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Historia 41499 — capítulo 1

Nada me pertenece, excepto ideas. Los personajes, pertenecen a JK Rowling.

Saludos a todos los que lean en fic. En especial a mi querido querer MariSeverus y mi preciosa Skinniy.

.Septiembre.


Aquella mañana el cerrar de la puerta fue distinto, mucho más distinto de lo que ella imaginaba. Las clases habían acabado para la pequeña Hermione, la más dulce y pequeña de la casa. Jugaba al pasar con la corbata de su criado, tan serio como de costumbre.

-No corra por las escaleras señorita Granger-

-¡Madre!- ella corría sin obedecer- ¡Ya volví!.

Caminaba por el pasillo de su gran mansión. Sus pies eran pequeños, igual que su estatura. Tal vez arrastraba doce años, solo unos pequeños y hermosos doce años. Su melena era rizada, demasiado, costaba bastante peinarla cada día. Abrió la puerta de aquella habitación que buscaba.

Lucía un buen color, sabanas blancas y una luminosa lámpara. Por varias zonas de aquella habitación se encontraban fotografía y un retrato de un señor. Ella sabía que era su padre, pese a conocerlo tan poco tiempo.

Su madre, una señora de cabello rizado y castaño le sonreía desde el escritorio.

-¿Que tal tu último día cariño?- su pequeña hija corría a sus brazos enseñándole un papel.

-Aprobé todo, con la máxima nota- le informaba- Mira, me felicitaron por detrás.

-Estupendo hija, ¿que querrás como recompensa?- le cedía su madre, un regalo.

-¡Aquel libro que quise comprar la semana pasada!- se entusiasmaba.

-Me parece perfecto- le sonreía- Baja abajo y dile a Cristobal que te ayude a preparar tu equipaje.

-¿Nos vamos?- su madre afirmaba con la cabeza- ¿Donde? ¡No me despedí de Ronald!.

-¿Otra vez andas con ese chico?- su madre buscaba un papel por la mesa para escribir- Estas pequeña para andar de noviazgos.

-No es mi novio- decía ella coqueta- pero se pone colorado. ¿Podré ir a despedirlo?.

-¡Llegaremos tarde!- le reprochó su madre- Después le escribirás.

-¿Y donde vamos?- no paraba de preguntar. Era risueña y alegre, sobre todo con los buenos resultado de sus calificaciones.

-Ya para de preguntas- le indicó su madre- ve a prepararte.

La señora Granger escribía con su pluma sobre un pergamino. Mojaba en tinta y volvía a escribir. Con una pequeña campana llamaba a uno de los criados que se llevaba la carta en mano.

-Llévela para que le llegue a el señor Malfoy lo antes posible- decía ella tomando su abrigo- No quiero llegar allí de sorpresa.

-Sí señora-

Se preparaban para un viaje. Algo largo pero entretenido.

En otro lado, allá donde iban ellas alguien les esperaba. Una puerta era aporreada y un hombre de alta estatura con un bastón negro entraba en aquel cuarto. Miraba a una pequeña figura que estaba tirada en la cama.

-Suspendiste de nuevo, hijo- le reprochaba su padre- Pero este verano no te castigaré.

-¿No?- se elevó en la cama. Era rubio, tanto como su padre. Pequeño pero de alta estatura, mantenía otros doce años y unos enormes ojos plata preciosos.- ¿No me castigará padre?.

-He dicho que no- corría las cortinas cerradas- Ahora levantate y preparate, tenemos invitados.

-¿Invitados?- preguntó- Desde que madre murió, nadie viene vernos.

-Esta vez sí, y debes estar presentable- le aseguró.- Ponte un buen traje.

La puerta se aporreaba una vez más, una criada entraba con un sobre y se acercaba a el hombre mayor.

-Una carta para usted señor Malfoy.

Él la tomaba en mano y leía, con una sonrisa la cerraba y miraba su hijo que jugaba con una pelota.

-Deja de juguetear, vamos- le quitaba la pelota- Vístete y baja a mi despacho, tenemos que hablar.

El pequeño se encogía de hombros y rebuscaba en su armario. Tomó su traje como su padre le indicó y rápidamente estaba arreglado. Bajó como de nuevo le ordenaban y abría aquella puerta.

-Draco, siéntate- le ordenaban.

-¿Que pasa padre?- se asustaba por la seriedad de este.

-Quiero hablarte de la visita- le indicaba mientras ella firmaba- Vendrá una pequeña, una joven de tu edad.

-Ya sé, debo tratarle bien- decía cansado.

-Demasiado bien- le indicó buscándole la mirada- Ella será tu esposa en un futuro.

-¿¡Que!?- se levantó de golpe- Pero...-

-Nada de peros- le cortó- Debes hacer honor a el nombre y ella es la mejor postora.

-¡Pues ella no me gusta!- se quejó.

-¡No seas niño!- le gritó- Te gustará, es linda. Debes comportarte.

-¿Debo pasar el verano con una niña mimada que será mi esposa a la fuerza?- decía de carredilla bufando.

-¡No toleraré que seas un mal criado!- le indicó su padre dejándolo solo. Se dirigió a la puerta y por ella salía- Llegarán en una hora, te quiero en la puerta para recibirla.

La pequeña por su parte viajaba en aquel carruaje tirado por dos caballos blancos. Miraba por su ventana contenta pero algo sería. No se había despedido de aquel niño que la hacía ponerse temblorosa, y ni siquiera sabía donde iba ni cuando volvería.

-Hermione, hija- su madre llamaba su atención- Debo contarte algo.

-¿Sí, madre?- se preguntaba ella curiosa.

-Vamos a la mansión Malfoy- le indicó mientras ella afirmaba- Allí hay un joven de tu edad.

-¿Un niño?- se preguntó- ¿Le gustan los libros?.

-Claro- dijo sin saber- Es inteligente, guapo y muy educado- le seguía diciendo si saber- Deberás ser educada pues él será alguien más para ti.

-No entiendo, madre- ella tomaba bien en asiento mientras le miraba.

-Será tu esposo, en un futuro- le soltó sin contemplaciones.

-¿¡Qué!?- se quejó sin entender- ¿Estas diciendo que debo pegarme el verano con un niño de papa, rico, que será mi esposo sin amor?.

-El amor es para los cuentos hija- le reprochó- Quiero que te comportes, que seas educada, da honor a tu nombre.

Su madre no le dejó decir nada más. Aquel carruaje seguía su camino. No podía frenarlo y veía que los caminos avanzaban. Pronto estaría allí, en aquel estúpido sitio que no sabía donde paraba ni para que debía ir. La querían casar, le querían cortar la libertad con doce años.