrisa—, ¿por qué no te preocupas por comer y dejas que yo coma tranquilo? Yo no te estoy molestando. Además—añadió mientras sacaba su varita—. Wingardium leviosa— un helado de vainilla y chocolate que Jimmy iba a coger, empezó a flotar alejándose del mellizo y poniéndose frente de la pelirroja—, ¿por qué no comes algo?Mira —el helado empezó a dar vueltas delante de ella, quien trataba de no sonreír—, se ve delicioso
—Con sólo verte se me quita el hambre.
—Cuando seas un fantasma no dirás eso —dijo la cabeza de un fantasma que salió del helado flotante, haciendo que la niña ahogara un grito y que el helado cayera parado en la mesa derramando su contenido.
—¡Nick! ¡Qué susto me diste! —exclamó la niña tocándose el pecho.
—Es mi truco de Halloween—sonrió el fantasma—. Discúlpeme, señorita Evans. Estropeé su helado.
—No se preocupe. De todos modos no iba a comerlo.
—No puse veneno al helado, Evans —dijo James mirándola con la barbilla apoyada en sus manos— Te felicito, Nick. Fuiste el único que lograste asustar a Lily Evans. Lo único que yo gano es que me mande al diablo antes que le haga algo.
—¡Porque eres un odioso! —exclamó Lily.
—Pues yo veo que se llevan muy bien —comentó Nick—. En mi opinión diría que mucho.
—Jamás me llevaría bien con un mocoso tan odioso como éste.
—¡Hey! ¡Éste tiene su nombre! —contestó James sin alejar la sonrisa de sus labios—, y con respecto a lo de mocoso, ¿has contado los años que tienes, Evans?
—¡Lo ve, Nick! ¡Ve porque lo digo!
—Sí, lo veo —contestó Nick riéndose—. Mejor me voy. Los fantasmas vamos a dar una actuación dentro de un rato así que nos vemos al rato.
—¡Hey, Nick! —lo llamó James—. Cuídate porque voy a hacerte un truco de Halloween.
El fantasma sonrió.
—Yo no lo creo.
—¿Por qué dices eso? ¿Acaso vas a asustarme?
—Podría ser.
—¿Cómo? A James Potter no lo asusta nadie que no sea Lily Evans.
—Te escuche, Potter —contestó Lily.
Nick desapareció al traspasar la mesa del comedor. James se extraño del porqué Nick se fuera sin responder. Cogió con su cuchara una gran porción de chocolate y se le iba ameter en la boca cuando a pocos centímetros de introducir la cuchara, cuando una cabeza colgada del cuello de Nick apareció del pedazo de chocolate, causando que el niño gritara y botara su cuchara lo más lejos posible. El fantasma comenzó a reír.
—Feliz Halloween, James —dijo Nick antes de irse.
—Al parecer tenia razón —dijo Lily sonriendo complacida.
—Es un buen truco—dijo James cogiendo otra cuchara y cogiendo otra gran parte de torta de chocolate—. Pero volviendo al tema de nuestra tan amena conversación, ¿por qué no comes? La comida está deliciosa.
—Ya te dije que verte a ti se me quita el apetito.
—Al parecer nunca me llevaré bien contigo.
—Hasta que al fin aciertas en algo —contestó Lily con sorna.
—¿Y se puede saber por qué no llevamos la fiesta en paz?
—Porque eres insoportable.
—¿Ah, si? —fingió sorpresa James—. ¿Por qué?
—Porque no te aguanto —contestó Lily—, ¿crees qué es bonito hacerle bromas a cualquiera sabiendo que perdemos puntos por ello? Arriesgas los puntos que podríamos tener para ganar la Copa de las Casas.
—El que no arriesga, no gana —contestó James sin darle importancia al ceño fundido de la pelirroja—. ¿Verdad, chicos?
Jimmy, Sirius y Thomas asintieron sin dejar de comer.
—¿Lo ves? El público lo dice.
—Tu público no sabe de lo que estábamos hablando. Están mas preocupados en otra cosa —dijo Lily señalándolos. En ese momento, Sirius y Jimmy estaban peleando por tratar de no soltar un pastel de manzana que había aparecido de pronto.
—¡Suelta eso, Jim! ¡Yo lo vi primero!
—¡Pero yo lo cogí antes que tú lo hicieras! ¡Por lo tanto es mío!
