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Reina Hermione — capítulo 1

Enormes puertas de madera, se abrían lentamente. Un joven de cabellos largos y rubios, le abría paso con una reverencia quizás exagerada, a la hermosa duquesa inglesa. Una reunión con el papado del país. Ese día, elegirían a la nueva entidad que representaría al país. Hermione tenía muchas oportunidades en el papado. Draco, con otra reverencia, colocaba un cojín cerca de la mano de Hermione, para que se retirara los anillos.

  • My Lady, ¿Necesita algo más?

  • En absoluto joven Draco, retírate que quiero dormir un rato. Llama a las sirvientas, para que me ayuden a desvestirme.

Draco asentía con la cabeza, en silencio. Hermione colocaba su corona sobre aquella almohadilla y se miraba en el espejo. ¿Llegaría a ser reina, muy pronto?

Las sirvientas, llegaban para desatarle aquel corpiño y aquellas enormes faldas que la circundaban. Su maquillaje que constaba de una excesiva cantidad de polvo blanco, era retirado con mucha sutileza. Ella odiaba tanto aquello.

Las sirvientas, preparaban una tina de agua caliente, utilizando una tetera. Mientras ella se desvestía, Severus Snape entraba sin ningún tipo de permiso. El coronel, Severus Snape.

  • ¡Ya le dije, que no puede entrar así!- le criticó Draco, pero Severus alzó su mano cubierta por un guante blanco.

  • Cállate, que no me rebajo a hablar con plebeyos- Miró a su alrededor y esbozó una sonrisa suave y falsa- ¡Mi hermosa duquesa!- dijo, cuando Hermione usaba una bata larga y de seda. Besó su mano, arrodillándose ante ella- Dispénseme si la interrumpo de sus sueños de belleza.

  • No sucede nada, coronel.

  • Retírate...- le dijo Snape con una voz ponzoñosa, pero Draco no se movió en lo más mínimo. Bien, el coronel podría querer ser el pretendiente de su "Lady Hermione", pero no le daría órdenes- ¡He dicho, que te retires!

  • Mis oídos, sólo atienden a las necesidades de mi Lady Hermione- confesó el joven mirándole con odio puro.

  • Está bien Draco, puedes irte