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Historia 41546 — capítulo 1

Ella sabía por qué estaban allí. Algo extraño pasaba en el castillo aquella noche, miles de locuras caminaban por los pasillos. Todos los cursos dormían en aquel gran comedor, bajo un manto de estrellas que simulaba un cielo despejado alumbrado por la luna. En ella posaba sus ojos, se removía con pereza y ocultaba su cabeza. Hermione se mantenía bien despierta, le llamaba la atención tanta extrañeza. Aquel día casi no hablo con los suyos, de hecho ya dormía en un rincón oscuro.

¿Había algo más extraño que no haber leído un libro hoy? ¿Sentir que alguien la observaba en cada rinconcito?. Cerraba ya sus ojos, nada más extraño ocurriría. Eso pensaba hasta que sus oídos escuchó una sutil melodía.

-¿Estás despierta?- escuchó en un susurro- Yo tampoco puedo conciliar el sueño, por eso una noche más en vela.

Giraba su cabeza, allí no había que pudiera hablarle desde la tierra. ¿Quien se había acercado hasta ella? ¿Por que extrañeza le dejaba aquella carta cerca de sus caderas?. La habría, leía y sonreía. ¿Acaso Ronald Weasley le había escrito una poesía?. Leía su escrito, escrito que así decía.

''Le escribí: Nena salvame de la tristeza de la pena y dame fuerzas de flaqueza que en este feo mundo que ha perdido la cabeza yo le rezo a tu belleza. No hay medicina, doctrina o disciplina, no hay aspirina para el amor que se amotina y es que aun tengo la espina de tu cuerpo en mi retina y tu olor en mis cortinas. Y si me amas ya no habrá más camas, ni tramas, ni yemas que acaricien otras damas. Y tú lo sabes, y sabes que soy tuyo aunque a veces no me hables y yo muera por orgullo. Solo con mirarte ya te intuyo, es de estar sin ti de lo que huyo. Frases al compás de tus compases, sin secretos ni disfraces. Decirte que te quiero en veinte frases. Si ella es mi hada madrina, redonda cristalina, me sonríe hasta de día una vez más será mi guía. Hermosa, rodeada de estrellas, siendo testigo de las huellas. Tienes a tus pies gentes fieles; mírales y diles que me quieres y me sigues, que seguimos firmes.

Solo es amor para coser un descosido, amor para sentir que sigues vivo. Amor que nace y no hace ruido. Amor para vengarse del olvido. Sigo buscando amor prohibido, la promesa de tus labios. O la pavesa de tus ojos encendidos. Amor desconocido y bienvenido, amor que recibo sin recibo. Describo quimeras de cualquier manera y no encuentro la rima que describa tus caderas. Amor de fuego y primavera, amor que vuela con alas de cera. ¡Espera!, que la luna te mira y tengo celos, del cielo y de los dedos del viento entre tu pelo. Amor que quema como el hielo, amor para curar el desconsuelo.

Mi corazón ya conoce la amargura y sabe que el amor solo es eterno mientras dura. Que las lágrimas no curan los estragos que te deja la pasión. Mi cultura sabe que la vida es una herida que supura dolor y dulzura. Conocemos la razón y la locura y por eso nuestra esencia sigue pura.

Y escribo lo que siento y a veces si me falta me lo invento. La vida es cambio y movimiento, te juro que no miento, esa verdad me la ha enseñado el tiempo. La nostalgia es el reproche del olvido, el perfume de las cosas que has querido y ya se han ido, a base de vivir y escribir he aprendido: ''No se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido.'' Ni el destino ni los dioses son sinceros, la envidia y la ambición no son buenos consejeros. ¿Quieres prestarme tu amor, sin apuntar el favor? Todo tiene un color; dolor. Quiero quedarme sin voz, o una excusa mejor, regalarte mi valor.

¿Quieres prestarme tu amor, sin apuntar el favor? Si se detiene ese reloj. Quiero quedarme sin voz, o una excusa mejor, y hablarte con el corazón.

Sí, el momento me lo dijo, logré resolver el acertijo. Recojo lo que hay en el piso para no verte y me reinicio, mucha suerte.

Le escribo a la Hermosura.''

Sin duda aquello no pudo escribirlo Ronald Weasley, sin duda él dormía como si nada hubiera ocurrido, como si las extrañezas de aquel día no existieran. Buscó por aquel oscuro comedor, extrañamente podría diferenciar si alguien la observaba.

Extrañamente en aquella misma zona otro cuerpo no podía dormir. Extrañamente le dirigía su mirada, su plateada mirada, a la que no le extrañaba la sonrisa de la joven.

Cuando escribía, a ella le escribía. Ahora le sonreía, a Draco, Hermosura le sonreía.