—¡No! ¡Suelta!
—¡Suéltalo tú!
—¡No!
—¿Así que no lo vas a soltar?
—¡No!
—¡Muy bien, tómalo! — Jimmy soltó el pastel haciendo que Sirius se arrojara el pastel en la cara. El niño empezó a reírse a carcajadas. Todos los alumnos se rieron al ver lo que pasaba.
—¡Ahora veras! —exclamó Sirius cogiendo otro torta y tirándoselo a Jimmy. El niño, con la cara cubierta de torta, trató de vengarse. Cogió una torta, pero Sirius se agachó y la torta fue a parar en la cara de Thomas Ryddle que estaba demasiado ocupado en reírse que en esquivar el ataque.
—¡Ups! —fue lo que dijo Sirius tratando de no reírse ante el semblante serio y lleno de torta que tenia su amigo en esos momentos. El muchacho, ni corto ni perezoso, arrojó la torta que tenía en la mano a Sirius Black pero éste se volvió a agachar haciendo la torta arrojada por Thomas en la cara de James Potter, embarrándola de torta de calabaza y causando una carcajada de la pelirroja con quien estaba discutiendo.
James se quitó los lentes para limpiárselos mientras la pelirroja que estaba al frente de él no podía dejar de reírse. Cuando el niño terminó de limpiarse los lentes y la cara, cogió otra torta de manzana y se lo aventó a la pelirroja. La cara de Lily estaba cubierta de torta de manzana y estaba muy molesta, mientras que James se reía junto con sus amigos. Algo que hizo que la pelirroja cogiera una torta y se lo aventara, callando así su risa. Su hermano empezó a reírse ganándose la mirada inquisitiva de James.
—¡Así que te parece gracioso! —dijo James cogiendo otro torta y arrojándoselo a su mellizo. Quien no le gusto recibir el impacto. Como el de al lado (Sirius Black) se estaba burlando, cogió otro torta para aventárselo. Pero el muchacho, que no quería recibir otro tortazo en la cara, se agachó, haciendo que la torta le cayera a Thomas interrumpiendo su risa por la guerra que ya se había iniciado.
—¡Esto no se queda así! —exclamó el rubio cogiendo otro pastel y aventándoselo a Jimmy, pero estaba vez el muchacho también se agachó y el pastel le cayó a John Parker. El muchacho, para estar parejo también cogió una torta y se la aventó hacia los muchachos pero esa maniobra le cayó a un niño de tercero, quien tampoco se dejó. Así fue que empezó una guerra de comida en la mesa Grynffindor.Tortas caían por todas partes, hasta que una de ellas cayó en la cabeza de un Ravenclaw haciendo que esa mesa se metiera en la guerra. ¡Fue un completo pandemonium! Después de un minuto, las cuatro casas estaban enfrentadas tirando tortas.
Los profesores trataron de calmar lo que ocurría, especialmente los jefes de casa, pero era imposible. Por que en esa guerra de tortas nadie parecía respetar a nadie, ni siquiera a los profesores y mucho menos a los prefectos. Dumbledore sólo observaba con una sonrisa lo que ocurría. La profesora McGonagall estaba furiosa, estaba cubierta de tortas de manzana y chocolate.
—Tranquilícese, profesora McGonagall —dijo el director tratando de parecer serio—. Los niños tienen derecho a una guerra de comida de vez en cuando, ¿no lo cree?
—Pero profesor…
—Está bien, profesora—dijo el director sacando su varita. Con un ligero movimiento, todas las tortas quedaron suspendidas en el aire. Algunas a punto de chocar en las caras de varios niños y otras a unos centímetros de la mano que las había arrojado. El alumnado, cubierto de torta y dulces, se volvió a su director.
—Aunque me parezca divertida su broma de Halloween, déjenme decirles que desperdician mucha comida —dijo el director sonriente—. Lo mejor será que nos vayamos a nuestros cuartos a cambiarnos y continuar con nuestra celebración. Los responsables de esta guerra serán castigados. Los demás pueden irse a cambiar
Los Potter, Sirius y Thomas se quedaron con la boca abierta. ¿Castigo en Halloween? ¿Por qué? Salieron de sus asientos para irse a la Sala Común y estaban a punto de irse, pero el director los llamó, haciendo que se voltearan a verlo. Cuarto tortas en la cara les cayeron al mismo tiempo, haciendo que todos los alumnos se rieran.
—¡Castigo cumplido!
Al cabo de un rato, los cuatro se disponían a entrar de nuevo al Gran Comedor, pero Thomas vio a una personita que estaba sola y se dirigía hacia la Torre de Grynffindor.
—Chicos, espérenme en el Gran Comedor.
—¿A dónde vas? —gritó James, pero Thomas no se detuvo a contestar. Los tres iban a entrar pero de pronto James Potter se acordó de algo.
—¡La capa!
—¿Que pasa con ella? —preguntó Sirius.
—La dejamos en el aula que estaba al lado de la bruja tuerta ¿recuerdan?
—Debemos ir por ella —dijo Jimmy—. Flich, podría encontrarla. Además, papá nos matara si la hemos perdido.
—¡Vamos!
Deborah Dawson ya se había dado cuenta de que era perseguida por lo que camino mucho para que su espía dejara de perseguirla. Pero al parecer, el niño parecía dispuesto a seguirla hasta el fin del mundo si era preciso. Cansada y habiendo llegado al patio, se detuvo y dijo:
—¡Está bien! ¿Qué es lo que quieres, Thomas Ryddle?
El aludido se acercó a ella muy cansado y satisfecho que ella por fin le concediera el habla.
—Desde hace tiempo quiero hablar contigo y huyes de mí. ¿Por qué?
—Porque no quiero contestar tus preguntas.
—¿Acaso viste lo que te voy a preguntar? —preguntó el muchacho.
—Si vas a burlarte de mí, lo mejor será que me vaya —contestó muy molesta la niña.
—¡No, espera! —pero Deborah no parecía hacerle caso—. ¡Espera, Deborah!
Al oír eso, la niña paró al instante y se volvió a Thomas muy sorprendida.
—¿Cómo me llamaste?
Thomas se ruborizó y repitió.
—Deborah.
—Es la primera vez que me llamas por mi nombre—dijo Deborah queriendo sonreír.
—Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?
La niña no contestó. Thomas añadió:
—Desde hace días quiero preguntarte algo: ¿Qué fue lo que viste aquel día en el lago?
—Para que te voy a responder si tú no crees en esas cosas.
—Hagamos una cosa, Deborah —propuso Thomas—.Si lo que me dices me parece coherente o que podría ser verdad, te prometo que me tragaré todas mis opiniones y te creeré.
La niña lo miró con recelo.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
La niña sonrió levemente y se sentó en una banqueta. Thomas hizo la mismo mirando a la niña con ansiedad. El frió de la noche se empezaba a sentir, pero no les importó a los dos niños. Deborah, con la mirada puesta en el piso, dijo:
—Vi… vi que tú estabas con un basilisco.
Con solo oír la palabra basilisco, Thomas ya se imaginaba lo que Deborah había visto, pero dejó que continuara.
—Tú estabas ordenándole a ese basilisco que matara a los… sangre sucia junto con un hombre de cabello negro que se reía.
—¿Eso fue lo que viste?
—Sí—contestó Deborah y volvió su mirada hacia él—. No quiero asustarte con esto pero… lo que yo veo son cosas que pasaran, Thomas.
El niño se asustó. Se paró y empezó a caminar por el patio. Deborah lo miraba preocupada. Eso no podía ser posible. Nunca había hablado con esa niña y sabia a media lo que le ocurría. Tenia que reconocer que era una vidente, pero… él jamás mandaría a un basilisco matar a hijos de muggles.
—Thomas...
—Yo nunca… Yo nunca mandaría a matar a hijos de muggles—contestó Thomas sin mirarla—. Yo no soy como mi padre, Deborah. ¡No lo soy!
—¡Y yo lo sé! —contestó la niña—. Pero… pero es lo que yo vi…
—Fue por eso que huías de mí, ¿verdad? —le preguntó dolido—. Temes que te haga daño…
—¡No! —exclamó la niña.
—¡Mientes! —contestó Thomas llorando—. ¡Tienes miedo de que yo te quiera matar! Y tienes razón de temerme —contestó con amargura—. Yo tengo que matarte solo porque eres una sangr… ¡quiero decir, una hija de muggles! ¿Y sabes por qué? Porque soy el heredero de Slytherin. ¡El maldito que debe limpiar al colegio de los hijos de muggles! ¡El que debe cumplir con esa tarea!
—Eso ya lo sabía…
Thomas se volvió a ella.
—Sé que tú eres descendiente de Salazar Slytherin —continuó la niña—. Pero, ¿no te has puesto a pensar por qué estas en Gryffindor sabiendo que eres descendiente de Slytherin?
Esa era una buena pregunta. Nunca supo porque el sombrero seleccionador lo puso en Gryffindor. Tampoco le importó saberlo. ¿Por qué? ¿Por qué lo puso en Gryffindor?
En la casa donde tú creas conveniente
Y la casa que le convenía era Gryffindor y no Slytherin. Pero, eso no tenia sentido. Siendo heredero de Slytherin no debía estar en una casa que no le importaba si era hijo de un muggle o de un mago. Aún no convencido, contestó:
—Porque yo le había dicho que me pusiera en la casa donde le fuera conveniente.
—¿Te das cuenta? —continuó Deborah sonriendo—. Al sombrero le pareció conveniente que estuvieras en Gryffindor porque no poseías las cualidades de un Slytherin. Eres más Gryffindor que Slytherin.
—Tom quiere que cumpla con esa tarea.
—¿Y tú quieres cumplirla?
Thomas la miró furioso.
—¿Me ves con cara de maniático? ¿Crees que me gusta matar a muggles? ¡Yo no soy como… como Lord Voldemort o como quiera llamarse el bastardo de mi padre!
—Entonces, ¿por qué lloras?
—¡Porque todos van a pensar que si lo soy! ¡Porque tarde o temprano el mal nacido de Tom va a obligarme como siempre lo ha hecho desde que murió mamá! ¡Porque todos huirán de mí como si fuera un monstruo! ¡Porque no les importara si soy o no inocente!
Empezó a sollozar en silencio. Deborah lo miraba son lagrimas en los ojos. Ella no sentía miedo de él, sino cariño. Cariño como siente una hermana a su hermano. Pero no quería expresarlo. No podía. No mientras él no la dejara.
—Tú no debes hacer las cosas que no quieres hacer, Thomas —contestó con una leve sonrisa—. Todos tenemos derecho a decidir lo que queremos hacer.
—Tom no escuchara eso.
—Pero tú sí.
—Él me doblegara.
—Tendrás que mantenerte fuerte. No hagas las cosas que no quieres hacer. Puedes cambiar el futuro, ya que no está escrito por nadie más sino por nosotros.
—Entonces lo que viste, ¿no es verdad?
—Es lo que supuestamente será —corrigió Deborah sacándole la cara con su pañuelo—. Eso depende de ti.
La niña se alejó con una sonrisa, dejando al niño con el pañuelo en sus manos. La vio irse. ¡Que extraña platica había sido! No sabía porque le había compartido sus temores a esa niña. Pero lo que si sabia era que se sentía mucho mejor. Y hubiera estado mucho mejor, si no fuera porque una mano le tapó la boca y lo introdujo al pasillo. El muchacho se soltó del hombre mirándolo desafiante.
—¡Suéltame, Selwyn!
—Tu padre quiere hablar contigo.
—Pues dile a mi padre que se vaya la mier…
—¡Tu padre me dijo que quiere hablar contigo y que te trajera a mi despacho quieras o no!
Lo cargó y le tapó la boca, llevándolo hacia su despacho. Mientras el niño forcejeaba en vano para soltarse.
—¡Aquí está!
—¡Que bien, muchachos! —exclamó Sirius mirando desde la puerta—. ¡Vayámonos antes que llegue Flich y descubra que fuimos nosotros los de la bromita con la cobaya!
—Tranquilo, Sirius —dijo James acercándose junto con Jimmy—. ¡Ahora sí, vamos!
Los tres se cubrieron con la capa y salieron silenciosamente del cuarto. Afortunadamente, Flich no rondaba por ahí, cuando bajaron las escaleras. Se toparon con un muchacho de cara redonda, menudo con cabello castaño claro y nariz puntiaguda que deambulaba solo y con una expresión de miedo.
—¡Miren, es Peter! —susurró Sirius.
—¿Y? —contestaron los mellizos Potter a la vez.
—¿Qué tal si le jugamos una bromita por Halloween?
Los mellizos lo meditaron para sonreír malignamente.
—¿Por qué no?
Pero no se dieron cuenta de que Peter se acercaba a ellos. Al volverse, Peter se chocó con ellos, provocando que todos se cayeran al piso. Peter se incorporó asustado. No lograba ver con quien se había caído pero había sentido como si se hubiera chocado con tres personas. Esas mismas tres personas, se quitaron la capa y esperaron a sobarse las partes donde recibieron el golpe de la caída.
—¡Chicos! —exclamó emocionado Peter—. ¡Los estaba buscando!
—¿En serio? —preguntó James aún adolorido—. ¿Por qué?
—Quería decirles que me impresionó su guerra de comida en el Gran Comedor.
—Gracias —dijo Jimmy incorporándose—. Disculpa que te dejemos pero es que…
—¿Qué es eso?
Peter miraba con avidez la capa en la cual aún seguía sentado James, quien al darse cuenta, se incorporó rápidamente y la escondió detrás de él.
—¡No es nada!
—¡Vaya! —exclamó muy asombrado Peter—. ¡Es una capa invisible!
—Este chico no es tan tonto como parece —le susurró Jimmy a Sirius.
—¿Capa invisible? ¡No! ¡Por supuesto que no! —mintió James.
—Déjame verla…
—¡No! —exclamó James alejándose de él—. Escucha, Pettigrew, nos tenemos que ir. Tenemos cosas que hacer.
—Voy con ustedes
—¡No! —exclamaron los tres. James tomó la palabra.
—Lo mejor será que vayas a la sala Común. Nosotros tenemos cosas que hacer…
—Puedo ayudarles. ¡Oh, vamos! ¡Por favor!
—Este… —dijo James dubitativo—. ¡Reunión! —exclamó juntando las cabezas de Sirius y Jimmy—. Lo mejor será llevarlo y le haremos jurar que no dirá nada de nuestra capa o ya saben lo que pasara.
—Lo meteremos de cabeza en algunos de los retretes —sugirió Jimmy.
—¿Por qué no lo hacemos de una buena vez? —dijo Sirius mirándolo con cierta desconfianza.
—Vamos, hay que darle una oportunidad —dijo James—, si mete la pata, pues le haremos pagar y punto.
—O si no de cabeza en los retretes —añadió Jimmy.
Los dos niños parecieron de acuerdo y se volvieron al muchacho que los miraba ansiosamente esperando su respuesta.
—Está bien, Peter. Puedes venir con nosotros.
—¿En serio? ¡Gracias! —contestó Peter muy eufórico.
—Sí, está bien —dijo Sirius no muy convencido—. Ahora, debes jurar que no revelaras lo que vamos a mostrar en estos instantes.
—Porque si lo haces, te metemos de cabeza al retrete—dijo Jimmy.
—¡¿Qué manía tienes con los retretes, Jim?! —le preguntó James exasperado.
—¡Es que es una buena idea! —se justificó Jimmy, su hermano frunció el ceño—. Siempre y cuando él no lo prometa.
—Lo prometo —dijo el niño tomando en serio la advertencia de Jimmy.
—Bien —dijo James poniéndosela—. Tienes razón, Pettigrew, esta es una capa invisible —Peter ahogó un grito de jubilo—. Nos iremos con ella, así que muy quitecito. Vamos.
James los hizo cubrir a todos con su capa. Peter estaba muy emocionado y eso era algo que a Sirius le hastiaba. Pero cuando estaban llegando a la sala Común de Gryffindor, el profesor Selwyn, llevaba a Thomas cargado y tapándole la boca.
—¡Allí esta Thomas! —exclamaron al mismo tiempo.
—Pero, ¿por qué el profesor Selwyn lo lleva cargado y tapándole la boca? —preguntó Peter.
—Porque talvez le va a hacer algo —dijo James preocupado—. ¡Vamos!
Como si fueran unos espías profesionales, siguieron sigilosamente a Mucilber hasta su despacho. Al ingresar botó a Thomas como si fuera una odiosa mochila que contenía pesados libros, al piso. El profesor se acercó al umbral de la puerta, asomó su cabeza para aguaitar si alguien caminaba por allí, pero no había nadie. O por lo menos eso pensaba él, porque cuatro chiquillos bajo la protección de una capa invisible, se introducían al despacho, antes que el profesor cerrara la puerta. Se escondieron detrás de uno de los andamios que guardaba en su interior pociones de líquidos de todos los colores. El despacho del profesor Selwyn era como un cuarto sin ventanas; oscuro y con aspecto tétrico. Solo que en ese momentos estaba iluminada por la luz que emanaba el fuego de la chimenea del despacho. Fijaron su atención hacia su amigo que fulminaba con la mirada al profesor de Pociones. Selwyn se inclinó sobre el fuego y dijo:
—Ya está aquí, mi señor.
El rostro de un hombre de cabello y ojos negros y de mirada tan fría como la de Thomas, apareció en el fuego.
—¿Qué es lo que quieres ahora, Tom? —contestó Thomas saliendo de su asombro—. ¿O debería llamarte Lord Voldemort?
Al oir el nombre, Peter iba a soltar una gran exclamación que los hubiera delatado, si no fuera porque los tres niños que estaban a su costado lo callaron. El profesor Selwyn tosió incomodo a oír el nombre. Tom Ryddle sonrió.
—Eres el único que no se inmuta al decir mi nuevo nombre.
—Porque no te tengo miedo —contesto ferozmente el niño.
—Pero lo tendrás —contestó Tom—. Ya verás. Tendrás más miedo que las personas que ya me conocieron.
—Eres un maldito maniático, Tom —dijo el niño mirándolo desafiantemente—. Sólo un maniático como tú mataría esas personas y se reiría de ello.
—Eso solo es publicidad.
—Eres un asesino.
—Solo soy un gran mago que busca el poder.
—¿Por qué matar a tanta gente inocente que se te cruce por tu camino?
—Mis siervos necesitan divertirse un rato.
—Eres despreciable. ¿Por qué no les haces eso a tus aliados?
—Por dos motivos: uno, porque están dispersos por todos los países que me han conocido; y dos, porque me sirven y no como un niño a quien debí matarlo por no hacer caso a su padre.
—¿Qué padre? —preguntó con sorna Thomas—. Yo nunca he tenido padre ¿lo recuerdas? Mi padre fue un bastardo que abandonó a mi mamá.
—¡Ya no salgas con el mismo drama de siempre! —dijo Tom Ryddle con fastidio—.Te he llamado para que cumplas con tu misión. La cámara de los Secretos debe ser abierta ya.
Los cuatro niños agudizaron sus oídos ¿La cámara de los Secretos? ¿Qué demonios era esa cosa?
—El heredero de Slytherin deberá limpiar a toda la escoria que hay en este colegio. Y así, poder convertirlo en un lugar donde sólo la sangre limpia estudie aquí. Nagini ya sabe lo que tiene que hacer, sólo falta que el heredero le ordene a matar a esos sangre sucia que están en este colegio.
—¿Quién seria otro loco para matar a los sangre sucia? —susurró James a sus amigos.
—Así que escúchame con atención, Thomas —continuó Tom—, lo que vas a hacer es…
—¡No gastes saliva, Tom! —interrumpió Thomas—. ¡Yo no lo haré!
—¿Qué?
—¡No cumpliré esa tarea porque no quiero ni seré el heredero de Slytherin.
Avances del próximo capitulo: 05 ¡A investigar!
—¡Thomas! —exclamó James sonriendo débilmente con el libro en mano—. ¡Que susto nos diste!
—¿Qué hacen aquí? —les preguntó—. Esta es la sección prohibida.
—Lo que pasa es que estamos buscando sobre la Cama… —dijo Peter pero los cuatro le taparon la boca rápidamente.
—¿Sobre qué?
—Sobre una poción que Selwyn mencionó —dijo Sirius mientras los demás asentían.
—Pero, ¿para que quieren saber eso? —les preguntó extrañándose mas por el comportamiento de sus amigos.
— Bueno, ya sabes… siempre es bueno investigar mas… —contestó Jimmy tratando de parecer convincente.
—¿Y la encontraron? —preguntó interesado en su respuesta.
—Este… si… ¡Nos vemos Thomas!
—¡Esperen! ¡Amigos!**—pero los cinco muchachos se alejaron corriendo. Thomas seguía mirándolos extrañado—. ¿Desde cuando empezaron a parar con Pettigrew?
Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.